Capítulo 2
Rebecca
Amber t enía razón, la fiesta está a rebosar.
Llegar hasta la cocina está siendo una verdadera odisea.
Intentamos atravesar el mar de cuerpos que nos dificulta avanzar.
No me han empujado tanto en mi vida. Algunas caras me resultan conocidas, alumnos de mi universidad que reconozco de ver por los pasillos y algún compañero de clase.
Pero hay una gran cantidad de personas que no había visto antes.
—En cuanto encontremos a Amber nos buscamos otra zona —le digo con irritación a mi amiga cerca del oído.
—Un momento, parece que la estoy viendo —indica, y señala recto por encima de algunas cabezas, que es lo único que veo.
Aunque ninguna de las dos se podría considerar una persona de gran estatura, Peyton me saca un puñado de centímetros. Que conste que no me quejo, le saco todo el rendimiento que puedo a mi metro sesenta.
—¡Chicas! ¡Aquí!
Miramos en dirección a su voz y vemos a nuestra amiga agitar la mano en el aire como si estuviera animando a su equipo favorito.
—Por fin te encontramos. —La abrazo al alcanzarla.
Al separarme, veo que nos tiene guardados un par de vasos rojos de plástico.
—¿Estabas sola? Perdón por la espera. Ya conoces a la señorita «un momentito» —parlotea Peyton, haciendo comillas en el aire mientras me pone mirada acusatoria.
No puede evitar reírse en respuesta, tiene un humor alegre contagioso.
—Por cierto, estás guapísima. En realidad, siempre estás guapísima, pero esta noche brillas. La falda te queda increíble —añade Pey.
Es algo que me encanta de mis amigas. Te halagan de forma sincera, sin rodeos. No tienen ninguna estúpida competitividad femenina por ganar la atención de otros.
—¡He sido rápida! —digo efusiva—. Y coincido, estás preciosa, me encantan tus mechas nuevas.
Acaricio el pelo de Amber, repasando su nuevo look . Las finas líneas color lila que ha añadido, hacen un contraste precioso en su melena rubia. Le encanta hacerse peinados de todo tipo, pero esta noche lo lleva liso, en su estado natural.
—He estado hablando con compañeros —hace un gesto con la mano restándole importancia—, se acaban de ir. Y he conocido a gente nueva, por lo visto esta noche han invitado a los de Harvard.
No me extraña que Amber haya estado entretenida hasta que hemos llegado, tiene unas habilidades sociales admirables.
Le echo un vistazo rápido a mis amigas, me encanta ojear la ropa que llevan, tienen estilos muy personales. Luego estoy yo, una desubicada total en lo que a moda se refiere. Me encanta verme bien, aun así, ni sigo ni entiendo de tendencias.
Amber ha elegido una combinación con minifalda de tablas gris y una camisa de manga corta blanca.
La tía está tremenda, le queda como un guante.
Lo ha culminado con botines negros que hacen parecer sus kilométricas piernas aún más estilizadas.
Peyton, en cambio, se ha decantado por unos pantalones de campana negros —que pienso pedirle prestados— y un top azul casi del mismo color que sus ojos.
Cogemos las bebidas y nos ponemos a charlar como si no nos hubiésemos visto en meses. Parece mentira que tengamos nuestras respectivas habitaciones a escasos metros de distancia.
De un momento a otro, mis dos amigas frenan la conversación en seco. Solo me miran con los ojos muy abiertos, haciendo gestos raros con las cejas y la boca, como si fueran dos anormales.
—¿Me podéis explicar qué narices estáis haciendo?
Amber se queda a expensas de decir algo cuando un carraspeo a mi espalda hace que me gire para ver a quién pertenece.
Ah, vale. Ya lo entiendo todo.
Eric está frente a mí luciendo esa sonrisa burlona que lo caracteriza.
Me mira desde arriba, algo que, con mi altura, tampoco es muy complicado, y da un paso hacia delante quedándose muy cerca de mí.
—Por fin te encuentro, pequeña ladrona, llevo un rato buscándote —espeta en tono juguetón.
Empezó a llamarme así la primera vez que nos encontramos. Acababa de salir de clase. Dejé mi mochila apoyada en el suelo mientras hacía tiempo en el pasillo, con tal mala suerte que, al cogerla de nuevo para irme, no era la mía… sino la suya.
Qué bochorno…
Se pasó horas buscándome por el campus hasta que dio conmigo. Mi tono de piel mutó a rojo volcán ese día. Desde entonces, hemos hablado varias veces, siempre me hace bromas o me suelta algún piropo descarado. Y no lo negaré, me encanta que lo haga.
—Hola, rencoroso —contesto con una sonrisa—. No sabía que estaba prohibido equivocarse.
—Claro que puedes, como si quieres robarme la mochila de nuevo, así tendré excusa para volver a buscarte —admite pícaramente. Sus ojos color ámbar siempre consiguen ponerme nerviosa—. ¿Qué tal, chicas? —dice asomándose por detrás de mí para saludar a mis amigas.
Me cuesta disimular el escaneo completo que le estoy haciendo. Lleva unos pantalones vaqueros y un polo que, por supuesto, le queda demasiado ajustado en los bíceps. Seguramente por las horas que pasa entrenando.
—Demasiado tranquilo todo para mi gusto —le cuenta Amber.
Pasa la mirada del susodicho a mí, con una sonrisa angelical que no tiene nada de santa.
—Justo estaba diciéndonos Rebecca que podríamos jugar a beer pong con alguien, ya sabes, para animarnos un poco —interviene Peyton.
No sé en qué momento se me ocurrió que era una fantástica idea contarles a estas dos nada de Eric.
—¿Idea mía? Pero si yo no…
Antes de que me dé tiempo a terminar, Eric ya tiene una respuesta inmediata que darnos.
—Perfecto, justo íbamos a empezar una partida. Seguro que los chicos están encantados con la idea.
Imagino que se estará refiriendo a sus colegas, los del club de remo. Me he cruzado alguna vez con un par de ellos, son tíos majos, aunque se lo tienen algo creído.
—Seguidme, están en el jardín trasero —añade Eric animándonos—. Allí tenemos bebida y la música es mejor.
Mis amigas se apresuran a caminar en fila india detrás de él. Me deslizo entre las dos, para que puedan oírme bien.
—¿Pero qué mierda…? —Mi tono de reproche no las sorprende.
—Chica, relájate un poco, un plus de diversión no nos matará a ninguna —me dice Peyton con una sonrisa malévola—. Teníamos que poner una excusa y te ha tocado. Hoy por nosotras y mañana por ti.
—Además, sabemos que te gustó desde la primera vez que hablaste con él —añade Amber entre risitas—. Solo estamos dándote un empujoncito.
Me relajo y acabo uniéndome al cachondeo colectivo que están formando.
Salimos de la cocina y atravesamos de nuevo el hall que sigue lleno de estudiantes apretujados.
Tiene dos escaleras majestuosas en forma de ele que llevan a la planta de arriba, la de los dormitorios.
Pasamos por un salón de techos altos, donde han desplazado el mobiliario hacia las paredes, creando así más espacio y consiguiendo una minipista de baile.
Este sitio es enorme.
Unas puertas dobles acristaladas dan al jardín, donde hay mucha gente divirtiéndose, pero no tanta como en el interior de la casa. Fuera se respira mejor, sin tanta aglomeración.
Llegamos al sitio y Eric saluda a sus amigos con un simple gesto de cabeza. En una esquina, tienen montada una mesa con los vasitos del juego preparados.
Hay unos cuatro chicos manteniendo conversaciones. Se nota que todos pertenecen al club, sus complexiones delatan su condición de remeros. Hombros anchos, espalda fuerte y brazos de infarto.
Nos acercamos para saludar a sus compañeros, pero antes de que le dé tiempo a presentarnos él mismo, mi amiga da un paso al frente.
—Soy Amber y estas son Peyton y Rebecca.
¿Pánico escénico? Para nada, ella siempre será nuestra representante social.
Los amigos de Eric rezuman confianza cuando se presentan. Tienen una actitud un poco chulesca y su forma de hablar es algo agresiva. Me hacen pensar que quieren parecer más graciosos de lo que son en realidad.
Uno de ellos se aproxima a Peyton, de forma que invade demasiado su espacio personal. Creo que ha dicho que se llama Rob.
—¿Apostamos algo? —le propone en un tono lo suficientemente alto como para que los demás podamos escucharlo.
No sabe hasta qué punto se está equivocando de chica. Pey puede ser como una pantera, no solo tienen en común el pelo negro azabache.
—Claro, qué tal si… —empieza, aunque luego se detiene a pensar—. Si gana mi equipo, tendrás que quitarte la ropa y decir a viva voz que eres un idiota.
Los amigos de Eric y Rob estallan en carcajadas.
—Muy bien, acepto el reto —cede, y se frota las manos repetidas veces—. Y si gana mi equipo, me darás tu número.
—Hecho —asegura ella—. Espero que seas buen perdedor.
Hacemos los equipos y empezamos.
Amber y Peyton van con Steve, otro de los amigos de Eric. Rob con sus dos amigos restantes, cuyos nombres ya no recuerdo. Y yo, con Eric. Vamos rotando para poder jugar los tres equipos, y mientras esperamos turno, Eric y yo no paramos de hablar.
Me apetece conocerlo más. Parece que tiene interés y no puedo esconder que físicamente me atrae. Así que me lanzo a hacerle alguna pregunta un poco más atrevida.
—Oye, Eric, tú… —Sin embargo, no llego a formularla porque me dejan sorda.
—¡Aaah, mi chica! ¡Por fin doy contigo!
Eric se gira para ver quién es el causante de tal chillido, haciéndome reaccionar.
—Hola, Cara.