GEOMETRIA DE 3 XXV
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Mateo se dirigía a la clínica a recoger a su mamá; ya le habían dado el alta. Iba nervioso, pensativo ante la propuesta que, por iniciativa y afán, le había hecho a Elías. Lo hizo con la convicción de que esa podría ser la única forma de tener a Luciana, pero:

¿hasta qué punto era prudente?

No lo sabía. Ninguno de los dos podía saberlo.

También estaba la reacción de Luciana; ella siempre se enfocaba en hacer las cosas correctas...

¿Acaso era incorrecto lo que pretendía?

Era un riesgo que debía tomar.

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Elías no pudo concentrarse. Decidió no ir a la oficina; la ansiedad por el paso que acababa de dar —ese puente que él mismo había ayudado a construir al marcar aquel número— le quemaba en el pecho.

¿Qué tan seguro podía estar de esta locura?

Ya no importaba. Al rastrear a Luciana, había firmado un contrato del que no sabía cómo salir ileso. Todo esto era totalmente ajeno a él, a su educación de élite, a esa estructura de exclusividad para la que siempre estuvo preparado. Lo «correcto» habría sido renunciar a ella, dejar que el silencio se la tragara para siempre... pero no pudo. El miedo a perderla era un motor mucho más potente que su propio orgullo.

¿Podría soportarlo?

¿No lo atormentaría verla en brazos de otro, incluso si él también estaba allí?

Mateo decía tener experiencia, una vida sexual abierta y sin costuras. Pero Elías no. Él era un hombre de lineamientos rígidos, de muros altos. Salir de esa zona de confort, aceptar que el amor de Luciana ya no era un territorio privado sino una geografía compartida, era el desafío más grande de su vida.

Sintió un escalofrío. Ya no era una cuestión de si aceptaría o no; ya todo estaba en marcha. Ahora la pregunta que lo perseguía mientras esperaba que el teléfono sonara con una ubicación era otra:

¿Quién sería él cuando por fin la tuviera de frente y Mateo estuviera a su lado?

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Luciana, mientras tanto, seguía encapsulada en sus pensamientos. Imaginaba ese encuentro entre Mateo y Elías, y sentía una angustia que la asfixiaba. No saber nada la mataba.

¿Hablarían de algo?

Si lo hicieron

¿entrarían en detalles?

¿Definitivamente los había perdido a los dos?

Se preguntaba si fue pertinente irse, desaparecer. En su momento lo sintió como lo único posible, pero en este instante ya no estaba segura.