GEOMETRIA DE 3 XII
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XII

Luciana intentó retomar su vida.

Volvió antes a la empresa donde laboraba, se mantuvo ocupada a propósito, llenando los días de tareas que no dejaran espacio para pensar demasiado. Trabajaba más horas de las necesarias, no por ambición, sino por supervivencia.

Elías, por su parte, continuaba atrapado en las exigencias de la empresa. Los compromisos no daban tregua. Forzaba agendas, ajustaba reuniones, intentaba cerrar detalles de un viaje a Europa que ya era inevitable. Un viaje que incluía a Paula. Un viaje que lo obligaría a ausentarse aún más tiempo.

Y esa distancia —la física y la emocional— se volvía insoportable.

Sabía que todo podría acortarse con una sola llamada.

Con una sola respuesta de Luciana.

Con suplicarle que volviera con él.

Pero no había respuesta.

Así que siguió adelante, sin alternativa, aferrándose a la esperanza latente de que, cuando regresara, Luciana aún estuviera allí. Que el tiempo no hubiese terminado de romper lo que aún no habían tenido oportunidad de arreglar.

▲ △ ▲

Pasaron algunos días.

Luciana fue a la universidad con un nudo en el pecho. Solicitó formalmente que no le retiraran la beca. Explicó que debía ausentarse un semestre, que retomaría sus estudios el siguiente período. No dio detalles. No los debía.

Fue entonces cuando notó que Elías no se había matriculado

La deducción fue inmediata, Europa.

Sintió la rabia subirle como un golpe seco, mezclada con una desesperanza silenciosa y unos celos que intentó negar sin éxito. Lo imaginó con Paula. En reuniones. En aviones. En hoteles. En ese viaje que, en alguna conversación pasada, él incluso le había propuesto compartir.

Respiró hondo.

Se obligó a mantenerse firme.

Continuó con su matrícula. Firmó los papeles. Respondió lo necesario. Porque ahora sabía con claridad que Elías no estaría ese semestre, no podía permitirse vivir detenida en una espera que la desarmara por dentro.