Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 40 #2
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CAPITULO 40 #2

Zoe suspira un par de veces intentando sacar fuerzas y mantener la compostura con todos esos sentimientos encontrados causando estragos en su mente, después de unos segundos, ella levanta la cara y nota a esos dos chicos frente a ella.

De inmediato, sus ojos se enfocan en el montón de globos, ella observa cada uno de los perros, manteniéndose inmóvil. Finalmente, Zoe se pone de pie evitando cualquier contacto visual con los chicos, y camina hacia el armario.

Brandon por su parte, fija la mirada en un poster de Zoe, él detalla el uniforme de motocross rosa, ese mismo que vio arder en el video, lo contempla hasta que escucha como ella camina de regreso.

La ve sentarse nuevamente en el piso junto a Zac, quedando diagonal a él, nota como ella abre la revista en el piso, hasta que despliega el afiche.

—¡Ay por Dios! —exclaman los dos hermanos, al mismo tiempo.

—Esto es fantástico… es como regresar en el tiempo —afirma Brendam.

Brandon le sonríe, a la vez que golpea el brazo de su hermano, mientras que Brendam le toma una foto con su teléfono.

—No entiendo… ¿ellos en verdad son hermanos? ¿Uno es adoptado, son medio hermanos o solo es una broma estúpida? —susurra Zoe al oído de Zac.

—Pues… ¿pregúntales tú? —replica Zac entre risas, pero Zoe niega con la cabeza con rapidez.

—¿Qué cosa? —inquiere Brandon.

—Dale —dice Zac, empujándola un poco con su hombro—. Zoe… te desconozco, di todo lo que tienes que decir ahora mismo, ¿o esperas que hable por ti? Te he dicho, puedo entrenarte, pero no puedo competir por ti.

Zoe escucha las palabras de su hermano mirándolo a los ojos, luego suelta un suspiro largo, asiente y gira el rostro para ver a Brandon.

—¿Cuál de los dos es el adoptado? —pregunta ella, con seriedad.

Ambos hermanos se señalan el uno al otro, al mismo tiempo que se ríen.

—Okey… no me gusta que me vean la cara de estúpida —declara Zoe, frunciendo el ceño.

—No, no —refuta Brandon—. Solo estábamos jugando, ninguno es adoptado, somos hermanos de verdad.

—Pero… siempre dijiste que eras hijo único —replica Zoe, confundida.

—Eso es porque Brendam ya era famoso, yo no quería que me conocieran por ser el hermanito medio cantante de un piloto de motocross, como si quisiera colgarme del éxito de él —aclara Brandon.

—¿Entonces tu apellido no es Jones? —inquiere ella, aun sintiéndose confundida.

—No, mi verdadero apellido es Jasso, pero no le digas a nadie. Es que artísticamente sonaba mejor Jones, y bueno… así no me relacionarían con Brendam.

—Entonces… todo lo que dices es mentira —afirma Zoe, cruzándose de brazos.

—¡Sí! ¡Es un súper mentiroso! —interviene Brendam, riéndose.

—¡Idiota! —exclama Brandon, golpeándole el brazo.

—¡Pero sí lo eres! ¡Esa es la verdad! —reitera Brendam, entre risas.

Entre tanto, Zoe se queda en silencio, viéndolos a ambos y analizando cada palabra que dicen.

—Okey… Sí, pero tengo que tener un alter ego, no es como que mienta para dañar a alguien —aclara Brandon, mirando a Zoe a los ojos.

—No entiendo… ¿en qué más mientes? —cuestiona ella, entrecerrando los ojos.

—Pues, cuando lanzaron mi carrera, mi representante dijo que necesitábamos convertirme en un sex simbol, ellos me hicieron todo un cambio de look.

Realmente mi cabello no es negro, es más claro, Asi castaño como el de él —indica Brandon, señalando a su hermano—.

Y no es ondulado, es liso, además antes era más delgado, tuve que ganar varios kilos de masa muscular, incluso me contrataron a un entrenador, también me hicieron las dos perforaciones en la oreja.

—Sí, y lloró cuando se las hizo, decía que se veía gay —recuerda Brendam, riéndose a carcajadas.

—En mi cabeza me veía súper gay —acota Brandon, encogiéndose de hombros—. Además de que me hacen pintarme las uñas de negro, y obviamente eso no me gusta.

—¿No te gusta? —inquiere Zoe, sorprendida.

—Claro que no, es que yo no soy así, no lo hago por gusto, sino porque es la imagen que me crearon y debo conservarla, por los menos hasta ser lo suficientemente conocido como para que me pueda dar el lujo de ser como realmente soy, sin perder el encanto de las fanáticas.

—¿Y cómo eres realmente? —indaga Zoe.

—Pfff… esa es una buena pregunta —replica Brandon, resoplando—.

Soy bastante aburrido diría yo, me gusta encerrarme a tocar guitarra, mirar películas de terror, lo más emocionante, es ir a la pista con Brendam, aunque ahora es complicado hacerlo sin que nos tomen fotos juntos —añade poniendo los ojos en blanco—.

Por eso ya no puedo sacarme nunca el casco cuando salimos a dar una vuelta, no quiero que sepan que hacemos eso los fines de semana, y también soy bueno armando computadoras.

—Además de que usas lentes —murmura Brendam, señalándolo.

—¿Usas lentes? —pregunta Zoe, incrédula.

—Sí, es que tengo algo de miopía, yo de lejos veo borroso. Antes utilizaba los lentes de contacto porque era una necesidad para andar en moto, pero ahora, me piden que los use siempre, porque… ¡Qué horror ver a Brandon Jones usando lentes de marco! —bromea Brandon.

—¡Sí! ¡Qué horror! —añade Brendam, al mismo tiempo que busca en la galería de su teléfono, luego le enseña la pantalla a Zoe.

Ella de inmediato observa la fotografía, donde Brandon aparece con tinte negro en todo el cabello, su frente bastante manchada, usando unos lentes de marco color azul, sosteniendo un destornillador en una mano y una tarjeta de video en la otra.

—¡Esto vale oro! —exclama Brendam, sonríendo—. ¿Sabes cuánto me pagarían por esta foto?

—Bueno… si tú vendes esa imagen, yo hago lo misma con la tuya, esa donde estás abrazando una almohada llorando, solo porque quedaste de segundo lugar en un torneo —replica Brandon riéndose, a lo que su hermano le da un puñetazo en el brazo.

En ese momento, Zac estalla de la risa al ver la interacción de ellos, al mismo tiempo que Zoe finalmente se ríe.

—Oye… ¿me aceptarías los globos? Es que ya me duele la mano, además… sé que este idiota me tomará una foto con ellos, solo para seguir teniendo material para chantajearme —comenta Brandon, viéndola a los ojos.

—Gracias… —murmura Zoe asintiendo, a la vez que extiende la mano para recibirlos.

—Feliz cumpleaños —dice Brandon, sonriéndole.

—Ah y no han visto nada, tengo una foto de él sentando en el piso jugando con sus dinosaurios —agrega Brendam, entre risas.

—¡No estaba jugando! ¡Yo solo los estaba organizando por especie! —refuta Brandon.

—¿Tiene muchos? —indaga Zoe, con interés.

—Sí, actualmente tengo setecientos cuarenta y dos —afirma Brandon, orgulloso.

—¡Ay por Dios! —exclama Zoe, sorprendida.

—Sí… la verdad es que soy un súper nerd de los dinosaurios.

—Eso es algo genial —comenta Zoe, sonriéndole disimuladamente.

—¡Ah no! ¡Corrijo! ¡Porque ahora tengo setecientos cuarenta y tres!

—aclara Brandon mostrando el perro en su mano, a la vez que ambos se miran a los ojos y se sonríen tontamente—.

Entonces… ¿me mostrarás tu colección? Necesito saber cuáles tienes, porque no quiero regalarte uno que ya tengas —añade con seriedad.

—Sí claro, es que no hay nada peor, que tener una figura repetida y aparte no conseguir con quien intercambiarla, porque pareciera que no hay nadie más en el planeta que coleccione lo mismo que tú —declara Zoe, levantándose.

—¡Exacto! ¡Es que creo que sería más fácil si coleccionáramos pokemones! —bromea Brandon poniéndose de pie, luego ambos se aproximan hacia el mueble de la esquina entre risas, para ver las figuras de los perros.

Zac y Brendam por su parte, se quedan sentados en el piso conversando al mismo tiempo que siguen viendo la vieja revista y el afiche de Hill.

—Este fue mi primer perro, me lo regaló mi papá la primera vez que me caí de la moto, yo estaba muy pequeña y lloré mucho —explica Zoe, viéndolo fijamente.

—Lo lamento… —murmura Brandon—. Es una mierda caerse y más estando pequeño.

—Pues sí me dolió, pero no lloré por eso, es que…

cuando me caí, la moto siguió andando sin control hacia un grupo de personas, ahí alguien cargaba un perrito, uno igual que este — dice ella, señalando la figura—.

Las personas corrieron hacia un lado, pero una se tropezó y resulta que el perro se lastimó la pata…

Eso fue horrible para mí, que por mi culpa haya salido herido —agrega con la voz llena de tristeza.

—Okey… lo comprendo, pero… ¿si sabes que no fue tu culpa, verdad?

Eso fue un accidente —afirma Brandon, con voz suave—.

Mira, este fue mi primer dinosaurio —añade mostrándole una foto en su teléfono—.

Me lo conseguí en unas escaleras, al salir de una función de cine que fui con mi hermano y mi papá.

Es muy pequeño, solo mide como dos dedos de alto y brilla en la oscuridad, cuando me agaché a tomarlo, mi padre hizo un comentario, dijo que sería genial tener muchos dinosaurios brillantes.

Una semana después de eso… él falleció, ahí fue que comencé a coleccionarlos —confiesa Brandon—.

Luego de unos meses, ya tenía todos los dinosaurios brillantes que existían, pero la realidad es que no eran más de veinte, muy pocos como para ser algo digno de una “colección”.

—Entiendo… Yo no sabía lo de tu padre, lo lamento mucho —susurra ella, sonriéndole.

—Gracias —responde él, devolviéndole la sonrisa—. Oye… ¿me perdonarías? Sé que fui un idiota, pero… no fue intencionalmente, yo no quise lastimarte la pata a propósito, es solo que mi estúpida moto se salió de control. Es decir… bebí de más, yo estaba ebrio cuando te conocí.

Zoe le vuelve a sonreír con los ojos llenos de lágrimas, al mismo tiempo que Brandon se inclina y la abraza con fuerza.