CAPITULO 40
Zoe por su parte, se encuentra en su habitación, sentada en el piso con la espalda apoyada en la cama, a la vez que llora abrumada abrazando su almohada, cuando de repente, se abre la puerta y entra Zac, agachándose junto a ella.
—Ya Zoe… no llores, todo está bien —murmura él, acariciándole la cabeza—. No puedes llorar hoy… es tu cumpleaños.
—¡Esto es una pesadilla! —dice Zoe llorando, negando con la cabeza—. ¡Esto no puede estar pasando! —exclama entre sollozos.
Afuera en el pasillo, Brendam y Brandon logran escuchar toda la conversación, debido a que la puerta se encuentra abierta.
—Hey… ya tranquila. Yo estoy completamente de tu lado, eso lo sabes, pero… a veces los chicos somos idiotas cuando tomamos, eso no tengo que explicártelo, porque tú eres muy lista y lo sabes —comenta Zac, viéndola a los ojos—. ¿A cuántas fiestas hemos ido y has visto eso mismo?
—Zac… es que yo no merecía nada de eso. No merezco que me pasen cosas malas —agrega ella, limpiándose las lágrimas.
—Lo sé, y yo mismo acabaría con mis propias manos, a cualquier idiota que intente lastimarte.
—¿Ya se fue, verdad? —cuestiona Zoe, llorando sin parar—. Solo dime que ya se fue.
En ese momento, Zac voltea hacia la puerta y disimuladamente les hace señas con la cabeza a los chicos.
—Oye… quiero que conozcas a alguien. Bueno, creo que ya lo conociste —acota Zac, riéndose bajito.
—¿De qué hablas? —cuestiona Zoe, confundida.
Justo ahí Brendam entra a la habitación y se agacha frente a ellos, ella al verlo frunce el ceño y se queda inmóvil durante unos segundos, para luego voltear a ver a su hermano.
—¡Qué demonios! —murmura ella, secándose de nuevo las lágrimas.
—Hola Zoe —saluda Brendam, en voz baja.
—Zac… no entiendo —susurra ella, observando a su hermano confundida—. Estoy en una pesadilla muy rara… —añade tomándole el brazo—. Pasan cosas muy extrañas.
—No, no estás en una pesadilla —aclara Zac, sonriéndole.
—¿Sabes quién soy? —pregunta Brendam y Zoe asiente, limpiándose el rostro.
—Zac… ¿este es tu regalo de cumpleaños? —indaga ella, apretando el agarre que tiene en el brazo de él.
—Sí, ¿verdad que soy el mejor hermano del mundo? —responde Zac, entre risas—. Ahora tienes que esforzarte mucho, si te los traje para tu cumpleaños… ¿entonces a quien me traerás tú para el mío?
—Pues sacando a papá, yo no conozco a ninguna otra estrella del motocross —refuta ella, y ambos chicos se ríen—. Brendam… ¿vendrías al cumpleaños de Zac?
Brandon desde el pasillo escucha a Zoe, y no puede evitar sonreír.
—¿Cuándo es? —pregunta Brendam.
—El veintiuno de noviembre —responde Zoe, sonriéndole.
—Pues ya he terminado los campeonatos para esa fecha, así que yo creo que sí. Además, no conozco las pistas de Alabama —acota Brendam.
—¡Te podemos llevar! ¡Hay dos que son geniales! —exclama Zoe, emocionada—. Esas son nuestras favoritas, ¿verdad Zac?
—Sí claro, eso sería fantástico, de seguro papá enloquecerá con ese plan —afirma Zac.
—Entonces eso está decidido, aunque… solo tengo dos condiciones —comenta Brendam.
—¿Cuales? —indaga Zoe, sonríendo.
—La primera es que ahora tengo mucha hambre, ¿les parece si vamos a comer?
—Es que es mi cumpleaños… nosotros comeremos con mis papás, cuando ellos lleguen, iremos a un restaurante —explica Zoe.
—Okey… entonces no les molesta si voy con ustedes, ¿o sí?
—No, claro que no —replica Zoe, rápidamente—. ¿Zac si puede ir, verdad?
—Obvio que sí. Sería genial.
—Entonces tenemos que llamar a papá para que no se demoren —agrega Zoe, emocionada, para luego voltear hacia Brendam—. ¿Y cuál es la otra condición?
—Pues… —murmura él mirando hacia un costado, notando el enorme estante con las figuras—. Espera… ¿todos esos son perros?
—¡Sí! —exclama Zoe, orgullosa.
—¡Ay por Dios! ¡Te pareces a mi hermanito! —comenta Brendam, riéndose.
—¿Por qué? ¿Él también colecciona perros? —inquiere Zoe, sorprendida.
—No, perros no, pero tiene esa misma cantidad o más de dinosaurios. Cada vez que cumple años, tengo que ver cual tiene para no regalarle uno repetido —explica él, entre risas.
Brandon desde afuera escucha lo que dice su hermano y algo confundido entrecierra los ojos, al mismo tiempo que se asoma un poco a la puerta para observar hacia adentro y ver a lo que se refiere.
—Ah… yo tengo que hacer lo mismo —afirma Zac—. Tengo que tener fotos actualizadas de su colección, para no comprarle uno que ya tenga.
—¡Te daré un regalo! —dice Zoe, levantándose emocionada.
Ella camina hacia su colección, toma uno de los perros y luego regresa con los chicos y se vuelve a sentar en el piso.
—Ten… llévaselo a tu hermanito —añade ella, entregándole la figura—. Estoy segura de que este dinosaurio no lo tiene.
Brendam se la recibe con una sonrisa en el rostro, al bajar la mirada a su mano, detalla que es un perro pug disfrazado de dinosaurio.
—¡Ay por favor! ¡Es fantástico! —comenta él, riéndose—. ¿Estás segura? Es de tu colección.
—Sí, estoy segura, es un pug-ranosaurio, cualquier coleccionista de dinosaurios mataría por ese espécimen, es único.
Brandon en el pasillo, observa los globos que aún tiene en la mano, a la vez que prensa los labios, sintiéndose una vez más como una mierda.
—Oye… eres genial. En serio me caes muy pero muy bien. Zac, tienes una hermana increíble —comenta Brendam.
—Gracias —responde él, orgulloso.
—Entonces ya estás comprometido, Brendam. No me hagas quedar mal, recuerda que es el veintiuno de noviembre —reitera Zoe, en tono serio.
—No, claro que no te quedaré mal —afirma Brendam, a la vez que saca su teléfono del bolsillo y se lo entrega a Zac—. Anótenme sus números y hagamos un chat juntos.
—¡Genial! —añade Zoe, entusiasmada.
—Entonces… solo queda lo de la segunda condición —agrega Brendam, quien aún se mantenía agachado y procede a terminar de sentarse en el piso frente a ellos.
—Sí… ¿qué necesitas? —pregunta Zoe, al mismo tiempo que Zac guarda sus contactos en el teléfono de Brendam.
—No… yo no necesito nada, es solo que mi mamá me manda a cuidar a mi hermanito. Entonces… ahora tengo que estar supervisándolo siempre que puedo. Asi que él tendría que venir conmigo.
—Ah… eso es genial, a mí me encantan los niños —declara Zoe, causando que los chicos se rían.
Brandon afuera, intenta contener las ganas de reírse para no delatar su existencia.
—Entonces… ¿si lo quieres conocer? —insiste Brendam.
—Claro, ya te di un regalo para él —acota Zoe.
—Cierto, él estará feliz con su pug-ranosaurio —agrega Brendam mostrándolo en su mano—. En ese caso… puedo presentártelo de una vez, ¿eso estaría bien para ti?
—Por supuesto, pero… ¿lo llamarás por video llamada? ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? —cuestiona Zoe, rápidamente—. ¿También practica motocross?
—Pues él sí practica desde los cuatro años, aunque no de manera profesional, se llama Brandon Jasso y recién cumplió los veintiún años —responde Brendam—.
Y no lo llamaré porque él está ahí —aclara señalando hacia el pasillo—.
Ven hermano, te presentaré a la chica más genial que he conocido en muchísimo tiempo.
En ese momento, Zoe voltea hacia la puerta y observa como Brandon entra llevando el montón de globos en forma de perros en la mano.
Ella en completa confusión, gira el rostro hacia su hermano, quien al darse cuenta, la rodea con el brazo alrededor de su cuello, permitiendo que ella hunda el rostro en su pecho.
—No entiendo —murmura ella, aguantando las lágrimas—. Zac… esto sí es una pesadilla. Ya despiértame.
Brandon avanza en silencio hacia ellos y se sienta en el piso, al lado de su hermano.
—Tranquila… todo está bien —susurra Zac, dándole un beso en la frente—. Hey… no tiembles —añade abrazándola.
—Tengo miedo —confiesa Zoe, sin levantar la mirada.
—No debes tenerlo, porque yo estoy contigo. Nadie nunca te hará daño, para eso me tienes a mí —asegura Zac, apretando el abrazo.
—Zoe… —interviene Brendam tocándole el brazo, pero ella niega con la cabeza, reacia a mirarlos—. Bueno… en ese caso, ten hermanito, mira, es un pug-ranosaurio.
—Lo amo, es fantástico —comenta Brandon, agarrándolo—.
Es el dinosaurio más genial que pude imaginar ver en este o en cualquier otro mundo, es más…
si existieran dinosaurios en otro planeta, seguramente no lo amaría tanto como a este espécimen.
Estoy seguro que lo defendería con mi vida —afirma con una sonrisa.
En ese momento, los ojos de Zoe se humedecen al escucharlo usar sus palabras, a la vez que se muere de nervios.
—Perfecto… entonces ella es Zoe y este es su hermano Zac. ¿Tú te acuerdas del poster que yo tenía detrás de la puerta de mi habitación? —inquiere Brendam, viendo a Brandon.
—Claro, ese donde Hill está saltando varios metros en el aire en una colina.
—Bueno, ese Hill, es el padre de ellos —acota Brendam—. ¿Qué loco no?
—¿Tenias un poster de mi padre? —pregunta Zac, sorprendido.
—Sí, lo tuve hasta que nos mudamos de esa casa, fue una lástima que no lo pude despegar de la puerta.
—De hecho, mamá trató de despegarlo pero se rompió, y alguien acá, se enojó, incluso hizo una pataleta terrible y estuvo durante toda la mudanza culpándome a mí —agrega Brandon.
—¿A ti? ¿Por qué? —indaga Zac ríendose, a la vez que le acaricia la espalda a Zoe.
—Porque según él, fue idea mía usar pegamento en vez de cinta adhesiva, pero en mi defensa, yo no recuerdo haber dicho eso. Yo tenía seis años y él once, debió haberse dado cuenta que esa era una pésima idea —acota Brandon, causando que los tres chicos se rían.
—Yo tengo ese poster de mi papá guardado —murmura Zoe, con el rostro aún hundido en el pecho de Zac.
—¿Lo dices en serio? —inquiere Brendam, incrédulo.
—Sí, yo compro en internet revistas antiguas, no todas, solo en las que sale mi papá —aclara Zoe, aún sin mirarlos.
—¡Ay por Dios! ¿Me dejarías verlo? Es que tengo años sin ver ese poster, quiero tomarle una foto.
—Ve… búscalo —indica Zac en voz baja, dándole un beso en la frente.