CAPITULO 39
En casa de los Hill, de repente tocan el timbre de la puerta principal.
—¡Yo voy! —grita Zoe desde su habitación, a la vez que baja corríendo las escaleras a toda velocidad.
—No te tropieces y te caigas, porque primero me burlaré y después te regañaré si te lesionas —bromea Zac desde el comedor, cuando la ve pasar.
—¡No me caeré! ¡Nada arruinará mi día! —replica Zoe, llegando a la puerta y abriéndola.
Ahí frente a ella se encuentra un chico con una caja de cartón en las manos.
—Buen día, ¿se encuentra Zoe Hill? —pregunta el mensajero.
—Sí claro que está, soy yo —responde ella, con una sonrisa enorme en el rostro.
—Perfecto, tengo una entrega para usted.
—¿Es un pastel? ¿Quién me lo envía? —indaga ella, sonríendo de nuevo.
—No es un pastel, y no sé quién se lo envía —aclara el mensajero amablemente, aún sosteniendo la caja en sus manos.
—¡¿No es un pastel?! —exclama Zoe, confundida—. Conozco perfectamente bien esas cajas, porque mi mejor amiga hace pasteles y está sin duda, es una caja de pastel.
—Okey… pero este no es un pastel —afima el mensajero, riéndose.
Zoe lo mira entrecerrando los ojos, luego extiende sus brazos, toma la tapa de la caja y la levanta para ver el interior, gritando emocionada al instante.
—¡Hey! ¿Qué pasa? —inquiere Zac, desde el interior de la casa al escucharla.
—¡Nada! ¡Solo estoy recibiendo regalos! —grita Zoe hacia adentro, para luego mirar de nuevo hacia la caja.
El mensajero solo se queda ahí de pie aguantando la risa, sosteniendo la caja en las manos.
—Tengo que probarlo —comenta ella, tomando uno de los cupcakes—. Si no son mis favoritos, será un regalo de cumpleaños ejecutado imperfectamente a medias —explica dándole una mordida al postre.
Al hacerlo, Zoe siente el sabor del limón y la menta, por lo que de inmediato comienza a dar pequeños saltos, emocionada.
—Entonces.... ¿eso significa que sí fue un regalo perfectamente ejecutado? —inquiere el mensajero, intrigado.
—¡Sí! ¡Claro que sí! ¡Muchas gracias, me encantó! —exclama ella, quitándole la caja de las manos—. Y dile al misterioso remitente, que amo que conozca mis gustos y que te de una súper propina, porque este es un súper detalle que me alegró mi día.
—Okey… sin duda se lo diré —afirma el mensajero, dándose la vuelta.
Zoe se queda de pie en la entrada viendo como el chico se aleja por el jardín y se monta en un automóvil, luego entra a su casa caminado hacia el comedor, donde coloca la caja sobre la mesa y de inmediato le toma una foto, después se sienta para continuar comiéndose el cupcake revisando su teléfono.
—Okey… ¿cuántos son míos y cuántos tuyos? —inquiere Zac, tomando uno de la caja.
—¿Cuáles tuyos? —replica Zoe riéndose, a la vez que da un bocado al cupcake—. Más bien dile a tus admiradores que te envíen cosas ricas, nunca he probado nada.
—Okey... ¿Entonces ahora tienes “admiradores”? —cuestiona Zac haciendo comillas y masticando.
—Pues sí, y uno que me conoce bien —afirma Zoe—. Y eso hermano mío, me encanta, esos son los detalles que enamoran a las chicas.
—¿Y cuál es el nombre del imbécil?
—No te lo diré —responde Zoe, encogiéndose de hombros.
—Ja-ja-ja, sueña con que tendrás un romance a escondidas, no me importa que papá o mamá te den permiso de salir, no irás a ningún lado sin antes primero yo saber quién es el idiota —declara Zac, en tono serio—. Y segundo, sin antes conocerlo y aprobarlo.
—Ah... ¿es que acaso tiene que venir y pedirte permiso en persona? —refuta Zoe.
—¡Sí! ¡Tal cual como en la vieja escuela! —acota Zac.
—Claro… ¿y a cuántas casas has ido tú a pedir permiso para salir con las zorras que te rondan? —cuestiona Zoe, viéndolo a los ojos.
—¡Exacto! Son chicas cualesquiera, no tengo que pedir permiso, eso solo lo haría con una chica buena —aclara Zac—.
Zoe… tú no eres como esas con las que salgo, a esta casa tendrán que venir a pedirme permiso, porque ningún idiota te tratará como una zorra, porque no lo eres. Eres mi hermana y yo te haré respetar.
Justo en ese momento, la conversación es interrumpida por el sonido del timbre de la casa.
—¡Yo voy! —exclama Zoe, saltando de la silla emocionada.
Ella deja el cupcake sobre la mesa y sale corríendo hacia la puerta, en cuanto la abre, se encuentra con una persona de pie, sosteniendo un montón de globos con formas de perros de diferentes tamaños, razas y colores.
Zoe se queda genuinamente sorprendida y boquiabierta durante un instante, a la vez que sus ojos se llenan de lágrimas de emoción.
Un segundo después, ella observa como los globos se mueven hacia un costado, dejando al descubierto a un chico.
En cuanto ella le ve la cara, prensa los labios y sus lágrimas comienzan a correr por su rostro libremente, a pesar de que hace lo posible por contenerse, al final no lo logra y se derrumba entre sollozos, dándose la vuelta, cierra la puerta con fuerza y entra corríendo en su casa.
Zac se sobresalta al escuchar el portazo, inclusive casi se ahoga con el cupcake, al mismo tiempo que ve como su hermana pasa a su lado llorando, subiendo las escaleras a toda velocidad hacia su habitación.
Él de inmediato se pone de pie y camina hacia la puerta de la casa, en cuanto la abre, ve la misma escena que causó la reacción en Zoe.
—¡Maldito hijo de puta! ¡¿Qué mierda haces en mi casa?! —grita con fuerza, mirándolo fijamente.
Entre tanto, en el apartamento de Jenny, ella se encuentra en la cocina cuando suena el intercomunicador.
—Sí, dígame —responde ella, acercándose y accionándolo.
—Buen día. Tengo un paquete para Nicole Hughes —indica el mensajero.
—Okey… Deme un momento, ya bajo —indica Jenny—. ¡Scarlet! —grita desde la cocina.
—Dime mamá —responde Nicole, apareciendo por el pasillo.
—Mi vida, te llegó un paquete, ¿puedes bajar a buscarlo?
—Sí, claro —dice ella metiendo su teléfono al bolsillo, toma las llaves y sale del apartamento.
En cuanto llega abajo, Nicole ve al mensajero con una caja en las manos a través de la puerta de la puerta de vidrio.
—Hola, yo soy Nicole —comenta ella, al abrir—. ¿Traes un paquete para mí?
—Sí, buen día —afirma el mensajero, a la vez que extiende las manos y le entrega la caja.
—Gracias —responde Nicole recibiendo el paquete y cierra la puerta.
En cuanto se sube al ascensor, ella levanta un poco la tapa y de inmediato sonríe al ver su interior, finalmente camina hacia su apartamento con una sonrisa enorme en el rostro.
Jenny se encuentra sentada en la sala pintándose las uñas, de repente escucha la puerta abrirse y observa a su hija entrar con una caja de pastel en las manos, la cual apoya en el mesón de la cocina.
—¡Qué rayos! —exclama ella, confundida.
Nicole por su parte, le quita por completo la tapa a la caja y de inmediato le toma una fotografía al interior, aún con una sonrisa iluminando su rostro.
—Es que no entiendo… ¿por qué trajeron el pastel a esta hora? —cuestiona Jenny, frunciendo el ceño—. Yo pedí que lo trajeran a final de la tarde, como siempre.
—Mamá, no es tu pastel —aclara Nicole, tomando otra foto.
—¿No? —indaga Jenny, extrañada—. Entonces… ¿qué compraste? Pensé que saldríamos a comer.
—Yo no compre nada —acota Nicole, volteando a ver a su madre—. Claro que saldremos a comer, esos planes no han cambiado.
—Bueno… ¿entonces qué es eso? —inquiere Jenny, señalando el mesón.
—Algo que amo —comenta Nicole, a la vez que saca uno de los pastelitos de la caja y se lo muestra—. ¡Son mis cupcakes favoritos! —añade emocionada dándole una mordida.
—¡Ay por Dios! ¡En serio que la Gata es la niña más hermosa del mundo! ¡En serio la amo! —afirma Jenny levantándose y se acerca para ver los cupcakes, a la vez que mueve las manos en el aire para que se sequen más rápido sus uñas.
—Sí, es imposible no amarla —añade Nicole comiendo y limpiándose un poco la cobertura verde en sus labios.
—Que hermoso, y son muchos —comenta Jenny, viendo el interior de la caja—. ¿Por qué te envió tantos?
—Supongo que porque me gustan —comenta Nicole, encogiéndose de hombros, al mismo tiempo que comienza a contarlos en voz alta—. Uno, dos, tres, cuatro… cuarenta y uno, cuarenta y dos… y con el que me estoy comiendo serían cuarenta y tres…
En ese momento, Jenny entrecierra los ojos, quedándose pensativa sin decir ninguna palabra, unos segundos más tarde, Nicole reacciona a la cantidad que acaba de contar y sintiéndose confundida, suelta el cupcake que tiene en la mano, colocándolo sobre el mesón y decide tomar la nota que está ubicada en el medio de la caja.
Jenny observa como su hija abre la tarjeta rosada, detalla como la lee durante unos segundos, cuando de pronto, la cara de Nicole cambia por completo y comienza a llorar desesperadamente, al mismo tiempo que se da la vuelta y agarra las llaves del apartamento junto con las del automóvil.
—¿Qué haces? ¿Mi vida qué te pasa?! —inquiere Jenny, angustiada.
—¡Tengo que irme! —declara Nicole, desesperada—. ¡Mamá tengo que irme ya!
—¿A dónde? ¿Por qué? —insiste Jenny, extrañada.
—A casa de los Lambert —responde Nicole en medio del llanto, a la vez que abre la puerta del apartamento y sale rápidamente.
Jenny de inmediato se va detrás de ella completamente confundida.
De regreso en casa de los Hill, Zac aún se encuentra en la puerta y sigue a los gritos.
—¡Ya responde! ¡¿Qué mierda haces en mi casa?! —inquiere con fuerza, al mismo tiempo que empuja al chico con ambas manos.
El chico se queda perplejo y nervioso pero no reacciona de ninguna manera al ataque.
—¿Eres su novio o algo así? —cuestiona él, confundido.
—¡Claro que no! ¡Soy su hermano maldito imbécil! ¡Su único hermano mayor! —acota Zac—. Asi que ya dime… ¿qué mierda haces acá Brandon? ¡Si no me respondes, entonces te largas ya mismo!
—Ah okey. Entonces… ¿si sabes quién soy? —dice él nervioso, con los globos en las manos.