CAPITULO 38
Tyler se encuentra en la cocina, concentrado leyendo la receta en su teléfono y separando los ingredientes en las cantidades adecuadas, al cabo de unos diez minutos, Sam baja las escaleras descalzo y aún medio dormido.
—Hola mamá —dice él, al verla sentada en el comedor.
—Mi vida, ¿te sientes bien? ¿Por qué madrugaste? —inquiere Lucy, a la vez que mira por un instante a Tyler, compartiendo una mirada con él, quien se queda inmóvil observando la escena.
—Sí, me siento bien, es solo que el idiota de Tyler me despertó —comenta negando con la cabeza—. Yo estaba durmiendo tan rico. Me tomaré un vaso de leche caliente, así me da sueño otra vez.
—¿Cómo que idiota? —refuta Tyler, adelantándose antes que Sam lo vea.
—¡Carajo! ¡Me asustaste! ¿Qué haces ahí? —cuestiona Sam, acercándose.
—Pues los cupcakes —responde Tyler, encogiéndose de hombros.
—Ty… en serio ya me estás preocupando, le diré a Jhon que te haga un antidoping o algo —recalca Sam, en tono serio—. ¡Esto no es normal!
—¡Cállate bobo! Más bien termina de despertarte, porque necesito que te quedes y me supervises —comenta Tyler, a la vez que sigue pesando los ingredientes—. No quiero hacer una cagada y luego no poder arreglarlo.
—Chicos, estaré arriba en la oficina, necesito hacer un trabajo de último momento —informa Lucy, compartiendo una mirada cómplice con Tyler.
Los chicos asienten viéndola subir, al mismo tiempo que Sam abre el refrigerador, saca una jarra de leche y se sirve un vaso.
—¿Por qué demonios no esperaste a que Kitty se despertara? Te quedarán espantosos, tú no sabes cocinar
—¡Hey! ¿Y para mí? —inquiere Tyler, señalando el vaso de leche.
Sam voltea los ojos por un instante, luego toma otro vaso y también le sirve.
—Con más razón tienes que vigilarme, yo no he cocinado nunca y esto tiene que quedar bien —afirma Tyler, a la vez que Sam se le queda viendo fijamente.
—¡¿Qué demonios te pasó en la cara?! ¡¿Te peleaste?! —inquiere él, confundido.
—¡No! ¡Claro que no me peleé! —responde Tyler, tomando un sorbo de leche—. Es solo que me caí por las escaleras.
—¡Ty por Dios! ¡Estás borracho! ¿Por qué estás bebiendo así?
—¡Ya no jodas más con eso! Yo no he bebido nada, en serio solo me caí —acota Tyler.
—¿Cómo que solo te caíste? —cuestiona Sam, frunciendo el ceño.
—Sí, estaba corríendo por las escaleras, pisé mal un escalón, se me enredó el pie, y ahí me caí —explica Tyler, encogiéndose de hombros—. Eso fue todo.
—¿Pero cómo te salió ese hematoma tan rápido?
—Porque no me caí hoy, eso fue ayer —aclara Tyler, tomando otro sorbo de su vaso.
—¿Ayer? Y no me dijiste nada —refuta Sam, cruzándose de brazos.
—Es que no le dije a nadie, porque fue vergonzoso. Solo me caí, luego me levanté y ya.
Sam lo escucha atento, al mismo tiempo que toma una caja de cereal de la alacena.
—Espera… ¿por qué me serviste leche en un vaso si tú comerías cereal? —inquiere Tyler, indignado.
—Porque me estás haciendo quedarme aquí por tu antojo estúpido de cupcakes. Ahora que tengo que vigilarte, pues no lo voy a hacer sin desayunar —aclara Sam, sirviéndose en un plato.
—Bueno pero yo también quiero desayunar, porque no he comido nada aún —agrega Tyler, tomando otro plato y colocándolo junto al de Sam, para que le sirva.
Los chicos sentados en la bancas de la isla comen cereal uno junto al otro.
—Oye ¿por qué carajo no esperas que Kitty se despierte? Te haría los cupcakes en media hora —inquire Sam, comiendo otro bocado.
—Pues, Sami... porque los tengo que hacer yo. Son para una chica, no le diré a mi hermana que los haga —explica Tyler.
—¿Qué demonios dices? —cuestiona Sam, entrecerrando los ojos—. Tú nunca le regalas cupcakes a nadie y menos preparados por ti, que no sabes cocinar.
—Lo sé…
—No te entiendo… ¿por qué no la invitas, salen a comer como siempre haces y ya?
—Pues te pregunto lo mismo, ¿por qué demonios no le compraste pulseras a Kitty y ya?
—Eso ya lo sabes, te lo expliqué, necesitaba hacerlas yo, quería deslumbrarla.
—Por dos —agrega Tyler, mirándolo a los ojos.
—¿¡Qué!? ¿Cómo que por dos? —replica Sam, confundido.
—Sami… mi futuro con esa chica depende de estos jodidos cupcakes. Necesito deslumbrarla.
Sam entrecierra los ojos, a la vez que deja la cuchara dentro del plato.
—¿Tu futuro? —inquiere, dejando ver una sonrisa incrédula.
—Sí... es que si todo sale bien y no arruino los malditos cupcakes, hay muchas probabilidades de que antes que termine el día de hoy, esta preciosura frente a tus ojos, tenga una novia. Y no cualquiera… una increíble —afirma Tyler, orgulloso.
—¡Sí claro! En serio, ya dime… ¿qué mierda estabas tomando?
Tyler solo le sonríe sin decir nada, a la vez que continúa comiendo su cereal.
—¿Estás hablando en serio? —pregunta Sam, incrédulo.
Tyler se mantiene en silencio comiendo durante unos segundos, para luego reírse.
—¿Sabes qué? Ni creas que después del calvario de mierda que me hiciste pasar en Zona Cero, cuando supiste lo que sentía por Kitty, ahora creas que te vas a quedar callado, que no te voy a joder y hacerte vivir un infierno —acota Sam—.
Es más… yo mismo me encargaré de sabotearte los fulanos cupcakes.
—¡No! ¡No! ¡Sami no me hagas eso! —replica Tyler, rápidamente—. Sé que lo merezco, pero… no tengo margen de error con esta chica. No me jodas… no con ella.
—Espera… ¿entonces si es cierto? Yo aún estaba esperando que me dijera que bromeabas —confiesa Sam, golpeándole el hombro—.
¿De quién estás hablando? ¿Cuál chica? No te he visto saliendo con nadie en los últimos meses.
¡Ay por Dios! —exclama abríendo los ojos al máximo—.
Solo no me digas que es una fanática con la que te mensajeas y que aún no conoces.
—¡No! ¡Claro que no es una fanática! —aclara Tyler con rapidez— Bueno… un poco, quizás sí.
—¡Tyler! Yo no estoy de acuerdo con eso, se oye como una pésima idea —declara Sam, con seriedad.
—Pues… me importa una mierda tu opinión —bromea Tyler, sonriéndole—. De la misma manera como a ti te importaba una mierda mi opinión cuando supe lo tuyo con la Gata.
—No, pero es que no es lo mismo. Eso solo fuese válido, si te ennoviaras con mi hermana, pero… ¡Oh sorpresa! ¡Yo no tengo! Asi que puedo estar en contra de esa fanática y tienes que hacerme caso.
—No Sami, tú no tienes el poder de decidir cuál chica es la indicada, de hecho… tampoco lo decido yo —confiesa Tyler, para luego murmurar—. Ya lo decidió él —afirma señalando su corazón, con el dedo índice—. Y no hay nada que hacer al respecto.
—¿Estás diciéndome que te enamoraste de ella? —inquiere Sam, tomándolo del brazo—. ¿En serio estás enamorado?
—¡Redoble de tambores! —exclama Tyler, al mismo tiempo que golpea con ambas palmas de las manos, reiteradas veces sobre el mesón—. ¡Sí! —agrega enérgicamente.
—¡Ay por Dios! —responde Sam, atónito.
—Y tenías razón —agrega Tyler, sonríendo.
—¿Con respecto a qué?
—Sami… —murmura Tyler, acercándose un poco—.
A cuando decías que no pensabas en sexo con Kitty, a diferencia que con otras chicas, ahora lo entiendo…
Aunque a ella la tengo muy metida en mi cabeza, pues...
yo honestamente no pienso en llevarla a la cama, y no porque no me guste, sino todo lo contrario, es porque me gusta demasiado.
—Mierda —responde Sam, pausadamente—. Ty… entonces sí estás enamorado —declara y ambos se ríen.
Después de transcurrida casi una hora, los chicos siguen en la cocina preparando la mezcla, Sam quien tiene más claro el proceso lo ayuda, ya que a diferencia de Tyler, él sí prestaba mucha atención a todo lo que hacía Agata cuando cocinaba.
—Bueno… ahora tienes que colocar la mezcla en los moldes, agrega la misma cantidad en cada uno, así todos quedan iguales —explica Sam.
—Okey... ¿y hasta dónde? —pregunta Tyler, a la vez que empieza a verter la mezcla con la cuchara en el primer espacio del molde—. Porque ellos crecen en el horno.
—¡Hasta ahí! —indica Sam, rápidamente.
—Está bien —responde Tyler sonríendo, para luego completar el resto de la bandeja.
—¿Ahora sí me vas a decir quién es la víctima o la victimaria de todo esto? ¿O seguirás haciéndote el misterioso?
—Sami… ya te dije que solo te diré luego de salir de esto, cocinar es estresante y será de mala suerte decirte, seguro que se me queman los cupcakes por culpa de eso —acota Tyler, concentrado—. No seas ave de mal agüero.
—No se quemarán, porque ambos estaremos acá pegados al horno —aclara Sam, riéndose—.
Oye… espero que a ella sí le guste la receta de Kitty, porque honestamente…
pudiste hacer de chocolate, que son más fáciles y populares, pero elegiste un sabor no tan común.
Ty… sé que estos son tus preferidos, pero creí que la idea era complacerla a ella, no a ti.
—Cuando todo salga bien, ella reciba los cupcakes y me llamé, prometo que en ese instante te contaré quien es, no antes —comenta Tyler, entre risas.
—¿Cómo que cuando los reciba? ¿Es decir que tú no se los llevarás?
—cuestiona Sam, sorprendido—. Ty, ¿qué clase de estrategia para ligar es esa?
No seas cobarde, pensé que querías impresionarla, que le llegarías perfumado y todo lindo con una caja de cupcakes en las manos, incluso con tu guitarra en la espalda… o algo así.
—Pues no, yo contrataré a un mensajero, que se lo lleve directo a su casa.
Este es mi movimiento, porque no quiero acorralarla, ni presionarla, quiero que ella tenga espacio para pensarlo y luego de eso me dé una respuesta —aclara Tyler—.
No quiero que por ser educada o agradecida, solo se emocione por la cortesía del lindo gesto.
Luego de un par de horas y de un desastre en la cocina, finalmente los chicos terminan de rellenar y decorar los cupcakes con una cobertura color verde claro. Tyler comienza a organizarlos en una de las cajas de entrega que utiliza Agata, a la vez que se mantiene en silencio pensativo.
—Chicos… voy a donde Lauren, cocinaremos lasaña para el almuerzo —indica Lucy, con una revista en su mano.
—Okey mamá —responde Sam pasando por una lado de ella y yendo hacia el baño.