Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 37
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CAPITULO 37

Es el final de la tarde y una intensa lluvia cae, Agata y Sam aún se encuentran entregando los pedidos, están un poco retrasados debido a la intempestiva precipitación. Ambos esperan que la lluvia ceda un poco dentro del automóvil, para poder bajarse sin que las cajas se arruinen.

—Sami… menos mal que no vino Tyler, si no apuesto que me hubiese obligado a bajarme, se aburriría de tener que esperar acá sin hacer nada.

—Sí, eso es cierto —afirma él, jugando con las manos de ella—. En cambio, yo estoy muy entretenido acá encerrado contigo —añade acariciándole la pierna.

Agata le sonríe completamente enamorada, justo cuando recibe una llamada, y atiende de inmediato.

—Hola loca, ¿por qué me llamas? —inquiere ella, activando el altavoz.

—¡Gata! ¿Viste? ¿Ya viste? —cuestiona Zoe, emocionada.

—¿Qué cosa? —pregunta Agata, confundida.

—¿Estás loca? ¿Qué es lo más importante ahora? ¡El video de la venganza! —replica Zoe.

—Claro, es que ahora estoy atrapada en la lluvia haciendo unas entregas, pero dime… ¿qué pasó?

—¡Pues que explotó! ¡Hay cincuenta mil vistas ahora!

—¡Qué! —dicen Sam y Agata al unísono, sorprendidos.

—¡Sí! ¡Estoy tan feliz! ¡El maldito idiota pronto lo verá! —afirma Zoe, riéndose—. Si es que ya no lo vio.

En casa de los Lambert, Tyler se encuentra acostado boca arriba en la oscuridad de su habitación, vestido solo con una toalla en la cintura, a la vez que oye la intensa lluvia de fondo.

Unos segundos después, se gira un poco y con su mano toca el botón de la lámpara de lava encendiéndola.

En ese instante, todo el lugar se ilumina, se observa las movientes con formas de lava en las paredes y el techo.

Tyler se queda con la mirada fija en la mesa de noche, ahí ve la figura de Rockie y los lentes de sol rojos de Nicole, él suelta un suspiro para luego quedarse en silencio detallando los objetos.

De repente, su teléfono suena, él estira el brazo y lo toma de la cama, al leer el nombre de Sam en la pantalla, le atiende de inmediato.

—Hola, ¿qué pasa?

—Nada, solo estamos atrapados en el auto, justo en medio de esta jodida tormenta —comenta Sam.

—¿Llueve tanto así? —inquiere él, sorprendido.

—¡Ty! ¡Literalmente está cayéndose el cielo a pedazos! Estamos afuera de una de las casas, pero ni siquiera podemos bajarnos a hacer la entrega, porque no tenemos un paraguas, ni nada para cubrirnos. Si caminamos un metro bajo esta lluvia, las cajas se desintegrarán en nuestras manos.

Tyler se levanta de la cama con los ojos entrecerrados, camina hacia la ventana y abre la cortina.

—¡Ay por Dios! —exclama él, viendo hacia afuera—. Parece de noche.

—¡Sí! ¡Te dije que el cielo se cae a pedazos! —afirma Sam—. Ty… estamos retrasados, así que no creo que salgamos más tarde. Además, no quiero preocupar a nadie, incluso papá y Jhon me llamaron, ambos estaban alarmados por la magnitud de esta tormenta.

—Claro Sami, creo que lo mejor es que regresen en cuanto terminen. No quiero que estén afuera... no mientras el cielo se cae a pedazos —responde Tyler, pensativo.

—Está bien, te amo, nos vemos más tarde —agrega Sam, finalizando llamada.

Tyler por su parte, apoya la frente sobre el cristal de la ventana, se queda con la vista fija hacia afuera, completamente absorto, hasta que de pronto un relámpago ilumina por un instante todo el jardín, provocando que él frunza el ceño, asombrado.

—No es de noche, pero… por un segundo se hizo de día.

Es que pareció un amanecer —comenta en voz alta, al mismo tiempo que sigue contemplando la lluvia—.

Sí… pareció un amanecer, aunque se esté cayendo a pedazos el cielo...

¡Ay por Dios! —exclama volteando hacia su escritorio, y toma rápidamente la libreta donde anota sus acordes.

“Por más que el cielo se caiga a pedazos siempre vuelve a amanecer.”

Tyler escribe en la libreta, mientras está allí de pie junto a la ventana, observa la frase escrita y sonríe, al cabo de unos segundos, lo lee un par de veces más, al mismo tiempo que niega con la cabeza.

—No… no, así no… —murmura moviendo el lápiz entre sus dedos, a la vez que se queda pensativo, para luego volver a escribir.

“Y aunque cayera el cielo a pedazos... La noche vuelve a amanecer.”

Tyler camina un par de pasos y se sienta al borde de su cama, con una enorme sonrisa en el rostro se queda viendo fijamente la mesa de noche. Esta es la primera vez en su vida, que su corazón late tan rápidamente solo por un pensamiento.

Con libreta y lápiz en mano, teniendo frente a él la ventana que literalmente le permitió ver la claridad en medio de la oscuridad, Tyler escribe una canción por primera vez en su vida.

Llega el día siguiente y amanece en casa de los Meyer, Sam se despierta tras escuchar sonar su teléfono, aún con los ojos cerrados, estira su mano y lo toma, al mirar la pantalla, nota que es una llamada de Tyler, mira la hora con el ceño fruncido y atiende.

—¿Qué pasó? Son las seis de la mañana.

—Sí… ya sé. No pasó nada —aclara Tyler, en voz baja.

—¡Qué demonios! ¡Me asustaste! —exclama Sam—. ¿Por qué carajo me llamas a esta hora?

—Sami, es que… necesito que me digas si te sabes la receta de los cupcakes de limón y menta.

—Ay no… debo estar soñando o hablando dormido —divaga Sam, cerrando los ojos.

—¡No bobo! ¡Ya despiértate! —replica Tyler—. Por favor, necesito que me digas.

—¿Qué te diga que cosa? —inquiere Sam, confundido.

—Concéntrate… ¿Que si tú te sabes la receta de los cupcakes de limón y menta? —repite Tyler, frustrado.

Finalmente Sam se restriega los ojos con una mano, consiguiendo despertarse del todo.

—No, claro que no me la sé. ¿Estás borracho o qué carajo te ocurre? —pregunta él, sentándose en la cama.

—¡Sami por Dios! ¿Cómo no te la vas saber, si son mis cupcakes favoritos? —refuta Tyler, indignado.

—¡Carajo! ¡En serio estás borracho! ¿Me reclamas esto? ¿Y a las seis de la mañana? —cuestiona Sam, frunciendo el ceño—. Sí… son tus favoritos, pero aunque yo sea novio de Kitty, eso no significa que me sé su recetario de memoria.

—¿Tiene un recetario? ¿Cómo es? Necesito esa receta rápido, antes de que ella se despierte.

—¡Tyler! ¿Qué demonios te ocurre? Si quieres cupcakes, ella te los hace, solo que no la despiertes aún para pedírselos, y ya déjame dormir —añade Sam, resoplando.

—No Sami… no se los puedo pedir. Ya dime como es el bendito recetario, solo necesito la de los cupcakes de limón y menta, no me hagas perder el tiempo y respóndeme.

—Bueno… es la libreta que tiene la caratula con un diseño de fresas y kiwis.

—¡Ah sí! ¡Ya sé cuál es! —afirma Tyler, finalizando la llamada.

—Pero no... Me colgó —murmura Sam atónito, a la vez que cierra los ojos, niega con la cabeza y se vuelve a meter debajo de las sabanas, acurrucándose a su almohada.

En casa de los Lambert, Tyler sigilosamente abre la puerta de la habitación de Agata, en cuanto entra la ve dormida en la cama, él camina hacia el escritorio en busca de la libreta, mueve algunas carpetas hasta que la consigue.

En silencio comienza a hojearla, durante varios minutos lee los títulos de cada postre al inicio de las páginas, hasta que por fin llega a la receta que busca, él sonríe, saca su teléfono y toma una fotografía, luego vuelve a dejar la libreta en su lugar y sale de la habitación.

Tyler baja las escaleras cojeando un poco, en cuanto llega a la cocina, abre uno de los gabinetes y saca dos bandejas de moldes para cupcakes, luego avanza hacia la alacena y comienza a tomar los ingredientes.

—Mierda… —murmura confundido, frunciendo el ceño.

Él toma su teléfono, mira la receta y niega con la cabeza, al mismo tiempo que busca nuevamente el número de Sam en la agenda, y le marca de inmediato.

—¡Ty! ¡Te voy a golpear! —exclama Sam, frustrado—. ¡Déjame dormir!

—Oye… ya conseguí la receta, pero acá no dice cuántos cupcakes salen de un kilo de harina. Sami… ¿tú sí sabes eso, verdad?

—¡Ay por Dios! ¿Qué mierda estabas tomando? ¿Es que bebiste en la madrugada?

—¡No bebí nada! Ya dime si sabes o no, y rápido.

—Pfff… Pues entre cuarenta y cincuenta.

—¡Mierda! Necesito cuatro docenas. Sami… esa cifra no me sirve, necesito seguridad, ¿salen cuarenta o salen cincuenta?

—No se Ty… creo que depende del tamaño, yo no tengo idea de eso.

—Ah… entonces sí pueden salir las cuatro docenas, solo hay que repartir la mezcla para que alcance… Okey —dice Tyler, cortando la llamada abruptamente.

—¡Por Dios! ¡Está loco! —comenta Sam soltando un resoplido, y acomodándose de nuevo en la cama.

Tyler por su parte, se mete el teléfono al bolsillo, toma un kilo de harina, huevos, azúcar, leche y los demás ingredientes colocándolos sobre el par de bandejas que agarró previamente, luego sale de la casa con sus manos abarrotadas, atraviesa el jardín y llega a la casa de los Meyer.

Lucy se encuentra en la isla de la cocina de su casa, preparando café a la vez que revisa su laptop, cuando de repente escucha que abren la puerta, y observa a Tyler entrar.

—Cariño madrugaste, me asustaste —comenta ella, frunciendo el ceño al verle las manos—. ¿Qué haces con todo eso?

—Hola mamá. Qué bueno que estás despierta —responde él, colocando el montón de ingredientitos sobre el mesón.

—Okey… —murmura ella pausadamente, sin entender.

—Mamá… —dice él aproximándose a ella y apoyando sus brazos sobre la isla de la cocina—, necesito...

—¡¿Y ese moretón?! —exclama Lucy interrumpiéndolo, a la vez que le acaricia la cara.

—No es nada, solo me caí en las escaleras —afirma él, encogiéndose de hombros—. No es nada grave.

—¿Por las escaleras? —cuestiona ella, sorprendida—. Ay pobrecito… ¿te duele mucho?

—Solo cuando me lo toco, pero tranquila, que tampoco es tan grave —insiste él, sonriéndole.

—Bueno… ahora dime, ¿por qué le estas escondiendo las cosas a la Gata? —pregunta ella, mirándolo con los ojos entrecerrados.

—¡No! Yo no escondo nada, solo necesito hacer unos cupcakes, después le devuelvo las bandejas —aclara Tyler.

—¡¿Qué?! ¡¿Tú?! ¡¿Cocinando?! —inquiere ella, sonríendo confundida—. ¿Cupcakes? ¿Y a esta hora?

—Sí mamá, pero no digas nada, por eso es que me vine para acá.

—Ahhh… ¿entonces es un secreto? —murmura ella, acercándose más a Tyler.

—Sí, por ahora sí.

—Está bien, y… ¿dijiste que necesitas mi ayuda?

—Sí, pero no para cocinar. Mamá, es que necesito que transcribas algo que escribí y le pongas un diseño lindo con letras rosadas, y ver si lo puedes imprimir en opalina —explica él, sonrojándose un poco.

—Mmm… ¿Te refieres a algo como una tarjeta o que sea como una carta? —indaga Lucy, en voz baja

—Exacto, una tarjeta, pero mamá… que quede hermosa. ¿Tienes opalina hilada?

—Uhh… ¿Opalina hilada? Pero que elegancia —bromea ella, riéndose bajito—. Sí, yo tengo un par de láminas acá, y te puedo hacer eso.

—Genial —afirma él emocionado, al mismo tiempo que saca su teléfono del bolsillo y envía un mensaje.

Lucy escucha la notificación entrante en su móvil y en seguida lo agarra del mesón, al ver la pantalla se da cuenta que es de Tyler.

—¿Por qué me escribes? —pregunta ella riéndose, sin abrirlo.

—Pues... para que hagas la tarjeta.

—Okey… es que pensé que me dictarías un mensaje rápido, no sabía que era algo largo.

—Pues… no es tan largo. —murmura él, encogiéndose de hombros.

—Déjame verlo —comenta Lucy, abríendo el mensaje y lo lee.

En ese instante, Tyler se agarra el cuello sintiéndose incomodo, al mismo tiempo que mira el rostro de Lucy, quien durante algunos segundos se mantiene con la vista fija en la pantalla.

—¡Ay por dios! —exclama ella, levantando la mirada.

—¿Está bien? ¿O no? —interviene él, nervioso.

—Ty, es hermoso, pero… ¿esto es verdad o no? Me refiero a la última parte —acota ella, conmovida.

—Sí… —responde él, sonríendo tontamente—. Entonces… —añade pausadamente—, solo dime donde está la batidora y el resto yo veo como lo hago.

—Ay cariño... tú no tienes idea de nada, mejor déjame ayudarte.

—No mamá, esto tengo que hacerlo solo, no estoy tan perdido, ya tengo la receta porque se la robé a Kitty —explica Tyler—. No es tan difícil, solo seguiré los pasos.

—Okey… igual estaré acá, cualquier cosa pregúntame.

—Gracias, y… no le digas a nadie lo de la tarjeta.

—Tranquilo, no lo hare, pero… ¿Sami tampoco sabe?

—No, él aún no lo sabe, yo se lo diré cuando termine de hacer los cupcakes

—Eso suena como un buen plan —dice Lucy, dándole un beso en la frente—. Te ves feliz y eso en serio me encanta —añade para luego abrazarlo.

—Estoy muy feliz, creo… que entusiasmado, la verdad es que no sé cómo explicarlo —confiesa él, en voz baja

—Pues… ¿quizás sea enamorado? —cuestiona Lucy, viéndolo a los ojos.

Tyler se queda viéndola durante unos instantes sin responderle, al mismo tiempo que se muerde un poco el labio. Finalmente, asiente tímidamente para luego ambos sonreírse con complicidad.