CAPITULO 36
Transcurren un par de días después de la barbacoa y quema de Judas, los chicos se dedican a ensayar como acostumbran, a la vez que Agata retoma su rutina de pedidos.
Ahora la dinámica entre ellos se siente diferente, todos comparten juntos y se llevan bien, constantemente se escuchan risas donde quiera que estén, lo cual no ocurría con tanta frecuencia.
Anteriormente, Tyler jamás les escribía a las chicas, en cambio ahora, no solo recibe mensajes de Agata por cualquier tontería, sino también de Zoe y Nicole, con quienes lo hace constantemente.
Después de la conversación que tuvo con Jhon, él decide formalmente no cortejar a ninguna, solo seguir el consejo de su padre y esperar.
Aunque no puede evitar emocionarse y disfrutar cada mensaje que se envía con ellas, a pesar de que la mayoría son solo videos, memes o cosas tontas, Tyler se da cuenta del interés de ambas, y que probablemente sería correspondido por cualquiera de la dos, si decidiera avanzar.
En casa de los Lambert, Agata se encuentra en la cocina concentrada preparando uno de los pedidos.
—Cariño, ¿cómo vas? —pregunta Lauren, acercándose a su hija.
—Bien mami, necesito terminar las mezclas para las galletas. Ahora tengo cuatro bandejas de cupcakes en el horno y esperando que se enfríen los pasteles, para rellenarlos y glasearlos —explica Agata.
—Okey, entonces… ¿te ayudo a preparar los glaseados?
—Sí, puedes usar la otra batidora, esa ya la lavé.
—Perfecto —dice Lauren, a la vez que abre la alacena para tomar los ingredientes que va a necesitar.
Ella voltea un momento hacia el mesón y primero revisa el calendario que Agata tiene impreso, donde están detallados los pedidos, y así chequear los sabores y colores de los glaseados, luego de unos segundos, comienza a negar sutilmente con la cabeza.
—¿Con cuál tienes dudas? —inquiere Agata, al percatarse de ese gesto.
—No mi vida, no es eso.
—¿Entonces qué es? —insiste Agata, dejando de batir la mezcla.
—Pues… es que ya estás grande y no es un secreto, así que… puedo decirte la verdad. No me gusta el día de mañana, por eso mi reacción al verlo allí en el calendario —aclara Lauren, en voz baja.
—¡Pero es el cumpleaños de Zoe! —replica Agata, sorprendida.
—Sí mi vida, eso ya lo sé, y sabes que la adoro, pero… esa fecha me trae malos recuerdos... —añade Lauren, suspirando—. Es que ese día fue el accidente con Nicole —explica con voz afligida.
—Ahh… —murmura Agata, a la vez que se queda unos segundos pensativa—. Lo siento mamá, pero… no pienses en lo malo, solo en la parte buena.
—Claro cariño, eso hago, pero aun así, mi mente de pronto trae a colación los malos recuerdos —comenta Lauren, encogiéndose de hombros.
—Mami, lo entiendo… no es tu culpa, eso sucede porque es un trauma —reflexiona Agata.
—Tienes razón mi vida —afirma Lauren, dándole un beso en la sien—. Oye… me gusta que sepas todo lo que pasó, así ya no tengo que ocultar lo que a veces siento frente a ustedes, y eso es algo bueno. Entonces... —agrega sonriéndole—. ¿Son de chocolate y los colores son blanco, fucsia y verde pasto?
Agata asiente y continúa mezclando en la batidora, disfrutando de trabajar junto a su madre.
—Cariño… te mostraré algo —comenta Lauren, lavándose las manos.
—Okey… —murmura Agata, a la vez que ve como su madre se aleja y sube las escaleras.
Tras un par de minutos, Lauren regresa a la cocina con un antiguo sobre de papel, el cual está un poco amarillento por el paso de los años.
—¿Qué es eso? —inquiere Agata, acercándose.
Lauren le sonríe y abre el sobre, de adentro saca un montón de tarjetas, todas del mismo tamaño.
Ella coloca la primera encima del mesón y en el momento que Agata baja la mirada, se queda boquiabierta, se da la vuelta, a toda prisa toma una toalla para poder limpiarse los restos de azúcar glass que tiene en las manos.
—¡Mamá! ¡Ay por Dios! ¡Qué hermoso! —exclama ella emocionada, tomando la primera tarjeta.
Lauren le sonríe, al mismo tiempo que va colocando el resto de las tarjetas a lo largo del mesón. Agata no para de sonreír viéndolas, sin poder evitar que sus ojos se humedezcan.
—Sí… es hermoso, por eso las guardo con tanto cariño —afirma Lauren.
Ya es media tarde, en cuanto los chicos terminan de ensayar entran a casa de los Lambert, ambos observan a Agata en la cocina decorando unas galletas, y se acercan.
—Kitty… ¿cuáles son las nuestras? —inquiere Tyler.
—Hola mi vida —murmura Sam abrazándola por la espalda, al mismo tiempo que le da un beso en la mejilla y ella le sonríe.
—Allí —dice Agata, señalando un envase de vidrio.
—¡Qué! ¡Kitty pero estas están desnudas! —replica Tyler, indignado—. No tienen coco, ni limón glaseado, ni nada.
—Igual están ricas —afirma Agata—. Las metí al frasco para que se mantuvieran calentitas, sé que ese tipo de galletas les gustan así.
—Sí, ya sé que están ricas, pero sabes que me gustan más con limón y con coco —acota Tyler, comiéndose una—. Es como comprar un pastel de cumpleaños sin glaseado.
—Ay… no seas quisquilloso, no vez que ella está ocupada decorando esas galletas —interviene Sam.
—Sami, es que… ya me había imaginado comiéndome unas así glaseadas como esas, todas divinas y premium, pero ahora tengo que comerme la versión económica —refuta Tyler, apuntando el frasco con las galletas.
—Bueno… yo te las decoro —dice Sam, entre risas—. ¿Kitty te queda glaseado de limón? Para complacer a míster paladar refinado.
—¡Eso es culpa de ella! —refuta Tyler, apuntando a Agata—. Quien la manda a hacerme probar exquisiteces y acostumbrar a mi paladar a cosas premium —bromea, causando que los tres se rían.
—Sí Sami, allí hay, caliéntalo un poquito —indica Agata, señalando una pequeña olla.
—Ty, ve colocando las galletas en una bandeja —añade Sam, a la vez que toma la olla, y luego enciende una de las hornillas a fuego bajo.
—Oigan chicos…
En cuanto los chicos notan el tono de la voz de Agata, la observan detalladamente al mismo tiempo que se acercan a ella.
—¿Qué pasa? —pregunta Sam.
—Es que… mamá hace un rato me dijo que mañana es la fecha de lo del accidente.
—¿El de Nicole? —inquiere Tyler, a lo que Agata asiente—. Pero si mañana es el cumpleaños de Zoe.
—Lo sé, Ty.
—Qué demonios… eso no me gusta —murmura él, frunciendo el ceño.
—Lo sé —reitera ella—. A mí tampoco... por eso les cuento.
—Chicos… que bueno que están acá —dice Lauren bajando las escaleras y ellos de inmediato se quedan en silencio—. Saldré con Jhon, tenemos que hacer un par de diligencias, ¿ustedes pueden llevar a la Gata a hacer las entregas de hoy?
—Sí —responden Sam y Tyler, al unísono.
—Genial, allí en la mesa están las llaves del auto —indica Lauren, recogiendo su bolso y caminando hacia la entrada.
—Chao chicos, nos vemos más tarde —comenta Jhon, asomándose en la cocina por un segundo para luego salir de la casa junto con su esposa.
—Ty… permiso —murmura Sam, acercándose con la olla caliente.
—¿Ah? Sí —responde él distraído, corriéndose de lugar.
—¿Quieres algún diseño especial? ¿O con que las cubra un poco con glaseado es suficiente? —bromea Sam, quien junto con Agata se ríen.
—Sí… como sea —replica Tyler, retraído.
—Ty… tienes que espolvorearle el coco antes de que el glaseado se seque —indica Sam concentrado, para no hacer mucho desastre.
Tyler por su parte, solo se queda en silencio, observando fijamente la bandeja de las galletas sin reaccionar.
—¡Hola! —insiste Sam con más fuerza, Agata al escucharlo se voltea, ambos se dan cuenta que él está con la vista perdida.
—¡Ty! —exclama ella, frunciendo el ceño.
—¡¿Qué?! —replica Tyler, exaltado.
—¿Estás mareado? —cuestiona ella, preocupada—. ¿Por qué no respondías? Sami te está hablando.
—No… no estoy mareado, solo me distraje —explica Tyler.
—Bueno apúrate, colócales el coco encima a las galletas, así comemos —comenta Sam.
Tyler solo asiente, al mismo tiempo que comienza a ayudarlo.
—Tenemos que hacer seis entregas, mientras que ustedes comen, yo me voy a cambiar de ropa, luego bajo, termino de acomodar las cajas y así nos vamos —explica Agata, sacando la leche del refrigerador y sirviéndola en un par de vasos.
—Okey, mi vida. Gracias —murmura Sam, guiñándole un ojo.
Agata le sonríe, y luego camina hacia las escaleras para subir a su habitación.
—Listo —anuncia Sam apartando la olla con el glaseado, luego toma una de las galletas y se la come—. Por Dios… son como un maldito vicio.
Tyler toma el vaso de leche, bebe un sorbo y después se come una galleta.
—¡Viste! —exclama él emocionado, masticando—. ¡Así saben mejor!
—Sí, obvio que lo sé, pero Kitty estaba atareada haciendo otras cosas.
Tú puedes portarte así porque eres su hermano, pero yo me niego a ser un novio insoportable —acota Sam, comiendo otra galleta—.
Ella como mucho te responderá con un grito y listo, pero yo no quiero molestarla y discutir por una estupidez.
—Sami… ya eres un casi todo un experto en repostería y eso me beneficia —bromea Tyler y los dos se ríen.
—Bueno, cuando te consigas una novia, procura que ella sepa cocinar bien, así me preparas cosas ricas saladas —refuta Sam.
Tyler niega al mismo tiempo que se come otra galleta y se queda pensativo.
—¡Oigan! —dice Agata, devolviéndose a toda velocidad por las escaleras.
Ambos chicos voltean y la ven acercarse al mesón con un sobre de papel en las manos.
—¿Qué pasa? —inquiere Tyler.
—Nada, es que estaba esperando que mamá se fuera para mostrarles esto.
—¿Qué es? —pregunta Sam, dándole un mordisco a una galleta.
—Pues, es lo más hermoso del mundo, es como un tesoro para mamá, ella me las enseño hace un rato —aclara Agata, al mismo tiempo que comienza a sacar rápidamente todas las tarjetas y las acomoda en hileras sobre el mesón.
Los ojos de Tyler y Sam, se humedecen en el instante que leen la primera tarjeta.
—“Gracias por salvarme la vida” —lee en voz alta Tyler tras tomar una, sin poder evitar que el par de lágrimas que corren por sus mejillas.
—¡Ay por Dios! Esto es… esto es… ¡Ay por Dios! —exclama Sam, atónito—. Es toda una locura ver esto… me da mucha impresión —añade tomando otra de las tarjetas, notando que dice exactamente la misma frase.
—Sí… es demasiado impactante. Tuve que aguantar las ganas de llorar frente a mamá —confiesa Agata, con la voz quebrada.
Tyler sorbe por la nariz, luego devuelve la tarjeta al mesón y rápidamente las empieza a contar en voz alta.
—Uno, dos, tres… cuarenta y uno, cuarenta y dos, cuarenta y tres. ¡Ay por Dios! ¡Cuarenta y tres veces gracias! —dice agobiado, a la vez que se lleva ambas manos a la cara.
Agata conmovida al verlo así, se acerca para consolarlo y abrazarlo.
Tras varios minutos y con el ambiente más relajado, Agata vuelve a guardar las tarjetas, sube y se dirige a su habitación, donde se alista para salir a hacer las entregas, mientras que los chicos se encuentran abajo en la cocina, aun comiéndose las galletas.
—Oye, ¿después de hacer las entregas iremos al bowling de una vez o prefieres ir más tarde?
—No Sami… hoy no tengo ganas.
—¿No? ¿Qué bicho te picó? —cuestiona Sam, sorprendido—. Hoy es veinte, y en esta fecha hay descuento allá, tenemos años yendo, siempre hacemos eso —acota confundido.
—Sí… ya sé que hoy es veinte, pero… creo que me daré un baño y me acostaré. Estoy trasnochado, déjame dormir un rato… y más tarde te aviso si me animo.
—Ah… ¿ahora no irás con nosotros?
—No Sami, llévala tú. De verdad que yo prefiero quedarme, además, tengo una idea para una melodía nueva, necesito grabarla antes de que se me olvide —dice Tyler, comiendo otra galleta.
—¿Sí? ¿Cómo es? —indaga Sam emocionado pero Tyler niega con la cabeza.
—Déjame grabar algo y mañana te la muestro.
—Okey… —murmura Sam tomando un sorbo de leche, al mismo tiempo que se le queda viendo extrañado.
Una vez que Sam y Agata se van de la casa para entregar los pedidos de las galletas, Tyler sube y se encierra en su habitación, cierra las cortinas, apaga la luz y se mete en la cama.
Revisa la hora en su teléfono dándose cuenta que son la una de la tarde, soltando un suspiro largo, acomoda las almohadas y cierra los ojos.
Transcurridos apenas dos minutos, él se mueve en la cama, toma la manta y se cubre con ella, unos segundos después se gira de un lado al otro, pero sin importar lo que haga, no logra la comodidad.
—¡Basta ya! ¡Duérmete! ¡Así dejarás de pensar! —exclama, a la vez que se cubre la cara con una almohada, en un intento de apagar su voz mental.
Al cabo de unos minutos, él se sienta de nuevo en la cama, resoplando fastidiado por no poder lograrlo.
—¡¿Qué mierda voy a hacer mañana?! —cuestiona sacándose la camiseta, se levanta a toda velocidad y sale de la habitación.
Tyler baja corríendo las escaleras, en cuanto llega abajo, se voltea y las vuelve a subir a toda velocidad, comienza a hacerlo repetidas veces, cada vez más rápido, al mismo tiempo que una avalancha de pensamientos invaden su mente.
A pesar de que ya han transcurrido casi diez minutos, y se encuentra completamente exhausto, él sigue corríendo.
En cuanto llega arriba, se da la vuelta para comenzar a bajar de nuevo, y cuando va descendiendo velozmente, se tropieza con sus propios pies y cae por las escaleras aparatosamente, su cuerpo golpea con los escalones y las barandas.
—¡Maldita sea! ¡Maldita sea! —grita sintiéndose molesto, adolorido y furioso consigo mismo, en un intento de desahogar su frustración.
Sentado en el piso, Tyler se toca las piernas, la cara y luego se revisa los brazos, nota que está golpeado y con mucho dolor, pero también que no es nada grave. Colocando una mano en el piso, usa la otra para sujetarse de la baranda hasta que logra ponerse de pie.
—¡Mierda! —se queja, al mismo tiempo que sube las escaleras cojeando—. ¡Esto es lo que me faltaba! —añade resoplando.
Él camina por el pasillo hacia el baño, en cuanto entra, ve su reflejo en el espejo y se sorprende un poco.
—¡Carajo! —exclama una vez más, a la vez que se toca el pómulo enrojecido, y enseguida se queja por el dolor.
Con cuidado se termina de desvestir y se mete a la ducha, una vez que el agua empieza a correr, él levanta su rostro y siente lo fría que se encuentra, esta cae por toda su cara y su cabello, en cuanto baja la mirada, suelta varios resoplidos, con ambos brazos extendidos apoyados en la pared frente a él, intenta contener sus emociones sin éxito, y completamente desbordado se viene en lágrimas.