CAPITULO 35 #2
Él avanza hacia la mesa donde se encuentran las madres preparando una ensalada, para luego caminar hacia donde están el resto de los chicos.
Jhon por su parte se aleja unos pasos para sentarse en un tronco y estar pendiente de la barbacoa, mientras que Tyler toma una brocheta de vegetales y se sienta junto a él para comérsela.
—Esto es genial, teníamos mucho tiempo que no preparábamos una parrilla fuera de casa —comenta Jhon, sonríendo.
—Sí, bastante tiempo, de hecho hace rato estaba hablando de eso con Sami —acota Tyler, comiendo un bocado—. Recordamos que la última vez, fue cuando fuimos al evento en el lago que nos invitó Lucy, el que patrocinaba la empresa.
—Ah sí, el evento de las canoas. Es cierto, eso fue hace como tres o cuatro años —afirma Jhon y Tyler asiente comiendo un trozo de champiñón—. Aunque esa vez no vinimos con Nicole y Jenny.
—No papá, yo creo que la última vez que hicimos una barbacoa con ellas dos fuera de la casa, sin duda debe haber sido el día de la mofeta
—El día de la mofeta —repite Jhon, entre risas.
—Sí, histórico día, es que hasta tendría que ser un feriado nacional —acota Tyler, causando que Jhon comience a reírse con fuerza sin parar.
—¿Sabes qué? Creo que deberíamos comprar un peluche de mofeta —bromea Jhon.
—Papá, esa es una gran idea.
—¿Si? —inquiere Jhon, tomando un sorbo de su bebida.
—¡Claro! Asi la sacamos la próxima vez que vayamos a un camping, todos se asustaran y después se reirán.
—Entonces, está decidido hijo, tenemos que buscar una que se vea bastante realista.
Tyler se queda comiendo, a la vez que se queda pensativo unos segundos, observando a la distancia como Zoe y Nicole se ríen.
—Papá... ¿te puedo hacer una pregunta?
Jhon entrecierra los ojos, al mismo tiempo que gira su rostro y lo observa extrañado.
—Nunca me preguntas si me puedes hacer una pregunta, tú simplemente lo haces directamente.
—Okey… —murmura Tyler riéndose, a la vez que niega con la cabeza—. Eres muy perspicaz.
—¿Y recién lo notaste? —replica Jhon, tomando un trozo de champiñón de la brocheta de Tyler, causando que ambos se rían.
—No, pero bueno… no se vale que apliques tu perspicacia policial conmigo.
—Está bien, no la aplicaré. Ya dime —indica Jhon, masticando.
—Pues... ¿cómo demonios sabe uno si está enamorado de alguien?
—Mmm… ahí me agarraste fuera de base, no me esperaba esa pregunta — murmura Jhon, entre risas.
—Bueno, no me jodas y dame una respuesta —dice Tyler, al mismo tiempo que le quita el vaso a su padre para beber un sorbo de su gaseosa.
—No lo sé… la verdad es que yo nunca me lo pregunté —aclara Jhon.
—¿Qué clase de respuesta tan mala es esa? ¿Es que acaso no te enamoraste de mamá o de otra chica antes? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño.
—Tonto, obvio que sí me enamoré de ella.
—Entonces… ¿dime como sabias que estabas enamorado de ella?
—Pues no lo sabía, yo solo lo sentía. Ty, es que… la verdad no sé cómo explicártelo.
—Bueno… gracias por nada —refuta Tyler, comiendo otro bocado.
—Yo sé el momento en el que me di cuenta que estaba enamorado de ella —comenta Jhon, empujándole un poco el hombro—. Aunque no sé cómo supe que estaba enamorado, es confuso, pero no sé si eso te sirva.
Tyler asiente al mismo tiempo que toma otro sorbo de la bebida.
—Ya nos habíamos conocido en una fiesta, ella me besó y bueno me gustó, era muy linda. Como teníamos una amiga en común, la hermana de uno de mis compañeros de la academia, coincidíamos en algunas fiestas.
—Espera… ¿ustedes se la pasaban mucho en fiestas? —inquiere Tyler, sorprendido.
—Bueno, la primera vez que nos vimos, esa sí era una fiesta grande, las demás fueron reuniones, cosas informales en casa de alguien, nada extravagante, allí era donde coincidíamos por esta amiga en común.
—Okey… ¿entonces cuándo te enamoraste de ella?
—Un día en la academia tuve una prueba, era un circuito de agilidad, donde me fue terrible, terminé entre los últimos, fue espantoso para mí, porque yo siempre terminaba entre los primeros, pero al ver que todos me rebasaban, en vez de recuperar tiempo y concentrarme en mejorar, yo simplemente colapsé mentalmente, es que terminé a duras penas —explica Jhon.
—¿Te fue tan mal?
—Sí cariño, fue una vergüenza. Salí de ahí directo a las duchas y te juro que me puse a llorar.
—¿En serio? —replica Tyler, atónito.
—Claro, no te voy a mentir, pero nadie nunca supo que lloré ese día después de esa prueba de mierda —confiesa Jhon, tomando un sorbo de su vaso.
—¿Y qué pasó luego? —indaga Tyler, con gran interés.
—Luego de eso me metí a la cama, esperando que me tragara la tierra, se acabara ese día y todo mundo olvidara lo patético que estuve, es que ni siquiera probé nada de comida, cuando mi compañero volvió del comedor, se preocupó, porque él sabía que yo cenaba hasta dos veces, es que creo que en ese entonces, comía igual o más que tú, pero al darse cuenta que no comí después de un medio día de pruebas físicas, le pareció raro.
—Claro —murmura Tyler, asintiendo.
—Finalmente se hizo de noche, yo me quedé debajo de las sabanas sin moverme, creo que mi compañero pensó que estaba dormido, porque ni me habló, y se acostó en su cama.
Transcurrieron las horas y como a eso de la media noche, yo empecé a sentirme mal, débil y mareado.
Sabía que tenía que comer, pero ya el comedor estaba cerrado, y no podíamos salir de la academia los días de semana.
Así que me levanté, abrí el armario buscando cualquier cosa, era viernes y lo que habíamos comprado durante el fin de semana anterior, los snacks, bebidas y dulces, ya nos los habíamos acabado en los días previos.
—Carajo… ¿y qué hiciste?
—Yo creía que me iba a desmayar, me senté al borde de mi cama y de pronto, recordé que Lauren, en la última fiesta que nos vimos, que fue como un mes atrás en casa de unos desconocidos, nosotros comenzamos a jugar unos retos tontos.
Yo siempre quería ganarle, entonces ella se enojó y me dijo que yo no era mejor que ella en ese juego, por lo que me retó a que me robara algo.
—¿Mamá te dijo a ti que te robaras algo? —inquiere Tyler, riéndose—. ¿A ti? ¿A un oficial de policía?
—Bueno… yo aún era estudiante, un cadete, no era oficial graduado —aclara Jhon, entre risas.
—¡Es lo mismo! ¡Ay por Dios! ¿Y en serio te llevaste algo?
—¡Obvio! ¡No la dejaría ganarme! —replica Jhon, a la vez que ambos continúan riéndose.
—¿Papá qué fue lo q te robaste?
—La fiesta en la que estábamos era en un jardín enorme, Lauren dijo que no podía llevarme una planta o alguna bebida alcohólica, porque eso ya estaba muy fácil y accesible, que tenía que ser un objeto con valor.
—¡Ay por Dios! ¡En serio está loca!
—Sí —afirma Jhon, sonríendo—. Yo entré a la casa, miraba paranoico todos los rincones, tratando de ubicar las cámaras, yo pensaba como ladrón y policía al mismo tiempo. Fue una tortura hijo, lo primero que se me ocurrió fue ir al baño, allí no tendría que haber cámaras.
—¡Obvio! ¡Esa es una buena estrategia!
—Sí, era genial, pero… el problema fue que todo lo que había ahí, estaba usado o abierto. No podía llevarle una barra de jabón usada o un shampo abierto, tu mamá diría que eso no tenía valor.
—Eso es cierto… —agrega Tyler, pensativo—. ¿Entonces que hiciste?
—Salí de ahí porque yo no me iba a robar ningún objeto personal, eso era demasiado para mí, fui directo a la cocina, pero me di cuenta que había mucho movimiento de gente que sabían que yo era un cadete, por lo que estaba muy expuesto —acota Jhon—.
Estuve cerca de media hora de pie en una esquina, fingiendo leer una revista, esperando el momento preciso en que no hubiera nadie.
—¡Ay por Dios —exclama Tyler riéndose, al imaginarse la escena.
—Finalmente cuando salieron las últimas dos chicas, yo caminé rápidamente hacia la alacena, iba mentalizado en agarrar el primer producto que viera, sin importar lo que fuera, pero al abrir la puerta, me encontré con que no había nada adentro.
—¡Qué! —dice Tyler, estallando en carcajadas.
—¡No había nada de nada! Después me enteré que era porque esa casa no estaba habitada en ese momento —aclara Jhon, sonríendo—.
Bueno, en cuanto vi la alacena empalidecí, la cerré rápidamente y fui hacia el refrigerador, aunque sabía que ese era un pésimo plan, porque lo que me conseguiría allí, de seguro iba a estar a medio comer.
—Claro…
—Al abrirlo, observé que no había nada de comida, solo estaba lleno de latas de cerveza, un montón de botellas de vodka y una bolsa con limones, pero el alcohol según las reglas de tu madre, no contaba.
¡Yo no iba a perder! Así que tomé cinco limones y los metí en mis bolsillos. Tyler estalla de risa.
—¿Eso fue lo que te robaste? —cuestiona Tyler riéndose, sin parar—. ¡Ay por Dios! ¡Entonces perdiste!
—¿Es que acaso tú vas al supermercado y te regalan los limones? ¿No verdad? Entonces sí tienen valor —explica Jhon, entre risas—. Eran unos limones grandes y frescos, costaban como tres dólares.
—¿Ese era tu argumento para ganarle a mamá? —inquiere Tyler, aún entre risas.
—Pues sí, yo volví con los limones y ella puso tu misma cara, se río a más no poder y al final para determinar quién iba a ganar el juego, ella dijo que entraría a la casa y se robaría algo más valioso que mis limones, que si lo lograba, entonces ganaría.
—¡Por Dios! ¡Mi mamá de verdad que sí está loca!
—Sí… pero es genial, ¿no lo crees? —inquiere Jhon, con una enorme sonrisa.
—Con razón la Gata sale de repente con sus locuras, ahora entiendo que todo es culpa de mamá —bromea Tyler—. ¿Y si se robó algo o no?
—Yo me quede afuera viendo como ella entraba en la casa, incluso revisé la hora en mi reloj, un poco después noté cuando regresaba, ahí volví a mirar el tiempo, no habían pasado ni tres minutos, así que pensé que se había asustado o arrepentido. Ya yo estaba listo para burlarme de ella.
—Entonces sí le ganaste.
—Pues… ella se sentó a mi lado, abrió su chaqueta y sacó un enorme frasco de pepinillos, completamente nuevo. De inmediato supe que había perdido.