CAPITULO 15 #3
Después de unos minutos, Agata toma una de las manos de Sam, que la sujetaba por la cintura, y la lleva hacia el frente, colocándola sobre uno de sus pechos.
—Kitty —murmura Sam, retirando la mano—. No llevas brasier.
—Obvio que no, no lo usamos para dormir.
—Ay por Dios —resopla él—. No puedes hacer eso.
—Sí puedo, Sami… soy tu novia, quiero que me toques.
—Y claro que te tocaré, pero no hoy.
—¿Te puedo acariciar el pecho? —pregunta ella, en su oído.
—Claro mi vida, tócame cuanto quieras.
Agata comienza a acariciarle todo el pecho, a la vez que le besa el cuello.
—¿Te gusta? —susurra ella, en medio de los besos.
—Ay sí… claro que sí… me encanta demasiado. Te amo tanto.
—¿Lo disfrutas? —inquiere ella, al mismo tiempo que le acaricia el pecho y el abdomen.
—Sí Gatita… sí —responde él, suspirando.
—Bien... ahora es mi turno de disfrutarlo, tienes que hacerme lo mismo.
—No. Basta, no seas mala —replica él, riéndose suavemente.
—No seas malo tú, es injusto —refuta ella, mordiéndole el labio.
—Pero yo no tengo senos, no es lo mismo —acota Sam, besándole la boca.
—Tienes tetillas y eso igual te da placer —explica ella, acariciándolo.
—Kitty… no puedo acariciarte así los senos, ¿es que me quieres matar?
—¿Es por qué no son tan grandes como quisieras? Eso es discriminación —bromea ella, besándole los labios.
—Son perfectos, me gustan tal cual los tienes —afirma él, devolviéndole el beso.
—Solo mientes… nunca me los has visto, así que no sabes.
—Oh sí, créeme te los veo —añade él, acariciándole el trasero por encima del short.
—¡Claro! Ahora ves por encima de la ropa —comenta ella con ironía, para después besarle el cuello con pasión.
—Pues no, pero… —susurra él, con los ojos cerrados disfrutando de las sensaciones—. Si aprecio desde fuera el tamaño y la forma.
—Sami, si no me los vas a tocar, entonces al menos dime si te gustan lo suficiente.
—Amor… ya te dije que sí me gustan.
Agata deja de besarlo y al mirarlo a la cara, es cuando nota que sus ojos estaban cerrados.
—Sami… mírame —en cuanto él abre los ojos, ambos se miran fijamente—. ¿Te gustan? —cuestiona ella, seriamente.
Sam extrañado por el tono de Agata, baja la mirada, detallando que ella levantaba por completo, la parte frontal de su blusa mostrándole sus pechos.
—Ay por Dios —murmura él riéndose, a la vez que se lleva una mano a la cara.
—No… no te rías. Dime la verdad Sami, míramelos bien, no solo medio segundo.
—Okey… como tú insistes y soy tu novio, entonces… te los miraré —responde él viéndola a los ojos, para luego volver a bajar la mirada, prensa los labios y luego se los humedece con la lengua.
—¿Y? —inquiere Agata, expectante.
—Los amo, son preciosos —murmura él suavemente, mirándola de nuevo a los ojos.
—¡Sami! —refuta ella— ¿En serio o lo dices solo por decir? Creo que a los chicos les gustan todos los pechos. Míralos bien.
Él se ríe, luego baja de nuevo la mirada hacia los pechos de Agata, esta vez por más tiempo, pero sin decir ni una palabra, al mismo tiempo que Agata se mantiene expectante, detallando el rostro concentrado de Sam.
—¿Tardas mucho porque estás dudando? —murmura ella, nerviosa.
—Tardo mucho porque en realidad lo estoy disfrutando demasiado —responde él, sin apartar la mirada de sus pechos—. Estoy en la paraíso ahora, si quieres duérmete y déjame mirar a estas bellezas por toda la noche.
En ese momento, Agata comienza a reírse a carcajadas, al mismo tiempo que Sam la abraza con fuerza.
—Te amo. Te amo tanto Gatita, estoy completamente enamorado de ti, y amo que tengas tanta confianza conmigo, como para querer mostrarme tus pechos. Eso me encanta y me vuelves loco, eres tan hermosa.
Por su parte, en la habitación principal, luego del ataque de risa de Agata en la sala, Charlie se sienta en su cama, debido a que cree haber escuchado algo.
—¿Tú también lo sentiste? —inquiere Lucy con voz adormilada, acostada a su lado.
—Sí amor, duerme tranquila, yo me asomo —responde él, levantándose de la cama.
Charlie sale al pasillo, camina unos pasos y luego se asoma dentro de la habitación de su hijo, pero en cuanto detalla que la cama está vacía, él sonríe, comienza a avanzar algo dubitativo y en silencio hacia la sala, donde oye voces y risas, al mirar hacia el sofá, se da cuenta que Agata y Sam se encuentran debajo de la manta conversando.
—No, yo te amo más.
—¡Ay por Dios! ¡Eres tan lindo! —comenta Agata, riéndose.
—No, tú eres tan linda —afirma él, entre risas.
—Sami, estoy tan feliz.
—¡No! ¡Yo estoy tan feliz!
—Deja de copiarte mis palabras, no se vale —refuta ella, al mismo tiempo que ambos continúan riéndose.
Charlie niega con la cabeza, a la vez que sonríe y se regresa a su habitación en completo silencio para que los chicos no lo noten.
—¿Está todo bien? —inquiere Lucy, cuando lo siente entrar.
—Sí… todo está perfecto —afirma Charlie acostándose en la cama, luego se acomoda y abraza a su esposa—. Ya los niños hicieron las paces, están acostados en el sofá, tonteando y riéndose.
—Aww… que emoción. ¡Por fin! —agrega ella emocionada, causando que ambos se rían.