CAPITULO 15 #2
En Florida, ya son las once de la noche, Agata vestida con su pijama se levanta de la cama, se limpia las lágrimas, se acerca al espejo donde toma un cepillo y comienza a peinarse.
Después de unos segundos, se coloca un poco de brillo labial, algo de loción corporal en los brazos, pecho y piernas, para después salir en de la habitación y caminar lentamente en puntillas.
En medio de la oscuridad, ella avanza por la sala, acercándose al sofá donde se encuentra Sam acostado, notando que está arropado casi por completo, solo su cabeza sobresale un poco. Agata cuidadosamente se sienta al lado, para luego levantar un poco la manta, pero en ese momento, él se gira.
—¿Qué haces? —inquiere él en voz baja, observándola.
—Levanto la manta —responde ella, a la vez que sigue haciéndolo.
—No —dice él tajantemente volviendo a bajar la cobija, luego gira su cuerpo y vuelve a la posición en la que estaba.
Agata se queda viéndolo por un segundo, y luego intenta nuevamente levantarla.
—¡No! —reitera Sam con algo más de fuerza, sosteniendo la manta y manteniéndose de espaldas.
Con la imposibilidad de levantar la cobija para acostarse a su lado, Agata decide hacerlo sobre Sam.
—¡Basta! —exclama él, frustrado.
—Sami —dice ella, con su voz tierna—. Sami... ¿puedes escucharme un momento? Por favor… luego me voy si quieres —agrega muy cerca de su oído.
Él gira lentamente la cara para mirarla de frente, mientras que ella continúa acostada encima de él, hablándole a escasos centímetros de su rostro.
—Sí… dime.
—Sami… ¿me perdonarías? —inquiere ella, acariciándole el cabello con una mano,
En ese momento, Sam baja la guardia por completo, trata de no sonreír, aunque por dentro está eufórico, acaba de sentir como desapareció ese peso que lo abrumaba.
—Kitty… ¿por qué cosa quieres que te perdone?
—Pues… primero por haberme molestado contigo cuando me reprendiste, yo me gané ese regaño, y bueno… si yo estuviera en tu lugar, creo que hubiese hecho lo mismo.
—Okey, ¿y por qué más?
—Por haberme ido y haberte hecho sufrir, no debí causarte ese daño, no lo merecías… la verdad es que nadie lo merece. No volveré a preocuparte jamás.
—Está bien, ¿y por qué otra cosa?
—Pues... no sé Sami —murmura ella, con tristeza—. Pensé que solo te habías disgustado conmigo por esas dos cosas. ¿Hay algo más de mí que te moleste?
—No mi vida… no hay nada de ti que me moleste, pero pensé que tendrías claro, que no está bien que te cierres conmigo cuando te enojas —acota Sam—.
La he pasado mal desde que salimos de Alabama, no me has dirigido la palabra, ni me has visto y ese problema no hizo más que sumarse con otras cosas que te han disgustado, como lo de la hija de puta de Morgan.
Entonces… no puedes tomar esa actitud, porque mira lo que pasó, date cuenta que tomando esa postura, no solucionaste nada, en cambio…
solo empeoró un mal entendido que quizás no era tan grave y lo convertiste en un maldito drama.
Jamás pensé que mi relación contigo sería un sin fin de drama y peleas —confiesa con un suspiro.
—¡Sami perdóname! Claro que no quiero pelear, ni hacer drama, tú tienes razón. Solo quiero amarte y que me ames, ¿Aún lo haces verdad?
—Si Gatita, claro que te amo. Oye… te conozco bien, tienes miles de virtudes, pero aunque eres lista y más madura que todas las chicas de tu edad, aun necesitas crecer, soy tu primer novio y tú eres mi primera relación seria, es por eso que no puedes actuar con soberbia u orgullo conmigo, cuando algo te molesta.
Agata solo asiente viéndolo a los ojos, pero se mantiene en silencio, escuchando atenta sus palabras.
—Amor… ¿si te das cuenta que antes, durante todos esos años cuando éramos solo amigos, nunca me trataste así?
Eso me encantaba de ti, eras la persona con la que siempre podía contar, pero…
estos dos días, fueron todo lo contrario a eso que siempre me diste, me he sentido muy aislado, rechazado y… eso no se siente bien.
—Sí lo sé, para mí tampoco se ha sentido bien. Estuve llorando mucho, porque me sentía muy sola en tu habitación. Sami… ¿me disculpas por haberte aislado estos días? Te prometo que no volverá a pasar, prometo que mejoraré mi actitud, quiero que estés orgulloso de mí y ser la novia que soñaste.
—Claro que te disculpo Gatita, aunque debo corregirte en algo, ya tú eres la novia que siempre soñé, no te estoy pidiendo que cambies, porque nadie tiene derecho a exigirte eso —afirma Sam, sonriéndole—.
Yo solo quiero ser el mejor novio que pueda para ti, es lo que te mereces, quiero darte la mejor versión de mí que exista, y bueno…
en el fondo pensé que eso era reciproco.
—Sí lo es, yo igual quiero ser mejor cada día, eres un gran chico, no hay dos como tú, también te mereces la mejor versión de mí. Sami… te prometo que de ahora en más, solo veras la faceta Premium de mí, no haré más tonterías, yo no quiero que me veas como a una niña.
—Eso se escucha genial amor... me gusta esta versión Premium de ti —dice él con una sonrisa, al mismo tiempo que saca los brazos de debajo de la manta y la abraza por la cintura.
—Entonces… ¿ya está solucionado, verdad? ¿Ya me perdonaste y no estás triste? —murmura ella muy cerca de sus labios.
Sam levanta su cabeza un par de centímetros, le sonríe y luego comienza a besarla, a la vez que Agata le toma la cara con ambas manos y le corresponde apasionadamente.
—Ven amor —susurra él, en medio de los besos—. Acuéstate bajo la manta, no quiero que si mis padres se levantan, nos vean besándonos así.
Agata deja de besarlo y le sonríe, a la vez que se acomoda junto a él, mientras que él comienza a cubrirla.
—Espera —dice ella interrumpiéndolo, al mismo tiempo que se estira por encima del cuerpo de Sam, para tomar su teléfono que se encuentra en la mesa frente al sofá.
—Déjalo amor… no lo necesitamos ahora, por lo menos no para besarnos —bromea él, acariciándole la cintura.
—Sí lo necesito —refuta Agata, abríendo la aplicación de mensaje para enviarle una nota de voz a su hermano.
— Ty, ya puedes dormirte, Sami ya me perdonó.
—¿Qué demonios? —cuestiona Sam riéndose, a la vez que le acaricia la espada a ella por debajo de su pijama.
Segundos más tarde, suena una notificación en el teléfono de Agata, en cuanto ella lo revisa, se da cuenta que Tyler le respondió con una nota de voz y la reproduce en altavoz.
—¡No te creo! ¡Eres una mentirosa! Solo lo dices para que me acueste y deje de joderte. Basta de estupideces y ve a arreglar todo con Sami ya mismo. Si no lo solucionas ya, te juro por lo que más quieras, que prenderé fuego a tu peluche de gato negro en medio del jardín.
Sam estalla de risa mientras que Agata se desespera y comienza a grabar otra nota de voz.
—¡ No! ¡No! ¡No lo quemes! ¡Ty! ¡Ya Sami me perdonó! ¡Sami dile! ¡Ay Dios!
En ese instante, Sam se compadece de ella y toma el teléfono de sus manos.
— Ty, aborta ese plan, no quemes al gato, ya la perdoné, todo está resuelto.
—¡ Viste! ¡Viste que dije la verdad! —añade Agata en el audio, y luego Sam envía el mensaje mientras que continúa riéndose.
Unos segundos más tarde, suena una notificación con la respuesta de Tyler.
— Perfecto, igual me quedaré con el peluche. Sami si Kitty sale con otra estupidez, me dices y empiezo a cortarle partes al gato.
En cuanto Agata escucha la voz de su hermano se queda boquiabierta y mira a Sam a los ojos.
—Okey… esa me parece una excelente idea Ty, hablamos mañana —— responde Sam, entre risas
— Te amo hermano — dice Tyler, en otra nota de voz.
—¿Te parece una excelente idea? —repite Agata indignada, sentada junto a Sam, quien sigue acostado.
—Claro amor, lo que sea para que mi novia no me ponga triste cuando se moleste por algo —bromea él halándola por la cintura hasta acostarla a su lado—.
Si me vuelves a evitar mirar, que le arranque una pata, si no me hablas, que le arranque la otra y si me aplicas de nuevo la indiferencia total, impidiéndome comerte a besos delante de una zorra que te trata mal, solo porque estúpidamente en su mente se cree mejor que tú, hago que le corte la cabeza —añade para después comenzar a besarla con intensidad.
—Entonces me quedo tranquila —responde ella, en medio de los besos.
—¿Qué? ¿Tranquila? —inquiere él, sorprendido—. La preocupación por el gato te duró cinco segundos.
—Pues sí, ya no estoy preocupada porque no haré nada de eso, lo menos que quiero es tener triste a mi hermoso novio —afirma ella, sonriéndole—. Así que Ty no tendrá ningún motivo para hacerle nada a mi peluche —agrega aferrándose a los brazos de Sam y volviendo a besarlo.
—Eso me gusta —susurra él, cubriéndolos por completo con la manta.
—Sami… vámonos a tu cama.
—No mi vida —responde él, acariciándole la espalda por debajo del pijama
—¿Por qué? —cuestiona ella, haciendo puchero.
—Porque no quiero que mis papás crean que me fui a meter contigo a la cama en medio de la noche —explica Sam, en voz baja—. Quédate conmigo acá si quieres, si tú vienes a dormir conmigo, eso está bien.
—Bueno, pero… ¿mañana si dormimos juntos, verdad?
—Sí Gatita, cuando mis papás vean mañana que ya estamos bien, pues les digo que dormiremos juntos. Prefiero hacer las cosas bien y no a escondidas, no les daré ningún motivo para que desconfíen de mi palabra.
—Okey… está bien Sami —afirma ella, para continuar besándolo por debajo de la manta.