CAPITULO 13
En Florida, luego de pasar toda la tarde visitando tiendas, comiendo algunos postres y haciendo compras, finalmente Agata y Lucy llegan al estudio de grabación de Charlie.
—Mamá… es genial, aunque ya lo había visto en fotos, no me imaginé que era así de grande —comenta Agata observando la fachada del edificio al bajar del taxi, con las manos llenas de varias bolsas.
—Si mi vida, y por dentro te encantará —responde ella, a la vez que también lleva algunas de las compras, al mismo tiempo que ambas caminan e ingresan.
—Buenos días, Sra. Meyer —dice el chico que se encuentra en la recepción.
—Hola Carlos, buen día. Mira… te presento a Agata —
—¡Ay santo Dios! ¡Hoy llueve de abajo hacia arriba! ¿En verdad existes? —cuestiona Carlos, sonríendo—. Es que mírate, eres como una versión muy femenina, adorable y linda de Tyler
—Gracias... creo —replica Agata riéndose, junto con Lucy.
—Es genial que finalmente estés acá.
—Sí, estoy emocionada —añade Agata sonriéndole, para luego voltear a ver a Lucy—. Mamá, necesito ir al baño.
—Claro mi vida, vamos al de la oficina de Charlie.
Ambas se despiden de Carlos y avanzan, hasta que atraviesan un pasillo e ingresan a la habitación.
—Cariño, deja todas las bolsas en ese sofá, y por allá se encuentra el baño —dice Lucy, señalando la puerta—.
Cuando termines, sales y caminas por el mismo pasillo donde veníamos, te vas a encontrar al final las dos cabinas de grabación.
Vas a vernos desde afuera porque tienen paredes de vidrio, yo me voy a adelantar porque tengo que entregarle este paquete a Charlie, que lo está esperando —explica dejando sus compras en el mueble.
—Okey mamá —responde Agata e ingresa al baño.
Lucy sale de la oficina y avanza hasta llegar a la primera sala de grabación, pero adentro de este, solo ve a uno de los productores junto con dos chicos, así que sigue caminando hasta la otra cabina, en donde se encuentra Charlie sentado frente a la consola, acompañado con uno de los arreglistas.
—Hola mi vida —dice Lucy ingresando, notando que dentro de la cabina insonorizada, está Sam tocando la guitarra con una chica que toca el piano.
—Amor… hola —responde Charlie volteándose con una sonrisa, al mismo tiempo que ella se inclina para darle un beso en los labios.
—Hola Gael, ¿cómo estás? —saluda Lucy, girando el rostro para verlo.
—Bien gracias, es bueno verte por acá —dice el arreglista.
—Te lo agradezco —añade ella, con una sonrisa.
—Amor… ¿y la Gata? —pregunta Charlie, extrañado.
—Ya viene cariño, se quedó un momento en el baño de tu oficina.
—Okey, ¿y cómo les fue?, ¿si se divirtieron? ¿Compraron muchas cosas? —inquiere Charlie, mientras que Gael sigue atento a la grabación en la cabina.
—Sí nos fue muy bien, ella estaba emocionada, tomó muchísimas fotos, y compramos mucho, pero no todo fue ropa, es que el itinerario cambio un poco la verdad.
Solo habíamos entrado a dos boutiques, y cuando pasamos frente a una tienda de suministros para hornear, la Gata literalmente enloqueció, entramos y no te miento cariño, duramos como dos horas comprando cortadores, moldes y demás cositas, estaba encantada eligiendo cosas de repostería —explica Lucy, entre risas—.
Amor… este es el paquete que te llegó al apartamento.
Por su parte, Agata sale del baño, se acerca al sofá para abrir su mochila, toma su celular, y finalmente sale de la oficina, ella va caminando por el pasillo y en cuanto llega a primera pared de vidrio, observa que adentro se encuentra uno de los productores, ella lo reconoce por fotos y videos que ha visto antes, quien está acompañado por dos chicos que no conoce.
Ella sigue avanzando, hasta que llega a la otra pared de vidrio, ahí ve a Lucy de espaldas hablando con Charlie, Agata de inmediato mira más hacia el fondo, donde nota que dentro de la cabina, se encuentra Sam tocando, junto con una chica rubia en el piano, ella de inmediato se cruza de brazos, al mismo tiempo que se le eriza la piel.
«¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡No me gusta! ¡Yo no quiero ver nada de esto!» Piensa Agata, soltando un suspiro.
En ese momento, se da cuenta que Charlie está moviéndole la mano y haciéndole señas para que entre, pero ella se queda dudando, unos segundos después, Lucy se voltea mirándola, se acerca a la puerta y la abre.
—Ven mi vida, puedes entrar —indica ella, sonriéndole.
—Es que no quería interrumpir —murmura Agata, ingresando lentamente, sin estar del todo convencida.
—Tranquila cariño, no pasa nada, acá podemos hablar, no afecta en nada a la grabación allí adentro —explica Charlie, señalando hacia la cabina.
Agata se queda escuchando como suenan ambos instrumentos, a la vez que mantiene su mirada fija hacia Sam y la chica rubia que lo acompaña.
—Cariño.... cariño... Gata —dice Charlie, llamándola con más fuerza la tercera vez.
—¿Ahh? —replica ella, mirándolo.
—Te decía que él es Gael —reitera Charlie, presentándole al arreglista.
—Perdón… es que estoy algo cansada —responde Agata—. Hola Gael, es lindo conocerte.
—Pues el honor es todo nuestro. ¡La verdad es que no puedo creer que estés acá!
—Oh gracias. Han sido muy amables —añade Agata, sonriéndole.
—Espera, pero… tanta amabilidad no es de gratis, ¿si lo sabes o no? —bromea Gael.
Aunque Agata intenta mantener la conversación y las bromas, ella no puede dejar de mirar constantemente hacia el interior de la cabina donde se encuentra Sam.
—Ah… ¿es que tiene un precio? —inquiere ella, a la vez que Charlie y Lucy se ríen.
—Claro, es que eres como una reina de la exquisiteces. Bueno… esa es la fama que tienes por acá —comenta Gael y ella le sonríe.
—¿Papá pueden revisar el tempo en esa última parte? —interrumpe Sam desde la cabina—. Es que no me convence.
Agata al escucharlo se queda viéndolo fijamente, y es en ese momento, que él se da cuenta que ella y su madre llegaron, Sam sonríe sutilmente, tanto que es imperceptible para los demás, para luego continuar concentrado en terminar cuanto antes la grabación.
«Ni siquiera pudo saludarme… No nos hemos visto en todo el día, es primera la vez que vengo, que lo veo dentro de una cabina y… ni si quiera me saluda con la mano.» Piensa Agata completamente sorprendida y atónita.
—Ven cariño siéntate, sé que estás cansada porque estuvimos mucho tiempo de pie —comenta Lucy tomándola del brazo.
Ambas se sientan en uno de los sofás, para observar la grabación y esperar que los chicos terminen de trabajar.
Mientras tanto en Alabama, ya llega el final de la tarde, Tyler y su madre van en el auto de regreso a su casa.
—Mamá, voy a parar un momento acá —indica él, deteniéndose frente a la casa de los Hill.
—¿Por qué? ¿Necesitas hablar con Zoe? —inquiere Lauren, confundida.
—No —responde él, abríendo la puerta—. Solo moveré el cajón de madera hacia el garaje, porque es pesado para ella —explica alejándose.
Lauren se queda observando como Tyler camina hasta el jardín, ve que se inclina y luego levanta el cajón, para luego avanzar y dejarlo junto a la puerta del garaje que se encuentra cerrada, y segundos más tarde, verlo subirse al automóvil.
—¡Oye! ¡Si vas a hacer un favor, hazlo completo! —grita Zoe desde la puerta de entrada de su casa.
—¡Tonta! Pensé que no estabas, el garaje está cerrado —replica él volviéndose a bajar del auto, y caminando de nuevo hacia el garaje.
Mientras que Zoe abre la puerta, Tyler toma de nuevo el cajón de madera, y lo mete adentro.
—¿Ahí está bien? ¿O la princesa necesita algo más? —inquiere él, sonríendo tontamente.
—Pues sí… necesito mi pedazo de pastel, así que en un rato voy para allá y también que me pongas la película de ayer, justo donde la dejé, no terminé de verla y no puedo dejar películas a medio ver, es de mala suerte
—¿De mala suerte? ¿Según quién? —cuestiona él, riéndose.
—Según yo, solo una vez perdí una competencia y justo la noche anterior, me quedé dormida mirando una película, la dejé a la mitad y perdí por eso.
—Okey… —murmura él entre risas.
—¡Lo digo en serio! ¡No te rías! —replica Zoe, indignada.
—Está bien, te la pondré, no quiero que la profecía de las películas sin terminar, te persiga en tu próxima competencia —comenta Tyler irónicamente, para luego halarle el collar que trae puesto hacia abajo, solo para molestarla.
—¡Bobo! —refuta ella, al mismo tiempo que observa como él camina rápidamente hacia el automóvil.
En Florida, después de esperar sentada en el sofá por media hora, aunque para Agata se sintiera como una eternidad, finalmente observa como Sam y la chica rubia salen de la cabina.
—¡Mamá! ¡Soy libre! —bromea Sam, levantando los brazos en el aire.
—¿Es tu mamá? —inquiere Morgan, sonriéndole—. ¡Ay por Dios! ¡Es hermosa! Se ve muy joven para serlo.
—Ay que linda, gracias. Sí, yo soy Lucy, su madre.
—Amor, ella es Morgan, nosotros estamos grabando su primer disco —explica Charlie, volteando a ver a su esposa.
—¡Que genial! ¡Te felicito! —comenta Lucy, sonríendo.
Por su parte, Agata aun sentada en el sofá con los brazos cruzados, solo se enerva más, al ver la interacción entre ellas dos, y detalla como en ningún momento, Sam no solo no la saludó, sino que además, no se la presentó.
Ella esperaba el instante en el que se la presentara ante Morgan como su novia, pero los minutos pasaban y eso no ocurría.
«¡Por Dios! Ella sigue enojada, es que está con la misma actitud que tenía anoche. ¿Cuándo carajo se dará cuenta que yo no hice nada malo?» Piensa Sam, al notar la postura física de Agata y su silencio ensordecedor.
—Morgan, ella es Agata —dice Charlie, al percatarse de que Sam no la ha presentado.
—Hola, mucho gusto —añade Morgan.
—Hola —responde Agata a secas, sin descruzar los brazos.
«Claro, ahora resulta que solo soy Agata... ¡Maldita sea! ¡Yo soy su novia!» Piensa ella molesta, intentando controlarse para que nadie lo note.
—Entonces… ¿cuándo es que tendremos la dicha de probar tus exquisiteces? —pregunta Gael quitándose los auriculares, e interrumpiendo las demás conversaciones que ocurrían.
En ese instante, Agata se siente completamente fastidiada y solo quiere salir de allí, por lo que solo se encoge de hombros sin darle una respuesta.
—¡Sam! ¡Tu novia se hace rogar! —exclama Gael, riéndose—. ¡Ya convéncela de que nos traiga algo rico!
—¡¿Qué?! ¡¿Tu novia?! —cuestiona Morgan volteando hacia Sam—. ¿Ella es tu novia?
—¡Sí! ¿Por qué? —replica de inmediato Agata, con cara de pocos amigos antes de que Sam tan siquiera de una respuesta.
En cuanto Morgan la escucha, se gira y se le queda viendo fijamente.
«Okey… al menos se sigue sintiendo mi novia. Creo que eso es algo bueno.» Piensa Sam, manteniéndose en silencio.
—No... Por nada —responde Morgan, con un tono casi risorio.
Agata enseguida percibe la mirada condescendiente. «¡Maldita hija de puta! Deja de mirarme como si fueras mejor que yo. Es que… ¿con que derecho vienes a menospreciarme así?»
—Tranquilo, mañana iremos al supermercado a comprar ingredientes de pastelería —interviene Charlie, al notar el ambiente incómodo—. Les prometo que les traeremos varias cosas increíbles, Agata es la chica más talentosa que existe.
— ¿Ingrediente de pastelería? —indaga Morgan, frunciendo un poco el ceño—. ¿Es que eres repostera o algo así?
—¡Si! ¿Por qué? —reitera Agata de inmediato.
—Por nada... —añade Morgan a la vez que usa su teléfono, para luego girar su mirada hacia Sam—. Ya te escribí.
—Okey —dice Sam, en voz baja.
En ese momento, Agata se levanta del sofá y sale de la sala de grabación sin decir nada, Charlie por su parte, se queda observando a su hijo, casi que gritándole con la mirada para que salga atrás de ella, pero Sam niega sutilmente con la cabeza.
—Entonces… terminamos por hoy —indica Charlie—. Oye Morgan, te dejamos, es que tenemos otro compromiso familiar y ya se nos hizo tarde.
En cuanto Agata sale al pasillo, camina con rapidez hasta la oficina de Charlie, al entrar va directamente a recostarse en el sofá, abrazando uno de los cojines.
«¿Por qué demonios le dio su número? ¿Y por qué demonios ella le tiene que escribir?
¡Ay no puede ser! ¡La hija de puta me miró con tanto desprecio y se reía de mí Encima de eso, tiene el descaro no solo de escribirle a mi novio en mi presencia, sino que lo anuncia en frente de todos…
solo quería hacerme molestar.» Piensa ella, enterrando la cara en el cojín.
Afuera de la cabina, los Meyer caminan lentamente hacia la oficina principal.
—Hijo… ¿por qué demonios no saliste detrás de la Gata? Te hice señas, ¿es que no lo notaste?
—Papá, claro que me di cuenta, pero si ella sigue enojada conmigo por lo de ayer, pues no tiene derecho a enojarse más porque ahora tengas celos de Morgan —acota Sam, frustrado.
—Bueno mi vida… es que esta chica no fue nada sutil cuando dijo que te escribió —añade Lucy—. Y más luego de que… no sé ustedes, pero en lo particular, sentí un tono burlón cuando le preguntó si era repostera.
—Lo se mamá, obvio que también lo noté, pero ella es un cliente del estudio, ¿qué se supone que haga en ese caso? —inquiere Sam, pasándose la mano por el cabello—. Además… Morgan no la insultó, ni le dijo nada malo, solo fue el tono de mierda en que el que se lo preguntó.
—Ahí realmente tienes razón hijo —afirma Charlie—. En la práctica no dijo nada malo, pero igual estuvo fuera de lugar la actitud. Oigan… mejor solo vámonos de una vez, antes de que Morgan termine con Gael.
Finalmente llegan a la puerta de la oficina, en cuanto Lucy la abre y todos entran, ven que Agata se encuentra recostada en el sofá.
—Ay cariño… sí que estás cansada —comenta Charlie, intentado disimular que conoce la razón de su malestar.
—Sí... ¿ya nos podemos ir? —indaga Agata, en voz baja—. Quiero ir a bañarme.
—Claro, ya estamos listos —responde Charlie, sonriéndole.
—Hijo, ayúdame con los paquetes —agrega Lucy.
Sam de inmediato se acerca al sofá, notando como Agata no lo busca con la mirada, por el contrario, pareciera evitarlo a toda costa, en cuanto él toma todas las bolsas, los cuatro salen de la oficina y empiezan a caminar hacia la entrada del edificio, luego se suben a la camioneta en completo silencio, mientras que Charlie conduce, Agata se mantiene mirando hacia afuera por la ventana sin hacer contacto visual con Sam.