CAPITULO 12
Tyler resopla intentando calmarse mientras la escucha atentamente.
—Oye, ese día no hay ninguna duda de que me atropellarían, eso lo tengo muy claro, pero al estar tú en este mundo, lograste que el universo se alineara a mi favor, y en menor medida, la Gata también influyó, porque yo siento en mi corazón que el hecho de que Lauren estuviera embarazada, la hacía ir aún más despacio —explica Nicole—.
Así que sí, en efecto para mí, tú y la Gata están en importancia antes que mi padre, y no significa que no lo ame, todo lo contario, aunque obviamente nunca se lo dije, porque no quiero hacerlo sentir mal.
Tyler solo asiente, a la vez que se mantiene en silencio escuchándola.
—Aunque a ti sí te lo puedo decir, porque eres la excepción a la regla, yo no estaría hoy en día aquí, si ustedes no existieran —afirma Nicole, con la voz quebrada—.
No sé qué habría sido de mi mamá, porque ella me ama con toda su alma, y estoy segura de que no habría podido vivir sin mí —explica pausadamente, manteniendo el control de sus emociones.
Tyler por su parte, resopla al mismo tiempo que las lágrimas corren como ríos por sus mejillas.
—Tranquilo… solo respira —murmura Nicole, extendiendo su mano y secándole las lágrimas con una servilleta—. Está todo bien, es bueno que hablemos de esto.
—¿Cómo puedes....? Pfff —resopla Tyler nuevamente, a la vez que mira hacia arriba, intentando controlarse—. ¿Cómo puedes estar tan tranquila luego de decir eso?
—Bueno, no es solo mi merito, son años de trabajo con mi psicóloga —acota Nicole—.
La verdad es que sí me perturba hablar de eso, porque no me gusta recordarlo, pero como te dije antes, ya yo estaba más que lista para hablar de esto contigo, y te repito, en el fondo era algo raro para mí, que no hayas querido hablarlo antes.
—No, no digas eso, no piense así.
—¿Así como? —inquiere ella, confundida.
—No es que yo no haya querido hablar de esto antes... me hace mal que pienses así. No quiero que creas que soy desconsiderado o que no me importas —aclara Tyler—. Es todo lo contrario, yo no sabía nada de esto, no conocía lo que pasó ese día —añade al mismo tiempo que sorbe por la nariz.
—¡¿Que?! ¡¿No sabías nada?! —cuestiona Nicole, sorprendida.
—Te lo juro —responde él, apretando el agarre de su mano.
—Ahh… ¿eso tiene que ver con lo de la versión del perro mordiéndome? —indaga ella, intentando atar cabos y Tyler asiente.
—Sí, mamá me dijo eso y la Gata tenía esa misma versión de que te atacó un perro estando pequeña, nada más. Nosotros supimos la verdad, bueno… y también Sami, la noche antes del cumpleaños de la Gata. Fue allí que mamá llorando nos contó todo lo que pasó —explica Tyler, llorando.
—¡Ay por Dios!... ¿y por qué yo no sabía eso? —cuestiona Nicole, frunciendo el ceño.
—No lo sé —acota Tyler, encogiéndose de hombros.
—Quizás… no querían traumarlos. Eso tendría sentido, tú estabas muy pequeño y no recordabas nada, ¿entonces para que contarte algo como eso?
—Oye… —dice Tyler, tomando con la mano de ella con las suyas—. Me importas mucho, lo lamento, en serio lo lamento.
—Ya sé que lo lamentas, pero nada de lo que pasó es tu culpa, no tienes que decírmelo.
—Es que no lo decía por lo que pasó ese día, lo que yo lamento es no haberlo sabido antes —acota Tyler—.
No te mentiré, entiendo a mis padres por intentar protegerme y ocultarme una realidad que no era linda de contar, pero aun así…
me hubiese gustado conocer la historia antes.
Siento que todos estos años, te hubiese cuidado más y me hubiese preocupado más por ti, ahora que sé que por un momento existió esa posibilidad de que ni tú, ni Jenny estuvieran con nosotros...
me da más miedo perderte. Es que no me puedo imaginar nuestras vidas, sabiendo que tú no estás en ella —confiesa con la voz completamente quebrada.
Nicole estaba escuchándolo atentamente, pero en cuanto él termina de hablar, ella se levanta de inmediato y rodea la mesa, en cuanto Tyler lo nota, empuja su silla un paso hacia atrás, en el momento exacto para que ella se siente sobre su regazo de medio lado y lo abrace con mucha fuerza.
—Gracias Ty, en serio, gracias por decirme eso, significa demasiado para mí —murmura ella, apretando el agarre—. No es tu responsabilidad cuidarme, así que no te sientas mal por eso, solo recuerda que apenas eras un niño.
—Lo sé, pero… siento un vacío acá en mi pecho, como que pude haber dado más —susurra él, aun abrazándola—. Tú merecías más amor y no me di cuenta antes.
—Basta Ty, mírame —dice ella, separándose un poco y agarrándole la cara con ambas manos—. Me he sentido muy amada por ustedes, demasiado diría yo. No hubo nada que pudieras haber hecho diferente, para hacerme sentir más querida por ustedes, quiero que lo sepas, ¿sí?
Tyler solo asiente con la cabeza, al mismo tiempo que toma una bocanada de aire, intentando controlarse.
—Oye… yo amé crecer y compartir muchas cosas junto a todos ustedes, ¿recuerdas cuando fuimos de campamento y nos roció la mofeta?
—Sí claro —responde él, finalmente sonriéndole—. La Gata ama esa anécdota, como nos remojaban como ropa en un balde con mil cosas dentro.
—Ty, todos ustedes no solo ayudaron a que mi infancia fuera genial, sino que además, hicieron a mi mamá súper feliz. Ella se siente segura, genuinamente tranquila y agradecida, solo porque nos permitieron ser parte de su vida.
—¿Te puedo preguntar algo? —cuestiona él, soltando un suspiro.
—Claro que sí, lo que quieras.
—¿Tú sabes lo que le pasó a ese hombre? —indaga él, mirándola fijamente a los ojos.
—Sí, aunque... no lo supe en un comienzo, sino hasta varios años después, cuando tenía como nueve o diez años, porque le pregunté sobre eso a mi mamá.
—Okey… Bueno, a mí y a Sami sí nos lo contaron, pero a la Gata, solo procuraron decirle que está pudriéndose en la cárcel y no en el infierno —acota él.
—Claro… lo entiendo —murmura ella, asintiendo con la cabeza.
—Oye... yo no sé si deba decirte esto, es que… no creo que nadie más me entienda al mismo nivel, pienso que solo lo haría la Gata, pero como ya te conté, ella no sabe toda la verdad del desenlace. Me parece que tendré que hablarlo con mi psicóloga.
—Dime, Ty... Ya te dije que podemos hablar de lo que quieras de ese día —afirma Nicole, sonriéndole—. Tienes carta blanca para decirme lo que pienses o sientas, créeme, te entenderé bien.
—Es que… yo nunca había odiado a alguien en mi vida, una cosa es molestarse o pelear, pero otra muy distinta, es en serio odiar plenamente a un ser.
No solo por lo que te hizo a ti y a Jenny, sino porque ahora, yo no dejo de pensar en que mi papá pudo haber muerto allí, ese mismo día, y esa mierda no se lo voy a perdonar jamás —confiesa él, con la voz entrecortada—.
Ni mi mamá, la Gata, ni yo, hubiéramos podido vivir sin mi papá —añade al mismo tiempo que las lágrimas comienzan a caer por sus mejillas.
—Lo sé… esa mierda también me atormenta —dice ella, limpiándole el rostro con su mano.
—¿Sí? —inquiere él sorprendido.
—Claro, es que aunque Jhon no es mi papá, te entiendo bien, porque lo amo demasiado desde niña.
Tienes que saber algo… como yo tenía cuatro años, no recuerdo todo lo que pasó, pero sí hay una cosa que se me quedo en la mente, de hecho, fue un sueño recurrente durante toda mi niñez —comenta ella, tomando una respiración profunda, antes de continuar—.
Incluso me despertaba llorando de noche, porque para mí en ese entonces, era una pesadilla, pero…
con el paso de los años, mi psicóloga me ayudó a entender que no era eso, sino un recuerdo, el cual llegaba a mí en forma de sueño, desde ahí, ya no me da miedo.
—¿Puedo saber que sueñas? —indaga él sorbiendo por la nariz, al mismo tiempo que se pasa una mano por los ojos.
—Por supuesto, mi sueño es ir corríendo halada por la avenida, alguien, que no recuerdo su cara, agarraba mi mano con fuerza, y esa es una de las razones por las cuales, no me siento muy cómoda con la idea que me tomen de la mano —confiesa ella, viéndolo a los ojos—.
Bueno… allí iba yo, halada mientras que escucho que suenan varias bocinas, de repente se detienen en seco, y un segundo después, está todo negro, luego de pronto abro los ojos y estoy llorando a gritos, veo a un policía que se agacha sobre mí, se acerca a mi cara y me acaricia la frente, a la vez que repite una y otra vez: “Cariño, todo está bien, todo está bien ya tu mami viene a buscarte” .
En ese momento, yo dejo de llorar, pero aun así, no puedo dejar de escuchar el llanto fuerte, creo que soy yo, pero…
no lo soy, es ahí cuando me asustaba y pensaba que era una pesadilla, porque no entendía porque oía mi llanto, si sabía que yo ya no estaba llorando.
Aunque era un sueño, puedo jurar que en ellos percibo claramente el olor del perfume de Jhon, luego de ver como él me acaricia la cabeza suavemente, me enfoco en ver detrás, veía el cielo azul, estaba muy poco nublado, y mientras miro todo eso, no dejo de escuchar mi llanto, ese que no venía de mi boca, ese que seguía sonando una y otra vez.
Después comienzo a prensar los labios, solo para tratar de dejar de llorar, aunque tenía la seguridad que yo no era y finalmente me despierto.
—¿Y por qué dices que no es una pesadilla? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño—. No entiendo.... para mí suena como una.
—No, no lo es, porque en una de las sesiones con mi psicóloga, ella le pidió a Jhon que fuera para que escuchara mi pesadilla, ya que él era el policía en mi sueño y tiene el recuerdo completo en primera persona.
—¿Mi papá fue a una sesión con tu psicóloga? —pregunta Tyler, sorprendido.
—Sí, y se lo agradezco enormemente, porque esa mierda me desquiciaba, habían pasado algo más de cuatro años desde el accidente, y eso me despertaba llorando, quizás una o dos veces por semana, pero como era pequeña, yo no podía explicárselo bien a la psicóloga.
Al cumplir siete u ocho años, fue cuando finalmente tuve la edad suficiente para contar lo que veía en esa “pesadilla” y que era lo que me asustaba.
Me acuerdo que me hizo dibujárselo varias veces y toda esas cosas que hacen jugando con muñecos para ayudar a los niños, ella cuando finalmente entendió que era lo que me daba miedo, fue que le dijo a mi madre que le pidiera a Jhon que fuera a una de mis sesiones.
—Okey… comprendo, ¿y qué pasó?
—Pues, yo le conté a ambos mi sueño tal cual como te lo acabo de explicar a ti, y mi psicóloga le preguntó a Jhon si algo de eso le resultaba familiar... recuerdo que tú papá se levantó de la silla y se agachó frente a mí, para estar al mismo nivel.
—¿Y qué te dijo?
—Bueno… que eso no era una pesadilla, que mi sueño era lo que había ocurrido en la realidad, que me quedara tranquila, porque eso era el recuerdo de lo que había pasado.
—¿Pero y lo del llanto? Ese que no venía de ti, eso no tiene sentido… que prensaras la boca y siguieras llorando —comenta Tyler, frunciendo el ceño.
—Lo sé, eso mismo dije yo, pero él me respondió que sí tenía mucho sentido, porque en efecto, yo sí estaba llorando y que cuando él me comenzó a acariciar la cabeza, y a hablarme, yo me detuve, y que el llanto que escuchaba en mi sueño, él también lo recuerda porque soñaba con lo mismo.
—¿Papá soñaba lo mismo que tú? —pregunta Tyler, asombrado y Nicole asiente con la cabeza—. ¿Pero cómo es posible? ¡No lo entiendo!
—Es posible porque no era una pesadilla, sino un recuerdo de lo que había pasado en la vida real y la mente a veces los manda en forma de sueños.
Ambos teníamos el mismo recuerdo, por lo que él me dijo que yo tenía razón, que ese llanto no era mío, porque yo me detuve en cuanto me aseguró que mi mamá venia, en cambio, el llanto que yo escuchaba, era de su pequeño hijo, que se encontraba dentro del auto.
En ese momento, Tyler se queda completamente pasmado, al mismo tiempo que se lleva ambas manos a la cara, y Nicole lo vuelve a abrazar con fuerza para susurrarle.
—Tengo años escuchándote llorar en mis sueños, pero tranquilo…
ya no me da miedo, sino todo lo contrario, porque es un recordatorio de que siempre has sido importante para mí.
Ese día no te vi, así que pienso que oírte, fue tu manera de hacerme saber de qué estuviste ahí, en el día en que volví a nacer, el día de mi segundo cumpleaños.