CAPITULO 10 #3
—Oye, puedes decirme cualquier cosa, no veo porque me haría daño una hipótesis de que le tenía miedo a los perros, cuando eso no es cierto.
—Bueno... pero solo promete no ponerte triste —comenta Tyler suavemente, a la vez que Nicole nota de inmediato, el cambio drástico de actitud y el tono de su voz.
—Está bien… lo prometo, no me pondré triste —afirma ella, extendiendo su brazo por encima de la mesa y le toma la mano.
Tyler muy sutilmente baja la mirada, solo para detallar como ella se la sostiene, y suelta un suspiro fuerte, tanto así, que Nicole lo escucha y enseguida se preocupa, aunque se mantiene en silencio.
—Okey... es que… cuando estaba pequeño —explica mirándola fijamente a los ojos—. Mi mamá me dijo un día, que te había mordido un perro.
—¿Qué? —replica Nicole, entre risas—. Pero si nunca en la vida me ha mordido ningún animal.
—Bueno ahora lo sé, pero… es que ella solo me dijo eso, porque un día, mi mamá se dio cuenta que yo estaba mirando tu brazo, entonces ella me hizo a un lado y me contó que te había atacado a un perro y que no era lindo que me quedara mirando tus cicatrices, porque eso te haría sentir mal —explica Tyler—.
Entonces, desde que tenía seis años, crecí pensando que si te había mordido un perro, lo más lógico era que le tendrías miedo.
—¡Ay por Dios! Claro… lo entiendo.
—Lo siento... ¿no estás triste, o si?
—Permiso —interrumpe el chico del restaurante de comida rápida.
En ese momento, ambos se sueltan las manos mientras que les colocan las bandejas sobre la mesa.
—Acá tienen, serian dos órdenes de tazón de pollo al limón y dos tés fríos de limón.
—Gracias —responde Tyler, al mismo tiempo que el chico se aleja.
—Espera… déjame enviarle una foto a mi mamá, así se queda tranquila, porque si no, creerá que nos fuimos a otro lado y empezará a llamarme cuando estemos comiendo —comenta Nicole riéndose, mientras que saca su teléfono del bolso—. ¡Sonríe Ty!
Ella toma la selfie donde salen ambos junto con la comida en la mesa y de inmediato se la envía a Jenny.
Por su parte, Lauren y Jenny están recorríendo la tienda viendo varias prendas de ropa, cuando el sonido de la notificación de su teléfono le llama la atención, ella lo saca del bolso y al ver la foto sonríe.
—¡Por Dios! ¡Qué hermosos! Mira —dice mostrándole la pantalla a Lauren.
—¡Ay santo cielo! No puedo creer que apenas hace unos años, le tomábamos fotos juntos, solo obligándolos a posar, y ahora lo hacen por voluntad propia —comenta ella sonríendo—. Esto es tan bizarro, una jodida locura.
—¡Sí! Es tan genial que ya están en una edad en la que se llevan bien.
Antes, era Agata con Nicole, jugando siempre y Tyler se la pasaba en casa de Sami.
Tanto así, que prácticamente, nosotras cada vez que los visitábamos, ni lo veíamos, porque no había poder humano que lo hiciera querer jugar con las niñas.
—Están creciendo tan rápido —agrega Lauren—. ¡Ay por Dios! Como extraño a mi hija... y solo se fue ayer.
—Lo sé, yo detesto cada vez que Nicole se va a visitar a su padre, la extraño horrores cuando va para allá. Y aunque sé que él está encima de ella, igual no me quedo tranquila.
Lauren escucha y asiente mientras que siguen viendo la ropa dentro de la tienda.
—Te juro que dentro de toda la mierda que pasó con su ex novio, lo único bueno de toda esa maldita mierda, es que sé que ahora ya no tengo que preocuparme porque ella haga planes de acompañarlo a viajar por ahí.
—Claro, en eso tienes razón.
—Es que si quiere ir a Alaska o a Japón, la apoyaré, pero yo la llevo, no dejaré que se vaya por ahí con nadie —comenta Jenny.
—Ay mira, es mi bebé, la llamé con el pensamiento —dice Lauren emocionada, mostrándole su teléfono a Jenny, y enseguida contesta la llamada.
—¡Hola mi vida!
—Hola mamá, ¿cómo estás?
—Bien, extrañándote mucho, ¿y tú? ¿Dormiste bien?
—Si estoy bien, pues me levanté tarde, es que me quedé dormida. Llegamos al apartamento luego de la media noche y estaba aún trasnochada.
—Sí, Lucy me dijo que seguías durmiendo. Oye cariño, pondré el altavoz para que te saluden.
—¡Hola preciosa!
—¡Jenny! —exclama Agata emocionada viendo a Lucy—. Ay que bueno que estás con mi mamá, porque justo necesitaba preguntarle algo sobre ti.
—¿Sobre mí? ¿Estabas pensando en mí? —cuestiona Jenny, sorprendida—. ¡Ay eso es tan lindo!
—Sí, es que estoy con Lucy de compras y conseguimos unas sandalias de playa, súper preciosas y cómodas —acota Agata—. Mamá elegí unas para ti iguales que las mías.
—Ay que emoción, gracias mi vida, me muero por verlas —dice Lauren, sonriéndole.
—Sé que te encantaran, te pasaré las fotos. Jenny… ¿cuánto calzan tú y Nicole? Es que quiero comprárselas de regalo.
—Aww, eso es tan lindo, gracias mi vida. Bueno… yo calzo 8.5 y Nicole calza 8.
—¡Genial! Chicas esperen, es que Lucy está tomándoles las fotos, y se las pasará de una vez, para que elijan el color que más les guste a cada una —agrega Agata emocionada.
Las cuatro siguen entretenidas conversando por teléfono durante más de media hora, mientras que seleccionan las sandalias.