Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 10 #2
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CAPITULO 10 #2

—Pobrecito… ¿por qué no lo dijiste antes? —inquiere Jenny viéndolo, a la vez que Tyler solo se encoge de hombros—. Nicole, acompáñalo, vayan a comer algo, pero no tarden más de media hora. Y ya sabes, se quedan acá mismo dentro del centro comercial.

—Okey mamá —responde ella, sonriéndole—. ¿Quieres ir a comer o ya no?

—¡Sí, por favor! Porque mi querida madre, no me preparó ninguna lonchera. ¿Puedes creerlo? Soy su bebé y me saca sin una meríenda —comenta Tyler indignado, mientras le sonríe a Lauren y las chicas se ríen.

—Bien, entonces ya vamos —añade Nicole caminando hacia la puerta, al mismo tiempo que Tyler la sigue.

—Oye cariño, cuídala —dice Lauren.

—Cuenta con eso mamá —responde Tyler, a la vez que rodea los hombros de Nicole con su brazo derecho y camina a su lado—. No dejaré que ningún imbécil hijo de puta, se te acerque —añade en voz baja para que solo Nicole escuche.

—Okey… yo tampoco dejaré que ninguna fanática loca se te acerque —replica ella entre risas, mientras que salen de la tienda.

—¿Qué? ¿Por qué no? No puedes quitarme la diversión.

—Entonces dime, ¿en la actualidad, del uno al diez, qué tanto te reconocen en la calle? —inquiere ella, mientras siguen avanzando abrazados.

—Pues… acá en Alabama en el día a día, así estando solo o haciendo mis cosas normales, no mucho, diría que un dos, pero cuando estoy junto con Sami, es más fácil de que nos reconozcan, ahí…

quizás un cuatro. ¡Ah pero cuando estamos en Florida!

¡Ahí sí que nos reconocen mucho más! —comenta Tyler entusiasmado, mientras que toman las escaleras eléctricas.

—¿Si? ¿Qué tanto?

—Uff, pues… un siete u ocho.

—¡Ay por Dios! ¡Eso es un montón! Me alegra… debes estar tan feliz.

—Sí, la verdad es que sí.

—Oye… ¿qué quieres comer? —pregunta ella, mientras que pasan frente a los locales de comida.

—Bueno, algo que tenga proteína, es que no puedo hacer mucho desastre, mañana tengo competencia y no puedo salirme de mi categoría de peso —explica Tyler.

—Okey… entonces quedan descartadas las hamburguesas, la pizza y el pollo frito —dice Nicole, mientras siguen caminando observando las opciones—. Mira, ahí venden rollos de pan pita, con pollo al grill y vegetales, eso sí puedes comer.

—Sí, eso suena bastante bien —afirma Tyler bajando el brazo de los hombros de ella.

Ambos caminan dentro del local y mientras que lo hacen, Nicole con su mano lo toma del antebrazo, Tyler de inmediato baja la mirada y observa como ella lo tiene sujeto, sonríe tontamente de manera muy sutil.

—¡Ty! ¡Ty! ¡Yo quiero ese! —exclama Nicole entusiasmada, leyendo el menú.

—Tazón de pollo al limón, a la parrilla con pan pita, maíz, tomate, cebollas, pepinillos, queso feta y vinagreta de limón —lee él subiendo la mirada hacia la pantalla—. ¡Ay carajo! ¡Yo también quiero de eso! ¡Te juro que se me hace...

—Agua la boca —dicen ambos al unísono, terminando la oración—. Me encanta, ahora podemos ser citri-amigos.

—Okey, pero… nunca he sido “citri-amigo” de nadie —bromea Tyler.

Luego él procede a ordenar dos combos de pollo al limón y hace el respectivo pago, unos segundos más tarde, vuelve a bajar la mirada, dándose cuenta que Nicole aun lo tiene tomado del brazo.

—¿Más o menos que hace un “citri-amigo”? ¿Cuáles son sus funciones? —inquiere él, a medida que avanzan hacia una de las mesas y se sientan uno frente al otro.

—Pues también soy virgen de “citri-amigos”, así que… la verdad no sé... supongo que vendrás corríendo a traerme limones, cuando tenga antojos, o… cuando consigas unos tan jugosos, que tu único citri-amigo, no puede perderse de probarlos —añade ella, riéndose.

—Okey, eso suena justo, y… ¿el tema de los pepinillos, qué?

No puede ser solo con los limones, por lo que cuando consigas una marca de pepinillos, que sea un puta locura, tienes que comprarme.

Y te aviso de una vez, que no puedes solo llevarme un envase, porque eso sería una maldad —declara él, sonriéndole.

—¡Tienes razón! ¡Ay por Dios! Mamá me compró unos en un supermercado de productos árabes, te juro que son demasiado buenos.

—Eso se oye como que ahora me estás debiendo como unos cinco frascos de pepinillos árabes —bromea él y ambos se ríen.

En ese instante, Tyler ve a un señor pasar junto a la mesa, quien va paseando a un perro bastante grande, de inmediato nota como Nicole también se queda observándolos.

—¡Ay! ¡Es precioso! ¿Cómo se llama? —pregunta ella, sin apartar la vista del canino

—Mr. Cole —responde el señor amablemente, deteniéndose.

—Hola Mr. Cole. ¡Santo cielo! ¡Eres hermoso! —comenta Nicoles viendo al perro, que le mueve la cola—. ¿Es un labrador, verdad?

Por su parte, Tyler en silencio, detalla como el cabello castaño claro de ella, tiene algunos pequeños reflejos dorados muy sutiles.

—Sí, es un Labrador Retriever —responde el señor, sonriéndole.

—Es demasiado lindo —afirma Nicole, acariciándole la cabeza al perro.

—Gracias —murmura el señor, a la vez que se aleja.

Nicole vuelve su atención a Tyler, apoyando ambos brazos sobre la mesa, ella viste una blusa manga larga, en color marrón con cuello en “V”, y por un instante, los ojos de Tyler se quedan viendo su escote.

—Bueno esperemos que no demore tanto el pollo —comenta ella y Tyler de inmediato reacciona vuelve a mirarla a los ojos.

—Oye... ¿te gustan los perros?

—Sí claro, me encantan, pero… mamá no me deja tener uno, porque dice que es una maldad tenerlo en un apartamento. Y sí, tiene razón, si yo fuera perro, seria deprimente no tener un jardín donde correr, hacer huecos o tomar el sol.

Tyler sonríe viéndola a los ojos a la vez que niega con la cabeza.

—¿Por qué dices que no? —inquiere ella, confundida.

—No, no es eso, es que… siempre crecí pensando que no te gustaban los perros.

Mejor dicho, yo pensé que le tenías miedo y los evitabas —acota Tyler—.

Así que… es muy raro para mí, verte emocionada hablando con un perro de cuarenta y cinco kilos, incluso tocándole la cabeza como si nada, es muy bizarro en mi mente.

—Espera... ¿por qué demonios creíste que yo les tenía miedo a los perros? —cuestiona Nicole entre risas, al mismo tiempo que él nota, como ella juega girando el anillo plateado que tiene en el pulgar de su mano derecha.

—Pues... no sé si deba decirte, es que… no creo que sea buena idea... sabes que… mejor olvídalo.

—¡Qué! ¡No! ¡Claro que no lo olvidaré! —refuta ella, entre risas—. Espera, no seas malo, ahora quiero saber, quizás sea una tontería para ti, pero ahora me dejas con la duda —añade mientras que sigue jugando con su anillo.

—No, para nada es una tontería, es que… no sé si es algo de lo que deba hablar. Quizás mi mamá me estaría acribillando con la mirada ahora mismo, no quiero decir nada que no deba.

—Espera… no te entiendo —dice Nicole, confundida.

—Solo estoy pensando antes de hablar, no debo decir nada si eso te hace daño. Intento ser considerado, lo siento, sé que es una pésima forma de explicarlo —agrega Tyler, riéndose nerviosamente.