CAPITULO 10
A la mañana siguiente, Tyler está regresando a su casa luego de haber ido a correr por una hora, en cuanto pasa frente a la casa de los Hill, él baja la velocidad, al notar a Zoe moviendo el cajón de madera.
—¡Hey! ¡Hola! —dice acercándose para ayudarla—. Te doy una mano.
—No, gracias —responde ella con indiferencia.
—¡Ay por Dios! No te molestes conmigo. Oye… ¿si te das cuenta que solo me preocupaba por ti? —cuestiona él inclinándose, levanta la caja de madera y la saca hasta el jardín.
—Sí… que manera de preocuparse —añade Zoe, caminando junto a él—. Decirme que no puedo hacer algo. ¿Sabes qué? ¡No soy tu hermana! ¡No puedes decirme que hacer! —afirma cruzándose de brazos.
—¡Uy! Ni lo quiera Dios. Claro que no eres mi hermana.
—Auch —susurra Zoe, ofendida.
—¿Pero es que quisieras tener un hermano como yo? —replica Tyler—. No, no creo, soy muy lindo para ser tu hermano —bromea tontamente—. Además, ya tienes a Zac, y eso es más que suficiente.
—Sí, está muy pesado últimamente.
—¿Por qué lo dices? —pregunta Tyler, frunciendo el ceño.
—Bueno… es que desde que ustedes se graduaron, él ahora está en modo profesional, enfocado en su carrera deportiva y eso está bien, pero es muy exigente conmigo.
Antes salíamos de fiesta y a pasar el rato con amigos, pero ahora, solo está en modo entrenamiento, muy mandón.
Inclusive me regaña si me ve saliendo mucho —explica Zoe, frustrada—.
Ya me llamó por teléfono hoy, me despertó y me dijo que me miraría por las cámaras de seguridad, para ver si estoy entrenando con la caja —añade señalando con su mano una cámara colocada en el porche de la casa.
Tyler de inmediato traga grueso, ante la posibilidad de que Zac los esté viendo en ese momento.
—Okey... —responde él pausadamente—. Oye, mi mamá me espera, tengo que acompañarla a comprar unas cosas. Nos vemos más tarde... si quieres.
—Obvio que nos veremos, iré por mi pedazo de pastel de chocolate, no me mataré entrenando, para no comer postre luego de la cena —declara Zoe.
—Bien —murmura Tyler sonriéndole, a medida que se aleja—. ¡Oye! ¡Deja la caja allí cuando termines! —exclama al voltearse y caminar de espaldas hacia su casa—. ¡En la tarde al regresar con mi madre pasaré para meterla al garaje!
—Ay que caballero… Ese es el trato que merezco —comenta Zoe sonriéndole pícaramente.
Tyler por su parte, solo niega con la cabeza a la vez que continúa alejándose y riéndose solo.
Mientras tanto en Florida, Agata se despierta, se sienta en la cama y mira a su alrededor, notando cada detalle de la habitación de Sam, ella sonríe solo un momento y luego se deja caer hacia atrás nuevamente.
—¡Qué mierda! ¿Por qué demonios Sami no durmió conmigo? ¿Por qué demonios dijo que se quedaría en el sofá? Se supone que dormiríamos juntos, pero claro… yo no podía decir nada y menos frente a Charlie. Qué vergüenza —murmura para sí misma frustrada, llevándose una mano a la frente.
Luego de un rato, ella toma su teléfono, se da cuenta que ya son las once de la mañana, por lo que decide finalmente levantarse. Después de cambiarse de ropa e ir al baño, ella camina hacia la cocina.
—Hola dormilona —dice Lucy bebiendo una taza de té, mientras trabaja en su laptop en el comedor.
—Mamá hola —saluda Agata, al mismo tiempo que observa rápidamente hacia el living, viendo que Sam no se encuentra en el sofá.
—¿Cómo dormiste? ¿Te sientes bien?
—Sí, todo bien —responde ella entrando a la cocina y sirviéndose un vaso de jugo.
—Cariño… en el horno hay sándwiches, caliéntalos para que desayunes.
—Gracias…
Agata toma una jarra de jugo del refrigerador, se sirve un vaso y pone a calentar su comida, por su parte, Lucy sigue escribiendo en su portátil.
—Mamá... ¿y los chicos? —inquiere ella, mientras bebe un sorbo de jugo.
—Pues madrugaron, se fueron antes de las seis para el estudio.
—¿Para el estudio? —replica Agata, sorprendida.
—Sí cariño —afirma Lucy, mirándola.
«¡Qué rayos! ¿Se va y me deja sola? ¿No se supone que estaríamos juntos? ¿Para qué me invita sino va a estar conmigo?» Piensa Agata, al mismo tiempo que niega sutilmente con la cabeza.
—Hey… cambia esa cara —comenta Lucy, al notar su disconformidad—. Aunque es verano y tú estás de vacaciones, Charlie tiene mucho trabajo en el estudio. Él necesita terminar hoy un demo y Sami se ofreció a ayudarlo, porque así mientras él graba la guitarra, Charlie puede ir haciendo otros arreglos.
—Lo entiendo —murmura Agata algo cabizbaja, sacando los sándwiches del horno, luego come un bocado.
—Que ellos estén ocupados no significa que no llevaremos a cabo nuestro itinerario, todo lo contrario —acota Lucy, sonriéndole—.
Por eso Charlie me dijo que se iban a las cinco de la mañana y así pueden desocuparse más rápido.
La verdad es que, como te vi muy dormida, preferí no levantarte, pero ahora que estás despierta…
termina de desayunar porque nos iremos de compras.
Como esa parte es aburrida para los chicos, no afecta en nada.
—Okey, suena como un buen plan —agrega Agata, al mismo tiempo que piensa.
«Pero… ¿por qué Sami se fue sin decirme? Es que ni siquiera me ha escrito en todo el día. No es justo… se supone que soy su novia, debería decirme esas cosas... ¿Yo sí tengo que avisarle a donde voy pero él no me dice nada cuando sale?»
En casa de los Lambert, Tyler baja las escaleras recién bañado y listo para salir, en cuanto Jhon lo ve desde el comedor, le silba a modo de piropo y su hijo le sonríe.
—¡Vaya! ¡Mírate! ¡Todo un galán! —comenta Lauren, en la cocina.
—¡Hermoso como su padre! —agrega Jhon, riéndose.
—Pues… se hace lo que se puede —bromea Tyler—. ¿Mamá estás lista?
—Sí cariño, le escribiré a Jenny para que me diga a cual tienda iremos primero.
—¿Iremos primero? ¿Es que son más de una? —pregunta Tyler boquiabierto, a la vez que Jhon se vuelve a reír.
—Hijo… siento que te tendieron una trampa —añade Jhon, entre risas.
—¡Por Dios! ¿Pasaré toda la tarde de compras? Yo solo quería retirar mi chaqueta, nada más —murmura Tyler.
—Ay cariño, pero es que hay promociones de verano y Jenny es una especialista cazando ofertas.
Además, necesitas tener un guardarropa más variado para las presentaciones —explica Lauren—.
Por eso le comenté a Lucy y ella me dio la razón, incluso me dijo que aprovechara y que si veía buenos descuentos, le comprara un par de chaquetas a Sami.
Así que le pasaré fotos de cosas lindas que vea, que sean del estilo de ustedes.
—¡Santo cielo mamá! ¿Al menos me hiciste una lonchera, una vianda o algo para llevar? —pregunta Tyler, indignado—. ¡Moriré de hambre esperando que ustedes recorran dos millones de tiendas!
—No hijo, no te hice una lonchera, si te da hambre, comes algo rápido en el camino —acota ella tomando su bolso, luego se acerca a Jhon, y se despide con un beso.
Después de eso, Lauren y Tyler salen de casa y de inmediato se montan en el automóvil, con él conduciendo. Luego de unos minutos, en el estacionamiento del centro comercial, Jenny y Nicole observan cómo se acerca un coche y se detiene junto al de ellas.
En cuanto se bajan, todos se saludan, las madres comienzan a caminar juntas, mientras que los chicos van detrás de ellas.
—¿En serio viniste? —cuestiona Nicole, fingiendo mucho asombro.
—¿Es que tenías esperanzas de no pagar tu apuesta? —replica Tyler, sonriéndole—. ¿Pensabas que te ahorrarías esos varios cientos de dólares en mi chaqueta?
—“Varios cientos de dólares” —repite Nicole en tono de burla y riéndose
—¡Ah sí claro! ¡Ni creas que me darás una baratija de veinte dólares! —aclara Tyler, mirándola fijamente.
—Claro… se me olvidaba que ahora eres una súper estrella. No me hubiese imaginado eso hace años.
—¡Auch! Gracias por tenerme tanta fe —agrega él, en cuanto entran a la primera tienda.
Lauren y Jenny comienzan a mirar, a la vez que ellos se mantienen caminando lentamente detrás.
—Solo para aclarar, lo que dije antes no era haciendo referencia a tu talento, solo a tu estilo. Es que… mírate —recalca Nicole, asintiendo con la cabeza—. En serio, tienes todo el porte y el look de estrella.
—¿Lo dices en serio? —inquiere Tyler, entrecerrando los ojos.
—Espera… ¿crees que miento? ¡Ty! ¡Yo nunca miento! —refuta Nicole y él sonríe bobamente—. Mamá.
—Dime mi vida —responde Jenny.
—¿Qué te dije cuando Tyler se bajó del auto? —pregunta Nicole y Jenny se ríe.
—Pues, que se veía como una jodida estrella de rock —responde ella, causando que Tyler se sonroje.
—¡Viste! —exclama Nicole con fuerza viéndolo—. ¡Yo no miento!
—Bueno… ¡sí mientes! —replica Tyler de inmediato, con voz muy seria—. ¡Eres de las que dices que vas a hacer orgías, y luego no las haces!
En ese momento, Nicole es la que se sonroja, a la vez que golpea varias veces el brazo de él, mientras que Tyler estalla de risa, haciendo que las tres chicas también se rían de sus tonterías.
Después de dos horas recorríendo tiendas con descuentos en Alabama, aun nada que consiguen una chaqueta del estilo de Tyler.
—¿No te aburres? Es decir… entiendo que eres chica, pero… ¡Ay por Dios! Siendo cien por ciento objetivos, dime… ¿en un punto no es aburrido mirar tanta ropa? —cuestiona Tyler fastidiado, a la vez que apoya ambos brazos sobre el carrito de compras y Nicole se ríe.
—Bueno… sí lo es, cuando la ropa no es para mí, o cuando estoy de mal humor, del resto me gusta —responde Nicole—. A mamá, la hace feliz encontrar algo lindo pero con un buen descuento.
—Pues aunque la chaqueta sea para mí, ya estoy aburrido. En serio, prefiero que no me pagues la apuesta —añade él, poniendo los ojos en blanco.
—Creo que solo estás de mal humor. Ty… hace un rato estabas más divertido —acota Nicole, cruzándose de brazos.
—Ay cariño, así se pone cuando tiene hambre —afirma Lauren, que estaba un par de pasos delante de ellos.