CAPITULO 9
En casa de los Lambert, Tyler y Jhon observan como Zoe sale de la casa y cierra la puerta con fuerza.
—¡Qué demonios papá! ¿Todo eso era en serio? —cuestiona Tyler, enojado—. ¿Ustedes no están bromeando?
—Hijo cálmate, ¿por qué te molesta tanto?
—¿Entonces sí es en serio —inquiere llevándose una mano a la frente y mirando perplejo a su padre.
—Pues… ella sí me hizo un comentario, pero pensé que era algo como cuando los niños dicen que quieren ser astronautas o bomberos.
La verdad es que, en ese momento, no creí que lo dijera en serio, y no le di mucha importancia —aclara Jhon—.
Aunque ahora, obviamente me doy cuenta de que ella sí hablaba en serio, porque si no, no hubiera hablado con su padre acerca de eso.
—Pero espera… ¿qué te dijo ella exactamente? ¿Cuándo pasó eso? ¿Por qué nunca me lo dijiste antes? —indaga Tyler, atropellando las palabras.
—Bueno hijo... —responde Jhon levantándose y llevando un par de vasos hacia la cocina, al mismo tiempo que Tyler va detrás—.
La verdad, es que no creí que te importara lo que Zoe quiera estudiar, o sus preferencias profesionales —añade viéndolo, a la vez que Tyler de inmediato niega con la cabeza y se cruza de brazos.
—¡Claro que no me importan las preferencias profesionales de Zoe!
—refuta Tyler, en un intento de aclarar su molestia—.
¡Pero papá! ¡Es una niña por Dios! ¡Ella no puede ser policía, no sabe defenderse!
Estoy completamente seguro, que se desmayaría apenas vea un arma en persona.
Si escucha una detonación, o un grito de alguien por ayuda, ella se pondrá a llorar —explica con mucha seriedad.
—Cariño… —murmura Jhon mirándolo, a la vez que lava los vasos—.
Sé que es una niña, pero estás preocupándote como si mañana mismo uniformaran a Zoe.
¿Si recuerdas que tiene que graduarse de la preparatoria?
¿Y que el proceso de admisión y formación en la academia duran como dos años?
Además de que como mínimo, ella debe tener veintiún años para poder postularse a la academia, así que…
aún le faltan como cinco años, para que pueda postularse y ser seleccionada.
—¡Pero aun así! ¡Veintiún años es muy poco!
¡Seguirá siendo una niña! ¡Por Dios papá!
—exclama Tyler, frustrado—. ¿Si recuerdas que esa es la edad de Nicole?
¡Y mírala! ¡También es una niña! ¡Ella no puede defenderse sola, esa es otra que lloraría si escuchara a alguien pidiendo ayuda! —añade agarrándose la cabeza estresado.
Por su parte, Jhon observa el genuino nivel de preocupación de Tyler, así que se seca las manos y se acerca a su hijo.
—Cariño… no te estreses —dice suavemente, tomándolo de los hombros—.
En cinco años, pueden cambiar muchas cosas y Zoe se puede decidir por otra carrera.
Lo que le parece una gran idea hoy, quizás no sea lo mismo que desee hacer dentro de un año, y mucho menos dentro de cinco.
Sabes cómo son las chicas, se emocionan con muchas cosas a la vez.
—Papá pero estamos hablando de Zoe, ella es intensa, temeraria, determinada… ¡Incluso maneja una puta moto desde los seis años! ¡Claro que querrá hacer algo fuera de lo convencional! ¡Algo arriesgado solo para demostrar que puede hacerlo y que es diferente!
—Bueno cariño... en eso tienes razón, en verdad sabes leer muy bien a Zoe —comenta Jhon, acariciándole la cabeza—.
Pero quédate tranquilo, porque ella misma me confesó, que le tiene miedo a los tiroteos y a la violencia, y aunque no lo tuviera, yo jamás la expondría a ese tipo de cosas —acota sonriéndole—.
Hijo… ella actualmente lo que quiere es ser una agente K9, quiere tener su propio perro y entrenarlo para que busque personas desaparecidas, eso es lo que textualmente me dijo.
Tyler se queda unos segundos en silencio, mirando a su padre mientras que intenta procesar la información.
—Papá pero… si ella decide ser agente, yo sé bien que cuando salga de la academia de policías, tendrá que salir a patrullar las calles y…
¡Ahí sí o sí, alguna mierda mala se va a encontrar!
—comenta Tyler, preocupado—. Y no me digas que no le pasará nada, porque no iría sola, ya sé que van acompañados de un oficial de campo, pero igual no está bien.
—Eso es cierto cariño, todos los agentes al graduarse de la academia, pasan uno o dos años patrullando calles, es el periodo de entrenamiento de campo.
—¡Ves! ¡Me das la razón! —acota Tyler, frustrado—. ¡No está bien papá! ¡Zoe estará es peligro! ¡No estoy de acuerdo! ¡Es que no entiendo como Hill puede dejar que su hija se exponga así en la calle!
—Hijo… es que no me dejaste terminar, sí, lo habitual es que los agentes patrullen por ese periodo de tiempo, aunque tienes que saber que hay algunas excepciones.
Son muy pocas, pero las hay, y para eso yo la puedo ayudar —afirma Jhon—.
Si ella decidiera seguir con esta idea, no tengas ninguna duda de que pediré que cuando se gradué de la academia, le asignen un rol administrativo mientras que ella pueda iniciar su especialización K9.
De esa manera, seguiría estudiando y preparándose sin tener que salir a patrullar las calles —explica acariciándole el hombro.
Tyler se mantiene en silencio con el ceño fruncido mientras que escucha atento.
—Y estoy completamente seguro, que esa es una de las principales preocupaciones de su padre, porque seguramente ella le vendió la idea del perro y de buscar rastros, o personas desaparecidas, pero él habrá pensado lo mismo que tú, que es en el proceso, y todo lo que ella tiene que experimentar, para poder llegar al punto, donde ya finalmente, tiene un perro con un nombre lindo al que entrenar.
«Aun así… esto no me gusta, no me gusta nada, es que…
¡Es peligroso! Tengo que hablar con la gata, debo convencerla que hable con Zoe y le diga que lo mejor es que se dedique a hacer algo menos arriesgado.
Bueno… como si saltar putas colinas llenas de fango a toda velocidad no fuera lo suficientemente arriesgado. ¡Maldición!»
Mientras tanto en Florida, Agata y los Meyer después de ver el atardecer en la playa y caminar por Ocean Drive, ingresan a uno de los restaurantes de su lista.
—Gata, acá traje a comer a Sami la primera vez que vino, a él le encantó, estaba fascinado con el movimiento y la cantidad de gente, también era verano, así que veía como tú en este instante, a Miami en su máximo esplendor —comenta Charlie, mientras los cuatro están cenando sentados es una de las mesas exteriores del local.
—Sí… la verdad es precioso, no imaginé que habría tanta gente —responde Agata, luego de tomar un sorbo de jugo—. Y la música es...
En ese momento, es interrumpida por el timbre de su móvil, ella lo saca del bolsillo y al mirar la pantalla, hace una mueca algo extrañada, al mismo tiempo, Sam que se encuentra frente a ella, lo nota pero se mantiene en silencio.
—Hola... ¿estás bien? —inquiere ella con el teléfono en el oído, mientras que los demás escuchan—. Ah okey... qué raro.
Sam voltea para mirar a su padre un instante, a la vez que Agata sigue hablando.
—Sí, claro que lo sé... ¡Ay Ty! ¡A mí me parece que es una idea excelente!... Obvio que la apoyo. Bueno… ¿realmente me llamabas para eso? —indaga Agata—. ¡Me asustaste! ¡Pensé que te había pasado algo! ¡Es que tú nunca me llamas!
De regreso en Alabama, Tyler se encuentra sentado en el sofá del living mientras que habla con su hermana por teléfono.
—Bueno… pero ahora si lo haré. ¡Gata! ¡Te fuiste de la casa! ¡Te desapareciste! ¡Te llamaré cada vez que no sepa de ti! ¡No estaré tranquilo si no sé dónde estás!
—Okey… pero estoy bien. Estoy cenando en un restaurante en Ocean Drive —responde Agata, sonríendo.
—Qué envidia... porque yo estoy solo y aburrido en la casa. Ya papá y mamá están acostados en su habitación, y ahora mi cabeza, solo piensa en que pueden matar a Zoe en un tiroteo. ¿Cómo carajo crees que lograré dormirme hoy?
—¡Ay por Dios! ¡Claro que no morirá en un tiroteo! —exclama Agata, mientras que los Meyer se miran entre sí—. Tú quédate tranquilo, no pienses en eso.
—Eso intento —murmura Tyler, al mismo tiempo que sube las escaleras y entra a la habitación de su hermana—. Pero… estoy acá solo, Gata, es la primera vez que estoy en la casa y tú no estás... eso es raro. No sé… no me gusta.
—Ahora ya sabes cómo me sentía yo... Así que… Bienvenido a mi mundo —comenta ella suavemente, mientras que Sam escucha atento.
—Lo siento… Oye, debí haberle insistido antes a papá para que te dejara ir conmigo a Florida alguna vez. No es justo que yo haya ido tantas veces y tú no.
—¡Ves! ¡Ahora sí me entiendes! —afirma ella, sonríendo—. No era para nada justo, muchas gracias por decirlo.
—Entonces… ¿Sami cómo está? ¿Se están divirtiéndose mucho sin mí? —indaga Tyler, a la vez que se acuesta en la cama de Agata.
—No lo sé…. —susurra ella, mirando hacia su plato.
—¿Qué no sabes? —pregunta Tyler, confundido.
—Lo primero que preguntaste —responde ella, en voz baja.
—¿No sabes cómo está Sami? ¿Y no se supone que estás con él? ¡¿Es que acaso saliste sola de noche?!
—No, obvio que no salí sola. Estoy con todos, estamos comiendo ahora —aclara ella.
—Ay Gata, deja de tomar vino, estás divagando. ¡¿Cómo carajo no sabes cómo está Sami?! ¡Si él está contigo!
—No estoy tomando vino, pero… no sé... es complicado. Oye, se me enfriará la comida —comenta ella mirando rápidamente a los demás, quienes siguen comiendo.
—¡Ay por Dios! ¡¿Estás peleada con él aun?! —cuestiona Tyler, sorprendido—. ¡No seas boba! Estás en el puto Miami y… ¿vas a estar enojada porque te regañó cuando te lo merecías?
—Chao Ty —dice Agata, finalizando la llamada.
En ese momento, Sam busca con la mirada a su madre, como sabe que están peleados y que él no puede preguntarle, entonces lo hace ella.
—Oye cariño... ¿está todo bien con Tyler? —inquiere Lucy mientras corta un trozo de su filete.
—Mmm… sí. Solo está aburrido, o eso creo —responde Agata, luego de comer un bocado de su ensalada.
—Pues, te debe estar extrañando, debe ser eso —afirma Lucy y Agata le sonríe tontamente.
—Quizás... o tal vez solo está un poco celoso —agrega Agata, para luego beber un sorbo de jugo.
—¿Celoso? —cuestiona Charlie, confundido.
—En fin... —murmura Agata, encogiéndose de hombros—. Yo también estuve sola muchos veranos. Es una mierda, pero no es algo para morirse.
—Pobrecito, ahora me siento mal —añade Lucy.
—Ay no mamá Lucy, no lo comenté con esa intención. Además, Ty viene cada dos por tres para acá, no se va a deprimir —acota Agata.
—Eso es cierto, aunque hay algo que sí noté —afirma Charlie, haciendo una pausa para beber su bebida—. Es bueno que te llame para saber cómo estás, es genial que demuestre con hechos que se preocupa, ¿no crees?
—Sí... fue lindo que me llamara, porque casi siempre me escribe, y solo para preguntar o pedirme algo. También fue lindo que se preocupara por Zoe —comenta Agata, a la vez que sigue comiendo su ensalada.
Sam extrañado voltea a ver a su padre, quien frunce el ceño incrédulo.
—¿Por Zoe? —indaga Charlie.
—Sí, ya sé, a mí también me pareció raro, pero… sí —responde Agata, al notar el tono de confusión.
—¿Y que tiene Zoe? ¿Por qué se preocupa? ¿Es que ella se enfermó? —inquiere Lucy.
—¡Ay mamá! ¡Es que no sabes! Resulta que Zoe está entusiasmada con la idea de ser una oficial de policía —aclara Agata, mientras que Sam no puede evitar toser al escucharla.
—¿Policía? —reitera Lucy, a la vez que Agata le asiente sonríendo.
«¡Ay por Dios! Ahora entiendo el comentario… Tyler tiene razón, por eso se preocupó. ¡Ella podría morir en un tiroteo! ¡Zoe no sabría defenderse!» Piensa Sam de inmediato, evidentemente preocupado.
CAPITULO 10