CAPITULO 8
En Florida, Agata y los Meyer entran al apartamento, ella de inmediato observa cada rincón emocionada, con el pasar de los años, se imaginó tantas veces estar allí, que ahora, se siente muy extraño finalmente estar en ese lugar.
Ese mismo sitio, con el cual fantaseó y ese destino por el cual, lloraba una y otra vez cada vez que Sam se iba.
—¿Y? ¿Bien? ¿Mal? ¿Más o menos? —cuestiona Charlie al verla mirar la cocina.
—¡No! ¡¿Cómo que mal?! ¡Es increíble! —responde Agata, con una sonrisa—. Es realmente preciosa.
—¿Apruebas el horno? Te digo que pensé mucho en ti cuando lo cambié —acota Charlie, causando que ella se ría.
Sam por su parte, se queda de pie junto a la isla, escuchándolos atentamente.
—No inventes —murmura Agata, al mismo tiempo que abre la puerta del horno.
—Pero no miento, la verdad es que antes de comprarlo, pregunté si servía para hornear repostería, eso porque escuché varias veces a Jhon, averiguando lo mismo, cuando remodelaron su cocina —aclara Charlie—.
Aparte de que, Sami también me dijo, que los buenos eran los que tenían un ventilador interno, porque distribuían uniformemente el calor.
Sam le sonríe a su padre, para luego detallar como una mínima sonrisa se dibuja en el rostro de Agata, pero que ella rápidamente, intenta disimular.
—Es genial, es muy buen horno —afirma ella, cerrando la puerta del mismo.
—Entonces… ¿prometes hacernos algo rico? —pregunta Charlie—. Te llevo al supermercado y compramos lo que necesites.
—Sí, aunque… con el itinerario de Lucy, creo que no tendremos espacio para comer tanto.
—Eso es cierto, pero igual necesito que hagamos galletas o algo así, porque en el estudio van a matarme si llegamos allá sin algún postre de los tuyos —acota Charlie, sonríendo.
—¿De qué hablas? —inquiere Agata, cruzándose de brazos—. Si no me conocen ahí.
—Pues no te conocen en persona, pero cariño, te he mencionado muchas veces, incluso les mostré la réplica del pastel de bodas que me hiciste —explica Charlie—.
Además, Sami tiene años, hablando sin parar de ti a los chicos en el estudio, saben mucho, como lo de los cupcakes que regalaste en zona cero, que cantaron juntos el himno en su primera presentación y hasta que tocas piano.
Agata de inmediato se voltea para observar a Sam, finalmente compartiendo una breve mirada, ya que no lo hacían desde la discusión en Alabama.
—Mi vida… ven a acá, te mostraré las habitaciones —indica Lucy, desde el pasillo.
—¡Sí ya voy! —responde Agata de inmediato, para apartar la mirada de Sam y salir de esa situación.
Ella rápidamente avanza hasta que alcanza a Lucy, mientras que Sam, se acerca al refrigerador, lo abre y toma una botella de agua.
—Gracias papá... —murmura Sam, viéndolo.
—De nada cariño —añade Charlie, acariciándole la espalda.
—Es una mierda, en serio la amo… no puede ser que no se dé cuenta, que tiene que cambiar la actitud. Ella no puede seguir en modo víctima —susurra Sam, tomando otro sorbo de agua—. No quiero que piense que seré yo el que arreglará algo, que evidentemente no rompí.
—Bueno hijo… dale un poco más de tiempo. No es una novedad que ella sea algo rencorosa. Es una mierda, ya lo sé, no necesitas repetírmelo, pero se dará cuenta sola, eso creo.
—Ojalá papá, porque no puedo estar así por mucho tiempo, esto me hace mal —confiesa Sam, con la voz quebrada.
Mientras tanto, Lucy camina junto con Agata, hasta llegar a la puerta de su habitación, y de inmediato entran.
—Mira… esta es la principal. Ven, quiero que veas la vista desde acá, es preciosa.
Ambas se acercan, al mismo tiempo que Lucy abre la ventana, y una oleada de aire fresco las recibe.
—¡Ay por Dios! ¡Mamá! ¡Se siente mucho el olor a mar!
—Sí cariño, es genial —añade Lucy, acariciándole el cabello.
—Ya sabía que estaba cerca de la playa, pero… no me imaginé el olor —comenta Agata con un suspiro—. Es increíble mamá Lucy, me encanta.
—Me alegra mucho que te guste. En verdad, yo me enamoré la primera vez que lo vi, Charlie me llamó y me lo mostró en una video llamada —explica Lucy—. Me hizo todo el recorrido y me dijo que me compraría este apartamento.
—¿En serio te dijo eso? —inquiere Agata sorprendida y Lucy asiente—. No lo sabía… ¡Ay por Dios! Debe haber sido tan lindo para ti.
—Sí mi vida, eso fue hace ya tres años, pero no se me olvida, es que no lo podía creer, yo pensé que él estaba bromeando.
Es que tú no llegaste a verlo, pero cuando Charlie se vino para acá, al principio se quedó en hoteles, hasta que conseguimos un pequeño mono ambiente y lo alquilamos, pero esa zona era mucho más retirada de la costa, por lo que debía manejar más tiempo para llegar al estudio.
—Entonces fue un gran cambio, porque estamos como a diez cuadras de la playa, ¿no?
—Sí cariño, fue un gran avance —afirma Lucy cerrando la ventana—. Mira, este es el baño principal.
—Es precioso mamá Lucy.
—Bueno, ahora te mostraré lo demás.
Ambas avanzan por el pasillo hasta que llegan a una puerta, donde Lucy le indica que es uno de los baños, para luego seguir caminando hasta detenerse frente a la habitación de Sam, donde entran enseguida.
Agata mira a su alrededor, observa con detenimiento la enorme cama y luego la gran cantidad de guitarras dispuestas en las paredes, y sonríe sutilmente.
—¿Te gusta? —inquiere Lucy.
—Mamá… yo conozco bien esta habitación, pero… no sé... es que, para mi es tan raro saber cómo es, aunque nunca haya estado aquí antes —comenta Agata.
Justo en ese instante, Sam ingresa y ambas voltean hacia él, notando como se quita la camiseta.
—Mamá, tengo mucha hambre —dice él, tirándose sobre la cama.
—Bueno… tomemos una ducha rápida todos y luego nos vamos a comer —responde Lucy, emocionada.
Mientras que Agata hace un paneo rápido de los brazos y el pecho desnudo de Sam, al mismo tiempo que piensa.
«¡Ay por Dios! Es tan bello... Sami, no puedes ser hermoso e idiota al mismo tiempo.»
En Alabama, cae la noche en casa de los Lambert, Lauren toma una ducha, Jhon y Tyler se encuentran cenando en el sofá del living, a la vez que debaten sobre qué película ver.
—No quiero ver ninguna de extraterrestres o de cosas paranormales —acota Jhon, y seguidamente toma un sorbo de jugo.
—No seas aburrido —replica Tyler masticando, a la vez que usa el control remoto para seguir navegando en el menú de películas.
En ese momento, ambos escuchan como se abre la puerta de la casa, por lo cual voltean el rostro hacia allá, ahí es donde ven a Zoe entrar, con un envase plástico en las manos, y como si nada, ella camina hacia la cocina.
—Ustedes solo ignórenme y sigan en lo suyo —comenta ella haciendo señas con una de su manos.
Tyler y Jhon comparten una breve mirada sin entender la situación, para luego volver la vista hacía la cocina, notando que Zoe saca un par de bandejas del refrigerador.
—Espera... ¿estás robándonos la comida? —inquiere Tyler mientras que mete a su boca un dedo de queso—. ¿Si recuerdas que mi papá es policía, no?
—¡Ay Tyler! ¡No seas egoísta! ¡No me moriré de hambre! —replica Zoe—. Y si la Gata estuviera acá, ya me hubiera llevado comida.
—Claro... ¿y no disque comerías una ensalada y ya? —acota él riéndose.
—Zoe, en el horno hay carne de hamburguesa —añade Jhon mientras que come un bocado.
—Gracias —dice ella, acercándose para abrir la puerta del horno.
—¡Pero no te la lleves todas! ¡Porque en un rato me dará más hambre! —comenta Tyler riéndose haciendo que ella sonría tontamente.
—Menos mal que sobró tanta comida de la fiesta, me moría de hambre —explica ella, a la misma vez que guarda en los envases en el refrigerador.
—¿Y qué pasó? ¿No hicieron cena en tu casa hoy? —pregunta Jhon, confundido.
—¡No! —exclama Zoe, indignada—. Es que mi papá y Zac se fueron de viaje luego del mediodía, porque tienen una competencia pasado mañana, y mi mamá estuvo toda la tarde limpiando las alfombras de las habitaciones.
Entonces, ella me dijo que yo tenía que cocinar porque ella estaba cansada, pero yo también lo estoy —explica comiendo un dedo de queso—.
Es que hoy hice mucho ejercicio y no tengo fuerzas para cocinar, pero mi mamá se enojaría si pido comida, porque se “supone” —añade haciendo comillas con sus dedos—, que ayer dije que no comería más chatarra.
—Entonces... ¿tú solución era venir para acá y robarme toda la comida? —cuestiona Tyler.
—Sí —responde Zoe, mientras que le coloca la tapa al envase que trajo consigo.
Ella luego camina hacia el living al mismo tiempo que mira a Tyler y lo señala con un dedo.
—¡Voy a comer con mi mamá! ¡Pero ojo, que ya vi cuanto queda del pastel de cumpleaños de la Gata! ¡Ni se te ocurra comértelo todo!
Tyler pone los ojos en blanco al escucharla al mismo tiempo que le sonríe, mientras que Zoe se da vuelta, y camina hacia la puerta.
—¡Volveré! —declara con fuerza, saliendo de la casa.
—Está loca, pero es adorable —comenta Jhon riéndose, a la vez que niega con la cabeza y toma otro bocado de su hamburguesa.
Tyler se queda pensativo viendo a su padre durante unos segundos, para luego continuar comiendo.
—Sí, está medio loca, pero… loca bien, no es peligrosa, solo es muy extrovertida —explica Tyler, encogiéndose de hombros.
—Hijo… yo no lo decía en serio, ni de mala manera —aclara Jhon—. Sé que no está loca de verdad, esa es su personalidad. ¿Si recuerdas que la conozco desde que nació?
—Obvio... sí —responde Tyler, mientras toma un trago de su té frío de limón.
—Bueno... ¿entonces por qué razón fue que me hiciste esa acotación? —cuestiona Jhon viéndolo, en tanto Tyler se ríe nervioso y desvía la mirada.
—No hice ninguna acotación —replica él, tomando el control remoto de nuevo y buscando la película.
—Cito textualmente: “Sí, está medio loca, pero… loca bien, no es peligrosa, solo es muy extrovertida” —repite Jhon—. Y por cierto hijo, no necesito ser policía, para darme cuenta que eso es una acotación.
Tyler se sigue ríendo pero sin voltear a ver a la cara de su padre, solo se queda concentrado en el televisor.
—Solo fue un comentario —añade él vagamente, sin dar más explicaciones.