Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 7 #2
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CAPITULO 7 #2

—¡Ya quisieras tú! —replica ella jadeando en cuanto llega frente a él, luego comienzan a caminar juntos—. ¿Recién regresas? Corriste por muchas horas —añade intentando recuperar el aliento.

—¿Ahora me controlas los horarios? —cuestiona Tyler, sonríendo.

Zoe pone los ojos en blanco, al mismo tiempo que abre su termo de agua y bebe un sorbo.

—Oye… ¿me das? Estoy más seco que un desierto.

En cuanto Zoe termina de tomar, le entrega el termo.

—¡Gracias! —exclama Tyler, bebiendo desesperado.

—Bueno… pero no llegues directo a por una cerveza, sino de nada habrá servido la maratón que hiciste —comenta Zoe, mientras que siguen caminando.

—Ya sé, aunque no mentiré… sí tengo horribles ganas de comer un enorme trozo del pastel de cumpleaños de la Gata. ¡Por Dios! ¿Viste lo que era? ¡Todo relleno de chocolate!

—¡Sí! ¡Una maldita delicia! Por eso es que tengo que entrenar, es horrible tener una amiga que cocina postres tan ricos —afirma Zoe, riéndose—. Yo estoy obsesionada con los cupcakes que hace de menta y limón. ¡Por Dios! ¡Son tan buenos!

—¡Ay carajo! ¡Sí! ¡Esos sin dudas están en mi lista de favoritos! ¡Los como acompañados de té frio de limón! —acota Tyler.

—Bueno… mejor cambia de tema, ya no me hagas desearlos. Necesito mantenerme enfocada, ya que una “deliciosa ensalada me espera” —comenta ella, fingiendo entusiasmo.

—¡Ay no! ¡Yo no me maté dos horas en el gimnasio, para comer una ensalada! ¡Me desmayaría! —refuta Tyler—. Necesito mucha proteína y carbohidratos.

—Ah... ¿estabas en el gimnasio? —indaga ella, mientras que él toma otro sorbo de agua.

—¿Estás sacándome información? —replica él, haciendo que Zoe ponga los ojos en blanco al mismo tiempo que le quita el termo de las manos.

—Pues yo me quedo acá —indica ella, justo al pasar frente a su casa—. Me daré una ducha entre cuatro paredes, mientras que mi mejor amiga, se debe estar bañando en una preciosa playa de Miami, rodeada de hermosos chicos sin camiseta... ¡Que injusticia! —exclama ella, entrando al jardín.

—¡Sí! ¡Qué injusticia! —afirma Tyler, mientras que sigue caminando—. ¡Yo también quiero bañarme rodeado de hermosas chicas sin camiseta! —añade causando que ambos se rían tontamente y luego cada uno sigue su camino.

En casa de los Lambert, Lauren y Jhon están cocinando cuando ven entrar a su hijo.

—Hola mi vida hermoso —dice Lauren.

—¡Hijo! ¡Estás empapado! ¡Parece que sí te fue bien! —agrega Jhon.

—Sí papá, por Dios… estoy destrozado —comenta Tyler, sentándose en una de las sillas de la isla—. ¿Mamá me puedes dar agua, por favor? Estoy deshidratado —añade a la vez que se saca los auriculares y el teléfono de su bolsillo, colocándolos en el mesón.

—Claro mi vida. Ay pobrecito… es que mírate cómo estás todo rojo —comenta Lauren, colocando un vaso de agua y una jarra completa frente a él.

Tyler en seguida toma el vaso, y comienza a beber con desesperación.

—¿Quieres darte una ducha y después comer? —inquiere Jhon, tomando unas especias de la alacena.

—Sí papá… tengo mucho calor, pero también me estoy muríendo de hambre. ¿Qué están cocinando?

—Nada cariño, solo recalentamos, porque quedó mucha comida de anoche —explica Lauren—. Ten mi vida, comete una banana, te bañas y bajas a comer.

—Okey… sí —murmura Tyler, tomándola y quitándole la cáscara—. Oigan, ¿ya supieron algo de Agata?

—Sí, el vuelo estuvo bien y sin contratiempo, fueron directo a la casa, para dejar las maletas, organizar un poco todo y ahora a final de la tarde, saldrán con ella a caminar —responde Lauren—. Para que conozca por allí cerca, que vea el atardecer en la playa y luego van a cenar.

—¡Ay que envidia! ¿Saben lo increíble que es meterse al mar cuando ya no hay sol?

—replica Tyler, sonríendo—. Sami y yo, nos vamos caminando al final de la tarde para la playa, nos bañamos una hora y regresamos a la casa directo a ducharnos con agua fría, después comemos y caemos rendidos como piedras, hasta el día siguiente.

—Bueno, sin duda hoy caerás así, te ves muy cansado —agrega Jhon, mientras que agarra un sartén.

—Pues eso sí... —afirma Tyler, comiendo un bocado de la banana—. ¡Ah por cierto! ¡Mamá! ¡No sabes lo que me sucedió! En serio, casi paso la vergüenza más grande de mi vida —añade con exageración.

—¿Por qué? ¿Qué te pasó? —inquiere Lauren, frunciendo el ceño.

—Me faltaban como veinte cuadras para llegar al gimnasio, cuando de repente, me dieron unas ganas horribles de ir al baño, y estuve a esto —responde Tyler, mostrando un pequeño espacio entre sus dedos—, de cagarme en los pantalones.

Jhon y Lauren no pueden evitar soltar una carcajada al unísono en el instante que escuchan a su hijo.

—¿Es que amaneciste mal del estómago?

—No papá, todo es culpa de ella y de Lucy —acota Tyler, señalando a su madre.

—¡Ay por Dios! ¡Te hizo efecto el vinagre! —replica Lauren riéndose, mientras que Jhon los mira confundido.

—Sí, es que papá, ellas me obligaron a tomarme dos cucharadas de vinagre de manzana —bromea Tyler—. Oigan… pero en serio, creo que perdí una cuarta parte de mi peso cuando fui a al baño. De verdad que no exagero, tenía demasiada porquería acumulada en el estómago.

—Espera… ¿y a dónde fuiste? Porque acabas de decir que estabas lejos del gimnasio —comenta Jhon, riéndose.

—Pues sí, lo estaba —afirma Tyler, sirviéndose otro vaso de agua—.

Lo único que tenía cerca, eran tres restaurantes de comida rápida, y sabemos que no vamos a esos baños.

Aunque debo confesarles, que estaba tan desesperado, que sería mi única opción, pero de pronto, miré el mapa, y me di cuenta que estaba a tres cuadras del apartamento de Jenny —cuenta bebiendo otro sorbo de agua—.

Así que, me fui lo más rápido que me dejaba avanzar el retorcijón de tripas, y bueno…

ella no estaba, pero por suerte, Nicole sí.

Le pegué dos gritos en el intercomunicador para que me abriera, subí a toda prisa y ella me estaba esperando con la puerta abierta y entré casi que corríendo.

Lauren y Jhon comparten una mirada, ambos sonríendo e intentando evitar reírse.

—Estuve a cinco segundos, de tener que contar una historia muy diferente.

¿Se imaginan? Los habría llamado, para que me pasaran buscando, por haberme cagado en los pantalones.

¡Por Dios! ¡Fue horrible! ¡Mamá! ¡No me puedes obligar a tomar dos cucharadas juntas nunca más!

—exclama Tyler levantándose de la silla, para luego caminar hacia las escaleras.

—Ay hijo, menos mal que se te ocurrió ir para allá —agrega Lauren riéndose junto con Jhon—.

Es que no tomé en cuenta, el hecho de que tú nunca lo habías tomando antes, por eso te hizo más efecto —analiza sonríendo—, pero...

qué raro que Jenny no me ha contado, porque estoy segura de que se hubiera reído al llamarme.

—Ah sí, eso debe ser porque ella estaba en pánico y muy molesta —acota Tyler—.

Porque al momento en que regresó al apartamento, me escuchó a lo lejos, y pensó que Nicole había metido a un chico a escondidas, mientras que ella estaba en el supermercado.

Debieron verla, Jenny entró regañándola: “¡Nicole Scarlet!”, a la vez que nosotros dos, estábamos en la cocina riéndonos y comiendo paletas de helado.

En un segundo, Jenny que estaba pálida, recuperó todo el color del rostro cuando me vio.

En verdad, creo que encontrarme allí, fue lo mejor que le pasó en la vida —bromea—.

Pobrecita Nicole… en verdad ella la cuida mucho —agrega terminando de subir las escaleras.

Jhon y Lauren por su parte, se quedan en la cocina riéndose por la historia de su hijo.