CAPITULO 7
En el aeropuerto de Florida, mientras que esperan las maletas en el carrusel, Agata llama a su padre, tomada de la mano de Lucy en todo momento, a la vez que Sam y Charlie, se encuentran a unos pasos de distancia.
—No te dije nada en el avión porque las chicas nos escucharían hablar —comenta suavemente Charlie y Sam asiente.
—Lo sé, yo las oía aunque hablaban bajo.
—Bueno, entonces… ¿cómo te sientes? ¿Se te pasó el dolor de cabeza? ¿Con Agata cómo está todo? ¿Estás molesto o solo es ella? Porque fue evidente para todos, que ella no quiso sentarse contigo en la camioneta y tampoco en el avión.
—Pues... no sé, ya no me duele la cabeza, pero no te voy a mentir papá…
sí estoy enojado, porque no es justo que se ponga de víctima.
Comprendo que cometió un error al irse de casa de la manera en que lo hizo, sin embargo, me parece que en lugar de reconocerlo y madurar, se coloca en posición en la que parece que yo soy el malo, cuando en realidad, todo esto fue provocado por ella —afirma Sam suspirando, al mismo tiempo que mira de reojo, para cerciorarse que su madre aun la tenga de la mano—.
Papá… ella estaría destrozada, si yo rechazara en algún momento sentarme a su lado, eso me dolió.
Creo que no lo merecía y menos después de todo lo que me hizo pasar hace dos días.
—En eso tienes toda la razón cariño, tampoco te mentiré, amo a la Gata y no querría otra chica para ti, porque confío en que te ama, te cuida y jamás te lastimaría, no intencionalmente, pero…
eso no significa que sea perfecta. Aún tiene que aprender, solo tiene dieciséis, y las cosas que yo hacía a esa edad…
eran sumamente irresponsables. Esa es una de las razones por las que me dediqué a criarte con responsabilidad, y aunque ella tenga una gran familia, buena educación y buenos valores, eso no significa que no cometerá errores —comenta Charlie, en tono serio—.
Cariño, básicamente en este instante, Gata está dejando atrás su niñez, y empieza a descubrir cómo comportarse como un adulto, así que…
aunque tú tengas toda la razón en este caso, no puedes exigirle tanto, cuando ella aún no ha aprendido a lidiar con ciertas cosas. ¿Lo comprendes?
—Eso intento papá, pero no es fácil para mí, porque yo tampoco he lidiado con esto antes. Ella es mi primera novia, es la primera vez que amo a alguien, y que me da tanto miedo perderla. Yo creo que… tengo derecho a exigirle cosas, aunque ella aun no haya madurado del todo.
—Lo sé cariño… tú apenas tienes dieciocho, así que ella tampoco debería exigirte mucho a ti, solo le llevas dos años, y eso no significa que sepas como afrontar todas las situaciones que se te presenten, es solo que tienes un poquito más de experíencia que ella.
—Entonces… básicamente quedamos en lo mismo —resopla Sam—.
Yo no soy rencoroso y menos con ella, pero…
sí me dolieron sus dos rechazos. Aunque…
si ella viniera ahora mismo y me abrazara, se solucionaría todo, pero por lo que veo, ella espera que yo haga algo, cuando no es mi responsabilidad arreglar nada, porque no fui yo el que causó todo esto.
Finalmente, las maletas aparecen en el carrusel, los chicos se aproximan para tomarlas y luego los cuatro salen de la terminal, a medida que avanzan hacia el estacionamiento, un par de fanáticas reconocen a Sam y se acercan rápidamente.
Agata por su parte, caminaba delante de ellos junto con Lucy, pero en cuanto escucha las voces, ella se voltea.
—¡Sam! ¡Sam! ¡Nos tomamos una foto, por favor! —dice una de las chicas.
—Sí claro —responde él, deteniéndose con una sonrisa.
La chica se para a su lado y posa sonríente para la foto, mientras que los demás se quedan observando la escena, por un lado, Charlie y Lucy sonríen al ver a las fanáticas emocionadas por hablar un instante con Sam.
Por el otro lado, se encuentra Agata, su cara es de furia total, al ver como él conversa con las jóvenes, en cambio a ella, él no le ha dirigido la palabra desde que salieron de casa.
A pesar de que la interacción no duró más que un par de minutos, para Agata le pareció ser eterna, cuando ve que él finalmente se despide de las chicas, no puede evitar exhalar y poner los ojos en blanco.
—Mamá… ¿puedes abrir mi mochila? —pregunta él, acercándose a Lucy—. Pásame una gorra, es que me olvidé de sacarla en el avión —añade al mismo tiempo que se voltea para darle acceso al bolso en su espalda.
—¿No quieres que te reconozcan? —replica ella, abríendo la mochila, mientras que Charlie y Agata, aguardan para poder seguir caminando.
—No, ahora no... Ty no está conmigo, y no estoy acostumbrado a que me aborden cuando estoy solo. Y la verdad es que no me gusta toda la atención en mí, me siento torpe… no sé. Cuando estamos juntos nos apoyamos.
—Okey cariño, lo entiendo —murmura Lucy, sonriéndole.
—¿Así no parezco tanto yo, cierto? —inquiere él, después de ponerse la gorra y los lentes oscuros.
—Pues… para mí sí pareces tú, pero para otras personas que no están acostumbradas a verte a diario, supongo que no —afirma Lucy, a la vez que siguen caminando.
—Papá, ¿tú que dices?
—Bueno no es un disfraz, pero sí les costará un poco más reconocerte —responde Charlie, mientras que Agata escucha atenta, sin opinar.
En cuanto llegan a la camioneta, los chicos meten el equipaje en el maletero.
—Súbete cariño —indica Lucy abríendo la puerta trasera y Agata se monta.
Ella ve como Lucy camina un par de pasos más y se sube en el asiento delantero, Agata suspira y se cruza de brazos, ahora que sabe que Sam se sentará a su lado.
Por su parte, Charlie entra en la camioneta y seguidamente lo hace Sam, quien al hacerlo, detalla como Agata está mirando hacia la otra ventana.
—¡Estamos en Florida! ¡Bienvenida Gata! ¡Espero que sea tan genial para ti, como lo es para todos nosotros! —comenta Charlie mirando hacia atrás y viéndola fijamente.
—Gracias… es lindo estar acá. Desde niña, siempre me hablaste mucho de las playas —añade ella, tratando de ser amable cuando la verdad es que no tiene ganas de hablar.
—Bueno… es que siempre me interrogabas por ellas. Honestamente… en ocasiones me preguntabas cosas que tenía que googlear —replica Charlie riéndose, al mismo tiempo que enciende la camioneta y comienza a conducir.
—Okey… me hicieron acordar, hubo una vez que tenías como ocho años, y le preguntaste si se podían hacer fogatas, y enseguida Charlie me miró, como diciendo ¿yo que sé?, ¿qué demonios le respondo? —comenta Lucy entre risas causando que Charlie suelte una carcajada.
Sam no puede evitar llevarse una mano a la boca, para disimular su sonrisa, al recordar eso.
—¡Ay por Dios! ¡Sí! ¡Esa es una de las cosas que busqué en Google!
—afirma Charlie, entre risas—. Ahí me enteré que solo hay dos condados, donde se permiten hacer fogatas en playas de Florida.
¿Es un dato que necesito saber? No, pero ahora tengo esa información grabada para toda la vida, gracias a tus preguntas.
—Espera… recuerdo otra, te asustaste mucho cuando Sami te contó que vio un caimán, y nos preguntaste que pasaba si estabas en un restaurante y entraba uno.
Si tenías que salir corríendo, o si los mesoneros se encargaban de atraparlos, para que las personas pudieran seguir comiendo sin asustarse —añade Lucy, sonríendo.
Por su parte, Sam está sufríendo horrores para evitar reírse, mientras que Charlie, se encuentra completamente rojo de tanto reír.
—Bueno... pero eso no me los respondieron, ¿o sí?
¿Qué se hace en ese caso? —cuestiona Agata—.
Ahora que estoy aquí, sí necesito saber esa información.
Me dan mucho miedo los caimanes, es lo único que en verdad no me entusiasmaba de este viaje, ya lo busqué en Google, y hay 1.
3 millones de caimanes en Florida. ¡Es horrible! ¡Son demasiados!
—Ay cariño, no te preocupes por los caimanes, tengo años acá y no he visto al primero entrando a un restaurante. Aunque… sería épico ver a los meseros intentar controlar a ese animal —bromea Charlie.
Durante el trayecto a casa, siguen conversando mientras que Sam se mantiene escuchando y pensativo, él recuerda con tanto amor, todas esas interminables conversaciones con Agata.
Si sus padres piensan que fueron ellos los interrogados, es porque no tienen ni la más mínima idea, de cuántas horas pasó conversando con ella acerca de todo lo que él hacía mientras estaba en Florida.
Cuando Sam tenía una pesadilla y le hablaba por Walkie en la noche, ella lo distraía y le preguntaba siempre datos sobre Florida, cosas que él tampoco conocía, pero como ya tenía su teléfono, lo googleaba y se las respondía en el momento.
Por lo que al igual que su padre, aprendió un montón de datos random, solo porque eran importantes para la Agata de ese entonces.
«Sami… ¿alguna vez nevó en florida? Por Dios…
ahí estaba yo a las tres de la mañana, buscando la respuesta en mi teléfono y por eso, ahora sé que el 19 de enero de 1977, nevó en Miami por primera vez en la historia.
¿Me sirve ese dato para algo? No. ¿Lo puedo olvidar?
: Pues tampoco.» Piensa Sam sonríendo, a la vez que mira por su ventana.
De regreso en Alabama, después de salir del apartamento de Jenny, Tyler se dirige al gimnasio, donde pasa un par de horas entrenando con pesas, cuando finalmente se regresa a casa, se encuentra tan agotado para correr, que durante gran parte del trayecto, solo trota a mediana velocidad, hasta el punto que solo comienza a caminar.
«¡Dios! Estoy demasiado cansado… no veo la hora de llegar a mi cama…»
—¡Hey! ¡Hey!
Al escuchar la voz, Tyler sale de sus pensamientos y voltea hacia atrás, donde ve a Zoe acercándose corríendo, por lo que él sonríe y se detiene para esperar que ella lo alcance.
—¿Me estás siguiendo? ¿Acosando o algo así? —bromea él, notando que está sudada y con la misma ropa deportiva que tenía temprano.