Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 6
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CAPITULO 6

En Alabama, Tyler lleva una hora corríendo desde que salió de su casa, y aún le queda un tercio de camino para poder llegar al gimnasio, mientras que avanza, pasa por las afueras de un parque y de inmediato, comienza a negar con la cabeza.

—¡Carajo! ¡¿Por qué me metí por acá?! ¡No quiero ver esta mierda! —exclama para sí mismo, al darse cuenta que se encuentra en el lugar donde su madre dijo que había ocurrido el accidente con Nicole.

Aunque anteriormente él ha pasado por allí cientos de veces, está es la primera vez que lo hace después de conocer la historia.

—Maldición… —murmura mientras mira a su derecha, detallando la avenida y vuelve a negar con la cabeza.

Tyler resopla a la vez que sigue corríendo, mientras avanza, a lo lejos ve aproximarse un camión blanco, causando que no pueda dejar de imaginarse al hombre que murió arrollado después de intentar secuestrar a Nicole.

Él piensa en como Jenny gritaba buscando a su bebé, imagina a su madre en shock, por atropellar a una niña y enseguida sus ojos se llenan de lágrimas, mientras que visualiza en tiempo real, a su padre corríendo entre los autos que van a toda velocidad por la autopista.

Es en ese instante, Tyler asimila la magnitud del peligro que todos vivieron, y la valentía de Jhon, él comprende que ese día, pudo perder a su padre, teniendo tan solo dos años de edad y con Agata sin nacer aún.

Ahora, no puede dejar de pensar e imaginarse toda la escena, mientras que sigue corríendo, cuando de pronto, detalla la entrada del parque, donde se encuentra una mujer rubia, con una niña pequeña tomada de la mano, la cual lleva entre sus brazos, el peluche de un perro.

Tyler de inmediato se frena en seco, se inclina un poco con la mirada fija en ellas, se lleva las manos a los muslos, jadeando y con el sudor cayendo a mares por sus rostros. Se queda petrificado durante unos segundos, hasta que una punzada en la boca de su estómago, finalmente lo hace reaccionar.

Él resopla una y otra vez, al mismo tiempo que camina en círculos para intentar calmarse, se quita los auriculares sintiéndose asustado, no para de pensar en todo lo que sucedió, y como ese mismo día, de un segundo a otro, toda la realidad que él conoce fuera muy diferente.

—Gracias Dios… por no dejar que mi padre muriera, por no permitir que mi madre atropellara tan fuerte a Nicole…

—murmura Tyler, mirando por un instante al cielo—.

Pero también… gracias por hacer que fuera justamente ella la que la arrollara, y no otro auto con mayor velocidad.

Gracias por la valentía de mi padre, gracias por no hacer sufrir a Jenny perdiendo su única hija y sobre todo, gracias por hacer que ese hijo de puta, se tropezara y muriera de la peor forma posible, salvando a decenas de otras niñas de ese malnacido.

Tyler suelta un suspiro largo, vuelve a mirar hacia el cielo mientras que se agarra la cabeza.

—¡Carajo! ¡Gracias por no hacer que mi madre sufriera un aborto en ese accidente! ¡En verdad gracias, por cuidar a mí hermana ese día!

Él comienza a caminar muy despacio, con las manos en la cintura, al mismo tiempo que resopla varias veces.

—¡Ay! —se queja, al sentir de nuevo la presión en el estómago.

Mira su reloj y empieza a avanzar nuevamente, esta vez trotando a mediana velocidad, pero solo recorre unos cuantos metros, cuando vuelve a quejarse.

—¡Ay carajo! Necesito… ir al baño —murmura deteniéndose con una mano en el abdomen.

Saca su teléfono rápidamente del bolsillo, mira el mapa intentando pensar hacia dónde ir.

—Me faltan como veinticinco minutos para llegar al gimnasio. Ya no puedo correr… así que será el doble de tiempo caminando.

En la pantalla de su móvil, recorre con la mirada todos los restaurantes que están más cercanos, nota tres de comida rápida y niega con la cabeza, ya que él nunca ha ido a un baño de esos, porque sus padres se lo tenían prohibido desde niño.

—Si fuera a orinar iría , pero no me sentare allí... —murmura con la mano en el estómago—. ¡No! ¡Es un puto asco!

Revisa de nuevo el mapa, y finalmente, sus ojos se abren rápidamente, sonríe al encontrar un baño limpio, seguro y disponible. De inmediato, guarda su teléfono y comienza a trotar, a la máxima velocidad que la presión le permite.

Después de unos cinco minutos, Tyler se detiene frente a un enorme edificio, camina hacia la entrada y toca el intercomunicador, mientras aguarda, rebota impaciente, en pequeños saltos con ambos pies.

—Sí, diga —responde una mujer por el intercomunicador.

—¡Jenny! ¡Soy yo! ¡Ábreme rápido!

—No soy Jenny, y… ¿quién es yo? —replica la voz.

—¡Carajo Nicole! —exclama Tyler—. ¡Ábreme rápido que me estoy cagando!

—¡¿Quién demonios es?! —refuta ella, evidentemente confundida.

—¡Soy yo! ¡Tyler! ¿Cómo no vas a conocer mi hermosa voz? —cuestiona él, indignado.

—Ah okey… —dice Nicole entre risas, al mismo tiempo que le abre.

En cuanto Tyler escucha la puerta destrabarse, ingresa a toda velocidad, atraviesa el vestíbulo y por suerte, había un elevador disponible, lo toma y de inmediato sube al décimo piso.

Por su parte, Nicole se encuentra de pie en la entrada de su departamento, ella observa cuando él sale completamente transpirado, acercándose con rapidez.

—¡Rayos Ty! ¿Qué te pasó? —inquiere ella, sorprendida—. ¿Por qué estás tan sudado?

—Ay… ¡Te amo! ¡Menos mal que estabas! —comenta Tyler, pasando junto a ella sin detenerse.

Nicole se ríe sin entender nada, mientras que cierra la puerta del apartamento, a la vez que ve como él se saca los audífonos y el teléfono del bolsillo, los deja sobre la mesa del comedor y de inmediato entra al baño que está en el pasillo.

Ella entra en la cocina aún riéndose, toma un vaso, le coloca hielo y le sirve agua, para luego seguir organizando unos platos en la alacena, después de unos minutos, suena su teléfono y ella atiende.

—Sí mamá dime... ¿de qué tipo?... pues sí, es cierto, esas orgánicas tienen más jugo.

En ese momento, Nicole ve a Tyler salir del baño y acercarse hacía donde está ella.

—¿Es para mí? —pregunta él, apuntando el vaso sobre el mesón de la cocina y ella asiente—. Gracias —agrega tomándolo con desespero mientras la mira hablar.

—No mamá... ya te dije que no... sí, sé que escuchaste, pero no es... ¡Ay por Dios! ¡No me nombres a ese idiota! Bueno… en fin, tráeme las naranjas —recalca Nicole y finaliza la llamada.

—Mmm… gracias. ¿Me das más? Es que estoy seco —comenta Tyler, respirando agitado.

—Claro. Entonces… ¿por qué demonios estás tan sudado? ¿Qué te pasó? —indaga ella, agarrando el vaso.

—Es que vengo corríendo desde mi casa, por algo más de una hora.

—¡Santo cielo! ¡Eso es un montón! —afirma ella, justo cuando su teléfono vuelve a sonar.

En cuanto lee el nombre en la pantalla, no puede evitar poner los ojos en blanco durante un instante, luego le entrega el vaso de agua a Tyler y atiende la llamada.

—Dime mamá... ¡Por Dios! ¡Claro que no! —exclama impactada—. Okey… bueno mamá, me descubriste. Te diré la verdad, estoy haciendo una orgía ahora mismo. Así que demórate más tiempo y cómprame varios test de embarazo.

Tyler no puede evitar explotar con una carcajada al escucharla, provocando que Nicole voltee a verlo sonriéndole, al mismo tiempo que niega con la cabeza y se aguanta las ganas de reír.

—¡Claro que hay hombres aquí! ¿No te dije que estoy en una orgia? Además… sabes que no me gustan las mujeres... Por eso... sí, prefiero decirte la verdad... bueno mami, pero no te olvides de mis naranjas y los test de embarazo —acota Nicole, finalizando la llamada nuevamente.

—La estás matando, eres malvada —comenta Tyler, acercándose al fregadero.

—No es así, es que no sé porque desconfía de mí. No voy a meter a ningún idiota a la casa, y menos sin decirle.

—Bueno… en mi experíencia con una madre sobreprotectora, ella se pone así de intensa, solo cuando hay un antecedente —aclara Tyler—. Así que… apoyo a Jenny, algo habrás hecho —bromea salpicando el agua de sus manos sobre ella.

—¡Basta tonto! ¡Igual eso no es mi culpa!

—¿Que desconfié de ti, no es tu culpa? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño.

—No, es del idiota de mi ex, mi única culpa… es haber sido ilusa, nada más —explica Nicole, encogiéndose de hombros—. Por cierto, te iba a ofrecer una paleta de limón, pero como estás de parte de mi madre…. ¡Entonces jódete! —añade mostrándole el dedo del medio.

—¡Nooo! ¿Cómo te atreves a decirme eso cuando estoy más que deshidratado? —replica Tyler, indignado—. Es una tortura psicológica la que aplicas conmigo, ¿me ofreces algo ácido y luego no me lo das? ¡Ay por Dios! ¡Ya se me hizo agua la boca! Aparte de que hablabas de naranjas.

—Bueno…. mejor cambia de bando —comenta ella, acercándose al refrigerador.

—Te dije que te amaba apenas te vi en la puerta, ¿es que eso no cuenta? —inquiere Tyler.

—No te creo, tú pareces de esos que dice “te amo” solo por decirlo —añade Nicole, volteando a verlo, entrecerrando los ojos.

—Estoy de tu lado. ¡Soy #TeamNicole! —afirma Tyler, señalando un estampado imaginario sobre su camiseta empapada en sudor.

Ella sonríe mientras que abre la puerta del congelador y saca un molde de silicón.

—¿Son caseras?

—Sí claro, las hice yo.

—¡Genial!

—No te burles —refuta ella, desmoldando una de las paletas.

—Es que lo digo en serio, si hablabas con Jenny de naranjas… eso quiere decir que las hiciste con limones de verdad, ¿o no?

—Por supuesto que con limones de verdad, yo no utilizo saborizantes, ni jugos en polvo. Amo todo lo cítrico —declara ella, entregándole la paleta.

—Ahh… por eso siempre le pides pie de limón a la Gata.

—¡Exacto! Estoy obsesionada con el cítrico, pero eso es culpa de mi madre.

—Espera… yo también lo amo.

—Ja-ja-ja —responde Nicole, con sarcasmo—. Solo lo dices para quedar bien, luego de estar del lado de mi madre.

—No boba, claro que no miento. Está muy buena —añade Tyler, después de saborear la paleta—. Es más, llama a mi madre, hazlo y pregúntale si estoy obsesionado o no, con el cítrico. Si es falso, tú ganas y si es cierto… yo gano.