Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 3 #3
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CAPITULO 3 #3

—Te lo juro —responde Agata, entre sollozos.

—No te creo, solo lo dices para acabar con esto.

—No Sami… yo en verdad te lo juro —afirma ella, en medio de su crisis de llanto.

—¿Qué cosa me juras?

—Que no iré a ningún lado sin decírtelo a ti o a alguno de ellos. Sami te lo juro…en serio, te lo juro.

—No puedes mentirme Agata, yo jamás lo he hecho, así que no tienes ningún derecho —declara Sam, viéndola a los ojos—.

No hagas que desconfié de ti, tú eres la única persona, que sabe por toda la mierda que pase antes.

Yo confío en ti, tú me conoces, y no es justo…

que a estas alturas, empieces a mentirme, ocultarme cosas o a hacer estupideces sin pensar, solo por el hecho de estar molesta, celosa o lo que sea.

—No lo haré Sami, no voy mentirte… no iré a ningún lado sin decirte. Perdóname.

—¡Agata júramelo! —exclama Sam, en tono serio.

—¡Te lo juro! ¡Jamás saldré de casa sin decirte a donde voy!

Sami… ya te lo juré, me siento mal, entiendo que fui una estúpida…

eso lo sé. Nunca volveré a hacer que se preocupen por nada, yo no quiero que crean que me pasará lo de Nicole —dice Agata, con la voz quebrada—.

Yo no quiero que piensen que me secuestraron o que estoy en una zanja muerta.

Por favor… perdónenme. Sami… no me dejes de amar, por favor.

—Okey, tranquila. Ya ven, abrázame —murmura Sam, abríendo los brazos—. Y deja de llorar.

Agata de inmediato se levanta de su silla y corre hacia él, lo abraza con fuerza, llorando desconsolada mientras que Sam le acaricia la espalda.

—Solo tienes que madurar y no volver a actuar como una niña tonta, porque sé que eres muy lista —susurra Sam, dándole un beso en la sien—.

Sé astuta y no busques el maldito peligro, tus padres, Tyler y yo, te hemos cuidado demasiado por dieciséis años, como para que ahora, por voluntad propia, decidas hacer estupideces y te vayas a exponer a esos riesgos.

—Lo siento… ya no me regañes, no lo hagas más —replica Agata, con la cara clavada en el pecho de Sam, mientras que lo abraza.

—Lo haré, y no pararé hasta que aprendas.

—Ya aprendí Sami, te lo juro, por lo que tú quieras, pero… ya no me regañes más —insiste ella, entre sollozos.

—¡No puedo dejar pasar esto y que sigas haciendo tonterías que terminen en una desgracia! —exclama Sam, con fuerza.

—¡Basta! —grita Agata a la vez que lo suelta, luego se da la vuelta, y camina hacia las escaleras—. ¡No me trates así! —añade antes de subir corríendo y encerrarse en su habitación.

Sam se queda de pie resoplando, al mismo tiempo que se agarra la cabeza con una mano, para luego tomar un sorbo de agua en un intento por calmarse.

—Carajo... —dice Tyler observando a Sam—. Nunca te vi tratarla así.

—No me mires de esa manera —refuta Sam, viéndolo—. Yo no hice nada malo, ¿o sí?

—No —responde Jhon con temple—. Gracias por decirle todo eso Sami, sin duda yo iba a ser igual o más duro, pero conmigo sí se enojaría más.

—Oigan perdón pero… yo me voy a ir a acostar un rato. La verdad es que me duele mucho la cabeza, y dentro de poco nos vamos al aeropuerto —dice Sam dándose la vuelta y sale de la casa.

Durante unos minutos, todo se queda en silencio mientras que Tyler termina de desayunar.

—Bueno… por ahora, que ninguno le diga nada más, ya creo que lo entendió —comenta Lauren, en voz baja.

—Igual creo que Sam se pasó —añade Tyler—. Es que él siempre la trata con pañuelo de seda, jamás lo vi gritarle y mucho menos hacerla llorar, eso es nuevo. Es que… si yo le hiciera eso a una chica, aunque sea mi novia, pues.... tengo la certeza de me dejarían en ese instante.

—Hijo... Sami no la trató de esa manera por ser su novia, más bien la regañó como un hermano preocupado, es como si tú lo hubieras hecho —acota Jhon—. Es que sin duda, él entiende que aunque Agata tiene dieciséis años, sigue siendo una niña, no la está tratando como a otra chica.

—Eso sí es cierto, yo dudo que él, le hable a otra chica de esa manera —añade Lauren.

—No, es que no lo hizo nunca —afirma Tyler—.

Yo sé la manera en la que Sami, trataba a las chicas con las que salía, y era más...

¿cómo lo explico? No sé, es que él sí era de hablar mucho con ellas, aunque eran conversaciones sin mucha relevancia, nada profundo, pero en cuanto la chica se iba, él no la mencionaba más....

Creo que yo soy el que siempre habla de las mujeres.

—Eso significa que no les interesaba, en cambio Agata, sí le importa, por eso fue así de duro —acota Jhon, entregándole el teléfono a su hijo.

—Oye papá… ¿si sabes que no me voy a desaparecer, verdad?

—Claro hijo, pero… la verdad es que, no fue Sami el que me pidió instalar al app, fui yo. Él solo dijo eso, para que la Gata no pensara, que ahora no confiamos en ella, o que la queremos vigilar.

—Okey, lo entiendo. Oigan… ya saben que la Gata es muy orgullosa, no me extraña que ahora no quiera verlo. ¿Y si ya no quiere ir a Florida?

—No… que ni se le ocurra. Ella tiene que ir, no le puede hacer eso a Lucy —afirma Lauren. CAPITULO 4