CAPITULO 3
Siendo ya las nueve de la mañana en casa de los Lambert, Jhon se despierta aun con algo de sueño, al notar mucho silencio en la casa, deduce que sus hijos deben seguir durmiendo, después de trasnocharse por la fiesta de Agata.
Él camina hacia las escaleras, pero se detiene en el primer escalón, se da la vuelta y se acerca hacia la habitación de su hija, en cuanto abre la puerta, se asoma pero no la ve, por lo que avanza para detallar que aunque la cama se encuentra un poco desordenada, las almohadas y las sábanas están medianamente bien colocadas, dando la impresión de que ella no durmió ahí.
Jhon sale de la habitación y baja rápido las escaleras, observa hacia la sala, dándose cuenta que Agata tampoco se encuentra ahí, luego entra en la cocina, desde donde revisa el living con los mismos resultados.
—Quizás se fue a desayunar con Sam —murmura Jhon para sí mismo, mientras que camina fuera de la casa.
Atraviesa el jardín, hasta que llega a la casa de los Meyer y abre la puerta.
—Hola, ¿cómo amaneces? —pregunta Charlie desde la cocina, en cuanto lo ve—. ¿Qué tal la resaca? Estoy haciendo omelette.
—Hola —responde Jhon, mirando hacia la sala—. Pues con algo de dolor de cabeza, no te mentiré.
—¿Cuántos omelette quieres?
—Dos. Oye… ¿dónde están los chicos?
—Los tuyos contigo y el mío arriba —responde Charlie, comiendo un trozo de queso.
—¿Pero no viste a Agata entrar?
—Mmm… no. Aunque fui al baño recién, quizás ello entró en ese momento.
De inmediato, Jhon comienza a subir las escaleras para llegar a la habitación de Sam.
—Hay mucho silencio, pensé que dormía —comenta Charlie, quien fue detrás de él, a la vez que abre la puerta.
En cuanto lo hace, ellos se asoman y se encuentran con Sam, acostado en su cama, completamente dormido, ambos comparten una mirada mientras que Charlie cierra la puerta despacio.
—Qué rayos… —murmura Jhon, frunciendo el ceño—. ¿Será que está con Lucy?
—Pues yo me levanté hace una hora, pero como te dije antes, puede que haya subido cuando estaba en el baño —responde Charlie, al mismo tiempo que avanzan a la otra habitación.
Al abrir y mirar dentro, ve que solo está Lucy durmiendo en la cama, en seguida, Jhon se agarra la cabeza, y se regresa con rapidez a las escaleras, al mismo tiempo que Charlie se apresura para seguirlo.
—¡Ay por Dios! —exclama Jhon, al llegar a la cocina—. ¡Esto no puede estar pasando! ¡No otra vez!
—Tranquilo… ¿Miraste en la cochera? —pregunta Charlie.
—¿En la tuya? No, no lo hice.
—No, acá no, me refería en la de tu casa. Quizás ella está buscando alguna cosa para el viaje —acota Charlie, mientras que ambos avanzan para revisar su propio garaje primero.
—¡Carajo! —añade Jhon, cuando no la encuentran ahí—. Me dará un aneurisma, esto no puede ser.
—¿La llamaste?
—No… aun no —explica Jhon saliendo, para atravesar el jardín hacia su casa—. Es que no la vi en la cama y pensé que estaba desayunando con ustedes.
En cuanto ambos hombres entran, avanzan directo hacia la puerta de la cochera de los Lambert.
—¿Gata? —dice Jhon entrando, revisa alrededor del automóvil de Lauren, sin encontrarla.
Ellos salen y caminan hacia las escaleras para subir a la planta superior.
—Yo no miré en el baño, quizás estaba allí —comenta Jhon, avanzando a toda velocidad.
Mientras que él abre la puerta y chequea el interior, Charlie ve dentro de la habitación de Agata, él también nota que la cama se encuentra muy ordenada, pero decide no mencionarlo.
Por su parte, Jhon saca su teléfono del bolsillo de su short, mientras que Charlie, se dirige hacia la puerta de Tyler, en cuanto se asoma, observa que hay dos personas acostadas en la cama.
—Hey… —murmura él, haciéndole señas a Jhon con la mano, quien al notarlo, se aproxima rápidamente con el teléfono en la mano.
Jhon suelta un suspiro largo cuando observa dentro de la habitación, se acerca a la cama de inmediato, aun sintiéndose angustiado, levanta la sábana y ve a sus dos hijos dormidos y acurrucados.
Él se lleva las manos a la cabeza, mientras que Charlie, le agarra el hombro para tranquilizarlo, segundos después, ambos salen hacia el pasillo.
—¿Estás bien?
—Sí… Carajo, creo que se me bajó la presión —resopla Jhon, mientras que bajan las escaleras—. No puedo pasar por esto de nuevo.
—¿Por qué no la buscaste allí?
—Es que Agata nunca, jamás, durmió con Tyler —explica Jhon, a la vez que se sirve un vaso de jugo—. Las veces que durmieron juntos, ha sido cuando él se enfermaba y se iba a la cama de ella.
—Entonces… eso es bueno —comenta Charlie, sonríendo.
—Lo sé, pero… ¡Carajo! —exclama Jhon—. ¡Creo que envejecí cinco años en dos días! No puedo con más angustias.
—Ya, respira… Y no te preocupes por el viaje, sabes que no nos despegaremos de la Gata mientras que estemos en Florida —afirma Charlie, apretándole el hombro—. Ella no irá ni al baño sola, Lucy no se apartará de su lado, así que puedes estar tranquilo.
—Sí, Lauren y yo confiamos en ustedes, no la dejaríamos ir de viaje con nadie más.
Al cabo de un rato, los Lambert se encuentran en su cocina organizando las despensas, cuando escuchan que la puerta de la casa se abre.
—Buenos días —dice Sam, acercándose a ellos.
—Cariño, ¿dormiste bien? —pregunta Lauren.
—Hola Sami —añade Jhon, volteando por un segundo para verlo.
—Sí… más o menos, es que estaba sintiéndome mal, pero… no le dije nada anoche a Kitty, para no arruinarle la fiesta —murmura esto último.
—¿Por qué? ¿Qué tienes? —inquiere Jhon, frunciendo el ceño.
—¿Será que te resfriaste con la lluvia? —indaga Lauren, preocupada.
—No, mamá me dijo que seguro era por el estrés y ansiedad, que eso da dolor de cabeza. Ella anoche durante la fiesta, me dio una pastilla, pero de igual manera, me dolía —explica Sam, sentándose en una de las sillas de la isla.
—Ay cariño… lo siento mucho.
—Ya me siento mejor, pero no mentiré, creo…
que quedé traumado, no quiero sentirme así nunca más.
No voy a dejar que Kitty se desaparezca de nuevo, así me odie, tendré que vigilarla, le pondré un chip o algo —declara Sam, en tono serio—.
Al menos hasta que esté más grande y dejé de pensar de esa manera, porque lo que hizo, fue muy irresponsable y peligroso.
Prefiero que se peleé conmigo, me grite por estar celosa por un maldito video, o verla llorando, a que le pase algo por ahí.
Es que sentí que me moría —añade con la voz entrecortada.
—Bueno hijo, tranquilo. Yo obviamente, aun no me he sentado a hablar con ella, es que no quería abrumarla más, además de que era su cumpleaños.
—Lo sé Jhon, y la verdad es que yo no la culpo, porque aunque ella es muy lista, aun es inmadura y no sabe manejar bien sus emociones, pero… por Dios, esa mierda fue lo peor que me ha pasado en la vida. No quiero volver a vivir algo así otra vez.
—Sami… sé que dijiste lo del chip como una broma, pero aun así, yo le voy a exigir que instale una aplicación, para poder ver en tiempo real donde está. Aunque claro, eso solo servirá si ella carga su teléfono.
—Sí, esa es una buena idea. De hecho, creo que Tyler y yo también deberíamos tener un GPS.
—¿Lo dices en serio? —cuestiona Jhon, sorprendido.
—Claro, no quiero que en algún momento, mis papás pasen por lo mismo que ustedes —afirma Sam—. Yo no pienso perderme, o irme por ahí, pero si algo me pasa, quiero que sepan dónde estoy.
—Bueno, si tú también lo haces, entonces eso sería de ayuda para convencer a Agata. Ella está susceptible, y no queremos que lo tome a mal —explica Jhon.
—Exacto, lo que no queremos, es que ella crea que la estamos vigilando, o que no confiamos en ella —añade Lauren.
—Nada que ver. Además, en mi opinión… ella no está en posición como para decir que no está de acuerdo, pienso que perdió su derecho en ese aspecto después de lo que hizo —comenta Sam, en tono serio—.
Yo realmente estoy muy enojado con ella, tampoco hemos tenido tiempo de hablarlo, pero sí se lo diré, si se quiere molestar, que lo haga.
Prefiero que esté enojada conmigo pero que aprenda que toda esta mierda, no se hace.
—¡Hola todos! —interrumpe Tyler, bajando las escaleras—. ¡Me estoy muríendo de hambre! —añade colocándose una camiseta.
—Hola cariño —comenta Lauren, sonriéndole.
—Sami, ¿llegaste hace mucho? —cuestiona Tyler.
—No, recién —responde Sam y se chochan de puños.
—Mamá, me acabo de pesar y tengo tres kilos más. ¡¿Cómo mierda subí tres kilos en una semana?! —exclama Tyler, atónito—. Es que no puede ser cierto, esa balanza en el baño, debe estar mala.
—Pero eso es bueno, ¿o no? —indaga Sam, confundido.
—Claro, sería muy bueno si fuera músculo, pero… es imposible ganar tres kilos de músculo en una semana —explica Tyler indignado, mientras que se sienta en una silla de la isla—. Me siento es hinchado.
—Hijo eso de seguro es porque comiste mucha comida basura ayer —acota Jhon, sirviéndose una taza de café.
—¡Pero papá! ¡¿Tres kilos?!
—Bueno… pero entonces no comas nada dulce por una semana y listo —agrega Sam.
—Tengo competencia pasado mañana —replica Tyler, preocupado.
—¡Ah mierda! Eso quiere decir que… ¿con esos kilos estás fuera de tu categoría?
—¡Sí Sami! —afirma Tyler, agarrándose el cuello.
—¡Carajo Tyler! ¡Entonces vete a correr o algo! ¡Mueve ese trasero!
—Voy a ir al gimnasio apenas desayune, tengo que levantar pesas. Mamá, no me des pan normal, mejor del integral, que tiene fibra y toda esa mierda que sabe horrible.
—Ay cariño… pero tú odias ese pan. La verdad no creo que por comerte dos sándwiches, te afecte mucho el peso, y más si ya vas a ir al gimnasio —comenta Lauren.
—Igual mamá, prefiero comer fibra o algo que me dé ganas de ir al baño.
—Quizás solo estás reteniendo líquido —agrega Sam—. Bebimos mucha cerveza anoche. Ty... ¿sabes si Kitty sigue dormida?
—No, ella fue quien me despertó, está en el baño, ya debe venir.
—Okey… ¿por qué te despertó? —indaga Sam—. ¿Qué quería?
—Nada —responde Tyler, con la vista en su teléfono—. Es que me dio una patada y por eso me desperté.