Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 34
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CAPITULO 34

Con Jhon conduciendo de regreso a casa, todos se encuentran mojados y cansados luego de un día tan agotador, Agata cierra los ojos, recuesta su cabeza sobre el hombro de Sam, a la vez que él le da un beso en la frente y toma una de sus manos, segundos después, ella abre los ojos al sentir que la tocan, mira hacia abajo, para darse cuenta que Tyler le tomó la otra mano, ella gira la cabeza y le sonríe.

Los chicos se quedan en silencio el resto del trayecto, mientras descansan, hasta que finalmente, notan como Jhon se detiene, pero lo hace a más de doscientos metros de casa.

—¿Que pasó papá? —pregunta Tyler.

—Nada hijo, pero tenemos que dejar que alguien terminé de hacer su trabajo antes de irse a casa —explica Jhon.

Los chicos fruncen el ceño, sin entender de qué habla, un instante después, oyen ladridos desesperados fuera de la camioneta.

Tyler voltea hacia su ventana y sonríe, apenas abre la puerta, como un vendaval Rockie salta desesperado sobre sus piernas, se acerca a Agata y comienza a lamerle la cara, mientras que ella se ríe y los demás se emocionan al ver la reacción del perro.

—¡Buen chico! ¡Buen trabajo Rockie! —dice el oficial a cargo asomado desde la puerta.

Rockie se sienta sobre el regazo de Tyler, mirando hacia el policía, a la espera de su premio. Este finalmente mete la mano a su bolsillo, saca la pelota y se la tira hacia el otro extremo donde está Sam.

De manera inmediata, Rockie se voltea desesperado y va en busca de la pelota, la toma y camina entre los regazos de los chicos, moviendo la cola, haciendo alarde del premio entre sus dientes, mientras todos los acarician.

—¡Eso Rockie! ¡Buen trabajo chiquito! —dice Tyler.

—¡Me encontraste Rockie! ¡Eres tan lindo! —comenta Agata, acariciándole la cabeza, causando que el perro se vuelva sobre el regazo de Tyler, más cerca de su dueño.

—Gata, siéntate sobre las piernas de Sam, así el oficial y Rockie se van con nosotros —añade Tyler, en cuanto ella lo hace, el oficial se sube y todos miran como Rockie sigue mordisqueando su pelota.

Jhon nuevamente conduce hasta llegar a casa y estacionarse, apenas se bajan de la camioneta, Rockie sale a jugar son su pelota por el jardín, en el instante que todos los demás descienden, Lucy y Charlie se acercan de inmediato y abrazan a Agata.

—Mi vida… estás toda mojada, ¿si estás bien? —inquiere Lucy, agarrándole al cara.

—Sí, estoy bien, todos nos mojamos, pero estoy bien no te preocupes.

Charlie le da un par de besos en la frente, abraza a los chicos y se acerca a Jhon.

—El detective me dijo que lo llamaste, que por eso se retiraban todos.

—Sí, apenas la conseguimos, le avisé.

—Solo se quedó el oficial con Rockie, quería que el perro la consiguiera antes de irse —acota Charlie.

—Sí, los chicos se emocionaron cuando el perro saltó a la camioneta, eso los agarró por sorpresa —comenta Jhon, sonriendo.

—¿La Gata está bien? —murmura Charlie, preocupado—. ¿Cómo demonios llegó tan lejos sin dinero? Toda la búsqueda estaba en este lado de la ciudad.

—Sí…, ya sé, lo mismo pensé, resulta que pidió una bicicleta eléctrica prestada en Bikestar.

—¿Una bicicleta eléctrica? ¡Ay por Dios! ¿Cómo se le ocurrió eso? ¿Cómo lo hizo si no cargaba su tarjeta? —indaga Charlie, en voz baja.

—Es que los de Bikestar ya la conocen, Agata les ha hecho varios pedidos, se la prestaron sin problema —explica Jhon.

—¡Santo cielo! ¡Pero es una menor de edad!

—Ya sé, pero ellos también me conocen a mí, ella dice que no desconfiaron, porque era hija de un comandante —acota Jhon—.

En eso tiene razón, no pensarían algo malo, pero hoenstamente, prefiero que se la hayan prestado, porque si no, ella era capaz de irse caminando, y a esta hora ni siquiera hubiera llegado.

—Bueno niños, todos a bañarse y a cambiarse de ropa, ya mismo. No quiero a nadie enfermo —ordena Lauren.

—¡Sí rápido! ¡Así comemos y comenzamos la pre-fiesta de cumpleaños de estar hermosa chica de dieciséis años! —exclama Lucy, dándole un beso en la frente a Agata.

—¡Papi!

—Sí cariño, dime —comenta Jhon, volteando.

—Sé que es tarde, pero… ¿el oficial y Rockie se pueden quedar a comer con nosotros?

—Sí ellos quieren, sí —responde John viendo al oficial.

—Oh… muchas gracias. Claro que queremos, a Rockie le encantan los cumpleaños, pero te advierto que es muy comelón.

—Iré a calentar el pollo horneado que está en el refrigerador, no podemos darle pizza, no puede ponerse gordito como Tyler —bromea Agata, mientras que entra corriendo a la casa y todos los demás se ríen.

—¿Cual gordito? —inquiere él indignado—. Todo esto son músculos —aclara levantándose la camisa y tocándose los abdominales—. Soy luchador, no puedo ser tan flaco. Estoy es duro como roca.

—¡Uhh! ¡Para ver ser si eso es cierto!

Todos escuchan decir, voltean y ven a Zoe llegar riéndose, Tyler rápidamente se baja la camiseta y pone los ojos en blanco.

—No te rías, además… tú tienes pésimos gustos, en camerinos vimos a Brandon Jones, y sin camisa es como ver a un espaguetis con patas —afirma Tyler.

—¡Genial ¡Porque yo amo la pasta! —replica Zoe de inmediato y todos estallan de risa.

Después de un rato, están todos en el comedor de los Lambert, comiendo y charlando.

—¡Ay por Dios! ¡Me parece que ellas quieren más a Rockie que a mí! —bromea Jhon, al ver a Agata y Zoe en la cocina.

—Papi… pero esto es para que él coma algo mañana —explica Agata, mientras que mete unas presas de pollo en un envase para llevar, y Zoe le coloca la tapa.

—Cariño… ¿si sabes que a Rockie le dan comida en su casa, verdad? —bromea nuevamente Jhon y el oficial se ríe.

—Jhon, pero igual, si Rockie no tiene hambre, se lo pueden dar a otros de los perritos policías —añade Zoe.

—Okey chicas… solo estoy jugando con ustedes —agrega él, despeinándolas un poco a ambas al acercarse a ellas.

Mientras los chicos salen a despedir a Rockie, Charlie que había ido a su casa, regresa al comedor de Los Lambert con una botella de whisky y dos de vino.

—¡Me leíste la mente! —exclama Jhon—. ¡Por Dios! ¡Necesito un trago triple! Qué puto día de mierda.

—Menos mal que trajiste vino, porque yo también necesito beber algo —afirma Lauren.

—Corrección, necesitamos —declara Lucy, a la vez que se levanta, para buscar varias copas y vasos.

Los cuatro siguen conversando, a la vez que beben, mientras que los chicos vuelven a entrar la casa riéndose, y caminan hasta el comedor.

—¡Ay por favor! ¡Díganme que compraron alguna cerveza para nosotros! —dice Tyler—. ¡Hoy sí que necesito una!

—Sí chicos, hay un paquete en el refrigerador —responde Charlie.

—Gracias papá, yo necesito al menos dos, la realidad es que estoy muy cansado —suspira Sam, negando con la cabeza.

—Sami… me haces sentir mal —murmura Agata.

—Perdón, pero es la verdad, no es solo físicamente, es que estoy mentalmente agotado —acota él, agarrándose la frente.

—Bueno… pero no te desmayes aun, yo las busco —comenta Tyler, mientras que sale corriendo hacia la casa de los Meyer.

—Cariño… es solo el estrés y la ansiedad, se te pasará cuando te relajes —aclara Lucy, viendo a su hijo.

—Ya sabes… tienes que relajarlo —susurra Zoe al oído de Agata.

Ella solo voltea a verla, niega con la cabeza mientras que se ríe tontamente.

—Bueno Sami… mejor siéntate —continúa Zoe, halando una de las sillas del comedor.

En cuanto él se acerca y se sienta, Zoe lo toma por los hombros y comienza a masajearlo por un par de segundos.

—¡Ay no! ¡Espera Gata! —exclama Zoe—. Hazlo tú, no quiero que piensen mal de mí.

—¿Mal por qué? Tú no estás haciendo nada —replica rápido Sam, volteando a ver a Agata.

—Bueno es que… no quiero que los demás piensen que yo ando masajeando a cualquiera, es que yo ayudo a papá o a Zac, siempre que andan contracturados por los saltos en moto —aclara Zoe—. Pero ven Gata, mejor hazlo tú.

—No sé hacerlo —dice Agata, casi matándola con la mirada.

—Es fácil, yo te muestro —afirma Zoe acercándose a Lauren, le toma el cabello y se lo recoge en un moño—.

Mira… tienes que presionar aquí con el pulgar y acá con el resto de los dedos, luego vas apretando, pero empiezas suave, porque si está muy contracturada le dolerá, entonces a medida que se descontracture, ahí le puedes aplicar más presión —explica, a la vez que empieza a hacer el movimiento sobre Lauren, quien cierra los ojos.

Justo en ese momento,  regresa Tyler y se sienta junto a Sam, ambos toman un par de latas, las destapan y comienzan a beberlas mientras que observan la escena.

—Okey… me ofrezco también como voluntaria —agrega Lucy, bebiendo un sorbo de su copa de vino, causando que los demás se rían.

—Gata… cariño dile que no entendiste, así Zoe tiene que seguir explicándote —bromea Lauren y vuelven a reírse.

—Entonces, como ves que ella no se queja, ahí puedes presionar un poco más, ser más agresiva —acota Zoe.

—Agresiva —repite Tyler en un susurro, con voz temible.

Sam se ríe, al mismo tiempo que Zoe clava su mirada en Tyler, por solo un instante, entrecerrando los ojos y no le responde nada, en cambio, continúa explicando.

Tyler por su parte, toma otro sorbo de cerveza y se queda pensativo.

«¡Carajo! estaría bueno recibir un masaje ahora mismo... Sin duda estoy conctracturado... necesito uno, pero agresivo» Tyler sonríe tontamente por un instante.

—Bueno… practíca con tu mamá, ella ya puede comparar y te puede decir si lo estás haciendo similar a como lo hice yo.

—Okey... ¿y tú que harás? ¿Ya te vas? —cuestiona Agata.

—¡No! ¿Estás loca? Obvio que no me voy, por lo menos no, hasta que me corran —acota Zoe.

—¡Como se va a ir! ¡No ves que está loquita por venir a masajearme! —comenta Tyler y los demás se ríen.

—Ja-ja-ja. Espérate sentado —replica Zoe, caminando hacia Lucy.

—Ay gracias cariño —dice Lucy sonriéndole.

Zoe comienza a recogerle el cabello a Lucy, luego se quita la pinza que trae puesta, para sostenerle el pelo en un moño, al mismo tiempo que Tyler se queda mirándole su cabellera suelta.

—Mi vida… ¿te lo pintaste? —pregunta Lauren, detallándoselo.