Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 33
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CAPITULO 33

En el asiento trasero los tres chicos se miran completamente conmovidos.

—¡Ay por Dios! —exclaman Sam y Tyler al mismo tiempo y comienzan llorar.

—¡Papá! Entonces los ramos no eran para ti —deduce Agata.

—No mi vida, siempre fueron para tu mamá —responde Jhon con la voz quebrada, mientras que Lauren se seca las lágrimas.

—Mamá… eso es hermoso, es muy hermoso. ¡Ay por Dios! mamá le salvaste la vida a ambas, esa señora en serio te ama.

—Si mi vida, saber que ellas estaban bien y que se sentían tan agradecidas conmigo de que hubiese ocurrido ese accidente fue lo que me ayudo a superar todo eso.

—¡Tyler! —exclama Agata viéndolo—. Tenías razón, es hermoso.

Tyler niega con la cabeza mientras se sigue limpiado las lágrimas.

—No, yo no sabía nada de eso, me estoy enterando —responde él, con la voz quebrada.

—¿Cómo que no sabías? Me dijiste que era hermoso y lo es.

—Sí, pero… no sabía esa parte —aclara Tyler.

—¿Es que hay más? —pregunta Agata, para luego volver a mirar a su madre—. ¿Qué más falta?

—¿No escuchaste el nombre de la señora en la nota? —replica Lauren, tomándole la mano.

—Si claro, se llama Jenny.

—Exacto mi vida... ¿a cuantas Jenny tú conoces? —inquiere Lauren.

—¡No!... —exclama Agata, atónita quedando con la boca abierta—. ¡Ay no! ¡Esa es Jenny! ¡Mamá! ¡Es Nicole! ¡La niña es Nicole! ¡Por eso Jenny es mi madrina! —añade llorando desconsoladamente.

De igual manera los chicos lloran sin parar, están tan conmovidos, que Jhon y Lauren no pueden evitar las lágrimas que comienzan a correr libremente por sus rostros.

—¡No puede ser! ¡Es que no puedo ni imaginarme que le hubiese pasado algo malo a Nicole!

—insiste Agata—. Yo crecí jugando con ella, ¿cómo puede ser que eso estuvo a punto de no existir?

Es que Jenny no puede estar sin ella, es su mejor amiga, hacen todo juntas, se la pasan viajando.

¡Es que no puede ser! —repite completamente contrariada—.

¡Mamá! ¡En serio le salvaste la vida a ambas!

¡Gracias por atropellarla! —exclama mientras se agarra la cabeza con ambas manos.

—¡Ay mi vida!. dice suavemente Lauren mientras sorbe por la nariz.

—Eso fue increíble, eres fantástica. ¡Ay por Dios! Es que no solo las salvaste a ellas dos, piénsalo… también salvaste a todas las niñas y madres, que ese hombre habría secuestrado de seguir en libertad... ¡Papá! ¿De cuántas vidas estamos hablando?

—Uff cariño… es imposible de saber, pero si ese hombre solo hubiese secuestrado a una niña por año, y eso pasó hace casi diecisiete años... tu mamá en ese accidente salvó docenas de vidas.

—Papi… ¿no estás orgulloso? ¡Porque yo sí! —afirma Agata, mirando a su madre, para seguidamente, darle un fuerte abrazo.

—Gracias mi vida, en serio… gracias por decirme eso, significa mucho para mí —confiesa Lauren.

—Mamá, necesito llamar a Jenny, tengo que decirle que venga a mi cumpleaños.

¡En serio necesito verla! Es que ella es increíble, entendió perfectamente todo, lo hizo todo tan jodidamente bien, es que es una hermosa persona, supo cómo hacer para estar cerca de ti y que Nicole te quisiera como te quiere, en verdad amo esta historia.

¡Es un milagro que Nicole siga acá! ¡Ay por Dios!

¡No voy a poder parar de llorar! ¿Cómo se supone que piense en otra cosa? ¡Esto es tan extraordinario!

—Hey… —susurra Sam, y Agata voltea a verlo—. Me encanta la madrina que tienes, creo que eres muy afortunada. Es una hermosa persona —añade mientras le acaricia la espalda.

—Sí, eso es cierto, es una persona realmente hermosa —afirma Agata.

Lauren, que vuelve a acomodarse en su asiento, le toma la mano a su esposo y le sonríe, ambos saben que su hija comprendió el contexto, y puede rectificar la opinión equivocada que tenía de Jenny.

—Oigan... necesito decir algo —interviene Tyler, causando que Agata y Sam volteen a verlo, escuchando atentos—. Bueno más que todo es para ustedes dos, porque mamá y papá ya lo saben.

—¿Qué cosa? —pregunta Agata.

—Tiene mucho que ver con lo que contó mamá, y con lo que tú nos dijiste cuando estábamos en el parque. En fin... tienes que saber que yo voy con una psicóloga desde pequeño —confiesa Tyler.

—¡Qué! ¿Por qué? —pregunta Agata, extrañada.

—Bueno no fue que yo hubiese pedido ir, siempre me llevaron, así como ir al dentista o a cualquier médico.

—Pero a mí nunca me llevaron. No sé ni cómo es un consultorio de un psicólogo —comenta Agata, confundida.

—Pues… es como una oficina normal, cuando eres niño sí hay juguetes y te ponen a pintar y cosas así.

Obviamente al estar tan pequeño, yo no sabía por qué iba, eso lo supe cuando cumplí como once, ahí lo empecé a entender mejor, le pregunté a la doctora la razón por la cual tenía consultas con ella, ahi fue que me explicó.

Gata… ella me dijo que cuando naciste, yo me puse muy celoso, que eso es normal que pase con los hijos únicos, ya que toda la atención iba solo hacia mí, y ya escuchaste a mamá decir que después del accidente, empezaron a sobreprotegerme, así que de pronto llegas tú, y en mi mente te vi como una rival, alguien que venía a “quitarme lo que era mío”, ahora tenías la atención que antes era para mí.

—¡Qué! ¿Es en serio? —cuestiona Agata, sorprendida.

—Sí —asiente Tyler—. Lo lamento, sé que dicho así, suena feo, pero no fue algo que yo decidiera hacer, era un bebé también.

Así que por eso seguí yendo, al principio me llevaban una vez al mes, era un trabajo muy lento, pero claro, yo lo que recuerdo es solo ir a jugar y pintar, no era como si me diera cuenta de que la psicóloga me estuviera ayudando a resolver el problema, cuando cumplí como siete años, empecé a ir cada tres meses, porque había mejorado, pero…

luego como a los diez años, surgió otro problema.

—¿Cual? —pregunta Sam.

—Pues tú —responde Tyler, riéndose.

—¿Yo? —cuestiona Sam, confundido.

—¿Él? —dice Agata, señalando a Sam.

—Sí… —murmura Tyler, tomándose la cara avergonzado y riéndose—. Es que decirlo ahora, y en voz alta, suena muy estúpido, así que... por favor, no sean duros conmigo. Ya les dije que es algo de la niñez, no es algo que yo hubiese planificado que pasara.

—Okey… ya dime. ¿Qué hice yo? —indaga Sam tontamente.

—Nada realmente, el problema era por ti, pero… la que lo causaba era ella —confiesa Tyler.

—¿Yo? —replica Agata, riéndose—. ¡Ay por Dios! ¿Qué hice yo?

—Pues ya escuchaste a mamá, a nosotros dos nos criaron como hermanos, Sami es más que mi mejor amigo, cuando tú naciste, el problema fue la atención de mamá y papá, esa que yo creía que tú me estabas quitando, eso lo trabajó la psicóloga y mejoré mucho, pero apenas tú cumpliste como seis o siete años, te dio la saminitis.

—¿Saminitis? —repiten Sam y Agata, a la vez mientras que se ríen.

—Sí, es que así le decía yo a la psicóloga —aclara Tyler, entre risas—.

Tú de pronto querías pasar mucho tiempo en casa de Sam, y entonces en mi cabeza era como: “No, Sam es mi hermano no el tuyo” y eso en serio me molestaba, porque si ya te había dejado ganar, al quitarme parte de la atención de papá y de mamá, entonces no dejaría que me quitaras la de mi hermano.

Es completamente egoísta, ya lo sé, de nuevo pido, que no sean tan duros, tenía nueve años cuando explotó esto en mi cabeza.

—Ty… ¿es por eso que me tratabas mal? —inquiere Agata.

—Sí, perdón —murmura Tyler.

—Pero yo pensaba que era porque me odiabas, no porque estuvieras celoso.

—No boba, nunca te he odiado, quizás sí lo hice los primeros meses cuando naciste, pero yo no recuerdo eso.

—¿Solo eran celos? —reitera ella.

—Sí, es que imagínate, que yo de pronto un día te quite a Zoe, tu única y mejor amiga, y de pronto ella deje de pasar tiempo contigo, para pasarlo conmigo, y no lo digo ahora que estamos grandes...

solo imagínate que eso hubiese ocurrido cuando tenías nueve años, con el cerebro aun de niña, ni siquiera eres adolescente, no se razona bien a esa edad, seguro hubieses enfurecido y muerto de celos.

—Okey, sí, lo comprendo, pero Tyler… ¿me tratabas mal solo por eso?

—Sí, y repito que en verdad lo lamento. Oigan, yo no soy perfecto, lo sé, y me gustaría que sepan que tengo un problema...

digo cosas que hieren y no mido las cosas, debo recordar no ser impulsivo y pensar antes de actuar o de hablar.

Eso es lo último que me ha aconsejado la psicóloga, chicos, en verdad había mejorado, pero no les mentiré, no quiero hacerlo.

Yo sentí que había mejorado mucho en los últimos años, inclusive tenía más de ochos meses sin hablar con la psicóloga, pero tuve que llamarla por lo que pasó en el concierto.

Ese día fue una mierda, explotó todo esto en mi cabeza, y esos sentimientos de cuanto tenía nueve años, regresaron a mi como un tsunami.

—¿Por qué Ty? — pregunta Sam.

—Porque era un gran día, uno por el que habíamos trabajado casi toda la vida, nuestro primer gran concierto y aparece Agata y se llevó todo lo memorable. Perdón Kitty… no quiero ser grosero contigo ni nada, solo estoy diciendo lo que me dijo la psicóloga.

—Okey, entiendo —afirma ella, asintiendo.

—Entonces… volvieron esos sentimientos de que ella estaba quitándome a mi hermano, y justo en el momento en el que a nosotros como banda, se nos abren las puertas.

Así que sentí como que me quitaba más que mi hermano, ahora era a mi compañero, mi banda, mis metas, mis sueños, eran muchas cosas que yo perdía si la dejaba ganar a ella.

Suena jodidamente egoísta, lo repito, porque ya lo sé, pero…

en todo esos pensamientos, no era como que yo quisiera lastimarlos o hacerlos infelices, realmente eso nunca paso por mi cabeza.

Lo único en que pensaba, era que quería mantener mi relación con Sami igual, y en esa fórmula no entrabas tú.

Lo siento por eso —confiesa, viéndola—. Sé que también suena horrible.

—Está bien, prefiero que me digas la verdad, a que me trates mal sin saber por qué, o peor aún, a pensar que lo haces porque me odias.

—No te odio, ya te dije que no odio a nadie, creo que al único es a Zac, que en serio no puedo verlo, pero del resto, no odio a nadie y mucho menos a ti —dice Tyler, despeinándola.

—Okey… eso es bueno saberlo.

—¿Ya lo solucionaste o necesitas que yo haga algo? —pregunta Sam—. Porque no quiero que te sientas así.

—Pues... honestamente, Kitty, hoy me asusté mucho.

No puedo, no tenerte en mi vida, me estaba muriendo al darme cuenta que te había lastimado tanto, como para que no solo quisieras alejarte de Sami, sino que también te alejaras de todos.

Eso fue un infierno para mí, eso no volverá a pasar.

Yo quiero que Sami sea feliz y también tú.

Ahora bien, que la felicidad de uno dependa de la existencia del otro, eso es casi como el karma abofeteándome en la cara, por haberme portado mal contigo, lo que ahora me obliga a meterte dentro de esa fórmula de mi felicidad.

—Espera... ¿la verdad no sé si sentirme halagada u ofendida con esa frase? —comenta Agata y todos en la camioneta se ríen.

—Okey… la intención es lo que cuenta —bromea Sam, entre risas.

—¡Es un halago! —aclara Tyler riéndose—.

Es decir… si Sami es feliz, entonces como banda funcionaremos bien, seguimos trabajando juntos, tenemos una buena relación, todo es genial, nada se altera, seguimos avanzando, así que tú entras en esa fórmula, porque si tú no eres feliz, entonces Sami tampoco, y todo se me viene abajo, ¿lo entiendes?

—Eso quiere decir… que te importa más la felicidad de Sami que la mía —analiza Agata, causando que todos se vuelvan a reír.

—Bueno… a ver...

—Ty… mejor no sigas aclarando que lo oscureces —bromea Sam interrumpiedolo.

—Espera, creo saber a qué te refieres hijo —interviene Jhon, entre risas—. Creo que hablas de una sinergia, donde la acción de un conjunto de elementos, al cooperar entre sí, logran un efecto combinado superior a la suma de los resultados que se obtendría individualmente.

—¡Exacto! ¡Eso es a lo que me refiero con lo de la fórmula! —afirma Tyler.

—Okey… dicho así si se oye bonito —añade Agata, sonriendo.

—Entonces… ahora eres parte de esta sinergia —declara Tyler, mirándola.

—Gracias, haré mi mejor esfuerzo por mantener mi contribución, para que los resultados sigan siendo óptimos. —acota ella sonriendo tontamente.

—Sí Gata, mantenlo inspirado, y tú —dice Tyler, golpeándole el brazo a Sam—. Ponte a escribir, ya quiero oír esa letra, de cómo una noche, casi te mueres bajo la lluvia, cuando una chica te rechazó en su cumpleaños, en la ciudad de los gatitos —añade muerto de la risa.

—¡Qué hijo de puta! —exclama Sam, riéndose, luego pasa por encima de Agata, y comienza a golpear a Tyler mientras los demás se ríen sin parar.