Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 32 #3
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CAPITULO 32 #3

—¡Ay no! —exclama Agata, a la vez que se lleva las manos a la cabeza—. Espera… ¿papá tú estabas con mamá?

—Sí, mi vida —responde Jhon.

—Entonces… ¿fuiste detrás de él? ¿Lo perseguiste?

—Lo hice, en cuanto tu madre frenó el auto, yo me bajé, vi al hombre huyendo de la escena, y supe que algo malo había hecho.

—Claro, es que nadie deja a una niña herida y se va —afirma Agata.

—Correcto mi vida, nadie hace eso —agrega Jhon, sonriendo.

—¿Y lo alcanzaste? ¿Lo agarraste? ¿Qué pasó? —inquiere ella, mientras que los chicos se miran entre sí.

—Sí mi vida, lo alcancé y llamé a los refuerzos, quienes se lo llevaron detenido —responde Jhon, viéndola por el espejo retrovisor.

—Qué bueno papi… ¡Qué hijo de puta! ¡Ojala aun siga en la cárcel! ¿Sabes si aún sigue preso?

—Sí cariño —dice Jhon, tomando la mano de Lauren, mientras que continúa conduciendo.

—Mamá… ¿y qué pasó con la niña?

—Pues la ambulancia se la llevó, tuvo una fractura triple y la operaron un par de veces, pero salió todo muy bien, no quedo con secuelas físicas del accidente, solo las cicatrices.

—Mami pero… si sabes que no fue tu culpa ¿verdad?

Si alguien secuestra a un niño y corre por una avenida huyendo, no es tu culpa, que aunque frenaras la atropellaras —afirma Agata—.

Es decir… ¡Ay por Dios! ¡Es que si no la hubieses atropellado, el hombre ese se la hubiera llevado! ¡A hacerle sabrá Dios que cosas!

—Exacto mi vida, tienes toda la razón —agrega Jhon, mirando con una sonrisa a Lauren—. Tu mamá ese día, le salvó la vida a esa niña, pero aun así, todo eso fue algo traumático, no solo para ella, sino también para mí.

—¿Para ti? —pregunta Agata.

Por su parte, Sam y Tyler también se hacen la misma pregunta, aunque ninguno dice nada.

—Sí mi vida, porque una cosa es ver accidentes, situaciones de peligro, involucrarte como un funcionario e ir a ayudar, pero es muy diferente, cuando tienes tres miembros de tu familia involucrados —acota Jhon—.

Gracias a Dios fuimos afortunados, ningún auto nos chocó por detrás, al momento de que tu madre frenara, pero son muchas cosas que habrían podido ocurrir.

—Espera… querrás decir dos miembros de la familia —aclara Agata—, No tres, a menos que… te contaras a ti mismo.

—No mi vida, tres —reitera Jhon—. Tu mamá, Tyler y tú.

—Pero si mamá dijo que eso pasó cuando yo no había nacido, que iba solo Tyler atrás.

—No habías nacido, pero ese día, nos habíamos enterado que yo tenía seis semanas de embarazo —dice Lauren volteándose para verla a los ojos—. Así que sí, éramos tres, bueno cuatro contando a tu papá.

—Ohh —murmura Agata, mientras que Sam se lleva las manos a la cara y Tyler se queda pasmado—. Entonces… ¿te asustaste por eso papá?

—Claro mi vida, incluso tenia malditas pesadillas donde la niña que secuestraban, era mi hija que aún no nacía. Por supuesto que eso no se lo dije a tu mamá, porque ya ella tenía su trauma por lo que había pasado —confiesa Jhon.

Los chicos se quiebran al escucharlo decir eso, siempre lo vieron como alguien fuerte, seguro, casi invencible y saber eso les hace entender tantas cosas.

—Lo siento… en serio lo siento, debe haber sido horrible —dice Agata, con la voz entrecortada.

—Sí cariño, fue difícil, a raíz de eso, yo tuve ansiedad casi todo el embarazo, y quiero que sepas, que aunque sobreprotegía a Tyler, no era solo por ese hecho, sino porque sabía de tantos casos que ha trabajado tu padre, y la mayoría de situaciones de ese tipo ocurren con niñas y no con niños, pero aun así, Lucy y yo decidimos que nuestro hijos tenían que cuidarse mutuamente —comenta Lauren—.

Es por eso que básicamente ellos estaban casi que obligados a ir a todos lados juntos, si iban al baño en la escuela tenían que acompañarse, si montaban bicicleta tenían que hacerlo juntos, porque estadísticamente, es más vulnerable un niño que está solo, a uno que está acompañado de otros niños.

—Claro entiendo, si fuera un secuestrador, buscaría a un niño alejado del grupo —acota Agata.

—Exacto. Por eso es que ellos son hermanos y nosotras sus dos mamás.

Te diré algo, pero no es para que estés triste, no te lo había dicho antes, porque sé que se puede malinterpretar —comenta Lauren, suspirando—.

Ya te conté que tuve ansiedad en el embarazo, durante el primer trimestre, yo deseaba tener un varón, y no era porque no quisiera una niña, de hecho…

siempre quise tener dos hijos, la parejita.

Pero luego de ese accidente y de la ansiedad, solo pensaba que si tuviera una niña, correría más peligro en este jodido mundo, pero si tenía un niño, no solo tendría menos probabilidades de evitar cosas malas, sino que como ya tenía dos hijos varones, pues sería un tercer hermano, que ellos integrarían y que se encargarían los tres de cuidarse, cuando no estaban a la vista de nosotros.

Agata se mantiene en silencio mientras que asiente con la mirada gacha.

—Pero eso no significa que no te quisiera, o que no nos alegráramos cuando supimos que serias niña, todo lo contrario.

Ese mismo día, pintamos de rosa la habitación.

No te mentiré, yo no sabía de las pesadillas de tu padre, él me contó eso luego de que nacieras, él se asustó cuando supo que eras niña, pero no porque no te quisiera, sino porque le daban miedo esas pesadillas, ahora que sabía que en efecto, tu serías niña.

—Y por eso es que me sobreprotegen —afirma Agata, aun asintiendo, Jhon y Lauren suspiran.

—Sí mi vida. Perdóname, pero apenas naciste, me juré a mí mismo, que jamás permitiría que te pasara nada. No es que no te queramos, o que no confiemos en ti, todo lo contrario, te amamos demasiado y desconfiamos es de la maldad del mundo que nos rodea, no de ti —explica Jhon.

—Entonces cuando esos dos chicos crecían, les pusimos reglas, no porque tampoco confiáramos en ellos, sino por la misma causa, cariño. Sí desconfiábamos del mundo —añade Lauren.

—Intentamos guiarlos y enseñarlos a discernir, a tener sentido común, a ver el peligro donde los demás niños y jóvenes de sus edades no los veían, a diferenciar el bien y el mal, a no dejarse influenciar por terceras personas y ante la duda, a que confiaran entre ellos mismos y en nadie más.

Pero conforme tu crecías, sabíamos que no tendrías esa red de seguridad que habíamos logrado que ellos dos tuvieran, sumado a que como te explico tu mamá, es lamentable, pero estadísticamente, las cifras no mienten, las niñas son las más vulnerables.

—Okey… lo entiendo —murmura Agata, suavemente.