Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 31 #3
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CAPITULO 31 #3

—¡No lo soy! ¡Él nunca me dijo nada! ¡Y si eso fuera cierto, no le regalaría una pulsera a la hija de puta esa! ¡No le creo nada! ¡No creo en nadie! —exclama furiosa.

—Ay por Dios —murmura Tyler sacando el teléfono de su bolsillo, para marcar el número de Lucy.

Jhon y Lauren observan en silencio, como su hijo pone la llamada en altavoz.

—¡Cariño! ¿Llegaron al parque? Estoy llamando a Sami pero no me responde —dice Lucy, angustiada.

—Sí mamá, ya llegamos, espera que te paso a alguien —comenta Tyler, dándole el teléfono a su hermana, quien se queda un poco conmocionada.

Agata sabe que no puede responderle furiosa a Lucy, porque eso no sería justo con ella, así que toma una respiración profunda para calmarse.

—Hola —murmura con suavidad.

—¡Gata! ¡Ay por Dios! ¿Mi vida estás bien? ¡Charlie! —grita Lucy, desesperada—. ¡Es la Gata! ¡La consiguieron! Cariño… ¿cómo estás? ¡Dime!

—Sí… estoy bien.

—¡Por Dios mi vida! ¡Sentí que me moría! ¡Estoy tan feliz ahora mismo!

—¡Gata cariño! Hola —interviene Charlie.

—Hola —susurra Agata.

—Feliz cumpleaños cariño, ya quiero darte una abrazo —agrega Charlie, sonriendo.

—Gracias….

—Oye Charlie… —interrumpe Tyler—. Dime algo, ¿tú sabes dónde compró las pulseras Sam?

—¿De qué hablas? Ya sabes que él no las compró, sino que las hizo —responde Charlie, riéndose.

—Espera… ¿me explicas? Es que no entiendo, ni cómo, ni cuándo hizo las pulseras… —insiste Tyler—. Si él no sabe hacerlas, es muy malo en manualidades.

En casa de los Lambert, Charlie y Lucy comparten una mirada confundidos, ninguno de los dos entiende lo que pasa.

—Pues… no sabía, pero vio un montón de tutoriales, además de que esta mañana, fue con Lucy a comprar los materiales y las tejió en la tarde, pero como se le complicó, tuvo que rehacerlas varias veces, así que como no le dio chance de terminarlas.

Por eso estuvo durante toda la fiesta haciéndolas —explica Charlie.

En ese momento, Agata baja la mirada hacia sus manos, para detallar las pulseras.

—¿Y cuántas hizo? —cuestiona Tyler, mientras que su hermana escucha en silencio.

—Cuatro —responde Charlie.

—¿Y a cuántas chicas les regaló pulseras?

—¡Tyler por Dios! ¡¿Qué son esas preguntas?! —replica Lucy, con rapidez—. ¿Cómo que a cuántas chicas? Sami hizo cuatro pulseras para la Gata y para nadie más, yo le ayudé a grabar las cuatro pajuelas.

—Mamá Lucy, pero no entiendo algo... ¿por qué no fue a comprarle una pulsera y ya? ¿No era más fácil y rápido? —recalca Tyler.

—Ay… es que no iban a significar lo mismo, por eso él quería hacérselas. Inclusive, para que tuvieran algo viejo y valioso, agarró las pajuelas más antiguas de su colección —acota Lucy.

En ese instante, un par de lágrimas corren por la mejilla de Agata mientras que pasa el dedo sobre las superficies de las pajuelas, leyéndolas.

—Okey, mamá Lucy, ¿te puedo hacer una última pregunta?

—Sí cariño, claro.

—¿Tú sabes cómo se llama la novia de Sam?

—Por supuesto que sí, Agata Lambert.

—Mamá Lucy... ¿lo dices en serio? —cuestiona Agata sorprendida, al mismo tiempo que se limpia el rostro, con el dorso de la mano.

—¿Sobre qué parte tienes dudas? —inquiere Lucy.

—Lo de... su novia —responde Agata, en voz baja.

—Pues sí, es en serio —afirma Lucy.

—Pero... es que… es que él no me dijo nunca eso. Es que... él solo dijo que estábamos saliendo.

—Bueno… no lo oíste de mí, pero… hasta donde sé, Sami pensaba hablarte de eso, creo que por eso le ilusionaba darte las pulseras, quería hacer algo lindo para que lo recordaras, pero no le digas que dije algo de esto, porque se enojará conmigo —puntualiza Lucy—.

Te diré otra cosa, que tampoco le puedes contar, es que me obligo a meter tres lugares más, en los sitios lindos de Florida, entre ellos…

quiere llevarte a una fábrica de peluches, donde tú misma puedes diseñarlo.

En serio está muy emocionado con eso, pero visitar esos sitios, requiere más tiempo que ya tenemos ocupado, con el resto del tour que tengo planificado.

Así que… creo que quizás tengamos que tomarnos un día más, para poder hacerlo, ¿cómo tienes tu agenda? Espero que no tengas pedidos —bromea.

Después de horas de desesperanza y dolor bajo la lluvia, Agata finalmente vuelve a sonreír.

—Yo... yo no agendé pedidos para esta semana —responde ella, mirando las pulseras.

—¡Genial cariño! ¡Entonces los espero acá! ¡Voy a pedir pizzas y pollo frito! ¡Le diré a Zoe que venga!

—¡Qué! —replica Agata, sorprendida—. Pero... es de madrugada.

—¿Y qué importa? Mi vida… es tu cumpleaños, festejaremos desde ya.

Estoy segura de que Zoe vendrá corriendo —comenta Lucy, riéndose—.

Cariño… enloquecerás cuando veas tus regalos, pero esos no los abriremos ahorita, los dejamos para la segunda fiesta.

La oficial, la que tenemos planificada desde hace meses para la noche, ¿okey?

—Está bien… Gracias mamá Lucy —dice Agata, sonriendo.

—No mi vida, no me agradezcas, más bien, gracias a ti por existir, nos haces jodidamente felices a todos. Este mundo sería miserable sin una persona tan única y hermosa como tú —añade Lucy, antes de finalizar la llamada, mientras que Jhon, Lauren y Tyler, no han podido parar de llorar.