CAPITULO 31
Siendo la una de la mañana y con la lluvia cayendo sin parar, finalmente llegan al parque de la flora Salvaje, y aunque Jhon no ha terminado de detener la camioneta, Sam abre la puerta y se baja de golpe, con Tyler detrás de él, ellos corren bajo la lluvia.
En cuanto llegan al portón de la entrada, los chicos intentan abrirlo con ambas manos, pero sin éxito, ya que se encuentra cerrado. Tyler corre uno metros, hacia una puerta y empieza a empujarla con fuerza, intenta desesperadamente, pero también está cerrada con llave.
Él se voltea, mira hacia la camioneta y le indica a su padre que no, haciéndole señas con su mano, un segundo después, voltea hacia un costado, notando que Sam, intenta trepar la cerca, por lo que corre hacia allá.
De inmediato, junta sus manos para que este pueda apoyar su pie, logrando que Sam cruce al otro lado.
—¡Por Dios! ¿Va a saltar la cerca? ¿Eso no es ilegal? No quiero que se meta en proble...
Lauren no ha terminado de decir la frase, cuando se da cuenta que Sam ya saltó, y que Tyler, también está trepándose, para unos segundos más tarde, saltar al otro lado.
—No cariño, no es ilegal mientras que yo esté acá —responde Jhon, moviendo rápidamente la camioneta para estacionarla de retroceso, junto a la cerca.
Luego abre la guantera, toma una linterna y se baja del auto para caminar hacia la cabina trasera, se sube y cuando está trepando la cerca, él siente como Lauren se acerca, levanta una de sus piernas y se sube a la defensa trasera.
—Cariño… no te mojes, regresa a la camioneta —comenta Jhon, con el agua cayendo por su rostro.
—¡No! ¡¿Acaso estás loco?! ¡Yo iré a buscar a mi hija! —exclama ella, terminando de subirse a la cabina.
Mientras tanto, adentro del parque, los chicos se detienen bajo un árbol, para resguardarse un poco de la lluvia, a la vez que Sam, revisa el mapa en su teléfono, y así saber hacia que parte se encuentran las esculturas de gatos.
—Ty… están a unos cien metros por allá —comenta Sam, señalando hacia el lugar y empiezan a caminar en esa dirección.
No pueden correr, ya que todo está muy oscuro y lleno de lodo por la lluvia, además de que hay cientos de exhibiciones y corredores de plantas, es como hacer un laberinto con los ojos cerrado.
Ellos avanzan por varios minutos, bajo la inclemente lluvia, por momentos, los relámpagos, iluminan brevemente la densa oscuridad.
—Ty… no es por acá —dice Sam, revisando de nuevo su teléfono—. Estamos a un costado, tenemos que ir es hacia allá.
Los chicos cambian de dirección, y en cuanto avanzan unos metros, logran divisar las cabezas de los gatos.
—¡Gatita! —grita Sam con fuerza.
Jhon y Lauren, que vienen como cincuenta metros más atrás, logran escucharlo, pudiendo así identificar hacia donde caminar.
—¡Gatita! —repite de nuevo Sam.
El sonido atraviesa la intensa lluvia como si fuera un eco rebotando en una cueva, y segundos después, los chicos escuchan de regreso, una palabra como si fuera un murmullo.
—¡¿Sami?!
Sam y Tyler, inmediatamente se detienen, a la vez que se miran entre ellos, para comprobar que no solo lo imaginaron, cuando se dan cuenta de que ambos acaban de escuchar lo mismo, tienen la certeza de que el sonido es real, y comienzan a correr desesperados entre los arbustos y las plantas.
—¡Kitty! ¡Ya voy! ¡Kitty! —responde Sam, angustiado.
—¡Gata! ¡Gatita! ¡No te muevas! —añade Tyler, abriéndose paso entre los setos.
En ese momento, Jhon y Lauren alcanzan a escuchar los gritos desesperados de los chicos, no pueden evitar comenzar a llorar, mientras que intentan avanzar más de prisa.
En cuanto Sam y Tyler, finalmente terminan de atravesar las paredes de setos, se encuentran con un área bastante grande y abierta, con cinco enormes gatos alrededor, los cuales son de varios colores y de unos seis metros de altura.
—¡Gatita! —exclama Sam acercándose, haciendo un paneo rápido por todas las patas de los gatos.
—¡Gata! ¡Ya di algo! ¿Dónde estás? —cuestiona Tyler, llorando mientras que gira sobre su propio eje, intentando ver entre la lluvia y la espesa oscuridad.
Sam empieza a caminar hacia una de las figuras, revisa alrededor de las cuatro patas de ese gato, luego corre unos metros, hacia la próxima figura, justo en ese momento, un relámpago ilumina por un breve segundo el área, causando que él se frene, ya que cree haber visto algo blanco por el rabillo del ojo.
En cuanto gira el rostro, hacia el gato que está ubicado a unos cinco metro de distancia, no logra divisar nada, por lo que saca su teléfono y alumbra con la linterna.
—¡Gatita! ¡Gatita! —grita de nuevo con fuerza.
A diferencia de los anteriores, este no es un grito de llamado, sino uno desesperado que proviene de lo profundo de su alma, haciendo que su voz se quiebre.
Tyler que estaba más cerca de ese gato que alumbraba Sam, sale corriendo en esa dirección, y al mirar hacia abajo, nota a su hermana acurrucada en el piso, con las piernas recogidas y sus brazos sobre las rodillas.
—¡Gata! ¡Gracias Dios mío! —exclama Tyler llorando, a la vez que se agacha y la abraza con fuerza—. ¿Estás bien? ¡Dime! —insiste agarrándole la cara—. ¿Estás bien?
Por su parte, Sam se queda en shock, después de unos segundos, comienza a gritar, con las manos en el pecho.
—¡Aquí esta! ¡Aquí esta! ¡Jhon! ¡Mamá! ¡Aquí esta! —repite con todas sus fuerzas, al mismo tiempo que se deja caer al piso, sin parar de llorar.
En cuanto Lauren y Jhon, escuchan los gritos de Sam, ambos sonríen y lloran al mismo tiempo, mientras que sienten como el alma les regresa al cuerpo.
—¡Ya voy! ¡Ya voy hija! —dice Jhon, a la vez que corre sosteniendo la mano de su esposa, y con la otra, la linterna.
—¡Mi vida ya vamos! —añade Lauren.
—¡Dime! ¡¿Estás bien?! ¡Ya respóndeme! —exclama Tyler, apartándole el cabello mojado de la cara.
—¡Déjame en paz! ¡No me toques! —grita Agata, furiosa.
Tyler agachado, se queda pasmado junto a ella, y de inmediato, aparta las manos de su cara.
—Gatita… tranquila —murmura Tyler, suavemente.
—¡No me digas Gatita! ¡Nadie me puede decir así! ¡Me llamo Agata! —replica ella molesta, justo cuando llegan Jhon y Lauren—. ¡Y no permitiré que nadie nunca más, me llame de otra manera!
Todos se quedan perplejos al escuchar sus palabras y la rabia con las que las pronuncia.
—¡Nadie nunca más volverá a jugar conmigo! ¡Ni me volverán a usar, o hacer sentir que no soy lo suficientemente buena para haber nacido! ¡Aléjate de mí para siempre! ¡Yo no tengo familia, no tengo hermano, no tengo a nadie! —grita ella con temple, sin derramar ni una lágrima.
—Mi vida… —susurra Lauren, agachándose a su lado y dándole varios besos en la frente.
Mientras que Tyler, se levanta y se aleja de ellas, sin poder dejar de llorar.
Jhon en cambio, se queda de pie, esperando, aunque necesita saltar sobre ella y abrazarla, no quiere abrumarla más, no en el estado en que se encuentra en ese momento.
—¡Mamá! ¡No soy tu vida, él es tu vida! —replica Agata, señalando hacia Tyler—.
¡Ya estoy grande! ¡No me vean la cara de idiota!
¡Él siempre fue el favorito! ¿Y sabes qué?
Llegué a un punto, en el que simplemente no me importa que sea el favorito, es que crecí sabiéndolo, nadie me lo tiene que confirmar —añade con una risa seca—.
Él lo ha tenido todo tan fácil, él es un sí, hecho persona, en cambio yo…
soy la representación de un no. Mientras que él hacía y deshacía, yo tenía que conformarme, con mucha suerte, con “un tal vez”, que evidentemente jamás se convertía en un sí.
Lauren se queda sorprendida y durante un instante, voltea para compartir una mirada de preocupación con su esposo, notando que él también se encuentra asombrado por las palabras de su hija.
—Mientras que todas mis amigas viven nuevas experiencias, yo me siento alienada, la única que me entiende es Zoe, y lo hace porque sabe que no es que yo sea rara o diferente, sino porque no tengo los privilegios que tiene Tyler, o el resto de las chicas de mi edad.
Yo no tengo voz, ni voto, pero está bien, sé que en unos años, ya no tendré que volver a oír un “No”, nunca más en la vida, porque tendré derecho a pensar y a decidir por mí misma —declara Agata.
—Basta, cariño… no estés tan enojada, todo estará bien. Ya vamos a casa, no quiero que te mojes más, te enfermarás —dice Lauren.
—¡No! ¡Más bien preocúpate por cuidarle la voz a él!
—replica Agata, mirando a Tyler—. Pobrecito…
que no se moje más, que él, es el que sí importa que no se enferme, es por el cual todos corren, cada vez que se dobla un dedo o le entra una pestaña al ojo.
En cambio yo... pues… sé cuidarme sola, no necesito ser el centro de atención, es que me acostumbre a solo existir.
—Oye cariño —murmura Jhon, agachándose a su lado—.
Entiendo que estés molesta, eso lo entiendo completamente, pero…
mi vida, estábamos preocupados por ti. Ahora mismo, quisiera abrazarte y comerte a besos.
Estoy tan feliz de verte, eres mi bebé, además de que es tu cumpleaños, el día que naciste, es uno de los más felices en mi vida.