CAPITULO 30
A pesar de que Sam se siente completamente exhausto y no siente las piernas, sigue pedaleando a toda velocidad, sabe que no se puede parar en medio de la carretera, y mucho menos estando solo.
—Sigue… solo sigue —murmura a si mismo, para motivarse.
De repente, comienza a ver destellos de luces rojas y azules, rápidamente, gira la mirada hacia atrás, para notar que una patrulla se acerca.
—¿Será que pido ayuda? ¡Carajo! No... mejor no. Ellos no me van a llevar hasta el parque.
Se mantiene pedaleando con fuerza, respirando agitadamente, cuando escucha una bocina sonar un par de veces.
—¡Mierda! —exclama, al mismo tiempo que vuelve a mirar hacia atrás.
Ahí se da cuenta, que la camioneta lo está siguiendo y que va bajando la velocidad.
—¡Sami! ¡Sami!
En cuanto escucha la voz de una mujer, Sam de inmediato clava los frenos de la bicicleta.
—¿Esa es...? —murmura, volteando de nuevo para ver hacia atrás—. ¡¿Mamá Lauren?! —grita colocando una mano delante de su cara, tratando de tapar la luz que pega en su rostro.
—¡Sí hijo! ¡Ven! —exclama Jhon, bajándose de la camioneta.
—¡Jhon! —replica Sam, saltando violentamente de la bicicleta y dejándola caer—. ¿Qué pasó? —inquiere, al mismo tiempo que corre con las pocas fuerzas que le quedan—. ¡Kitty! ¡Kitty!
Él se acerca hacia la ventana del automóvil, buscándola, pero solo ve a Lauren y luego a Tyler, por lo que se lleva las manos a la cabeza.
—¡Ay por Dios… —dice mientras que se agacha, pero sintiéndose completamente agobiado y muerto del cansancio, se deja caer al piso.
Lauren al notarlo, se baja con una botella de agua, mientras que Jhon corre a buscar la bicicleta.
—Ten cariño, bébela —susurra ella, apartándole los mechones sudados del cabello de la frente.
Sam toma la botella con desesperación, y la bebe sin parar, observando como Jhon guarda su bicicleta en la cabina trasera.
—¿Estás bien? —cuestiona Lauren preocupada, y Sam niega con la cabeza—. ¿Estás herido? ¿Te caíste?
—No… —responde él y comienza a llorar—. ¡Mamá! ¡No puedo con esto! ¡Ya no puedo más! ¡Me estoy muriendo!
Lauren de inmediato lo abraza, mientras que Tyler, dentro del automóvil, se lleva las manos a la cara, completamente agobiado.
—Hey… tranquilo —comenta Jhon, agachándose junto a ambos—. Ya vamos a buscarla, si tú dices que ella está ahí, entonces debe estarlo.
—Tiene que estar ahí… —afirma Sam, entre sollozos—. Porque no sé a dónde más buscarla.
—Sí, ya vamos —añade Lauren, levantándose.
Jhon ayuda a Sam a ponerse de pie, notando de inmediato, que este se encuentra empapado en sudor, sosteniéndolo con una mano, le abre la puerta con la otra, para que se suba.
En cuanto Sam comienza a subirse, nota que Tyler tiene un moretón en la cara, al igual que los ojos rojos e hinchados, pero solo niega con la cabeza y se mantiene en silencio, cerrando la puerta mientras que Jhon y Lauren regresan a sus asientos.
—Hijo… ¿qué demonios hacías por acá? —pregunta Jhon, mirando hacia atrás.
— Te dije… voy al parque —responde Sam, aun agitado.
—Pero pensé que te referías a un parque en la ciudad, estamos en la carretera.
—Es que este era el camino más corto —explica Sam.
—¿Qué parque es? —inquiere Jhon, arrancando la camioneta.
—El de la flora salvaje.
—¡Ay por Dios! ¡Eso está como a una hora de la ciudad! —replica Lauren.
—Sí, lo sé, pero… ya estamos a mitad de camino en auto, pero claro, en bicicleta, me hubiese demorado como unas dos horas más en llegar —acota Sam.
—¡Ya vámonos! —dice Lauren, mirando a su esposo.
Jhon asiente, ahora que sabe a cuál parque se refiere Sam, duda que su hija se encuentre allá, ya que es un lugar fuera de la ciudad, y ella no podría haber llegado caminando, tan lejos de noche, pero decide no comentar nada, porque entiende que hasta que no los lleve, no dejarán de pensar que está allá.
Él suelta un suspiro largo y comienza a conducir, al mismo tiempo que reza, para recibir una llamada de Charlie, o del detective, informándoles que los oficiales ya consiguieron a Agata.
Lauren por su parte, se voltea en su asiento, y le pasa una barra de chocolate a Sam, quien de inmediato la toma, y comienza a comerla, recostando su cabeza hacia atrás y exhalando con fuerza.
—¿Estás bien? —murmura Tyler.
Jhon y Lauren se mantienen en silencio, escuchando atentamente la conversación.
—No... Estaba por desmayarme... estoy tan cansado —responde Sam, con los ojos cerrados.
—Oye... perdóname, en verdad lo siento, yo no quería que nada de esto pasara.
—Tyler… no quiero oírte, solo déjame en paz —añade Sam suavemente, para no armar un escándalo en el auto.
—Okey —susurra Tyler, limpiándose una lágrima del rostro—. Por favor no creas que te odio, yo… te amo.
—Sí, claro —replica Sam, con sarcasmo—. Qué manera de amarme, haciendo que Kitty me odie y jodiéndome la vida.
—No lo entendía antes, pero ahora sí, por eso te pido perdón. No es como que quisiera hacerte daño, no intencionalmente —afirma Tyler, con seguridad.
—¡A ver! —exclama Sam incorporándose, y mirándolo a la cara—.
¿Cómo no es intencional que grabaras esa mierda para que Kitty la viera?
¿Cómo eso no es intencional? ¿Acaso no sabías que eso la destrozaría?
¡Claro que sí y por eso lo hiciste! ¡Así que no me vengas con mierdas y excusas rebuscadas! ¡Eso fue intencional!
—No Sami… no fue así.
—¡Claro que sí! ¡Siempre ha sido así! No vengas a mentirme en la cara, que yo he estado ahí los últimos dieciséis años.
He visto como tratas a la Gata, mientras que tú trapeabas el piso con ella, yo era el que la levantaba.
Y siempre te lo reclamé, siempre la defendí y te hacía tratar de entrar en razón, y yo te amaba tanto, que por más que sentía que era lo correcto, nunca se lo dije a tus padres, porque en el fondo…
pensé que en algún punto, entrarías en razón y pararías, pero…
no lo hiciste, y mira hasta donde llegaste.
¿Sabes qué? Ella desde pequeñita, me ha dicho algo y yo siempre le respondía que estaba equivocada, Kitty decía que ni tú, ni nadie, la amaba.
Que ella sentía, que yo era el único que la amaba.
En cuanto escuchan eso, a Jhon y Lauren se les parte el alma, pero se quedan escuchando sin interrumpir.
—Y lo más impactante, es que en realidad ahora entiendo, que esa Agata de siete años, siempre ha tenido la razón —comenta Sam—. No solo porque yo siempre la he amado, sino porque… tú, no solo no la amas. ¡En realidad la odias!
—¡No! ¡No la odio! —replica Tyler—. Solo no sabía ser un buen hermano, eso no significa que la odie —resopla angustiado—.
Sami… intento mejorar, he mejorado, había mejorado...
eso fue lo que me dijo la doctora, pero...
es que no quería perderte, y no me di cuenta que en mi afán por no perderte, los lastimaría tanto.
Sam se queda en silencio, escuchándolo mientras que continúa comiéndose el chocolate por bocados pequeños y toma sorbos de agua, para recuperarse del cansancio.
—Hoy el diablo me vio directo a la cara y me lanzó a esta maldita pesadilla, y lo entendí…
ya sé que me equivoqué. Yo solo creía que ella te gustaba y ya, ahora comprendo que sí la amas, y sé que ella también te ama, es que…
pensé que solo sería una tontería pasajera, pero me equivoqué.
Si ustedes no se amaran, Agata no se hubiese ido, y tú no estarías como un loco, buscándola por todos lados.
Y si yo no los amara a ambos… no estaría muriéndome ahora mismo, los necesito a los dos, no me dejen solo, por favor —confiesa Tyler, llorando.
—¡Obvio que no es pasajero! ¡Yo no jugaría con Agata así! ¡No soy un idiota! —replica Sam frustrado, con los ojos aguados—. La necesito más de lo que ella a mí, además… ¿cuándo te hemos dejado solo? Y... ¿de qué doctora hablas? —pregunta frunciendo el ceño.
—De la psicóloga.
—¿Cual psicóloga?
—La mía... a la misma que he ido desde que tengo uso de razón —confiesa Tyler.
—¡Qué! ¿Y por qué mierda me lo dices ahora? ¡Es que no entiendo nada! —responde Sam, cruzándose de brazos.
—¡Es todo mi culpa! —replica Lauren, llorando.
Ambos chicos se quedan atónitos, con esa inesperada intervención.
—No cariño, claro que no es tu culpa, no es de nadie —agrega Jhon, mientras conduce—. Ya mi vida, respira.
—No mamá, no es tu culpa, es solo mía —afirma Tyler.
—No hijo… es mía —insiste Lauren, volteando a verlo—. Cariño… por favor —añade mirando a Sam—. Sé que Tyler se equivocó, hizo algo mal con lo del video, pero no lo odies, esto no es su culpa, es la mía.
—¡Mamá! —interrumpe Tyler—. ¡Te estoy diciendo que es mi culpa! ¡Tú no hiciste nada malo! ¡Eres la mejor mamá que hay!
—Chicos… tengo que contarles algo. Es que... —murmura Lauren, mirando por unos segundos a su esposo, para luego regresar la cara hacia el asiento trasero—. Hace muchos años, casi mato a una niña.
—¡Que! —gritan Sam y Tyler, al unísono.
—¡No! ¡Eso no es así! ¡Tú le salvaste la vida!
¡No hiciste nada malo! —recalca Jhon en tono serio, mientras que Lauren continúa llorando sin parar—.
Cariño… cuéntales todo, pero después que lo hagas, escúchalos a ellos, y que ambos te digan si en realidad casi la matas o la salvas, porque no puedes seguir pensando así.
Lauren asiente, mientras que los chicos se quedan en completo silencio mirando hacia al frente.
—Hace unos diecisiete años, Jhon se iría por un par de meses para unas actividades en Montgomery, ustedes tenían como dos años, en ese entonces, yo no sabía manejar, así que él me compró un auto, un sedán, para que pudiera movilizarme mientras él no estaba.
Tomé clases de manejo, hice la prueba y me dieron el permiso de conducir, al día siguiente, él tenía que ir a trabajar y para poder practicar más, decidimos que yo lo llevaría en mi auto —comenta Lauren, soltando un suspiro.
Tyler y Sam comparten una mirada entre sí, mientras que ambos se notan visiblemente confundidos, no entienden a que quiere llegar Lauren, y que tiene que ver esto, con lo que discutían.