CAPITULO 29
Luego de varios minutos, Sam sigue pedaleando, hasta que finalmente se acaban las calles residenciales.
—¡Solo calmate! —se grita a si mismo, deteniendose—. Respira y piensa como Kitty... ¿a donde iría? ¡Carajo!
Él se baja de la bicicleta, y camina unos pasos, angustiado, intentando decidir que hacer.
—Claro que lo sé, yo soy quien más la conoce... ¿Qué es lo que no estoy viendo? —inquiere soltando un suspiro.
Durante un instante, levanta la cabeza y se queda mirando, el cielo estrellado sobre él.
—¡Esto es una mierda! ¡Un día de mierda! —exclama frustrado, para después quedarse en silencio, mientras que piensa—. ¿Un día de mierda? ¡Carajo! ¡Ya sé a donde irá!
Sam se sube rápidamente a su bicicleta, y comienza a pedalear a toda velocidad, tomando la carretera y alejándose por completo, de la zona residencial.
Cuando ya son las once de la noche, y han pasado como unos cuarenta y cinco minutos, Sam escucha su teléfono sonar. Sintiéndose completamente exhausto, de tanto pedalear, decide detenerse a un costado de la carretera, toma su celular, y al mirar la pantalla, se da cuenta que es una llamada de Jhon.
—¿Qué pasó? ¿La consiguieron? —preguntan jadeando.
—No, hijo aún no. ¿Dónde estás? Me dijeron que te fuiste con Tyler a buscarla.
—Sí, eso hago.
—Okey... oye cariño, necesito que me digas algo, ¿sabes si Agata tiene alguna otra tarjeta de crédito que yo no conozca? ¿O tú le has prestado alguna de tus tarjetas? —cuestiona Jhon.
—No… ella solo tiene una, la que ustedes le dieron —responde Sam, respirando agitado—. Y yo no le he prestado ninguna, ella nunca me ha pedido dinero.
—Okey hijo, gracias.
—Oye Jhon...
—¿Si?
—Creo saber a donde fue Kitty, estoy yendo para allá.
—¿A dónde?
—A la ciudad de los gatitos.
—Espera... ¿“un maullido en la ciudad de los gatitos”? ¿A eso te refieres?
—Sí, justo a eso.
—Hijo, pero... es una ilustracion en un disco, no es un sitio real, no te entiendo.
—Ya sé, pero... tambien sé de un parque que tiene unas figuras gigantes de gatos. Eso es lo más parecido a la ciudad de los gatitos.
—Cariño, entiendo la metáfora, pero... es poco probable.
—No Jhon, es que yo sé que ella piensa que esa es la ciudad de los gatitos, no solo lo estoy suponiendo —afirma Sam, en tono serio—. Ella me lo dijo una vez.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—Pues fue una tontería, hace ya muchos años, pero... Kitty me dijo, que vió en las noticias, cuando en un parque innauguraban unas esculturas gigantes, mencionó que se parecian mucho a la ciudad de los gatitos. Yo... siento que está ahí.
—¡Comandante! —exclaman desde la puerta de la casa de los Lambert.
—Hijo, me necesitan adentro, ahorita te vuelvo a llamar.
—Okey —murmura Sam, finalizando la llamada y guardando su teléfono, para continuar pedaleando en medio de la noche.
Jhon entra en la casa, donde conversa unas palabras con uno de los oficiales, para luego regresar junto a los demás en el jardín.
—¿Y? ¿Qué te dijo Sami? ¿Le prestó una de sus tarjetas? —pregunta Charlie.
—No, y también me confirmó que Agata no tiene más tarjetas, solo una.
—Okey, eso es bueno —añade Lauren.
—Oigan... Sami me dijo algo recién, es que... él cree saber dónde está Agata. Aunque es solo una corazonada, o mejor dicho, una suposición, pero no coincide con nada de lo que el equipo y el detective, creen que ha pasado —comenta Jhon.
—¡¿En donde?! —inquiere Lauren, agarrandole el brazo a su esposo.
—Bueno cariño... no te ilusiones, es complicado porque es solo una metáfora. ¿Viste la carátula del disco que tiene Agata pegada en la pared junto al televisor?
—Claro, el de la ciudad de los gatitos.
—Ese fue el disco que le regaló Sami —dice Lucy—. Lo conseguimos en una venta de segunda mano, en cuanto Sam lo escuchó, dijo que era horrible, pero lo compró solo porque le gustó la carátula.
—Ese mismo, es que... Sami dice que Agata hace varios años, vió que innauguraron en un parque, unas figuras gigantes de gatos, y que le comentó, que ese lugar se parecía a la cidad de los gatitos —explica Jhon.
—¿Y él cree que ella está allá? —pregunta Lauren.
—Sí, eso cree, incluso me dijo que va para allá.
—¡Ay por Dios! ¿Y por qué demonios no estamos yendo a buscarla? ¡Ya casi es media noche! ¡Mi bebé está sola e indefensa en un maldito parque! —exclama Lauren, quitándose la frazada de encima y la tira al suelo—. ¡Mi bebé va cumplir años y está desaparecida! —añade llorando.
Jhon suelta un resoplido, al mismo tiempo que mira hacia un lado, donde se encuentran los oficiales dentro de su casa, para luego voltear al otro costado, y ver a su esposa con lágrimas en el rostro.
Su corazón de esposo y padre, solo quiere hacer lo que Lauren y Sam sienten, pero su cerebro de policía, lo hacen guiarse por los hechos, las evidencias y procedimientos. Al bajar la mirada, nota el gato de peluche en los brazos de su esposa, y suelta un suspiro.
—¡Jhonson! —dice Jhon, y el dectective rápidamente se acerca a la familia—.
Mira, él es Charlie Meyer y ella es su esposa, Lucy, ellos viven en la casa de al lado, no solo son nuestros vecinos desde hace veinte años, sino que tambien son los segundos padres de mis hijos.
Yo necesito salir un momento, si tienes cualquier novedad, te ordeno que de inmediato se la informes a ellos, al igual que si tienes cualquier pregunta para Sam, ellos son sus padres. ¿Lo entendiste?
—Sí, comandante.
En ese momento, Lauren toma la mano de Lucy, ambas se miran fijamente por unos segundos, sin decirse nada, pero antes de irse, Lauren le entrega el peluche. Charlie y Lucy se abrazan, mientras que ven, como la camioneta de Jhon, se aleja en la oscuridad.
Durante el trayecto, Jhon enciende las luces de policía mientras que conduce.
—Entonces... ¿llamo a Tyler para que me digan donde están y así los alcanzamos? —pregunta Lauren.
—No cariño, Ten —dice Jhon, entregándole su teléfono—. Abre la aplicación del rastreador de bicicletas, busca la de Tyler y abres el mapa para ver por donde van.
Lauren lo hace y mira con detenimiento la ubicación en tiempo real.
—Okey... se está moviendo —comenta ella y luego frunce el ceño—. ¡Qué! Este gps debe estar mal, porque dice que va por la ruta 143.
Jhon se extraña cuando la escucha y tambien frunce el ceño, al mismo tiempo que orilla el automóvil y se detiene.
—Dejame ver, cariño —murmura tomando su teléfono y revisa la aplicación—. Sí, que raro.
Él abre el recorrido que ha realizado Tyler, para verificar si es un error, cuando observa el mapa, visualiza qué luego de salir de casa, recorrió todas las calles residenciales, y que después, fue por la carretera varios kilómetros, hasta llegar a la ruta 143.
—No cariño... no está mal, en verdad se encuentra por allí.
—¡¿Pero cómo?! ¡Eso es muy lejos! —replica Lauren, confundida.
—Sí, lo sé, pero tiene más de una hora pedaleando, asi que sí puede llegar tan lejos, en ese tiempo. Tú tranquila, que en la camioneta, lo alcanzaremos muy rápido, no te preocupes —afirma él, entregándole de vuelta el teléfono, para que vaya viendo el trayecto de los chicos.
A partir de ahí, Jhon conduce sin parar, a toda velocidad, con las luces policiales encendidas. Unos diez minutos después, finalmente llegan a la ruta 143.
—¡Ay por Dios! ¡Esto está horriblemente oscuro! No entiendo como pudieron venirse por acá, es muy peligroso.
—Tranquila, ya falta poco para alcanzarlos —comenta Jhon.
—Cariño... ya estamos muy cerca de ellos —dice Lauren, viendo el punto rojo en la pantalla.
—Sí, allá se ve una luz trasera de bicicleta —afirma Jhon.
Él comienza a tocar bocina, reiteradas veces, mientras que se estaciona en la orilla.
—Mi vida, espera aca —indica Jhon bajándose del automóvil.
Apoyándose con las luces delanteras de la camioneta, logra ver una bicicleta detenida a unos ocho metros, delante de él.
—¡Ty! ¡Soy yo, papá!
—¡Papá! —grita Tyler, dando la vuelta y acercándose—. ¡Ya voy!
—Cariño, ¿te encuentras bien? —pregunta Jhon, cuando lo tiene en frente.
—Sí... sí —responde Tyler, entre jadeos rápidos.
—¡Por Dios, hijo! ¡Estás empapado de sudor! ¡Sami apúrate! —exclama Jhon, hacia la negrura de la noche—. Vamos, les traje agua.
Jhon toma la bicicleta, y la coloca en la cabina trasera de la camioneta, mientras que Tyler, se queda parado a un costado.
—Hola mi vida. ¡Menos mal que estás bien! —añade Lauren, asomándose desde la ventana—. Oigan... ¿y Sami?
En ese momento, Jhon voltea de nuevo hacia la calle, pero se da cuenta que Sam no se acerca.
—No, es que... él no está conmigo —aclara Tyler, bajando la mirada.
—¡Qué! —replican Jhon y Lauren, al mismo tiempo.
—¿Y dónde demonios está? —cuestiona Jhon, frunciendo el ceño.
—Pues él va mucho más adelantado, no lo he podido alcanzar, y como esta parte es subida, por más que pedaleo, no lo alcanzo. Estoy muy cansado, porque... no comí nada de cena, ya estaba mareandome y tengo mucha sed —explica Tyler, jadeando.
—¡Ay por Dios! Cariño... ya súbete —ordena Lauren, mientras que busca en la guantera, algunas barras de chocolate, que siempre compra para su esposo.
Sin pensarlo mucho, Tyler se monta en el asiento trasero, al mismo tiempo que Jhon, da la vuelta, y se regresa a su asiento, para después voltear y entregarle un par de botellas de agua, que tomó de la cabina trasera.
Tyler las recibe, y se las bebe casi sin respirar, cuando ve que Lauren está destapando el chocolate, Jhon enciende la luz interna de la cabina.
Ambos se quedan sorprendidos, al ver su su hijo tiene un enorme morado en la boca.
—¡¿Que te pasó?! —exclama Lauren, angustiada.
—¿Y ese golpe? —inquiere Jhon.
—No es nada... tranquilos —responde Tyler, tomando el chocolate de la mano de su madre.
—Oye... comete el chocolate tomas un poco más de agua, y luego me explicas, ¿cómo es que a Sam, se le ocurre dejarte atrás, en la noche y en medio de una carretera desolada? Eso no tiene sentido, ninguno de los dos debía estar por acá y menos separarse —recalca Jhon.
—Sí y explicalo rápido, porque ahora estoy nerviosa, de que Sami también anda solo por ahí —agrega Lauren.
Tyler asiente mientras traga con rapidez, y toma otro sorbo de agua.
—Bueno... es que... Sam no me dejó atras, él no sabe que lo estoy tratando de alcanzar.
—Pero eso no tiene sentido hijo, ambos cargan sus teléfonos, lo llamabas, le decias: “Oye, espérame, que voy siguiéndote.” ¿Qué clase de explicación es esa? —inquiere Jhon.
—Lo sé papá... Lo que pasa es que Sam está enojado conmigo, no me quiere ver, por eso no intenté llamarlo.
—¿Enojado? —cuestiona Lauren.
—Sí mamá —murmura Tyler, suspirando—. Oigan...
por favor no me odien, por favor... se los pido.
Yo no quería que nada de esto pasara, solo fui un idiota.
Hice algo queriendo una cosa, pero... al final, pasó toda esta mierda...
Estoy jodidamente arrepentido, sé que fui un imbécil, ahora entiendo, quisiera que fuera una pesadilla.
Necesito a la Gata… la necesito conmigo…
yo no quiero nada de esto... no lo quiero más —explica rápidamente, atropellando las palabras, al mismo tiempo que empieza a llorar.
—Hey... respira hijo, ¿de qué estás hablando? —pregunta Jhon confundido, compartiendo por un instante, una mirada con su esposa.
—¡Papá! ¡Perdóname¡ ¡Yo fui quien hizo el video del beso de Gia! ¡Por eso mi hermanita se fue! ¡Es mi culpa! ¡Todo esto es mi culpa! —confiesa Tyler, entre sollozos—. Sam me odia, y por eso me golpeó, me lo merecía por hacer algo tan malo.
En ese momento, Jhon se queda atónito, y se lleva ambas manos a la cabeza. Él ya sabía que Tyler fue quien publicó el video, y también que había decidido borrarlo una hora más tarde, eso se lo había informado el oficial, que revisaba las redes sociales de Agata.
Aunque él tenía toda esta información, decidió que no era el lugar adecuado para comentarlo, porque Sam creyó, que el video habia sido posteado por la misma Gía, si contaba la verdad, sabía que se formaría una discusión entre ambos, lo cual solo agravaria más la situación.
—¿Qué video? ¿Cuál beso? ¿Cómo que Sami te golpeó? ¿Qué rayos está pasando? ¡No entiendo nada! —exclama Lauren, confundida y preocupada.
Jhon resopla mientras que en su mente, va atando un montón de cabos sueltos.
—¡Perdón papá! ¡Perdónenme! Yo amo a la Gata, en serio la amo, yo sé que no soy un buen hermano... lo sé. No lo pensé bien, lo hice sin saber que ella actuaría así, ¡Soy un idiota!
Jhon escucha atento, al mismo tiempo que su mente, va comparando lo que Tyler cree que pasó, versus lo que Sam, pensaba que había pasado.
—Es que obviamente ella reaccionaría así, si dejó de hablarle a Sami todo un año, solo por la estupidez con la gemela, cuando ellos dos no tenian ninguna relación...
¿Cómo no iba a enloquecer si ahora ve a su novio, besándose con otra y regalándole una pulsera?
Qué justamente era lo único que ella inocentemente quería...
Por eso se volvió loca, rompió su teléfono contra el piso y se fue.
¡Perdón! ¡No merezco que sean mis padres!
Ustedes no merecen un hijo así, como yo, deberian tener uno como Sami -Tyler murmura lo último, con la voz quebrada por el llanto.
—¡Por Dios! ¡Ya expliquen! ¡¿Qué es lo que está pasando?! —exclama Lauren de nuevo, agarrandose la cabeza.
Jhon traga grueso, intentando contenerse, está saturado de emociones y pensamientos.
—Es que Agata... vió un video de Gía, la chica del festival, dónde esta mostraba una pulsera tejida, con una pajuela y la letra “G” dentro de un corazón —explica Jhon.
—Okey... ¿y que tiene eso de malo?
—Es que la Gata conoce los diseños de las pajuelas de Sami, pues al verla, seguramente notó que era de él y luego en ese video... Gía le roba un beso en la boca a Sami —agrega Jhon.
—¿Y todo eso lo vió ella hoy? —cuestiona Lauren, frunciendo el ceño.
—Sí mamá, por eso todo es mi culpa, ese video lo grabé en la fiesta y minutos después, me enteré de que Agata había desaparecido —acota Tyler.
—¡Ay por Dios! —murmura Lauren, angustiada—. ¡Jhon conduce! ¡Hay que encontrar a Sami ya mismo!
—Mamá perdóname, yo jamás querría que le pasara nada a la Gata, es mi hermana, mi única hermanita —dice Tyler, entre sollozos—. Sé que no lo parece, que no se lo demuestro, pero... yo sí la amo —añade llorando histérico.
—Primero, cálmate hijo —replica Lauren, suspirando—. Sé que la amas, ahora tenemos que buscar a Sami y luego conseguir a Agata, esa es la única prioridad, todo lo demás puede esperar.