Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 28 #4
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CAPITULO 28 #4

—No, solo te acompañaré a buscar —responde Tyler, jadeando.

—Okey —murmura Sam.

Ambos comienzan a pedalear de nuevo, mientras que miran hacia los lados.

—¡Kitty! —grita Sam, después de unos minutos.

Cuando Tyler oye ese primer grito, empieza a sudar frio, toma una bocanada de aire, e intenta con todas sus fuerzas, no derrumbarse de nuevo, pero el ruido mental no le ayuda.

—¡Kitty! —repite Sam, con fuerza.

—¡Gatita! —grita Tyler, sin poder aguantarse más, a la vez que se viene en llanto, mientras sigue pedaleando.

Sam siente un escalofrío, que le recorre todo su cuerpo, eso que escuchó fue más que un llamado, fue un grito desesperado, él nota la desolación y angustia en la voz de Tyler. Él toma una respiración profunda, quebrándose nuevamente, al mismo tiempo que sigue pedaleando y llamando a Agata.

Los chicos se mantienen juntos, al cabo de unos minutos, ya han recorrido cerca de un kilómetro.

—Ty entremos acá —dice Sam, desviandose a la derecha en una esquina, para entrar al enorme jardín de una casa abandonada.

—Sami... no creo que esté allí, ella siempre le tuvo miedo a esta casa. No se metería ahí, por nada del mundo y menos de noche —acota Tyler.

—Ya lo sé, pero tenemos que revisar todas las calles cercanas, y esta, es la última que nos falta —aclara Sam, bajándose de la bicicleta.

Él enciende la luz de su teléfono, y mientras que camina, ilumina el jardín con detenimiento, Tyler por su parte, también hace lo mismo.

Los chicos siguen llamando a Agata, una y otra vez, a la vez que continúan recorriendo los alrededores del abandonado jardín, donde hay mucha maleza.

—¡Kitty! —exclama Sam, cuando de pronto oye movimiento, a varios metros en un costado—. ¿Sentiste eso? —inquiere enfocando la cara de su amigo con la luz.

—Sí lo escuché —confirma Tyler—. ¿Gata eres tú? ¿Estás ahí?

Ambos avanzan hacia ese lugar, pero luego vuelven a escuchar, como se mueve la maleza, esta vez hacia el otro costado.

Ellos giran hacia allá e iluminan ese sitio, al hacerlo, ven como aparecen de la nada dos ojos brillantes, su verdor resplandece, en medio de la oscuridad, observándolos fijamente con una mirada penetrante.

Los chicos se quedan inmóviles, manteniendo el contacto visual con esos ojos verdes durante un par de segundos, pero de repente, estos se desaparecen, entre la espesa maleza.

Tyler grita con tanta fuerza, está completamente aterrado, sintiendo como el corazón se le sale por la boca. El remordimiento y la culpa, acaban de darle una mirada fija a los ojos.

—¡Cálmate! ¡Cálmate! —comenta Sam extrañado, al no entender porque tiene tanto miedo—. Solo era un gato grande, uno salvaje, o algo asi.

Tyler no lo escucha, sino que en cambio, sigue gritando completamente aterrorizado, casi en un estado de pánico.

—Ty, tranquilo. Ya se fue —afirma Sam con voz suave, al mismo tiempo que lo toma de los hombros, para intentar calmarlo.

«Sami es bueno conmigo, intenta ayudarme dejando de lado su dolor, él está muriendo de angustia por mi culpa, y aún así sigue preocupándose por mi. Yo causé todo esto.»

—¡Es mi culpa! ¡Todo es mi maldita culpa! -grita desesperado.

—¡No! ¡Ya cállate! Nada de esto es tu culpa, no digas eso.

—Es mi culpa —repite Tyler, angustiado—. Yo hice un video con Gia y tu pulsera, yo fui quien grabó cuando ella te besó, y algo en mi pecho... me dice que la Gata vio ese video y que por eso se fué —confiesa con la voz quebrada.

—¡Qué! —exclama Sam, dando un paso hacia atrás y soltándolo de inmediato—. ¿Fuiste tú? ¿Tú fuiste quien hizo ese maldito video?

—¿Sabes sobre eso? —cuestiona Tyler, sorprendido.

—¡Mierda! —grita Sam, molesto—. ¡Claro que sé!

Para eso fue que Jhon me llamó, porque el detective le dijo que me los mostrara, pero él me dijo que no les dijera nada.

¿Hiciste que tu papá me viera besando a otra chica?

¿Hiciste que Kitty viera eso? ¡Qué demonios pasa contigo!

¡Estás enfermo! ¡¿Por qué me odias tanto?

! ¡¿Por qué no me dejas ser feliz?! ¡Maldita sea!

—añade histérico, para luego alejarse, volviendo a su bicicleta.

—¡Sami! ¡Sami! ¡Perdón! ¡Perdóname! No te odio... todo lo contrario.

—¡Tyler cállate por una maldita vez en tu vida y alejate de mi! ¡No te quiero ver!

—¡Sami por favor! —suplica Tyler, agarrándole el brazo.

Sam de inmediato se gira, cierra su puño derecho y le lanza un golpe directo a la cara, el cual impacta en la parte izquierda, de la boca de Tyler, dejándolo petrificado.

—¡Reza para que que Kitty aparezca y este sana! Porque no seré yo el que te mate, y tampoco lo hará tu papá, sufrirás mucho y luego morirás, lo que te matará, será tu podrida conciencia. ¡No tendrás paz, el karma no te dejará dormir!

Sam de inmediato se sube a su bicicleta, se aleja pedaleando a toda velocidad.

Mientras que Tyler, se queda de brazos cruzados llorando, observando como la luz trasera de la bicicleta solo se aleja cada vez más. Al cabo de unos segundos, él escucha como el viento, trae el susurro de un “Kitty”, y por primera vez en la vida, se siente solo.