CAPITULO 28 #3
—No cariño, pero en ese caso, ella se hubiera llevado su cartera, el teléfono o algo de dinero —refuta Jhon—.
Y te digo algo, ella no rompería por nada del mundo un espejo, además de que mi maleta también está abollada, y justamente ayer, le pedí encarecidamente, que me la cuidara.
Agata es muy cuidadosa, tú más que nadie lo sabes.
Así que, comprendo lo que dices, pero las evidencias indican que algo pasó ahí, y por eso salió de la casa.
Oye… no quiero asustarte más, pero… ella estaba como huyendo de alguien, eso es lo que el detective y los oficiales piensan hasta este momento.
—Sí estaba huyendo asustada, pudo haberse escondido en mi casa o en la de Zoe —acota Sam—. Jhon… eso no tiene sentido.
—Sé que no tiene sentido, pero cuando una adolescente tiene miedo, no actúa con mucha lógica, no como lo haría un adulto.
A esa edad, no se razona de la misma manera y menos en situaciones de estrés, por eso hay tantos oficiales ayudándome a entender —comenta Jhon—.
Pero no te preocupes, aunque veas muchos policías acá, tienes que saber que hay diez veces más, buscándola en terminales, tiendas, en la preparatoria y estaciones de servicio.
Tengo a un montón de hombres, buscando activamente en todo este perímetro de la ciudad.
—Okey… dime que puedo hacer. Es que yo no me puedo quedar solo esperando, y menos después de ver eso —comenta Sam, señalando hacia la habitación.
—Por ahora, solo necesito que estés tranquilo, porque te estaré haciendo más preguntas, cada vez que el detective consiga alguna pista o algún indicio. Tú eres quien más la conoce, ella confía en ti.
—Comandante —dice uno de los oficiales, causando que Jhon y Sam volteen—. Esto estaba debajo de la cama —añade mostrándoles un radio de princesas.
Jhon vuelve su cara hacia Sam, solo por un instante, para notar como las comisuras de los labios de este, descienden, a la vez que se le aguan los ojos.
—Sí está bien, yo se lo regalé —aclara Jhon, al policía—. Solo lo usa con nuestra vecina, tiene su misma edad, ella es quien tiene el otro radio.
Sam avanza por el pasillo, agarrándose la cabeza mientras que continúa llorando.
—Hey… vamos —murmura Jhon, tratando de mantener la compostura—. Tomemos un poco de agua y acompáñame, necesito respirar un poco de aire.
—Jhon… —susurra Sam, entre sollozos, con la respiración agitada.
—Sí, dime.
—Puedo... ¿puedo agarrar el peluche de su cama? —inquiere Sam, sorbiendo por la nariz—. El gato de ojos verdes.
—Claro cariño, ya te lo busco —responde Jhon, entrando a la habitación y tomándolo.
Él y Sam bajan las escaleras, con este último abrazando el peluche del gato, mientras que en la sala, el detective Johnson lo está esperando.
—Comandante... ya tengo reportes de varias patrullas, le mostraré los lugares.
—Perfecto. Oye cariño… —murmura Jhon, mirando a Sam—. Ve afuera con los demás, trata de que estén calmados, ayúdame en eso.
Sam le asiente y sale de inmediato al jardín, en cuanto se acerca al resto de la familia, se da cuenta que ellos esperan alguna información de su parte.
—Bueno… ya revisaron su teléfono, resulta que Kitty no habló, ni se escribió con nadie más, que no fuera Zoe, conmigo o con ustedes dos —comenta señalando a Lauren y Lucy.
—¿Y para qué te hizo entrar papá? —pregunta Tyler.
—Me preguntó que para que la había llamado tantas veces, pues obviamente al detective le debe haber parecido raro, o sospechoso, ver como cien llamadas seguidas mías, pero yo solo estaba preocupado.
—Oye hijo, eso no es raro, está bien —afirma Charlie, apretándole el hombro—. Solo estabas preocupado, no te angusties por eso.
—Oigan… necesito sentarme, estoy cansado —murmura Sam, alejándose del grupo y caminando hacia el jardín.
Él se queda sentando bajo un árbol, apoyando su espalda al tronco, en medio de la oscuridad de la noche, mientras que sostiene el peluche en sus manos y cierra los ojos para pensar.
Mientras que todos aguardan angustiado, Tyler está impaciente, camina una y otra vez por el jardín, alrededor de la casa, no puede quedarse quieto, porque sus pensamientos lo están atormentando.
«¡Que hice! ¡Es mi culpa! ¡Mi maldita culpa! ¡Todo esta maldita pesadilla es mi culpa!... Kitty perdóname, fuí imbécil, te necesito acá, por favor no quiero esto, no puedo estar sin ti, eres mi hermanita y te amo. ¡Es mi culpa, lo sé! ¡Yo debía cuidarte!»
A medida que pasa el tiempo, Sam se mantiene sentado contra el árbol, hablando consigo mismo.
—¿Donde estás, Kitty? Necesito saber que estás bien.
Él baja la vista hacia sus manos, a pesar de que todo está oscuro, los ojos color verde del peluche de gato, sobresalen en medio del pelaje negro, al detallarlos, Sam solo puede pensar en los ojos de Ágata.
—“Tu familia feliz gatuna” —susurra, a la vez que abraza el gato con fuerza.
En ese momento, su vista se enfoca en la pulsera qué tiene en su muñeca, esa misma qué le quitó a Ágata, y se mantiene viéndola fijamente.
—Lo que dice Jhon tiene sentido, pero... sí viste ese video. ¡Ay por Dios! ¡Todo es culpa de Gia y su maldito video de mierda! Por eso es que te fuiste, tengo que encontrarte Kitty, me debes estar odiando, y... ese sería motivo suficiente para querer irte.
Sam se queda en silencio unos minutos, mientras que analiza sus propias palabras.
—¡Mierda! ¡Tengo que encontrarte! —declara, a la vez se levanta de golpe.
Camina con rapidez para acercarse a donde se encuentra el resto de la familia.
—¡Oigan! ¡No me pienso quedar más tiempo de brazos cruzados, mientras que Kitty, está en medio de la oscuridad por ahí! -exclama molesto, llamando la atención de todos.
Tyler deja de caminar en cuanto escucha la voz de Sam, y observa con atención lo que sucede.
—¡Yo voy a ir a buscarla ya mismo! —dice Sam, entregándole el peluche a Lauren.
—Te entiendo cariño, pero... es que ya hay muchos oficiales buscándola —comenta Charlie.
—¡No me importa papá! ¡Tengo que ir a buscarla! —insiste Sam, caminando hacia la casa.
—Sami no... mejor quédate aquí —agrega Lucy.
—¡No mamá! —replica él, volteando a verla—. Y no te preocupes, cargo mi teléfono, avísenme si saben algo.
—Dejalo cariño, tiene razón, sí no, va a enloquecer. Deja que camine por acá, se va a calmar un poco si la busca —afirma Charlie.
Todos observan a Sam alejarse, mientras que atraviesa el jardín, con dirección hacia su casa.
Tyler por su parte, se queda de pie con las manos en la cintura, nota como su amigo entra al garage, y un par de segundos después, lo ve salir a toda velocidad, con su bicicleta, encendiendo la luz delantera.
Dejando escapar una bocanada de aire, que sentía reprimida en su interior, corre hacia su propia cochera, para luego salir montando su bicicleta.
—¡Mamá! ¡Iré con Sami! No lo voy a dejarlo solo, avisame si papá les dice algo.
—Okey hijo, pero no vayan lejos, está muy oscuro —añade Lauren.
—Sí mamá, tranquila —responde Tyler, antes de comenzar a pedalear, a toda velocidad para poder alcanzar a Sam, quien le lleva, más de doscientos metros de ventaja.
Cuando finalmente está como a unos treinta metros, Tyler empieza a silbar, en cuanto Sam lo escucha, baja la velocidad y voltea hacia atrás.
Ve la luz de una bicicleta, que se acerca parpadeando, por lo decide frenarse a un costado de la carretera, hasta que unos segundos después, finalmente lo alcanza.
—¡Ty! ¿Qué pasó? ¿Supieron algo?