Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 28
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CAPITULO 28

El trayecto hacia la casa los Lambert, fue más que agónico, Sam y Tyler no paran de llorar durante el camino, finalmente, cuando están a una cuadra de llegar, la oscuridad que los rodea, es interrumpida por un montón de luces policiales, las cuales se empiezan a notar desde la distancia.

Mientras que se aproximan, los destellos rojos y azules, comienzan a ingresar cada vez más, a través de las ventanas del automóvil, causando que ambos, entren en pánico real.

Ahora el miedo, es tangible, se encuentra frente a sus ojos, provocando que griten con desesperación al contar cerca de diez patrullas de policías.

Charlie se detiene, estacionándose a lo lejos, ya que no hay manera de pasar, rápidamente todos se bajan y salen a toda velocidad hacia la casa.

—¡Mamá! ¡Mamá! —grita Tyler, mientras que corre junto a Sam.

Un par de oficiales los detienen en cuanto llegan al jardín.

—¡Es mi casa! ¡Esta es mi casa! —replica Tyler, desesperado—. ¡Soy el hijo del Comandante Lambert!

—¡Mamá! ¡Mamá Lauren! —clama Sam histérico, desde el fondo de sus entrañas.

Desde el interior de la casa, ella escucha el bullicio, por lo que se asoma a la puerta.

—¡Déjenlos pasar! ¡Ellos son mis hijos! —indica Lauren indignada, casi sin voz de tanto gritar y llorar.

Los chicos corren rápidamente y se aferran a ella, ambos continúan llorando sin parar, unos segundos más tarde, Lucy y Charlie se acercan también. La escena y el ambiente es un suplicio total para todos los presentes, pero en un instante, se convierte en una real y espantosa pesadilla.

Tyler aun abrazado a su madre, levanta la mirada y observa hacia el interior de la casa, pero lo que detalla, provoca que grite aterrado, lo hace con tal fuerza, que todos los oficiales a su alrededor voltean, ven como él camina un par de pasos hacia la puerta, y cae de rodillas al piso.

Tyler grita descontroladamente, al observar al pie de las escaleras, a Rockie, ese Beagle, que hace un par de días, se ganó su cariño, pero ahora, es el mismo que está buscando el rastro de su hermanita.

Él, roto en pedazos, sigue gritando completamente fuera de sí, hasta enterrar la cabeza entre sus piernas.

Por su parte, el oficial que está a cargo de Rockie, se estremece por completo, en el instante que reconoce a Tyler. Además de que, minutos antes, él había observado la figura de un beagle, sobre la mesa de noche, cuando revisó su habitación, y Jhon le explicó, que representaba al K-9.

Una cosa era saber que él se había encariñado con su perro, pero otra muy diferente, era aceptar que ahora, ese mismo perro buscaba el rastro de su hermana desaparecida. Esto le hizo tomar una bocanada de aire al oficial, quien caminó con Rockie hacia Tyler, agachándose junto a él.

—Hey…él es el mejor, tú más que nadie lo sabes. Solo confía en él —afirma el policía, acariciándole la espalda.

Tyler levanta la cara, y en cuanto ve, que Rockie está a su lado, lo abraza, aferrándose a él, como si fuera un salvavidas, mientras que sigue llorando.

John baja corriendo, en el instante, que escucha los gritos desgarradores de su hijo, pero cuando lo hace, se encuentra con una escena, que nunca se cruzó por su cabeza, causando que se detenga en seco, al pie de las escaleras.

«¡Ay no! ¡No puedo con esto! ¡Dios ayúdanos! ¡Mi niño está muriéndose del dolor y decide aferrarse a un perro.» Piensa Jhon, agarrándose el pecho.

Levantando la mirada hacia el techo, Jhon toma un par de respiraciones profundas para calmarse, luego camina hacia donde se encuentra su hijo, se agacha y lo abraza con fuerza.

—¡Papi! —exclama Tyler, al notarlo y se lanza a sus brazos.

—Tranquilo hijo —murmura Jhon,  tratando de consolarlo, a pesar de que él mismo, se está muriendo por dentro.

El resto de la familia, observa la escena desde el porche, todos se sienten angustiados, mientras que lloran desconsolados. Unos segundos más tarde, se acerca el detective que está a cargo de la búsqueda, quien acaba de llegar a la escena.

—¡Comandante! —dice poniéndose firme y saludándolo.

—¡No Johnson! ¡Ni se te ocurra! ¡Te prohíbo terminantemente, que me digas lo que estás a punto de anunciar! —exclama Jhon, soltando a su hijo y poniéndose de pie.

Tyler por su parte, sube la mirada al notar el temple en la voz de su padre.

—¡Es mi hija! ¡Y yo la buscaré hasta el fin del mundo!

¡Encárgate del equipo! ¡Haz todo lo que tienes y debes hacer!

¡Y no lo hagas bien! ¡Hazlo perfecto! ¡Pero que ni se te ocurra, decirme que tengo que alejarme de la búsqueda!

—declara Jhon, en tono serio—. ¡Te ordeno que la consigas, antes de que yo lo haga!

¡Porque de lo contrario, mataré a golpes, con mis propias manos, a quien sea que la tenga! ¡Y no te repetiré esta orden!

—Entendido Comandante —responde el detective Johnson.

Mientras que la familia aguarda afuera, él se reúne con los demás oficiales en el comedor, por varios minutos, para evaluar la situación y hacer una línea de tiempo.

—Detective —dice uno de los agentes, que se encuentra en el living, revisando imágenes en el computador.

Johnson camina en esa dirección, se coloca detrás del oficial, para observar la pantalla, segundos después, se lleva las manos a la cabeza, soltando un suspiro.

—¡Comandante Lambert!

Jhon estaba hablando con uno de los policías en la entrada de la casa, pero al escuchar que lo llaman, de inmediato se voltea y se acerca con rapidez.

—Comandante... Agata no fue sacada a la fuerza, me refiero a que, nadie entró a la casa en el periodo de tiempo, desde que usted y su esposa salieron —informa Johnson—.

Por lo que descartamos la idea, de que alguien la forzara a salir, en contra su voluntad.

Obviamente, sabemos que hay otros medios para influenciar o presionar a los jóvenes, y luego secuestrarlos, solo quería mantenerlo al tanto, de que acabamos de descartar ese primer escenario.

—¡Qué! —exclama Jhon, sintiendo una mezcla entre alivio y confusión—. Muéstrame, tengo que verlo, porque no entiendo.

Él se acerca a la pantalla del computador, observa las imágenes, donde se evidencia a Agata, descender las escaleras a toda velocidad, luego, como ella abre la puerta con violencia, causando que se caigan los objetos en la entrada.

Finalmente, en la última imagen, que corresponde a la cámara del porche, se la ve corriendo hacia afuera, atraviesa el jardín y sigue avanzando hasta desaparecer de la toma.

—¡Eso no tiene ninguna lógica! —replica Jhon, llevándose las manos a la cabeza—.

Mi hija no hace eso, ella no se iría de casa sin su teléfono, su bolso con sus tarjetas, mucho menos sin sus llaves.

Jamás en sus quince años, la he visto abrir la puerta de esa manera…

Agata es la niña más ordenada del mundo, ella se hubiera devuelto a levantar el perchero y la lámpara, pero…

¡No lo hizo! ¡Nunca sale de la casa sin avisarme a mí o a su madre!

¡Algo pasó y arriba está la evidencia! ¡Algo sucedió en esa habitación, que la hizo salir así!

Jhon se toma un segundo mirando al techo, toma una respiración profunda para intentar calmarse.

—No tengo cámaras en ese costado, por lo que no sabemos si alguien entró por esa ventana.

Así que… no me intentes decir, que mi hija se fue, solo porque le dio la gana, porque todo demuestra que eso no es así.

¡Revisen su teléfono! ¡¿Qué carajos están esperando?

! —exclama agobiado, con la nueva información.

—Sí Comandante, ya están en eso, pero tienen que cambiarle la pantalla, porque el táctil no funciona y luego deben lograr desbloquearlo. Necesitamos un poco más de tiempo —responde Johnson.

—¡No tenemos tiempo! ¡Mi hija esta ahí afuera, y no sé dónde demonios buscarla! —replica Jhon frustrado, dándose la vuelta para salir de la casa.

—¡¿Que pasó?! ¡¿Qué te dijeron?! —cuestiona Lauren, angustiada—. ¡Escuché que te llamaron!

Todos los demás se quedan cruzados de brazos, expectantes de saber alguna noticia.

—Pues... que ya vimos las imágenes. Al menos por esta puerta, y la de atrás, no entró nadie, desde que nosotros nos fuimos —informa Jhon, soltando un resoplido.

—¿Eso qué significa? —inquiere Lauren, confundida.

—Bueno… es que en los videos se ve que Agata baja corriendo las escaleras, ella sola, luego abre la puerta con mucha fuerza, ahí es donde se caen la lámpara y el perchero, después sale corriendo por acá y continúa hacia allá —dice Jhon, señalando la calle—.

Así que se confirma, que nadie la sacó físicamente de la casa.

—¡Qué! —gritan todos al unísono, sorprendidos.

—Pero… ¿eso es una buena noticia, o no? —pregunta Lucy, mientras que Sam y Tyler, se llevan las manos a la cabeza.

—Es buena, porque al menos no vimos a nadie llevársela, pero…

algo pasó, porque corría desesperada, su celular está roto, al igual que el espejo del armario —dice Jhon, preocupado—.

Hay un desastre en su habitación, todo está tirado, así que algo sucedió allí, como para que ella decidiera salir tan rápido, se nota que estaba asustada.

—¿Y su bolso, su identificación, sus tarjetas? —indaga Charlie.

—Todo eso está en su habitación —responde Jhon, acercándose para abrazar a su esposa.

—¿Dices que no se llevó nada consigo? ¿No tenía nada en las manos? —cuestiona Sam.

—No se llevó nada, solo lo que tenía puesto, un jean azul claro, zapatos deportivos blancos y la camiseta blanca, la que tiene el estampado adelante con unas huellas de gatos.

—¡Comandante! —exclaman desde la puerta de la casa.

—Ya vuelvo —murmura Jhon a Lauren, para luego regresar a la casa.

—Oigan… eso me parece buena noticia, no es tan malo. Es decir… ya descartamos la maldita idea, de que alguien se la llevó a la fuerza —comenta Charlie, en un intento de darle algo de calma al resto del grupo.

—¡Carajo! —exclama Tyler, caminando en círculos, cuando de pronto sale corriendo.

—¿A dónde vas? —replica Lauren.

—¡Veré que no esté con Zoe! —grita Tyler, alejándose—. ¡Ya vuelvo!