CAPITULO 27
A medida que la fiesta avanza, Sam revisa su teléfono constantemente, mientras que su pie rebota sin control, sintiéndose ansioso.
—Tranquilo cariño —dice Lucy, al notar su estado de ánimo—. Ya arreglarás las cosas con Ty.
—No mamá… no es eso.
—¿Entonces?
—Es que le escribí varios mensajes a Kitty, pero no me ha contestado. Eso es raro… ella siempre me responde de una vez.
—Bueno hijo… quizás está en la ducha.
—Eso es lo que pensé, pero… ya pasó más de media hora.
—A veces las niñas, duramos más bañándonos —acota Lucy, sonriéndole.
—Sí… puede ser —murmura Sam, bajando la vista de nuevo a la pantalla de su teléfono.
Los minutos siguen pasando, sin que Agata le envíe ningún mensaje, por lo que Sam decide llamarla. Charlie y Lucy lo observan nervioso con el teléfono al oído.
—¡¿Por qué demonios no me atiende?! —exclama Sam confundido, volviendo a marcar, pero sigue sonando sin que Agata atienda.
—Espera cariño… tranquilo, déjame llamarla yo —interviene Lucy, sacando su teléfono, marca el número de Agata y lo coloca en altavoz.
Charlie y Sam se quedan expectantes con la vista fija en el celular, escuchan como repica varias veces pero nadie atiende.
—¡¿Qué demonios pasa?! —exclama Sam agobiado, y toma la decisión de comunicarse con Lauren.
—Hola cariño, como va esa fiesta.
—Hola… mamá Lauren, ¿estás en la casa?
—No Sami, yo salí a cenar con Jhon, pero ya estamos de regreso. ¿Por qué?
Sam se lleva las manos a la cabeza y suelta un suspiro largo antes de responderle.
—Es que le escribí a Kitty, y no me respondió, la llamé, pero no contesta, mi mamá también lo intentó y nada.
—Eso es raro —murmura Lauren, frunciendo el ceño.
—Sí, exacto, yo pensé lo mismo —agrega Sam, sin poder ocultar la preocupación en su voz.
—¿Qué sucede? ¿Qué es raro? —cuestiona Jhon, al escuchar la conversación.
—Es que Sami y Lucy están intentando comunicarse con la Gata, pero no han podido. Cariño… te cuelgo, y déjame intentar yo —dice Lauren, finalizando la llamada.
—Ponla en altavoz —dice Jhon, con la vista enfocada en la carretera.
Lauren marca el número de Agata, ambos escuchan como repica varias veces, pero ella no atiende.
—¡Ay por Dios! —exclama Lauren alarmada, compartiendo una mirada con su esposo.
—Tranquila mi vida… prueba con el teléfono de la casa —recalca Jhon, en tono calmado.
Ambos escuchan el tono de la llamada, pero sucede lo mismo, Agata sigue sin responder.
—¡Ay Dios! ¡Qué demonios pasa! —grita Lauren, angustiada.
—No te alteres cariño —replica Jhon intentando mantener un tono calmado, aunque por dentro, se encuentra desesperado—. Necesito que entres a las cámaras, revísalas tú, no me voy a detener.
—Okey… okey —murmura Lauren, ingresando a la aplicación y colocando la clave.
Ella observa las imágenes de la cocina, la sala, el garaje y las escaleras.
—Cariño, todo está bien, pero no veo a la Gata —indica ella, nerviosa.
En ese momento, se muestra en la pantalla, la imagen en directo de la siguiente cámara, donde Lauren ve la entrada de la casa, ahí se da cuenta que la puerta está abierta, y que hay una lámpara y un perchero tirados en el piso.
—¡Ay por Dios! ¡Jhon! ¡Entraron a robar! ¡Se metieron en la casa! ¡¿Dónde está mi hija?! ¡¿Dónde está mi bebé?! —grita Lauren, en completo pánico.
Jhon al escucharla, de inmediato orilla la camioneta, le quita el teléfono de las manos a su esposa, y mira las imágenes en vivo. Unos segundos más tarde, disca solicitando patrullas, además de encender la radio policial que se encuentra en su camioneta.
—Respira cariño… solo concéntrate en respirar —dice Jhon con suavidad, mirando a su esposa y apretándole la mano.
Tomando una respiración profunda, él comienza a conducir a toda velocidad, mientras que Lauren, se pone las manos en el pecho, completamente aterrorizada.
A pesar de que Jhon va manejando con rapidez, esquivando y adelantando otros vehículos, esos cinco minutos que demoran en llegar a su residencia, les parecen eternos, un trayecto interminable, hasta que finalmente, ven la casa, notando que las patrullas, aún no han llegado.
—¡No entres! ¿Me entendiste? ¡No vayas a entrar! ¡Espérame aquí! —exclama Jhon bajándose de la camioneta, toma la caja de seguridad que está debajo su asiento y saca el arma que guarda dentro.
Lauren se lleva las manos a la cabeza aterrada, observando como su esposo corre dentro de la casa. Al cabo de unos segundos, ella abre su puerta y con las piernas tambaleantes, camina unos pasos hacia el jardín.
Jhon por su parte, revisa con rapidez toda la planta inferior, para luego subir las escaleras, avanza directo hacia la habitación de su hija, pero no ha terminado de llegar, cuando está seguro de que algo anda mal, porque de inmediato observa, como hay un montón de anillos y un par de pulseras dispersos en el piso.
Él sabe que Agata, jamás tiraría sus joyas al suelo, y si se les cayeran, ella las recogería enseguida.
Jhon toma una bocanada de aire, preparándose para lo que pueda conseguir, cuando finalmente se asoma dentro de la habitación, su corazón se parte en mil pedazos mientras que afronta en carne propia, el mayor miedo de su vida.
Escanea la escena rápidamente, pero no encuentra ningún rastro de Agata, en cambio, nota el celular de ella con la pantalla partida en el piso, además de una cantidad enorme, de trozos de espejos rotos.
«¡Mi bebé! ¡Mi bebé!» Piensa Jhon, dejando escapar un fuerte alarido de dolor, que parece haberle salido del alma.
Abajo en el porche, Lauren aguarda con la vista fija en la casa, hasta que escucha el grito desolador de Jhon, por lo que de inmediato, corre hacia el interior, sube las escaleras desesperada, deteniéndose en seco, cuando observa a su esposo, agachado bajo el umbral de la puerta de la habitación de Agata, con la mirada perdida.
Sintiendo un nudo enorme en la garganta, e imposibilitada para emitir alguna palabra, Lauren solo avanza para acercarse más a Jhon, en cuanto llega a él, ella mira hacia adentro y comienza a gritar desesperada.
En ese instante, dos oficiales de policía, estaban llegando a la residencia, y al escucharla, suben a toda velocidad.
—¡Mi bebé! ¡Mi bebé! —dice Lauren, entre sollozos—. ¡¿Dónde está mi bebé?!
Mientras tanto en la fiesta, Sam se desespera porque ni Agata, ni Lauren, le han respondido, por lo que decide volver a intentar comunicarse con Lauren.
—¿Llamas a la Gata? —pregunta Charlie.
—No papá, a Lauren.
—Hijo, colócalo en altavoz —dice Lucy, preocupada.
Después de algunos repiques, Lauren se da cuenta de la llamada entrante, y atiende en medio de otras voces, en la mesa todos se miran expectantes.
—¡Sami ¡Agata no está! ¡Se llevaron a mi hija! ¡No esta! ¡La secuestraron! —grita Lauren, completamente histérica.
De manera inmediata, los Meyer comparten miradas entre sí, aterrorizados, a la vez que Sam se levanta de golpe, da un paso hacia atrás, dejando caer su teléfono por el susto, al mismo tiempo, que entra en crisis y comienza a llorar, sintiendo, como si le sacaran el corazón en carne viva.
Charlie se inclina, recoge el teléfono y comienza a hablar con Lauren.
Aunque Sam se encuentra ahí físicamente, él no tiene la capacidad de escuchar nada, no recuerda ninguna palabra de lo que sus padres hayan hablado, él solo mira completamente aturdido a su alrededor mientras que sigue llorando desconsolado.
Unos segundos después, baja la mirada y se enfoca, en las pulseras que hizo para Agata, las toma, se las mete al bolsillo y sale corriendo entre los invitados, hasta que finalmente, logra ver a Tyler, quien lo observa aproximarse, dándose cuenta, que su amigo tiene la cara roja y que está llorando a más no poder.
—Oye… tampoco es para tanto. Ya cálmate —comenta Tyler, al tenerlo en frente.
—¡Secuestraron a Kitty! —dice Sam, desesperado—. ¡La secuestraron! ¡Moriré Tyler! ¡Me estoy muriendo ahora mismo! —añade derrumbándose por completo.
—¡Qué! —exclama Tyler confundido, agarra el mentón de Sam y le levanta la cara—. ¿De qué hablas? ¡No jodas con eso!
—¡Tyler! —grita Lucy, acercándose a ellos, con el rostro bañado en lágrimas.
Es en ese momento, que Tyler comprende que su amigo no estaba mintiéndole.
—¡No! —replica Tyler, soltando a Sam y apuntándole con el dedo índice a Lucy—. ¡No mamá! ¡No es verdad! ¡No es cierto! —reitera en voz alta mientras que ella le asiente.
—¡Vámonos ya! —ordena Charlie, apareciendo detrás de su esposa, con una mano, le agarra el brazo a Sam, para que reaccione, ya que este, se encuentra privado en llanto, con la otra, toma a Tyler y empieza a moverse con los chicos a rastras.
Él empieza a correr hacia el estacionamiento con Lucy a un costado, levantando su vestido para poder moverse con mayor rapidez. Sam por su parte, va gritando de dolor, completamente desesperado, en un segundo, baja la mirada y nota que su padre lo lleva de la mano.
Mientras que Tyler, va del otro lado de Charlie, en completo estado de shock, él se mira sus pies, pero no recuerda en que momento salió del salón, y mucho menos, cuando comenzó a correr, solo tiene un breve destello de Charlie gritándole y dándole una cachetada en la cara.
—¡Ya súbete! —repite Charlie en voz alta pero Tyler sigue sin reaccionar.
Por lo que este, tiene que empujarlo dentro del auto, finalmente, Tyler vuelve en sí, cuando se cae hacia atrás, quedando sentado en el asiento.
—¡Mete los pies! —indica Charlie, moviéndole las piernas.
Tyler se mantiene en silencio durante unos segundos y cierra los ojos, hasta que escucha, como la puerta se cierra de golpe y comienza a murmurar para sí mismo.
—Solo es una maldita pesadilla —dice él, a la vez que se golpea la cabeza con una mano—. ¡Ya despierta! ¡Despierta! —grita con fuerza.
Sam al oírlo, se angustia más y continúa llorando de manera histérica. Al ver la reacción de su amigo, Tyler decide golpearse con mayor fuerza.
—¡Despiértate! ¡Despiértate ya!
—¡Basta Tyler! ¡Te estás lastimando! —ordena Charlie, mientras que conduce a toda velocidad—. Necesito que se calmen un poco… no puedo ir más rápido, si están todos gritando.
Lucy desde el asiento de copiloto, toma una respiración profunda, se seca las lágrimas, para luego girarse, estirar su mano y tomar uno de los brazos de Tyler, evitando que se siga golpeando.
Al sentir el toque, Tyler baja la mirada y se queda viendo la mano de Lucy, él reconoce la pulsera que ella tiene puesta, sabe que se la regaló Agata, el día de las madres.
Ya que ella, compró dos iguales, ambas de plata, con un corazón y la letra “L” grabada en ellos, una para cada madre.
Al recordar la escena, donde su hermana les colocaba el brazalete y les decía, que amaba tener dos mamás, las comisuras de los labios de Tyler descienden.
—¡Mamá Lucy! —exclama él de una manera desgarradora, desde el fondo de su corazón y empieza a llorar de nuevo.
—Tranquilo cariño, todo estará bien —murmura Lucy, con las lágrimas cayendo por su rostro .