Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 26 #2
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CAPITULO 26 #2

—Okey —murmura Tyler a regañadientes, se levanta y se aleja de la mesa.

—Cariño… no te estreses, te están quedando muy lindas.

—Gracias mamá, pero me estreso, porque ya me equivoqué en varios nudos, y tuve que empezar de nuevo.

Mientras tanto, Tyler va caminando entre los invitados, saluda y conversa con varias chicas que se le acercan, cuando de pronto, alguien lo abraza por detrás, acariciándole los pectorales.

—¡Hey! ¡Primero avisa! ¡Así lo disfruto! —bromea Tyler, dándose la vuelta—. ¡Gia! Hola hermosa, ¿cómo estás?

—¡Por Dios! ¡Qué milagro! ¡Sí recuerdas mi nombre! —dice ella, sonriéndole.

—¿Cómo olvidar a una extrovertida y sexy asiática? Además, Sam no deja de hablar de ti —comenta Tyler, mientras que por dentro, está muriéndose de la risa.

—¿En serio? —cuestiona Gia, sorprendida.

—Claro, ¿o es que no te enamoraste de él, luego de esa declaración? —indaga Tyler.

—Obvio… —responde Gia, poniendo los ojos en blanco—. Cualquiera se enamora —añade y ambos se ríen.

De regreso en la mesa de los Meyer, Sam se mantiene concentrado en seguir realizando las pulseras, mientras que sus padres conversan entre ellos.

—Chicos, voy al baño —dice Lauren, levantándose de su silla—. No anden coqueteando con nadie por allí —bromea causando que Sam y Charlie se rían.

Mientras que ella avanza entre los invitados, se mantiene atenta buscando a Tyler, solo para poder echarle un ojo de lejos, y asegurarse de que esté bien.

—Carajo… Está con la idiota de Gia —murmura para sí misma, cuando lo ve—. Gracias a Dios que la Gata no vino, porque si no, estaría muerta de celos ahora mismo —añade a la vez que continúa hacia el baño.

De regreso en la mesa, Sam finalmente termina de hacer una de las pulseras, pero necesita algo para eliminar los excedentes.

—Papá… voy a ver si consigo una tijera, o un cuchillo, porque tengo que cortar estos cordones, y dejé la tijera en el auto.

—Okey cariño, pero ve a la barra, de seguro que tienen cuchillos allí —indica Charlie.

Sam se levanta de su silla, llevando consigo dos pulseras de colores, en ese momento, el teléfono de Charlie suena, al revisar la pantalla, se da cuenta que es el encargado del estudio en Florida, por lo que atiende enseguida.

Al cabo de unos minutos, Lucy sale del baño y se topa con Tyler, quien va de salida del de los caballeros.

—Que hermosa coincidencia —bromea él, colocándole el brazo para escoltarla, ella sonríe y se lo toma.

—¡Uh! ¡Qué caballero! —replica ella sonriéndole, y pasando su brazo sobre el de Tyler—. Además, te ves hermosísimo con ese look, no andes enamorando a todas las chicas, estás arrasando.

—Bueno... como yo sí estoy en el mercado, pues tengo que aprovechar —añade él, riéndose.

—Oye cariño… ¿conseguiste las maletas para la Gata? Adoré esa idea, ella va a gritar cuando las vea.

—¡Sí! ¡Y no te imaginas lo que conseguí! ¡Elegí el diseño más increíble! Todos estarán felices, son perfectas para ella.

—Genial, es que ella está tan feliz con el viaje, de seguro querrá usar esas maletas, está muy ilusionada.

A decir verdad, Sami también, él me dio una lista interminables de sitios, para que la llevemos, pero solo pude elegir dieciséis, aunque conociéndolo, sé que intentará que la llevemos a más lugares fuera del tour —comenta Lucy, mientras que ambos avanzan entre los invitados.

—¿Llevemos? —pregunta Tyler, empalideciendo—. ¿Dices en plural?

—¡Claro! ¿Por qué?

Tyler traga grueso, mientras que piensa. «¡Pero que mierda! Papá no me contó esa parte de la historia… creía que solo era un viaje de chicas.»

—¿Te refieres a ti y Charlie? —indaga Tyler, mientras que por dentro, ruega que un sí, salga de sus labios.

—Sí, claro, y a Sami —acota Lucy.

Al escucharla, Tyler se queda petrificado, a la vez que sus pensamientos van a toda velocidad.

«¿Sam se va una semana con ella y no me dijo nada? ¿Cómo demonios no me dice que me dejará botado por toda una maldita semana?»

—¿Y qué estados piensan recorrer en el tour? —cuestiona Tyler, haciendo su mayor esfuerzo, para ocultar toda su rabia y frustración.

—No, eso sí es singular, porque solo será un estado —aclara Lucy—. La llevaremos a conocer, todos los lugares geniales en Florida.

—¿Florida? —replica Tyler, asombrado.

—¡Sí! ¡Ya sabes que ella nunca ha ido!

—Es decir, que… ¿se quedarán en el apartamento de Charlie?

—Por supuesto cariño… ¿por qué pagar un hotel si tenemos una casa allá? —pregunta Lucy, sonriéndole.

—Entonces… —asiente Tyler, sintiendo como le sale humo de los oídos—. ¿Estarán una semana completa allá?

—Exacto, esos son los planes —afirma Lucy.

«¡Maldita sea! Se supone que yo soy el que tiene que ir a Florida a grabar el demo cuanto antes, no la idiota de la Gata.

¿Entonces ahora tengo que esperar a que terminen el estúpido tour de mierda, para poder grabar el demo?

¡Es que ni siquiera se dignaron a invitarme!

Y peor aún… ¡Solo hay una cama en la habitación de Sami!

¡Ellos no pueden dormir juntos, sin mí! ¡Agata tiene alborotadas las hormonas!

¡Sam terminará cediendo y se la cogerá! ¡Y ahí sí que no habrá vuelta atrás! »

—Cariño… gracias por escoltarme —dice Lucy, trayendo a Tyler al presente—. Regresaré a la mesa.

Tyler se queda observando a la nada durante unos segundos, mientras que intenta procesar la nueva información que obtuvo.

—¡Maldita sea! ¡Piensa algo ya! ¡Tengo que hacer algo, pero Agata y Sam no pueden irse juntos a ese viaje! ¡Tengo que separarlos antes de que se acueste con ella! —dice para sí mismo, frustrado.

En ese momento, Gia pasa frente a él, provocando que una sonrisa se dibuje en el rostro de Tyler con una idea en la mente.

Lucy nuevamente llega a la mesa, pero antes de que pueda sentarse, Charlie la interrumpe.

—Mi vida, estaba esperándote. ¿Me acompañas un momento al auto? Es que tengo que buscar mi laptop, Gael me llamó, que se adelantó una grabación para mañana, y necesita revisar un arreglo que le hice al demo —explica Charlie—. Debo enviárselo de una vez.

—Okey, cariño vamos —responde ella, y ambos se alejan hacia la entrada del lugar.

Con el plan ideado, Tyler camina por el salón con paso decidido.

—¡Gia! ¡Te me habías perdido! ¡Vamos para que saludes a tu novio! —comenta él, agarrándola de la cintura.

—Ah… ¿es que está acá? Como te vi solo, pensé que no había venido.

—Sí, claro que vino. Tranquila, que ya lo vas a saludar como se debe, incluso te haré un súper video con él —agrega Tyler.

—¡Genial! ¡Porque el otro donde me cantó, tuvo muchísimas vistas! —afirma ella, emocionada.

En cuanto llegan a la mesa de la familia, se encuentran con que está vacía,

—Esperémoslo aquí, debe estar en el baño —indica Tyler, sonriéndole.

Cuando baja la vista, ve que en el puesto de Sam, está la pulsera negra tejida, de inmediato nota, que este le colocó una pajuela como si fuera un dije, Tyler la toma y se le queda viendo.

«¡Esto es una señal del destino! ¡Tiene que ser una maldita broma!» Piensa Tyler, detallando que como acto de amor, Sam escribió en la pajuela, un corazón, y en el centro de este, la letra “G”, la inicial de “Gatita”, pero que casualmente, también podría significar “Gia.”

Tyler se sienta al lado de ella, le toma la muñeca y le ata la pulsera negra.

—¡Ay que hermosa! —dice Gia, viéndola—. Gracias.

—No, ningún agracias. No la hice yo, la tejió Sami —aclara Tyler.

—¿Para mí? —pregunta ella, al ver la letra G dentro de un corazón.

—Bueno… la verdad es que no lo sé, pero… ¿a cuantas chicas conoces a las que él se le haya declarado, que estén en esta fiesta y que sus nombres comiencen con esa letra?

—¡Ay por Dios! —asiente Gia, emocionada—. Pensé que solo bromeabas, esto es tan lindo. Es adorable… me muero de amor.

—A ver, extiende esa mano y muéstrame esa pulsera —agrega Tyler, mientras que saca su teléfono y comienza a grabar—.

Posa esa pulsera, modélala —motiva para que la exhiba a la cámara—.

Listo, ahora solo le pongo de fondo, la canción “ojos de hada” y quedará más que perfecta —declara riéndose, a la vez que se regocija en su plan.

Justo en ese momento, Sam viene caminando de regreso a la mesa, y de inmediato frunce el ceño cuando los ve.

«¡Carajo! ¡¿Por qué me trae a la estúpida de Gia?! ¡Ty sabe que ella es un maldito problema! ¡No puede ser tan hijo de puta conmigo!»

Por su parte, Charlie y Lucy avanzan entre los invitados para regresar a su mesa, y desde la distancia observan a los chicos.