CAPITULO 26
Al día siguiente, los chicos pasan toda la mañana trabajando en el demo con Charlie, finalmente, al terminar de hacer todas las correcciones, la canción queda lista, solo a la de espera de grabada en el estudio en Florida. Tyler regresa a su casa, y entra en la cocina.
—¿Y? ¿Cómo estuvo? —pregunta Jhon revisando unas carpetas, sentado en el comedor.
—Listo papá, terminamos el demo. Estoy tan emocionado, me encanta como quedaron los coros.
—Eso se oye genial, en lo que termine acá, me lo muestras.
—¡Papi! —exclama Agata, bajando las escaleras a toda velocidad—. Tengo un problema.
—¿Qué será? —inquiere Jhon, levantando la cara para verla.
—Es que mi maleta es muy pequeña, hay varias cosas que no me caben —explica Agata, causando que su padre se ría.
Tyler escucha la conversación atento, mientras que se come un sándwich.
—Okey… entonces mete menos cosas —responde Jhon, regresando la mirada a los papeles en su mano.
—¡Papi! —insiste Agata, indignada.
—¡Hija! —replica Jhon, en el mismo tono, causando que ambos se rían.
—¿Me prestas tu maleta? La que es plateada con rueditas, ¡por favor!
—Okey cariño, solo no la dejes caer, ni la golpees. Mira que es la que siempre uso —acota Jhon, en tono serio.
—¡Gracias! ¡Gracias! ¡Eres el mejor! Iré a preguntarle algo a Lucy —dice Agata, y sale de la casa corriendo.
—¿Qué rayos fue todo eso? ¿Maleta para qué? ¿Por qué quiere tu maleta del trabajo? —inquiere Tyler, mientras que mastica.
Jhon finalmente deja los papeles sobre la mesa, y levanta la mirada para verlo a la cara.
—Hijo… ven acá.
Tyler frunce el ceño, pero se acerca de inmediato.
—Pues, sabes que mañana ella cumple dieciséis —comenta Jhon y Tyler asiente—.
Bueno, es que Lucy tiene varios meses planificando su regalo de cumpleaños, y ya le dijo lo que era, por eso está tan emocionada.
Entonces, tienes que saber, que ella se la llevará de viaje, harán un tour por su cumpleaños.
—¡Genial! —responde Tyler, sonriendo.
—¿Si? —cuestiona Jhon—. ¡Ay por Dios! Cariño… me encanta que pienses eso, porque ella en serio está muy entusiasmada.
—¿Y cuantos días se van?
—Una semana.
—¡Qué! ¡¿Una semana?! Rayos… pensé que dirías dos o tres días, pero eso es increíble, con razón está tan feliz.
—Perfecto, me encanta que te alegres por ella —añade Jhon, sonriendo—. Hablando de eso, ¿ya le compraste su regalo de cumpleaños?
—No, aun no —responde Tyler, con la boca llena.
—¡Qué! ¡Pero si cumple años mañana! ¿Cuándo carajo lo piensas comprar?
—Es que no sé qué regalarle —confiesa Tyler, comiendo otro bocado del sándwich.
—Tuviste todo el maldito año para pensar un regalo, no puedes esperar un día antes, para que mágicamente se te ocurra algo, cuando ya no tienes tiempo. No puedes darle una tontería hijo, son sus dieciséis. ¿O no recuerdas lo que ella te compró para los tuyos?
—Sí, claro que lo sé, un set de pajuelas personalizadas.
—Entonces, termina de comer y ponte a mirar regalos geniales en internet. Cómprale algo de una vez por todas.
—Okey papá —murmura Tyler, alejándose para subir a su habitación.
El día avanza, y cuando finalmente son las seis de la tarde, Sam entra a casa de los Lambert, sube las escaleras y se asoma en la habitación de Agata, donde la encuentra sentada en el piso, con el closet abierto y un desorden de ropa dispersa por toda la habitación.
—¡Ay por Dios! ¡Kitty! ¡Parece que tu closet simplemente explotó! —comenta él, entre risas.
—¡Sami! ¡Es que tengo que elegir! Lucy me dijo que no lleve tanto, porque quiere que compremos ropa allá, entonces… solo intento guardar lo necesario, pero también quiero verme linda —confiesa ella, negando con la cabeza.
—¡Ay mi vida! — dice Sam, agachándose junto a ella—. Eres hermosa, así que lo que decidas llevar, será perfecto, es más, si solo vistieras una camiseta negra enorme, te verías preciosa.
Agata le sonríe, mientras que lo ve fijamente.
—Malvada… no me mires así, no puedo besarte acá.
—Uno chiquito —murmura ella, haciendo puchero pero Sam niega.
—¡Ni loco! Tyler está en su habitación y me puede estar viendo. Me tiene a prueba, así que tengo que portarme bien, aunque luego nos comamos a besos —murmura eso último—. Si te beso ahora, y me ve, será un puto dolor de huevos. Quiero una noche tranquila en esa fiesta.
—¡Sí claro! —responde ella, con ironía.
—¿Que dices? Claro que quiero estar tranquilo, solo voy porque está en el contrato. Sabes que preferiría estar acá ayudándote, o al menos supervisando este desastre —acota él señalando la habitación, y se fija en una de las paredes—. ¡Ay por Dios! ¡Tenia años que no veía esto!
Sam se levanta, se acerca a la pared y mira con detenimiento la portada de un disco de acetato, que se llama: “La ciudad de los Gatitos”.
—El disco es una mierda, pero esta, es una tremenda portada.
—Lo sé, la adoro, amé cuando me la regalaste —recalca Agata, sonriéndole—.
La tuve guardada para que no se estropeara, pero hace un año la pegue allí, me hacía feliz ver la ciudad de los gatitos, cuanto estaba pasándola mal y todo era una mierda…
recordaba cuando tenías como diez años y me decías que esa era mi familia feliz gatuna.
—¡Ay por Dios! ¿Te acuerda de eso?
—Claro que me acuerdo, Sami, si no, no lo hubiese pegado allí. Me hace realmente feliz, es un lugar perfecto, una vía de escape para un momento de mierda.
—¡Ah! ¡Aquí estás! ¿Nos vamos? —pregunta Tyler, asomándose a la puerta.
—Sí, venía a buscarte, ya papá está esperándonos —responde Sam caminando hacia Agata, se agacha frente a ella y le da un beso en la frente—. Meow —añade antes de salir, causando que ambos se rían tontamente.
Los chicos bajan las escaleras, salen de la casa, y se suben en la parte trasera del automóvil.
—Mamá Lucy, no sabía que irías —comenta Tyler, sorprendido.
—¿Y perderme de una fiesta exclusiva? ¡No! ¡Por supuesto que no! — bromea ella mientras que Charlie conduciendo, se ríe—. Toma cariño —dice pasándole una bolsa a su hijo.
—Gracias mamá —responde Sam abriéndola de inmediato, y comienza a revisar los diferentes rollos.
—¿Qué carajos es eso? —pregunta Tyler, confundido.
—Cordones de colores —dice Sam, tomando uno de color negro.
—¿Y para qué?
—Son para hacer pulseras.
Por su parte, Charlie y Lucy escuchan la conversación con atención, desde la parte delantera del automóvil.
—¿Tú haciendo pulseras? Si a duras penas, sabes atarte los zapatos, es que ni siquiera sabes hacer nudos de pesca.
—Lo sé, pero tengo dos días viendo videos y tutoriales, ya sé lo básico, además, practiqué con unos trozos de cordones viejos —acota Sam.
—Okey... aunque si quieres una pulsera tejida, mejor cómpratela. Es más rápido.
—No bobo, no es para mí, es para regalársela a Kitty, por su cumpleaños.
—¡Sami! ¡Qué regalo tan mezquino! —exclama Tyler, indignado—. Ella cumple dieciséis, eso es muy poca cosa, cómprale una de plata al menos.
—No, claro que no. Sé que sí la hago yo, le gustará más, que una que haya comprado —acota Sam, con seguridad—. Por cierto… hablando de eso, aún no me has dicho, que le compraste de regalo —agrega mirándolo fijamente.
—No te mentiré… tengo cuatro opciones, pero te quería pedir ayuda. Es que necesito decidir de una vez para comprarlo y que pueda llegar mañana. Tiene que ser un buen regalo, porque si no papá se enojará conmigo —explica Tyler, poniendo los ojos en blanco.
—¡Ay por Dios! ¡No lo has comprado! —replica Sam, volteando también los ojos de la misma manera—. A ver… dime rápido, ¿cuáles son?
—La primera es este set de maquillaje —dice Tyler, sacando su teléfono y le muestra la pantalla, pero Sam enseguida niega—. ¿Por qué no?
—Porque las chicas se compran su propio maquillaje, el que sí les gusta, además, Kitty ya tiene —explica Sam.
—Bueno… entonces con la segunda opción, también me vas a decir que no —refuta Tyler, mostrándole un set de brochas de maquillaje.
—Correcto, ese es un no rotundo —afirma Sam—. ¿Qué más tienes?
—Pues, una cartera —responde Tyler, enseñándole la foto.
—Está más o menos… —comenta Sam, moviendo la cabeza, indeciso—. Aunque sí es una mejoría, comparado con el maquillaje. ¿Cuál es la última opción?
—Hoy ella se quejaba con papá, de que su maleta era pequeña, entonces pensé, que le gustaría una grande con rueditas.
—¡Si! ¡Eso es perfecto! Pero no seas mezquino, está cumpliendo dieciséis, no le compres solo una, mejor que sea el juego completo.
—¿El que trae tres? —replica Tyler, frunciendo el ceño.
—Sí claro, y elige un color que le guste, como el fucsia o morado. A menos de que, consigas maletas con un diseño, o algo alusivo a gatos. Con ese regalo, sí la sacarías de jonrón, con las bases llenas.
—Okey... voy a mirar de una vez, gracias —murmura Tyler, a la vez que busca el juego de maletas perfectas, para dejar a todos complacidos, en especial a su padre.
Por su parte, Sam va haciendo malabares, mientras que sostiene trozos de cordón en su boca, a la vez que usa las dos manos, para tejer la pulsera negra.
La va realizando durante todo el camino, además de que corta varios trozos de otros colores, y se los mete al bolsillo de su chaqueta, hace lo mismo con varias pajuelas, que estaban en la bolsa.
En cuanto llegan al recinto, salen del auto, y comienzan a caminar por la entrada principal, en seguida son fotografiados en la alfombra del evento, una vez que ingresan, demoran como una media hora haciendo un recorrido rápido, saludando a los invitados y a las demás bandas, antes de que finalmente, los cuatro se sienten en su mesa, para tomar algunas bebidas.
—Sami… entonces, ¿cómo quieres hacer? —cuestiona Tyler.
—Bueno… a decir verdad, estoy estresado. Ahora solo quiero terminar estas pulseras, luego sí voy a socializar —responde Sam, concentrado en el tejido—. Porque sé que si lo dejo para después, perderé el ritmo, y se me olvidarán cómo van los nudos, y no me quedarán bien.
—¡Por Dios Sami! —exclama Tyler, frustrado—. ¿Y se supone que me quede viéndote tejer?
—No, claro que no. Tú adelántate, déjame terminar y luego te alcanzo. Por favor, dame solo veinte minutos más y te acompaño.