CAPITULO 25 #2
—Recién me lo trajo mamá —responde él, con voz baja.
—¿Pero cuando lo compró? —cuestiona Jhon, confundido—. Tu madre y yo solo fuimos al supermercado, y no vi que lo comprara.
—No… es que me lo regaló Zoe antes de desmayarme, supongo que se lo dio a mamá, antes de que se montara en la ambulancia.
—Es un buen regalo, pero… quizás se lo dio recién, eso tiene más sentido —comenta Jhon, acariciándole de nuevo la cabeza.
—¿Recién? —indaga Tyler, abriendo los ojos y mirando a su padre—. ¿Zoe está ahí afuera?
—Sí cariño, ella venía detrás de la ambulancia, en la moto con Zac.
—¿Con Zac? Por Dios… ¿estás divagando o soy yo que estoy alucinando?
—Eso… me gusta que bromees hijo, ya estás volviendo a hacer tú. Oye, voy a salir porque Agata debe estar llegando, iré un segundo a hablar con ellos, están preocupados.
—Okey —murmura Tyler, cerrando los ojos de nuevo.
Mientras tanto afuera, Sam y Agata atraviesan las puertas de la sala de espera del hospital, tomados de la mano, ella está hecha un mar de nervios, mientras que caminan, ambos notan a los hermanos Hill sentados.
—Pero que mierda —murmura Sam, en cuanto ve a su enemigo número uno.
Agata, se apresura para hablar con Zoe, pero como Sam se niega a soltarle la mano, tiene que apurar el paso para poder ir junto a ella, a la vez que Charlie y Lucy, ingresan a la sala de espera detrás de ellos.
—¡Zoe! —exclama Agata, acercándose a los hermanos, quienes voltean en ese instante, notando a la pareja.
—Qué demonios… —dice Zac para sí mismo, frunciendo el ceño, al notar que están tomados de la mano.
Entre tanto las chicas hablan de lo que pasó, Sam no escucha ni media palabra, ya que solo se queda mirando fijamente a Zac, después de unos segundos, él rodea a Agata con su brazo, para acercarla más a su cuerpo, seguidamente se inclina y le da un beso en la frente.
Ocasionando que Zac se levante con los puños cerrados, ya que no soporta ver la situación entre ellos, pero en ese instante, él observa a Jhon aparecer en la puerta, por lo que se le acerca de inmediato.
—Jhon… como Tyler ya está mejorando y tengo que hacer otras cosas, ¿tú puedes llevar a Zoe? Es que ella no querrá irse ahora que llegó la Gata.
—Sí claro, yo la llevo, no te preocupes. Gracias por toda la ayuda, actuaste muy responsablemente, eso habla bien de ti —comenta Jhon, apretándole el hombro.
—Gracias —murmura Zac dándose la vuelta, y saliendo cuanto antes de ahí, ya que no puede respirar el mismo aire que Sam, sin que la sangre le hierva.
Después de que Jhon pusiera a todos al tanto con las novedades de Tyler, tienen que esperar cerca de dos horas, hasta que finalmente le dan la alta médica. En cuanto los chicos ven salir a Tyler en silla de ruedas, corren hacia él.
—¡Ay no! ¿Qué te duele? —inquiere Agata, agachándose y le toma un brazo.
—¿Estás bien? ¡No nos asustes así! ¡No puedes andar por ahí sin comer! —agrega Sam, agarrándole la cabeza y dándole un beso en la mejilla.
—¿Por qué no puedes caminar? —insiste Agata, preocupada.
—Sí puedo, pero la enfermera dijo que obligatoriamente tengo que salir en la silla de ruedas —explica Tyler, en voz baja.
—¡Tan grandote y haciéndose el débil! —bromea Zoe, cruzándose de brazos solo para hacerlo reír—. Seguro quieres más atención.
—Quizás… murmura Tyler riéndose por un instante, a la vez que la mira a los ojos, hasta que es interrumpido por el abrazo fuerte de Lucy.
—Cariño… ¿cómo te sientes? Casi me matas del susto, te voy a llamar todos los días, solo para que me confirmes que has desayunado.
Y te lo advierto, me enojaré contigo, si te vuelvo a ver tocando una lata de energizante, una vez más en tu vida.
Eso también va con todos ustedes, no necesitan esa basura —afirma Lucy, viendo a los chicos—.
Si quieren despertarse, tomen un poco de café, o salten la cuerda y ya.
—Ya sé mamá Lucy… no lo hare más. Ya le dije a papá que no me vuelva a comprar, la doctora me lo prohibió —aclara Tyler.
Todos caminan hacia el estacionamiento del hospital para dirigirse a sus automóviles, Tyler finalmente se levanta de la silla de ruedas y se sube al asiento trasero de la camioneta de Jhon.
—Papá… yo me voy con Tyler —dice Sam.
—Okey hijo —responde Charlie, subiéndose a su coche junto con Lucy.
Sam se sube junto a Tyler y cierra la puerta, mientras que del otro lado, Agata se monta con Zoe sentada sobre sus piernas.
—¿Estamos todos? —cuestiona Jhon mirando hacia atrás, en cuanto ve a Tyler en medio, le acaricia la rodilla—. Dime, ¿qué quieres comer para la cena?
—Uhh…. sí que lo consienten, empezaré a desmayarme, para que papá me compre pollo frito para cenar —bromea Zoe, causando que todos se rían.
—¿Pollo frito? Eso se oye bien, con unas buenas papás —comenta Tyler.
Al llegar a casa de los Lambert, todos los chicos suben con Tyler a su habitación, y se acuestan junto a él en la cama, enseguida, Agata le quita las medias a su hermano.
—Bueno, ustedes no dejen que se levante de allí, él tiene que reposar hoy, eso dijo la doctora —ordena Lauren, desde la puerta—. Iré a hacerles algo de tomar.
—Entonces… ¿vemos una película? —pregunta Sam.
—Sí, pero nada que elijan ellas —replica Tyler—. No veré una comedia romántica.
—Ja-ja —refutan las chicas, al mismo tiempo.
—Que les parece si mejor vemos… “El despertar luego del apocalipsis” —comenta Zoe.
—Pues no creo que la entiendas, porque es la segunda parte del “despertar del apocalipsis” —replica Tyler, mirándola.
—Claro que lo haremos, es que ya vimos “el despertar del apocalipsis” —aclara Agata, mientras que acomoda una almohada entre las piernas de Sam, y se acuesta apoyando su cabeza.
Sam le sonríe, a la vez que comienza a hacerle caricias en el cabello.
—¿Por qué vieron esa película? Es de terror, y esas a ti no te gustan —recalca Tyler, mirando a su hermana.
—Por culpa de ella, que me obliga. Está obsesionada con las películas de terror —responde Agata entre risas, tomando otra almohada, y colocándola junto a las piernas de Tyler, para que Zoe se recueste.
—¡Esperen! —exclama Zoe, antes de acostarse—. Necesitamos palomitas, ¿no haremos?
—¡Sí! ¡Vamos! —agrega Agata, ambas se levanta y salen de la habitación, bajando rápidamente las escaleras.
En cuanto los chicos se quedan solos, Sam toma el control remoto y comienza a buscar la película.
—Oye… papá dijo que en la mañana terminaremos de revisar el demo, claro…
si te sientes bien —aclara Sam—. Y recuerda que por contrato, tenemos que ir a la noche al evento de la fiesta de clausura del festival Zona cero.
Así que… tratemos de que descanses un rato en la tarde, así estás con las baterías recargadas.
—Sami… no puedo creer que iremos a esa fiesta. Es la primera a la que vamos con artistas importantes —dice Tyler, sonriendo.
—Lo sé, yo también estoy emocionado —murmura Sam.
—La pasaremos genial, solo nosotros dos —añade Tyler, mientras que Sam asiente, captando la indirecta.
—Oye… es una presentación por trabajo, entiendo bien que Kitty no debe estar allí. Lo que hablamos ayer lo mantengo, tienes derecho a colocar los límites y eso me quedo claro —afirma Sam, en tono serio—. Así que no te preocupes por eso.
Tyler lo escucha atento, a la vez que se le queda viendo fijamente, él quisiera poder hacerle tantas preguntas, pero no puede, porque eso sería romper el juramento que le hizo a su padre.
Por lo que solo asiente, y se resigna a no entender a fondo, que era lo que tanto hablaba por el radio con su hermana.
Él suelta un suspiro mientras que se acomoda en la cama, pero al hacerlo, siente algo duro en su bolsillo, de inmediato mete la mano y saca la figura del perro.
—¡Ay por Dios! ¡Es Rockie! —exclama Sam al verlo, y Tyler asiente—. ¡Eso grita Zoe por todos lados!
—¡Qué! ¿Cómo sabes que me lo dio ella? —cuestiona Tyler, confundido—. ¿Mi mamá te dijo?
—No para nada, no sabía.
—Entonces… ¿ahora eres vidente o qué? —inquiere Tyler, con la vista fija en la figura.
—Pues no hace falta, Zoe colecciona figuras de perritos, tiene cientos, si no miles —explica Sam, encogiéndose de hombros—. Así que, no hay que ser muy listo, para saber que eso vino de ella.
—¡Espera! ¿Cómo demonios sabes que los colecciona? Tenemos años sin entrar a casa de los Hill.
—Es que Kitty tiene años contándome sobre su colección de perros, por eso es que ella le regala siempre figuras, en sus cumpleaños y en navidad. La Gata tiene fotos de su colección, así sabe cuál comprarle, para que no sea uno repetido.
—¿Está obsesionada con los perros o qué? —indaga Tyler—. ¡Eso es raro!
—Es más bien algo triste, que raro, es como un trauma o algo así, Kitty me contó, que cuando le enseñaban a Zoe a andar en moto, perdió el control y se cayó al bajar una cuesta, pero que su pequeña moto siguió de largo, andando sola, y que al final, atropelló a un perrito —explica Sam—.
Como estaba muy pequeña, solo lloraba y decía que ella era quien lo había atropellado, en fin…
al perro lo llevaron al veterinario, le curaron la pata, y se recuperó, pero Zoe, no quiso montarse más en la moto, ya que tenía miedo de seguir atropellando más perritos.
—Dios… —susurra Tyler, conmovido.
—Después de que su papá la llevara y tratara de convencerla de seguir practicando, pues, no lo logró, a Zoe no le daba miedo caerse, sino volver a herir a un perro.
Hasta que un día, su papá vio un llavero de la misma raza del que había sido atropellado, y se lo compró, él pensó que si ponía las llaves de la moto ahí, ella se sentiría un poco mejor.
Aunque no entiendo esa lógica, me parece algo retorcida, pero bueno —añade Sam riéndose, y encogiéndose de hombros.
—¿Y qué pasó luego? —inquiere Tyler, completamente intrigado.