CAPITULO 24 #2
—Además, te voy a contar algo, pero debes jurarme por tu mamá, que esta acá presente, que no se lo dirás nunca a nadie, ni lo puedes mencionar delante de tu hermana, y mucho menos con Sam.
Yo lo sé, porque la Gata me lo confesó recién, y anoche mismo se lo dije a tu madre cuando llegué del restaurante.
Ty… si tú llegas a hablar sobre esto, te juro que no confiaré en ti, más nunca en la vida y sabes que yo no hablo, por hablar.
Tyler solo se cruza de brazos y asiente.
—¿Lo juras por tu madre o no? —reitera Jhon, en tono serio.
—Sí, claro que lo juro, no diré nada.
—Bueno… cuando te decimos que ellos están enamorados desde hace años es por qué estamos seguros de que lo están.
Hijo, uno no se enamora, porque alguien te parezca atractivo y ya, o porque tengan algo en común.
Realmente sucede, cuando confías y necesitas de esa persona a tal punto, que se vuelve un apoyo insustituible en tu vida —comenta Jhon, viendo por un segundo a su esposa—.
Y te puedo decir, con total honestidad, que eso ha sido Agata para Sami, él confía en ella como en nadie más, y aunque te molestes, no te lo digo para que lo tomes a mal, sino porque tienes que entender, la realidad y la magnitud de lo que pasa entre ellos.
—Okey… —murmura Tyler, extrañado.
—Hijo… te diré no solo mi opinión como un adulto que razona, sino una que está avalada, por treinta años de experiencia en carrera policial, lo cual me da la pericia, para saber leer el comportamiento de las personas —acota Jhon—.
Tienes que saber que aunque seas el mejor amigo de Sam, él confía más en Agata que en ti.
—¡Qué! —exclama Tyler indignado, a la vez que niega con la cabeza—.
¡Sin suda lo dices en broma! ¡Eso no tiene sentido!
—añade con vehemencia—. Agata es una niña, recién ahora es que ellos tienen una edad similar, y los ven más a la par, porque no se nota tanto la diferencia, pero no fue así todos los quince años anteriores.
—Dime algo… ¿recuerdas cuando Agata cumplió cinco o seis años, y le regalamos unos walkie talkie de princesas?
—¡Sí! ¡Claro que me acuerdo de eso! ¡¿Pero que carajo tiene que ver?! —replica Tyler cruzándose de brazos, a la vez que frunce el ceño.
—Okey... eran dos radios, ¿ella jugaba usándolos contigo?
—No papá, claro que no, ella nunca me los prestó —dice Tyler frustrado, sin entender el punto.
—Conmigo no jugaba, y con tu mamá tampoco. Así que… ¿con quién crees que lo hacía? inquiere Jhon.
—Pues con Zoe —responde Tyler, con seguridad—.
Agata no me los prestaba, porque ella solo tenía uno acá, el otro radio estaba con Zoe.
He escuchado el bendito sonidito de la interferencia, por años, a veces incluso, me despertaba en la madrugada.
¡Ellas no dejaban de chismear con ese aparato!
Es más, pensé que lo dejarían de usar cuando cumplió trece y ustedes le compraron el celular, pero no.
La verdad es que son muy inmaduras, aún a esta edad, siguen usando el bendito radio —comenta con un resoplido.
En ese instante, él se da cuenta como Lauren suelta un sollozo y se limpia las lágrimas del rostro.
—¿Por qué demonios lloras mamá? —inquiere confundido, viendo como su padre se acerca a ella, para consolarla—. No dije nada malo. ¿Qué demonios ocurre? —reitera cruzándose de brazos.
—Cariño… ¿cuántos metros dirías que hay desde aquí hasta la casa de Zoe?
—No sé papá… ¿por qué?
—Solo dime un cálculo, un aproximado —insiste Jhon, mientras que le acaricia la mano a su esposa.
—Pues... como unos 120 o 150 metros.
—Okey, ese es un buen estimado. Ahora, ¿sabes cuál es el alcance de un radio de juguete de ese tipo? No me refiero a los actuales modernos, sino a ese viejo de princesas.
—No sé… no tengo ni idea —dice Tyler, encogiéndose de hombros.
—Cariño… ese walkie talkie, no tiene más de veinte metros de alcance —explica Jhon.
—Okey… —murmura Tyler, a la vez que se queda pensativo durante un par de segundos—. Eso no tiene sentido… —agrega negando con la cabeza—. Papá… te puedo describir el bendito sonido que hace el radio cuando aprietan el botón para hablar, lo he oído por años. No estoy mintiendo.
—Sé que no mientes, pero Agata no hablaba con Zoe, es imposible, tú mismo dijiste la distancia —acota Jhon—. Hijo… todos estos años, cada vez que oías esa interferencia, ella estaba hablando con Sami.
Al escuchar eso, Tyler se queda inmóvil, viendo fijamente a sus padres, sin parpadear, mientras que cientos de pensamientos, cuestionamientos y dudas, pasan por su cabeza. Por su parte, Lauren y Jhon se mantienen en silencio, esperan que él reaccione o diga algo.
Con la cabeza hecha un caos, el ruido mental aturdiendo sus neuronas, sumado a la irritabilidad que ya tenía, por no haber comido nada, y con pensamientos intrusivos yendo y viniendo, Tyler se da cuenta que estuvo equivocado con lo del radio, todo este tiempo.
Él acaba de entender, que todas las veces que escuchaba ese sonido, era Sam buscando a su hermanita, esta nueva información, libera en un segundo, un caudal interminable de preguntas sobre su amigo, para las cuales, él simplemente no tiene respuesta.
Ese que él sentía como su hermano de otros padres, su mejor amigo, ahora parece ser un desconocido.
Sin decir nada, Tyler solo baja la mirada, se da la vuelta y camina hacia la entrada de la casa.
En cuanto abre la puerta, baja las escaleras del porche mirando a la nada, sigue avanzando por el jardín hasta que se fija en las compras de mercado, que se encuentran en el maletero de la camioneta de su padre.
Rápidamente, antes de que alguien se dé cuenta, él mete la mano en una de las bolsas, saca una lata de bebida energética, y continúa alejándose por la calle con la vista fija en su mano.
—Él era el que la buscaba… ¿Qué tanto puede hablar Sam con Agata?
Han sido años... ¡Y las horas no cuadran!
¿Por qué Sam hablaría con ella a las dos de la mañana?
Y no es de ahora... que lo hiciera ahorita, puede ser por calenturiento, pero…
¿por qué demonios lo hacía cuando ella tenía siete años? No entiendo —murmura para sí mismo.
Tyler abre la bebida energética, y debido a que tiene mucha hambre, ignora el hecho de que está, se encuentra caliente, por lo que se la toma por completo, de un solo sorbo sin parar, a la vez que continúa caminando.
—¡Es más! ¿Por qué demonios siguen hablando por el radio? Si Agata tiene teléfono… es que no puede ser… eso no tiene sentido alguno. Es que si es solo por calenturiento, le pide una foto o le hace una videollamada —dice agarrándose la cabeza con ambas manos, avanzando por la calle.
—¡Es que han sido años! ¡Eso no me cuadra! ¿Por qué hablaría con ella en la madrugada, cuando los dos eran niños? ¿Qué carajo hacia Sam despierto a esa hora cuando tenía diez años? ¿Trasnochándose para hablar por radio con una niña? ¡No! ¡Imposible! —exclama deteniéndose junto a un jardín.
Soltando un suspiro largo, Tyler baja la vista para mirarse los zapatos, y en ese instante, se le revuelve el estómago, por lo que tomando una respiración profunda, levanta la cabeza hasta observar el segundo piso de la casa que se encuentra frente a él.
—¡Zoe! —grita con fuerza, una sola vez.
Mientras tanto. apoya una de sus mano al tronco del árbol que está en el jardín, unos segundos más tarde, observa como ella se asoma por la ventana de su habitación.
—¡Hola! —replica ella, al verlo—. ¡Espera! ¡No te vayas! ¡Te vas a morir, tengo un regalo para ti!
Tyler se mantiene en silencio, viendo como Zoe desaparece al interior.
—¿Un regalo? ¿Quién demonios está ahí? —murmura Zac para sí mismo sentado en el comedor, al escuchar los gritos.
De inmediato se levanta, se acerca a la ventana de la sala y es ahí, cuando nota que Tyler se encuentra en su jardín.
—¡¿Qué mierda?! ¡Esto debe ser una maldita broma! —exclama molesto regresándose a la cocina.
Mientras que se está lavando las manos en el fregadero, observa como Zoe baja corriendo las escaleras y sale a toda prisa hacia afuera.
—¡¿Qué carajos?! —replica indignado, caminando nuevamente hacia la ventana, se queda observando la interacción de ellos, con detenimiento, a la vez que se seca las manos en su pantalón con el ceño fruncido.
—¡Hola Ty! —dice Zoe alegremente, acercándose.
—Hola —responde Tyler, en tono suave—. Oye... no estoy loco, solo tengo una pregunta.
—Okey… no estás loco, ya me quedo claro. Entonces… ¿cuál es la pregunta? —inquiere ella, riéndose.
—¿Te acuerdas una vez cuando le regalaron unos walkie talkie de princesas a la Gata? ¿Los recuerdas?
—¡Sí claro!
—¿Eso quiere decir que sí los usaste con ella? ¿Sí jugaban juntas con ellos?
—Pues sí… nosotras los usábamos, en el jardín desde tu casa hasta el de los Meyer ¿Por qué?
—¿Pero de noche? —cuestiona él, desesperado.
—¡No Ty! ¡Claro que no! Solo de día, y algunas tardes hasta que tú se los partiste, y acabaste con nuestra diversión —acota Zoe, entre risas.
—¿Que yo se los partí? —replica Tyler, confundido.
—Sí… ¿no lo recuerdas?
En ese momento, Tyler se pone pálido, a la vez que se lleva ambas manos a la cabeza, su respiración se vuelve pesada.
—Oye… ¿por qué dices que se los partí?
—Pues eso fue lo que ella me dijo, y bueno…
¿por qué no le creería? —afirma Zoe, encogiéndose de hombros—.
Entonces… sí los recuerdo, fue divertido aunque por poco tiempo, pero ahora con estos es más divertido —comenta mostrándole el teléfono en su mano—.
Tenemos los mejores memes del mundo, y nos mandamos notas de voz, no necesitamos un radio que se oye mal.
Tyler se mantiene en silencio, mientras que la ve con la mirada perdida.
—Por cierto… lo que te dije hace un momento, desde allá arriba, es verdad —añade Zoe, pero al ver que él no parpadea, ella lo toma del brazo.
—¡Mierda! —exclama Zac, quien se ha mantenido viendo todo, desde la ventana de la casa.