Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 23 #2
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CAPITULO 23 #2

—No me agradezcas mamá Lucy, solo quiero que sean felices y ya, eso es lo único que deseo —recalca Agata, sonriéndole.

Por su parte, Charlie al escuchar las palabras de su esposa, se limpia las lágrimas que le corren por el rostro, mientras que se acerca a ellas, y las envuelve a ambas en un abrazo.

—Gata, cariño… esto es lo más lindo, que alguien jamás hizo por nosotros —dice él, con la voz entrecortada—.

Es el gesto más hermoso y puro que nunca esperaríamos recibir de nadie.

En serio… te lo digo, estamos tan felices, no te imaginas lo que representa para nosotros ese pastel, esos tres corazones, las perlas, la cinta negra, y sobre todo, las figuras de los novios, todo eso tiene demasiado significado.

Te juro por mi vida, que no pensé que esto, alguna vez nos pasaría, es más que perfecto, así que…

gracias. De todo corazón, gracias, no lo olvidaremos jamás.

—Ya chicos… ¡Por Dios! ¡Me hacen llorar! —replica Agata, sorbiendo por la nariz—. Me alegra que les haya gustado, y de verdad, espero que sean siempre felices, eso es lo único que importa.

—Eso tenlo por seguro, te aseguro que lo somos —afirma Charlie, viéndola a los ojos.

—Sí, cariño te juro que yo ya no puedo ser más feliz, de lo que soy ahora —añade Lucy, acariciándole el cabello a Agata.

—¡Genial! ¡Entonces mantengámonos todos felices! ¡Eso suena como un buen plan para mí! —declara ella, sonriendo.

—¡Oigan! ¡Ya no lloremos más! —exclama Sam, llamando la atención de todos—. Ven Kitty, siéntate junto a mí —agrega extendiéndole la mano.

Agata le sonríe, mientras que se limpia las lágrimas del rostro, para luego tomar su mano y sentarse en la mesa junto a él.

—¿Quieres comer algo? Porque… yo me estoy muriendo de hambre —comenta Sam, entrelazando sus dedos con los de ella, por debajo de la mesa.

—Sí Sami —responde ella, sonriéndole completamente enamorada.

En ese instante, Sam se queda una vez más, cautivo en su mirada, poco a poco, él se acerca hacia Agata para depositarle un suave beso sobre la mejilla.

—¿Estás bien? —murmura ella viéndolo a los ojos, Sam le asiente y nuevamente le da un beso en la otra mejilla.

Por su parte, Charlie y Lucy vuelven a tomar asiento, mientras que  acomodan el pastel, en medio de la mesa.

—Bueno… ¿qué quieren comer? —pregunta Charlie, acariciándole el hombro a su hijo.

—Pues… no sé. ¿Kitty tu qué quieres comer? —cuestiona Sam, apretándole los dedos, a forma de juego.

—¡Sami! —exclama ella, indignada.

—¿Qué? —replica él, haciéndose el confundido.

—Me pones mucha presión… sabes que soy muy indecisa para elegir en un menú normal, más en uno que no conozco, y este es un restaurante de lujo, de seguro que tendrán platos que nunca he oído que existen. No podré decidirme —murmura Agata, apenada.

—Eso es fácil, solo dime que plato no has probado y vemos si está en el menú —dice él, sonriéndole.

—Pues… nunca probé el magret de pato —responde Agata, encogiéndose de hombros.

—¿Magret?¿Qué rayos es eso? —cuestiona Sam aguantando la risa, pero es inevitable, ya que todos terminan riéndose.

—Es la pechuga de pato —aclara Agata, entre risas—. He visto la receta, pero hay que saber cocinar el pato, porque no es una carne fácil de preparar.

—Perfecto —susurra Sam, a la vez que levanta la mano y llama a uno de los meseros.

Mientras tanto, Charlie comparte una mirada cómplice con Lucy, a la vez que le sonríe, por ver, como su hijo toma la iniciativa.

—Buenas noches —dice el mesero—. Puedo ofrecerles unas bebidas, ¿o desean ordenar?

—Buenas noches, me gustaría saber, ¿si en el menú tienen magret de pato? —pregunta Sam.

—Sí, de hecho lo tenemos a la naranja, también con foei, con peras y cardamomo, además de frutos rojos —indica el mesero, al mismo tiempo que Sam voltea hacia Agata.

—No sé —murmura ella, apenada—. ¿Cómo se supone que elija? No he probado ninguno —añade acercándose a él.

—En ese caso… mejor pruébalos todos —declara Sam suavemente, sonriéndole.

—¿Los cuatro? —inquiere ella negando, a la vez que le aprieta la mano a Sam por debajo de la mesa.

«Por Dios… que pena, no quería ordenar nada… ¡Y ahora Sami, pide cuatro platos de lo mismo para mí! Es excesivo… que vergüenza.»

—No Sami —murmura ella, viéndolo a los ojos.

—Sí, además, me muero por probar esos patos, aunque si tuviera que adivinar, de seguro que te gustará más, el que tiene las peras.

Agata se mantiene en silencio, al mismo tiempo que se ruboriza por completo.

—¡Me parece una idea genial! ¡A mí también me provocan esos patos! —afirma Lucy, al notar lo cohibida que está Agata—. Cariño… ¿te parece si los pedimos? —inquiere tocándole el brazo a ella—. Así podemos probar cual nos gusta más.

Agata le asiente con una pequeña sonrisa, mientras que Sam, voltea para ver a su madre, gesticulando un “gracias” con los labios.

Después de unos minutos, el mesero trae la comida, de inmediato las chicas, comienzan a combinar en cada plato, las diferentes versiones del magret de pato, para que todos lo prueben.

Durante la cena, ellas tratan de ordenar del mejor al peor, mientras que comen y conversan, también eligen cual es el mejor acompañante para el pato.

—Oye cariño, sé que aún no es tu cumpleaños, pero… es que no me aguanto más las ganas. Te diré cuál es el regalo, que te daré por tus dieciséis años —comenta Lucy emociona, tomando un poco de su vino.

—¡No! ¡Eso no se vale! ¡Aún faltan unos días! ¡Mamá no lo hagas! —exclama Sam, pero de inmediato, es interrumpido por Agata.

—¡Sí! ¡Yo sí quiero saber! ¡Dime, dime! ¡No le hagas caso a Sami! —replica Agata, riéndose.

—¡No mamá! —reitera Sam.

—Cariño… pero es que si no se lo digo hoy, entonces a más tardar tenía que hacerlo mañana. ¿O esperabas que la secuestrara sin decirle nada? Ella necesita tiempo para tener todo listo, ¿o no? —acota Lucy.

—¿Secuestrarme? ¿Tener todo listo? —cuestiona Agata, confundida—. ¡Ay por Dios! ¿De qué hablan?

—De nada Kitty, es que ya mamá tomó mucho vino, tú ignora todo —comenta Sam, a la vez que voltea a ver a su padre en busca de ayuda.

—Sami pero… es verdad, hace rato, tu mamá me comentó que se lo diría mañana —agrega Charlie.

—¡Pero era una sorpresa! —refuta Sam.

—¡Ay Sami! ¡Quiero saber! ¡Por favor! ¡Por favor! —insiste Agata, en tono de súplica—. No voy a poder dormir hasta mañana, así que mejor que me diga hoy, y podré dormir tranquila —añade tomándolo del brazo y haciendo puchero.

—Mmm... —murmura Sam negando con la cabeza, mientras que le sonríe—. Está bien, cuéntale —dice volteando hacia donde su madre.

—¡Sí! —exclama Agata, emocionada.

—Bueno cariño, necesito que no te comprometas con pedidos para esta semana —indica Lucy.