CAPITULO 23
En cuanto llegan al estacionamiento del restaurante, Sam y Jhon, se quedan observando, mientras que Agata comienza a armar el pastel, apoyándose en la compuerta trasera de la camioneta.
—¡Ya está listo! —dice ella, volteando a ver a los chicos—. Sami, colócale los novios.
—¿Yo? —inquiere él, sorprendido.
—¡Sí, tú!
—Okey —murmura él acercándose, para colocar la figura, en el medio del corazón.
—Está increíble, quedó igual al original —comenta Jhon, sonriendo—. Déjenme mandarle una foto a Lauren.
—Entonces… ¿cómo quieres hacerlo? —cuestiona Agata.
—No sé… la verdad es que, con todo lo que pasó, no pensé en lo que haría, al llegar a esta instancia —responde Sam, riéndose.
—Bueno… creo que lo mejor es que simplemente agarres el pastel, y les llegues a la mesa con la sorpresa.
—Sí, te apoyo hija, ese es un buen plan —afirma Jhon.
—No Kitty, pero todo esto fue tu idea. Yo no quiero quitarte el merito —replica Sam.
—¡No! ¡¿Cual merito?! Sami, son tus papás, ellos no se esperan ver a su único hijo, acercarse con el pastel de su boda —explica Agata.
—Es verdad, tendrá más significado para ellos, que lo lleves tú —añade Jhon.
—¡Ay por Dios! —dice Sam—. ¡Ahora sí estoy nervioso!
—¿Te pones nervioso por ver a tus padres pero no por cantar delante de miles de personas? —bromea Jhon.
—Sí… lo sé, pero es que siendo honesto… me siento muy ansioso —confiesa Sam, agarrándose la frente.
—¡Vamos! —exclama Agata, levantando el pastel y comienza a caminar.
—Espera… ¿qué pasó con el plan de que lo llevara yo? —inquiere Sam a su lado, mientras que Jhon va detrás de ellos.
—Sí lo llevaras tú, yo solo te estoy dando un empujoncito, para entrar —aclara Agata, a la vez que Jhon, se ríe al escucharla.
Los tres llegan a la entrada del restaurante, en el momento que ingresan, miran atentos todas las mesas.
—¡Allá! —indica Jhon, señalando con discreción—. Están del lado derecho, como a diez mesas de acá.
—Ay por Dios… Ya los vi, creo que me desmayaré —murmura Sam suspirando varias veces, a la vez que recibe el pastel de las manos de Agata.
—Oye… no te desmayarás, deja de pensar eso —susurra Agata, acariciándole el brazo—. No estés nervioso Sami, será increíble. Este es un día muy feliz para ustedes tres, ya ve.
—Gracias —replica él, sonriéndole.
—No, esa palabra está prohibida —replica ella, riéndose con complicidad.
Sam le asiente, suspira una vez más y comienza a caminar hacia la mesa donde se encuentran sus padres, mientras que Jhon, se coloca detrás de Agata, abrazándola con una mano, a la vez que con la otra levanta su teléfono.
—¿También grabarás? —cuestiona ella, sosteniendo su propio teléfono entre risas.
—Claro, tu mamá me mataría, si llego sin el video —bromea Jhon, mientras que ambos observan a Sam, avanzar lentamente entre las mesas.
—Entonces amor… ¿cuántos puntos me das por esta primera cita? —pregunta Charlie, tomando un sorbo de su bebida.
—Mmm…. Pues, veamos… cine, helado, cena en un restaurante lujoso... y justo en uno, que me trae lindos recuerdos. Sin duda, estás obteniendo un montón de puntos extras —responde Lucy, sonriéndole.
—¿Un montón? —cuestiona Charlie, emocionado—. Eso suena genial para mí, y si la cosa sigue así… no me extrañaría, que te declare mi amor, bajo el cielo estrellado de esta noche, mientras que te toco la guitarra.
—¡Uh! ¿Tocas la guitarra? —inquiere Lucy sorprendida, a la vez que estira el brazo sobre la mesa.
—Sí, desde que tenía ocho años —responde él, tomándole la mano—. También se tocar el bajo y el teclado, es que vengo de una familia de músicos.
—¡Eso es lindo! Seguramente tendrás un hijo músico —replica ella, guiñándole el ojo.
Charlie y Lucy se encuentran muy distraídos, tratando de revivir la misma conversación que tuvieron hace más de veinte años.
En ese instante, Sam se detiene junto a su mesa, unos segundos más tarde, al sentir una presencia, ellos giran el rostro y observan a su hijo sosteniendo el pastel de su boda.
—¡Ay por Dios! —exclama Lucy con fuerza, y comienza a llorar.
Por su parte, Charlie se encuentra en shock, con la vista fija en la figura sobre el pastel, de inmediato, un recuerdo viene a su mente, cuando minutos antes de la boda, Lucy decidió usar una cinta negra atada en la cintura de su vestido, y también se la colocó a la base del pastel, solo para que siguiera la vibra rockera de la figura del novio con la guitarra.
—Hijo —susurra Charlie, a la vez que niega con la cabeza y las lágrimas empiezan a correr libremente por su rostro.
Mientras tanto, desde lejos, Agata se encuentra llorando sin parar a la vez que graba el momento, ella y Jhon, ven como Sam apoya el pastel en la mesa, y de inmediato, Lucy se levanta y lo abraza, unos segundos después, Charlie hace lo mismo.
—Ay por Dios… Papi, no puedo con esto. Me supera —dice Agata, limpiándose las lágrimas, mientras que observa como Sam se mantiene abrazado con sus padres.
—Lo sé cariño. Oye… esto que hiciste fue hermoso, en serio, no lo digo porque fuera una buena idea, sino porque en verdad, significa mucho para ellos. ¿Sabes que nunca olvidarán esto que hiciste? —inquiere Jhon, dejando de grabar para verla a los ojos.
—Papi yo haría lo que fuera por verlos felices, es que Sami sufrió tanto.
—¿Tanto? —cuestiona él extrañado y Agata asiente—. Cariño pero… ¿solo exageras o lo dices en serio?
—En serio, yo no mentiría con eso. Sam lloraba todas las noches desde que se fue Charlie.
—¿Y cómo lo sabes?
—No soy boba papi, me di cuenta al día siguiente de que él se fuera, porque Lucy compró pizza, pero Sami no quiso comerla, entonces yo busqué una lata de maíz en la casa, le coloqué un poco sobre algunas rebanadas, las volví a calentar, se las di, las recibió con mucha melancolía, y mientras las comía, algunas lágrimas corrieron por su rostro —explica Agata—.
Él no me dijo, pero no hizo falta, yo supe lo que pasaba, antes había visto como Charlie le colocaba mucho maíz a las rebanadas de Sami.
—Entiendo…
—Él comió, pero me di cuenta que seguía triste, así que regresé a la casa y busqué mi walkie talkie de princesas, luego volví con Sami y se lo di.
Le dije que si se sentía solo, me hablara, que podíamos ver una misma película y comentarla por los radios.
Él me sonrió y respondió que esa era una gran idea.
—Entonces… ¿se hablaban por radio en las noches? —pregunta Jhon, sorprendido.
—Sí, Sami a veces tenía pesadillas y me hablaba, o yo las tenía y lo llamaba a él.
—¿Y por cuánto tiempo lo hicieron?
—Desde que Charlie se mudó, hasta… que pasó lo de la fiesta de las gemelas.
—Espera… ¿aun funcionan esos radios?
—Claro, Sami les compra las baterías por paquetes, porque son muy viejos, y no son recargables.
—¡Ay cariño! Te hubiese comprado unos más modernos, de los recargables —comenta Jhon, acariciándole el cabello.
—No papi, nosotros no queremos de esos modernos.
—¿Por qué no? —cuestiona Jhon, frunciendo el ceño.
—Porque Sami dice que tienen más alcance, y que otras personas pueden escuchar lo que hablamos, en cambio estos, si te alejas más de veinte metros, dejan de oírse.
—Okey… sí, en eso tiene razón. Aunque… si ya hace varios años que tienes tu teléfono, ¿por qué seguirías usando el radio con él?
—No sé, creo que nos acostumbramos —responde Agata, riéndose—.
El teléfono obviamente lo usamos para comunicarnos, pero el radio, lo utilizamos solo en la noche, por diversión, sobre todo porque nos gusta molestar al otro con alguna tontería, un chiste malo, o solo para saber que estamos viendo en la televisión, cosas tontas realmente —aclara Agata, encogiéndose de hombros—.
Como es algo nuestro, que nadie sabe, entonces simplemente lo seguimos haciendo por costumbre.
Bueno… que nadie sabía, porque ahora tú lo sabes, pero…
no le digas a Tyler, de seguro se molestará, ya que a él, no se le ocurrió esa brillante idea, de hablar por radio con Sami.
—Tranquila cariño, claro que no diré nada. Mira… Sam te hace señas —dice Jhon, señalando hacia la mesa—. Ya ve, nos vemos en la casa.
—Espera… ¿quieres que me quede? —inquiere Agata, sorprendida—. Pensé que me regresaría contigo.
—No mi vida, quédate, estoy seguro que los tres querrán que cenes con ellos.
—No papi, es que no quiero auto invitarme, eso quedaría muy feo. Me da pena.
—Cariño, pero no te estas auto invitando, Sami es quien te está haciendo señas para que te acerques, es una invitación muy clara —afirma Jhon, sonriéndole.
—¿Estás seguro?
—Claro, soy chico, sé cómo funciona —bromea Jhon—.
Te digo algo, si él no quisiera que te quedaras, simplemente no te hace señas, solo se acercaría disimuladamente para despedirse, en cambio, está llamándote delante de sus padres.
Eso quiere decir que Sami, ya le dijo a ellos, que tú estás acá con él, por lo que estoy cien por ciento seguro, que estás más que invitada —asegura acariciándole el cabello.
—Okey papi, gracias —murmura ella, viéndolo a los ojos y ambos se sonríen.
—Ya ve —susurra Jhon, inclinándose para darle un beso en la frente.
Agata toma una respiración profunda y juntando sus manos, comienza a caminar hacia la mesa donde se encuentran los Meyer, a medida que se acerca, nota como los tres, aún tienen los ojos llorosos.
Por su parte, Sam se sorprende al notar que ella está nerviosa, ya que no es habitual, por lo que extiende su brazo, pero antes que ella pueda tomarle la mano, Lucy se voltea, y la abraza con fuerza.
—¡Mi vida! ¡Por Dios! ¡Eres increíble! ¡Esto es lo más lindo que me ha pasado en la vida! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! —repite varias veces Lucy, sin dejarla de abrazar.
—Tranquila… no fue nada —susurra Agata, conmovida.
—Cariño… eso lo fue todo para mí, te amo, te amé desde que llegaste al mundo, pero… es que no entiendes, lo que significa esto para mí, justo en este momento de mi vida —declara Lucy, a la vez que comienza a llorar de nuevo—. No tengo palabras, para explicarte como me siento.