Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 22
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CAPITULO 22

Mientras tanto en el jardín de los Meyer, Tyler sigue registrando un sector específico, trata de hacerlo metódicamente, para no tener que revisar donde ya lo hizo.

—Oye… ¿qué haces ahí? ¿Estás borracho?

Al escuchar la voz, Tyler levanta la cara y ve a Zoe, de pie a su lado, observándolo.

—No... Solo estoy buscando algo —responde, para luego bajar la mirada y continuar haciéndolo.

Por su parte, a Zoe solo le bastó ese instante, en que él la miró, para notar lo rojo que estaban sus ojos, si no estaba borracho, entonces deduce que estuvo llorando.

—Dime… ¿qué buscas? —inquiere ella, agachándose—. Así  te ayudo.

—¿Me ayudarías? —cuestiona él incrédulo, levantando de nuevo la mirada.

—Claro, ¿por qué no? Somos amigos, aunque te conviertas en una mega estrella de rock, y luego no voltees a verme —bromea ella, causando que por un instante, se dibuje una fugaz sonrisa en rostro de Tyler.

—Bueno... es que… eres amiga de la Gata —acota él, mirándola fijamente.

—Sí, claro que lo soy, pero también tu amiga. ¡Ya dime! ¿Qué estamos buscando?

Tyler, en medio de su tormento emocional, siente algo de paz, al ver que alguien se ofrece a ayudarle.

—Son unas figuras de plástico, de unos novios besándose, esos que se ponían antes sobre los pasteles de boda. Miden como tres dedos de alto, y el novio tiene una guitarra eléctrica.

—Okey… sí, ya me imagino como son. ¿Dónde ya buscaste? Así empiezo por otro lado.

—Desde aquí hasta las escaleras del porche ya busqué; si quieres, empieza desde aquella esquina del césped.

—Perfecto, lo haré —responde ella levantándose, para enseguida, dirigirse hacia esa zona.

Cerca de quince minutos después, Tyler ve estacionarse la camioneta de su padre, Lauren y Jhon se bajan de inmediato, mientras que atraviesan el jardín, ambos comparten una mirada, cuando notan a su hijo en un extremo, a cuatro patas revisando todo, y a Zoe del otro lado, en la misma posición.

—Cariño… acá estamos —dice Jhon.

—Okey papá —murmura Tyler, sin levantar la mirada.

—¿Por qué estás buscando acá? —cuestiona Jhon, frunciendo el ceño—. Deberías revisar adentro, los chicos dijeron que abrieron la caja solo en la habitación de Lucy.

—Allá no está, ya busqué bien —replica él con la voz entrecortada, y aun sin levantar la cabeza.

—Cariño —murmura Lauren, agachándose cerca de él—. No es tu culpa, realmente no es de nadie. No te preocupes, conseguiremos las figuras —afirma acariciándole el cabello.

Tyler niega con la cabeza, a la vez que levanta el rostro, y en cuanto lo hace, sus padres notan lo enrojecidos, que están sus ojos.

—¡Hey! ¡Tranquilo! ¡Las conseguiremos! ¡Ya viene la unidad canina! — afirma Jhon, también agachándose.

—¿Si vienen? —cuestiona Tyler, con la voz quebrada—. No pensé que el Coronel aceptara.

—Claro que vienen, pero si el Coronel no aceptaba, yo le hubiese pedido apoyo, a algún oficial de la escuela canina. Hay cientos de perros allí, que están en entrenamiento —acota Jhon.

—Gracias pá —susurra Tyler, a la vez que se seca las lágrimas del rostro.

—No cariño, no me agradezcas, más bien, gracias a ti. Esa fue una gran idea, honestamente… no se me hubiese ocurrido —añade Jhon.

Justo en ese momento, todos ven el auto de Lauren estacionarse, Tyler por su parte, se queda inmóvil, mientras que su cerebro, observa en cámara lenta, como Sam se baja, y corre desesperado hacia su casa, al llegar a su lado, se da cuenta que tiene los ojos rojos y el nivel de ansiedad que lo embarga.

—¡No los consiguieron! —exclama Sam, quebrándose por completo, al ver a Tyler agachado buscando—. ¡Ay por Dios! ¡Es mi culpa!. ¡Todo esto es mi culpa! ¡No debí haber dicho que haría la réplica de ese pastel! —añade, a la vez que se deja caer en el piso y comienza a llorar—. ¡Es mi culpa!

—Si no hubiera hecho ese pastel, no tendríamos que haber tomado las figuras, y Lucy todavía las tendría resguardadas —dice Agata entre sollozos, sentándose en un escalón del porche.

En el instante que escucha a su hermana, Tyler comienza a llorar desconsoladamente, a la vez que se lleva ambas manos a la cara, en un intento de ocultarlo de sus padres.

Por su parte, Lauren y Jhon se quedan atónitos, sin saber cómo procesar todo lo que sucede, mientras que ven a los tres chicos, tirados en el suelo, todos llorando sin control, debido a la desaparición de unas figuras de plástico.

En ese momento, Zoe al oír a Agata, entiende lo que está pasando, por lo que se levanta y se acerca a ellos.

—¡Oigan! ¡¿Qué demonios?! ¡Ya dejen de llorar!

—exclama ella, con las manos en la cintura—.

La figura no va a aparecer sola, si van a seguir llorando, por lo menos háganlo mientras siguen buscando, porque ya se está haciendo más oscuro.

Jhon… —añade volteando a verlo—. Tienes que conseguir unas linternas o algo, ya que a esta hora, es difícil buscar entre el césped.

—Chicos… —dice Jhon, aclarándose la garganta—. Zoe tiene razón, aunque vengan la unidad canina, tenemos que seguir buscando. Traeré mi camioneta, para iluminar el jardín con las luces de los faros LED.

—No… no busquen aquí, hay que hacerlo adentro —replica Sam, limpiándose las lágrimas.

—No Sami, hay que buscar acá, adentro no está, ya yo revisé en todo el piso de la casa —explica Tyler.

—Pero es que nosotros no entramos al jardín, cuando vinimos por la figura —recalca Agata.

—De seguro se cayó cuando salieron, fíjate que hubo mucha brisa hoy, mira como están todas las hojas, regadas hacia allá, incluso esas ramas grandes —acota Tyler, señalando con la mano—.

Gatita… escúchame, seguramente están acá, si se hubieran caído sobre el piso de concreto, ya la hubiésemos visto —añade secándose las lágrimas.

En medio de toda la zozobra, todos los presentes, notan como Tyler le responde a Agata con sutileza, además de que también, la llamó por el sobrenombre de Gatita, sin embargo, ninguno lo menciona.

—Okey… —murmura ella, limpiándose el rostro—. Eso tiene sentido, si la brisa arrastró esas ramas grandes, pudo haber movido unas figuras tan pequeñas.

Finalmente, Jhon dispone su camioneta con los faros encendidos hacia el jardín, y mientras que los chicos buscan en el césped, él y Lauren, ingresan a la casa, para registrar nuevamente todo el piso.

Pasados algunos minutos, todos se mantienen con la búsqueda, hasta que son interrumpidos por unas luces.

—¡Pero qué rayos! —exclama Zoe, al observar que dos patrullas de policía se acercan.

—¡Papá! ¡Papá! —grita Tyler, cuando los automóviles se detienen frente a la casa.

—¿Por qué vino la policía? —inquiere Zoe, confundida.

—Deben traer los perros, para buscar a los novios —explica Agata.

—¡Carajo! ¡¿Es que la figura está llena de drogas?! —inquiere Zoe, mirándolos a todos.

—¡No! —responde los tres chicos al unísono, a la vez que dejan escapar una pequeña risa.

—Entonces… ¿para que traen perros antidroga? —replica Zoe, frunciendo el ceño.

—Son perros de búsqueda y rescate, esos que usan cuando se pierden las personas —aclara Tyler.

—¡Ay que emoción! ¡Ya quiero verlos! —exclama Zoe, con estusiasmo.

En ese momento, Jhon y Lauren salen de la casa, mientras que los tres oficiales, descienden de las patrullas, acompañados por un labrador, un dálmata y un beagle.

—¡Ay por Dios! ¡Trajeron tres! —comenta Agata, emocionada.

—Sami, búscame la cajita —indica Jhon, caminando para acercarse y saludar a los policías.

Sam se dirige al porche, donde está el bolso de Agata, toma la pequeña caja y va corriendo hasta donde se encuentra Jhon con los perros y se la entrega, mientras que todos los demás, se reúnen para observar lo que sucede.

De inmediato, el policía recibe la caja, la abre y procede a hacer que los perros, los cuales se encuentran sentados en fila, la olfateen por cada uno por turno.

Por su parte, Tyler se cruza de brazos, se mantiene en completo silencio, observando la situación, Lauren al notarlo, se le acerca y le acaricia la espalda para consolarlo.

—Chicos… están oliéndola mucho —comenta Agata, preocupada—. Espero que sí sean buenos buscando cosas.

—Sí… Yo confió en el chiquito —añade Tyler, con tono seguro.

—¿Por qué en él? —indaga Lauren.

—Porque ese es un beagle mamá, es un cazador nato, ellos se desesperan siguiendo rastros —explica Tyler, a la vez que todos ven como cada oficial, sostiene la correa de un perro y comienzan a caminar rumbo a la casa.

—¡No! —exclama Tyler, llevándose las manos a la cabeza.

—¿Qué pasó? ¿Ya no confías en el cazador? — pregunta Agata.

Tyler no sabe que responderle, mientras que sigue viendo a los policías moverse con la unidad canina, unos segundos más tarde, Sam se acera a ellos nuevamente.

—¿Qué dijeron? —cuestiona Tyler.

—Pues… que trajeron tres perros, porque ellos solo están entrenados para búsquedas de olores específicos, uno es de explosivos, otro de rastro humano, y el otro lo usan para drogas, pero dicen que ellos, son los que se desesperan, rastreando el olor de sus juguetes nuevos.

Entonces, como el plástico con el que están hechos los novios, no es un olor para el que ellos estén adiestrados, por eso trajeron a esos tres, ya que son los más curiosos buscando olores nuevos —acota Sam, a la vez que escuchan, como el dálmata comienza a ladrar en el porche.

En ese instante, todos voltean la vista hacia allá, para observar como el oficial que tiene el dálmata, toma el bolso de Agata, el cual se encontraba sobre la baranda, causando que los presentes, se miren decepcionados entre sí, mientras que Jhon, le explica al policía, que la caja de la figura, estuvo guardada allí.

—Pero eso es algo bueno… porque significa, que sí saben buscar ese olor —comenta Agata, a la vez que ven, como los tres perros entran a la casa con los oficiales.

Unos minutos después, escuchan ladridos y todos corren hacia el porche, en cuanto se asoman en la puerta, ven al labrador sentado frente a la mesa del comedor, mientras que el oficial revisa el área.

—¡Papi! —exclama Agata.

—Dime —responde Jhon, volteando para verlos en el umbral.