Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 21 #3
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CAPITULO 21 #3

—No Jhon —interviene Sam, angustiado—. No están en esas, porque la caja donde estaban guardados, es la que tengo en mi mano.

—Ya sé cariño, pero es mejor que chequeemos todo bien, no te angusties —agrega Jhon, con voz tranquila.

Por su parte, Tyler escucha la conversación, y se queda sin entender nada, mientras que va abriendo las cajas una por una, consigue muchas joyas, pero no lo que buscan.

—Papá… ya revise todas las cajas, pero no hay ningunos novios.

—Okey, ahora acuéstate en el piso y mira toda la superficie, no solo bajo la cama. Necesito que mires todo el piso de la habitación, observa cada rincón —indica Jhon.

—Está bien —murmura Tyler, agachándose y gatea por todo el piso, viendo bajo los muebles y en cada equina.

Mientras tanto, Agata continúa llorando a más no poder, a la vez que Sam, está hecho un mar de nervios.

—¡Es mi culpa! ¡No debí haberlos sacado! ¡Esto no me puede estar pasando! —exclama Sam con fuerza, a la vez que se quiebra completamente.

—Ya cariño… no llores, lo solucionaremos tranquilo, te lo prometo —afirma Lauren.

—Esperen… ¿Sami está llorando? ¿Por qué? —pregunta Tyler, mientras que se asoma debajo de un sillón.

—Mi vida, es por los novios, tú sigue buscándolos, necesitamos que los consigas rápido —explica Lauren.

—No lo entiendo... —murmura Tyler, a la vez que gatea por todo el piso—. ¿Al menos me los pueden describir? ¿Son como un dije de oro o de plata? ¿Pequeños o grandes?

—No cariño, no son un dije —acota Jhon—. Oye Sami, ¿cómo de qué tamaño son?

—No sé la medida, pero… me cabían en la palma cerrada de la mano —responde Sam, mientras que se limpia el rostro.

—Hijo, los novios miden como tres o cuatro dedos de alto, son figuras de plástico —aclara Jhon.

—¡Y el novio tiene una guitarra! —agrega Lauren.

En ese instante, Tyler se sienta de golpe al escuchar la descripción, a la vez que se lleva las manos a la cabeza, con los ojos abiertos, totalmente sorprendido.

«¡Mierda!»

—Cariño… sigue buscando, una vez que termines en el piso de la habitación, necesito que revises todo el pasillo y luego la escalera. ¡Hazlo rápido por favor! ¡Es urgente! —acota Jhon.

—Okey... —murmura Tyler, angustiado—. Papá... ¿por qué es tan urgente?

—Esas figuras de novios, son las del pastel de bodas de Lucy y Charlie, ella no sabe que los chicos la tomaron, lo que pasa es que Agata y Sam hicieron la réplica de su torta, para dárselo como regalo sorpresa.

Ellos están afuera del restaurante ahora mismo —indica Jhon—, por eso necesitamos que aparezcan ya, además de que Lucy se moriría si se pierden, por eso las guarda con sus joyas, porque son valiosas para ella.

—¡Ay por Dios! —exclama Tyler, desesperado—. ¡Ay por Dios! ¡Ay por Dios! —repite histérico de un grito.

De inmediato, se pone de pie y baja corriendo las escaleras hacia la entrada de la casa, mientras que siente una presión en el pecho, en cuanto sale al porche, se da cuenta del tamaño del jardín y entra en pánico total.

Tyler se arrodilla en el césped, con la sensación de que el mundo se le cae a pedazos, y empieza a buscar las figuras entre las plantas.

—Cariño… ¿conseguiste algo?

—No papá, sigo buscando...

«¡Maldita sea! ¡Yo no vi donde cayeron! Este jardín es enorme… mamá Lucy tiene demasiadas plantas, parece un vivero o una selva. ¡¿Cómo demonios voy a conseguirlas tan rápido? ¡Además de que el césped está muy alto! ¡Maldición!»

—Papá… ¿dónde estás tú? —inquiere Tyler, dejando escapar una exhalación desesperada.

—En el restaurante.

—¿Estás con el Coronel?

—Sí hijo, él te está escuchando, porque ahora mismo, estás en altavoz —explica Jhon, confundido por la pregunta de su hijo.

—Hola Coronel... ¡Ay por favor Coronel Collins! ¡Ayúdeme por favor! —suplica Tyler, con la voz quebrada.

Al escuchar a su hijo, Jhon y Lauren comparten una mirada de preocupación y confusión.

—Coronel… por favor, ayúdeme, présteme un perro, de esos que consigue cosas siguiendo el rastro del olor —insiste Tyler, manteniéndose a gatas en el césped, a la vez que comienza a llorar desesperado.

—Espera… ¿por qué estás llorando? —cuestiona Jhon, completamente contrariado.

Lauren se le queda viendo a su esposo, petrificada, ya que ninguno de ellos ha visto a Tyler llorando desde los seis años de edad.

—¡Papá! ¡Es que tenemos que conseguirlos! ¡No puedo ver a Lucy llorando! ¡No puedo con esto! —replica Tyler, entre sollozos—. ¡Es una mierda! ¡Por favor Coronel, ayúdeme!

—Tyler… —dice Collins conmovido, al escuchar el nivel de desesperación en su voz—. Esos perros están entrenados para rastreo de sustancias químicas, explosivos, estupefacientes o sangre.

—¡Consígame uno de esos que sigue el olor de las prendas de ropa cuando las personas se desaparecen! —exclama Tyler llorando con más fuerza, mientras que está sentado en el pasto agarrándose de la frente.

—Hijo… pero aun así, no tenemos la figura para que el perro coteje el olor, con lo que está buscando —acota Jhon.

—Pero yo si tengo la caja donde han estado las figuras guardadas por veinte años, esto si tiene el olor —interviene Sam, quien estaba escuchando atento por el otro teléfono.

Collins y Jhon, se miran por un instante, cuando escuchan nuevamente la voz de Tyler.

—Por favor… Lucy, es mi otra mamá, por favor… se lo ruego. Présteme aunque sea un cachorro que esté en entrenamiento —insiste Tyler, desesperado—. Esa figura tiene que estar acá, pero no puedo conseguirla tan rápido. ¡No puedo ver a mamá Lucy llorando por mi culpa! —añade llorando sin parar.

Lauren y Jhon están completamente quebrados, al oír el nivel de angustia en la voz de su hijo, inclusive, la esposa del Coronel también se encuentra afectada, por lo que toca de inmediato el brazo de su esposo.

—Consigue el bendito perro, casi me morí cuando se me desapareció el llavero que me regalaste cuando nos conocimos. ¡Consígueles el perro ya mismo! —afima ella, en tono serio.

El Coronel Collins le sonríe y asiente, a la vez que toma su teléfono para hacer una llamada.

—Cariño… esto no es tu culpa —comenta Lauren intentando calmarlo, mientras que se limpia las lágrimas.

—¡Si no las consigo, sí será mi culpa! —replica Tyler, entre sollozos.

—Ya tranquilo, haré una llamada, no te angusties más, pero tú sigue buscando —comenta el Coronel.

—Hijo, respira y dedícate a seguir revisando —dice Jhon—. Sam... ¿Me oyes?

—Sí… acá estoy —murmura él, con la voz quebrada.

—Cálmate, tienes que regresar a la casa, porque necesitaremos esa cajita, pero primero, necesito que estés tranquilo, no quiero que conduzcas estando alterado. ¿Me entiendes?

—Sí Jhon, lo entiendo —responde Sam, aclarándose la garganta.

—Bien… respira profundo, toma un poco de agua, y nos vemos en la casa. Ya nosotros vamos para allá —indica Jhon, finalizando la llamada.