Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 21 #2
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CAPITULO 21 #2

—Debes saber que… yo no me dejaría tocar por nadie más, tienes que tenerlo claro.

Yo estoy completamente segura de eso, porque…

solo he soñado y fantaseado con un chico, donde él me abraza con tanta fuerza y entrega —confiesa ella, sonrojándose ligeramente—.

Sami… yo quiero que me toques así, como lo haces en mis sueños y solo quiero que lo hagas tú.

Así que… por favor, hazlo, abrázame con tanta entrega, que me hagas llorar de amor.

Tócame, y no te sientas mal, porque soy yo, la que te lo está pidiendo.

En serio, lo necesito… me hace mucha falta sentir en mi corazón, que me eliges a mí, por sobre las demás.

En ese instante, perdido en la mirada de Agata, Sam mueve sus manos despacio, colocándolas sobre la parte alta de los muslos de ella, para luego comenzar a subir hasta llegar a su trasero, en cuanto se lo acaricia, ella apoya la cabeza sobre el pecho de él, disfrutando de las sensaciones.

—Esto es lindo —susurra ella, suspirando—. Sami… te necesité tanto este último año —añade con la voz quebrada.

—Yo también, estaba enloqueciendo sin ti —declara Sam, mientras que sigue acariciándola suavemente—. Perdóname… te juro que nunca más sentirás ese vacío, esa necesidad de mí, porque siempre me tendrás contigo.

—Okey… —suelta ella, con un suspiro—. Esto es tan lindo, me gusta que me acaricies. Aunque… en realidad no me imaginé que se sentiría así —comenta ella, viéndolo a los ojos—. Sami, no se siente como un manoseo, es... muy dulce.

—Lo sé Gatita, para mí se siente igual. Es que te adoro… solo tengo sentimientos lindos hacia ti. Siendo honesto… tienes toda la razón, se siente muy dulce, ahora… ya no me siento mal haciéndolo.

—¡Bien! —exclama ella, entusiasmada—. ¡Por qué me encanta! Esto que me estás dando, es exactamente lo que soñé.

Sam sonríe, a la vez que vuelve a acercarse a su rostro, para comenzar a besarla, mientras que sigue acariciándole las piernas y los glúteos. Agata por su parte, se aferra con fuerza a los brazos de él, besándolo apasionadamente.

Después de unos diez minutos de más besos y caricias, finalmente deciden que es momento de armar el pastel, ellos sacan las tres cajas del asiento trasero y las colocan en el maletero del automóvil.

Agata regresa al asiento del copiloto para tomar su bolso, saca la pequeña caja de regalos de Lucy y luego vuelve con Sam.

—¡Por Dios! ¡Estoy tan emocionada! ¡Siento como si se fueran a casar otra vez! —comenta ella, abriendo la caja para sacar las figuras de los novios.

En cuanto Agata mira adentro, nota que se encuentra vacía, por lo que de inmediato baja la vista hacia el piso, pensando que de alguna manera, las figuras se cayeron, aunque sabe que es imposible, porque acaba de abrir la caja.

—¡No están! ¡Sami! ¡No están! —exclama ella, angustiada.

—¿Qué? —pregunta él confundido levantando la mirada, ya que estaba revisando su teléfono— ¿De qué hablas?

—¡Los novios! ¡No están en la caja! —replica ella preocupada, viéndolo a los ojos.

—¡Qué! ¡¿Cómo no van a estar?! —cuestiona él perplejo, observando la caja vacía.

—¡Ay por dios! ¡Por Dios! —murmura ella, entrando en pánico.

—Cálmate Kitty… primero revisa el bolso, de seguro se abrió en algún momento y se salieron. Deben estar ahí.

Agata regresa rápidamente al asiento delantero y vacía su cartera por completo en el suelo, a la vez que Sam se acerca y se agacha junto a ella, ambos comienzan a separar el monedero, un cepillo de peinar, dos labiales, un pequeño espejo, una libreta, un lapicero y algunos billetes sueltos.

—¡Mierda! —murmura Sam, al percatarse que no están allí.

Las lágrimas de Agata, comienzan a caer una detrás de la otra, mientras que recoge sus cosas y las mete de nuevo a su bolso. Sam por su parte, comienza a revisar el automóvil por todos lados. Agata saca el teléfono de su bolsillo, y decide hacer una llamada.

—Hola mi vida —dice Jhon, al atenderle.

—¡Papi! ¡Nos robaron! —exclama ella, llorando.

—¡¿Qué?! —grita Jhon empalideciendo al instante, mientras que está sentado en la mesa, cenando con el Coronel Collins y su esposa.

—¡¿Qué pasó?! —inquiere Lauren preocupada, tomándose el pecho.

—¿Estás bromeando? —cuestiona Jhon, a la vez que comparte una mirada aterrorizado con su esposa.

—¡No papi! ¡Nos robaron! —insiste Agata, entre sollozos.

—¡¿Cómo que los robaron?! ¡¿Qué pasó?! —pregunta Jhon, angustiado—. ¡¿Dime dónde están?!

—¡Qué! —murmura Lauren, entrando en pánico—. Ponla en altavoz, necesito saber.

Por su parte, el Coronel y su esposa, se quedan perplejos al escuchar la conversación.

—Cariño… primero cálmate y dime, ¿dónde estás?, ¿qué pasó?, ¿estás bien?, ¿estás sola?, ¿dónde está Sam? —indaga Jhon rápidamente, mientras que en su cabeza, intenta organizar la información para resolver, y pensar con claridad

Mientras tanto, Sam sigue revisando debajo de los asientos del automóvil, hasta que se detiene, al escuchar el llanto de Agata, y se acerca de inmediato a ella.

—Estoy bien… Sami está acá conmigo —explica ella, llorando descontroladamente—. ¡Nos robaron y no sé qué hacer! ¡Papi ayúdame!

—Tranquila Kitty… respira, te vas a descompensar —dice Sam, mientras que todos en la mesa, lo escuchan—. Tienes que calmarte, no podemos solucionar si te angustias y te pones mal —añade con los ojos enrojecidos.

—¿Qué les robaron? ¿El auto? ¿Les hicieron algo? —cuestiona  Lauren desesperada, casi sin respirar.

Agata se encuentra en medio de la crisis de llanto, por lo que no puede responderle.

—Cariño… por favor, tienes que decirme que sucedió y donde estás. No puedo ayudarte, si no sé qué tengo que hacer —explica Jhon agarrándose la frente, en un intento por mantenerse en control, cuando en realidad, se está muriendo por dentro.

—¡Papi! ¡Estamos en el estacionamiento del restaurante! ¡Alguien se robó a los novios de mi bolso!

—¿Cuáles novios? —inquiere Jhon, desesperado—. ¡Cariño! ¡No te entiendo!

—¿Las figuras? ¿Estás hablando de las figuras? —interviene Lauren.

—¡Sí mami! ¡Las sacaron de mi bolso y no sé qué hacer! ¡Papi ayúdame!

—¡Ay por Dios! —exclama Lauren y Jhon al mismo tiempo.

Ambos sienten una sensación de alivio, pero al mismo tiempo, de confusión y preocupación por el estado de Agata.

—Cariño… cálmate y pásame a Sam.

—Toma Sami… es papá —dice ella, entregándole su teléfono.

—Ya no llores Kitty, trata de calmarte, porque me angustia mucho verte así —comenta él, dándole un beso rápido en la frente—. Jhon… acá estoy.

—¡Sam! ¿Están bien? ¿Qué demonios es lo que dice Agata?

—Sí, estamos bien, no te preocupes. Es solo que ella esté muy angustiada —acota Sam—.

Cuando estábamos en casa, Kitty guardó en su bolso, la cajita de regalo donde estaban guardados los novios, y puedo asegurarte, te juro por mi vida…

que nosotros no volvimos abrir más esa caja, solo lo hicimos una vez, en la habitación de mi mamá, vimos las figuras, pero de inmediato la volvimos a cerrar.

Ahora que íbamos a armar el pastel, ella las buscó y las figuras ya no estaban.

¿Cómo puede ser eso posible? No tiene sentido alguno, te estoy jurando que nosotros no abrimos esa caja, desde que salimos de la habitación de mis papás —insiste angustiado, mientras que algunas lágrimas, le corren por el rostro.

—¿Son figuras de oro? —inquiere el Coronel mirando a Jhon, no puede evitar involucrarse, después de escuchar el nivel de angustia, en la voz de los chicos.

—No, unos novios de plástico, de esos que van arriba de los pasteles de boda —explica Jhon.

—Ahh... —murmura el Coronel, quien completamente extrañado, voltea a ver a su esposa, ambos no pueden entender, el nivel de angustia por una figuras.

—¡¿Qué hago?! ¡Por Dios! ¡Mi mamá se va a morir! ¡No puedo decirle que perdí las figuras! —exclama Sam, preocupado—. Tienen como veinte años guardados, junto con sus joyas valiosas, y justo cuando se me ocurre tomarlas… ¡se desaparecen! —acota con la voz quebrada.

—Hijo tranquilo… ya voy para la casa, si están seguros que no abrieron más la cajita, entonces sí o sí, se deben haber caído en la habitación de tus padres.

—Esperen… llamaré a Tyler para que vaya y revise, mientras que nosotros llegamos —comenta Lauren—. ¡Sami no cuelgues!

En casa de los Lambert, Tyler se encuentra acostado en su cama viendo una película, cuando escucha su teléfono, al levantarlo, nota que la llamada es de su madre y de inmediato le atiende.

—Hola mamá.

—Hijo, ¿estás en la casa? —inquiere Lauren, colocando el altavoz.

—Sí, pero ni Agata, ni Sam, han llegado con tu auto. Ya tardaron mucho, ¿no crees?

—Cariño, ve ya mismo a casa de Sam, sube y entra a la habitación de Lucy. ¡Ve corriendo! ¡Corre!

—¡¿Por qué?! ¡¿Qué le pasó a Lucy?! —exclama él asustado, a la vez que se pone de pie, y sale descalzo de la habitación, para comenzar a bajar las escaleras completamente desesperado.

—No le pasó nada, pero necesito que vayas corriendo y revises algo en su habitación —acota Lauren.

—¡Mamá! ¿Algo de qué? ¡Me estás asustando! —replica él, mientras que corre—. ¡Ya estoy entrando a la casa! ¡Dime que mierda pasa!

—Sami… ¿dónde estaban los novios? —cuestiona Jhon, por el otro teléfono.

—En el joyero, que está en la primera gaveta del lado izquierdo de la peinadora —responde Sam.

—Tyler —dice Jhon, tomando el teléfono de Lauren—. Hijo, ve a la peinadora de Lucy, abre la primera gaveta del lado izquierdo.

—Okey papá… Listo, ya lo hice.

—¿Ves el joyero? Necesito que lo abras.

—Dame un segundo —murmura Tyler, colocando la llamada en altavoz y dejando el celular sobre la peinadora.

Utilizando ambas manos, él saca el joyero, lo abre y ve un montón de compartimientos, con muchas pequeñas cajas de joyas, también observa anillos, pendientes y brazaletes.

—Ya papá, pero hay muchas joyas. ¿Qué hago? No entiendo.

—Bien hijo, necesito que revises para ver si consigues unas figuras de novios —explica Jhon.

—Hay muchas cajas… ¿las reviso todas?

—Sí hijo revisa todo el joyero.