CAPITULO 21
En casa de los Lambert, Lauren ve como Tyler regresa a la casa y sube directo a su habitación, ella se queda colocando las etiquetas a las cajas de cupcakes, cuando minutos después escucha a Sam y Agata entrando.
—¡Chicos! Ya me tengo que ir, Jhon está llegando. Cariño, te acomode las cajas, ya están listas.
—Gracias mami, pero… pensé que papá me llevaría a hacer las entregas —comenta Agata, confundida.
—No cariño, hoy no podemos, porque hay un evento previo a la promoción de oficiales y tu padre dirá unas palabras —explica Lauren.
—¿Y por qué papá no me dijo nada?
—Mi vida, siendo sincera... yo creo que con lo del concierto y luego el problema con Tyler ayer, pues....
simplemente lo olvidó —acota Lauren, encogiéndose de hombros—.
Pero no te preocupes, Sami… cariño, ¿tú la llevarías cierto?
¿La acompañarías a entregar los pedidos? Es que ella nunca ha ido sola.
—Claro, yo la acompaño, pero… no la puedo llevar. Es que mis padres ya se fueron y se llevaron el auto —dice Sam—. Kitty, dame la dirección, tengo que pedir un taxi.
—¡No hace falta! —aclara Lauren rápidamente, a la vez que camina hacia el comedor y mete la mano en su bolso—. Ten, llévala en mi auto, hagan las entregas y luego llevan el pastel de Lucy —añade entregándole las llaves.
—Gracias mami, ya me había preocupado, porque en un taxi no sabría como ordenar las cajas para que no se estropearan.
—Gracias mamá —murmura Sam.
—No mi vida, no me agradezcas, eres tú quien me ayuda llevándola —acota Lauren, tomando su bolso y teléfono.
—Es que yo lo decía por confiarme el auto, gracias, no imaginé que confiaras tanto en mí —aclara Sam.
—¡Ay cariño! —exclama Lauren con una sonrisa, a la vez que le acaricia el cabello—.
Claro que confío en ti, eres mi otro hijo y se lo extremadamente responsable y maduro que eres.
Los dejo, porque voy a terminar de alistarme, tengo media hora antes de que llegue Jhon —indica ella subiendo las escaleras, pero se detiene después de dos pasos—.
Mi vida, mándame el video cuando Lucy y Charlie vean el pastel.
—Sí mami, claro que te lo enviaré.
—Kitty, creo que es mejor que nos vayamos de una vez —agrega Sam, viendo a Agata—. Es que nunca conduje otro auto, que no fuera el de mis padres, tengo que ir despacio hasta acostumbrarme.
—Claro Sami —dice Agata asintiendo, a la vez que se acerca al mesón de la cocina.
Tanto ella como Sam, cargan todas las cajas de los pedidos y las que contienen el pastel de aniversario, con cada nivel desarmado, ya que al tener tres pisos, Agata prefirió llevarlo de esa manera, para evitar cualquier daño en el traslado y armarlo en el restaurante, una vez que todo está dentro del automóvil, ellos salen de casa para hacer las entregas.
Por su parte, Lauren termina de arreglarse y antes de irse, pasa por la habitación de Tyler para despedirse.
—Cariño… ya me voy —indica ella, desde el umbral de la puerta.
—¿A dónde vas? —cuestiona él, sentado en su escritorio utilizando su computadora.
—Acompañaré a tu padre, tiene que dar un discurso en una ceremonia previa al ascenso de oficiales, el evento no demora mucho, pero luego iremos a cenar con el Coronel Collins y su esposa —explica Lauren, sonriéndole—. Mi vida, allí hay comida en el refrigerador y también te hice té frío de limón.
—Gracias mamá. Oye… déjame las llaves del auto, cuando Sam venga, saldremos.
—Cariño… es que Sam está llevando a Agata a entregar los pedidos —informa Lauren, prensando los labios.
—Okey... por eso te digo, déjame las llaves y cuando llegue de hacer eso, saldré con él. Nosotros dos solos.
—No… es que no me entendiste. Sam carga mi auto, te dije que él está llevando a la Gata a entregar los pedidos.
—¿Le diste tu auto? —inquiere Tyler, sorprendido.
—Sí cariño, porque ni tu padre, ni yo, podíamos llevarla, además de que eran muchas cajas. Sabes que nunca dejaría a mi hija montarse sola en un taxi, por eso es que le dije a Sam, que me hiciera el favor de llevarla.
—Mamá… ¿es decir que Agata usa el auto mientras que yo me quedo acá encerrado, sin poder salir y solo? —cuestiona Tyler, cruzándose de brazos.
—Bueno cariño, pero no es que ella anda para el cine, ni para una fiesta, solo está llevando los pedidos.
—¡Me fueras dicho a mí! —replica él, indignado.
—Ay cariño, me encanta saber que te ofreces a llevarla, la próxima vez te lo pido a ti. Gracias mi vida, eso es muy considerado de tu parte.
En ese momento, Tyler se traga su respuesta, solo para no hacerle mala sangre a su madre, mientras que piensa.
«Lo único que quiero, es tener control del auto, para que Sam no se vaya con Agata a pasear por ahí y que ella de tanto insistirle, lo termine convenciendo, y se acuesten. ¡Eso no puede pasar! ¡Ellos no pueden estar solos sin mí!»
—Te amo mi vida, llámame si necesitas algo. Prometo traerte algo rico del restaurante —dice Lauren a la vez que Tyler le asiente, para luego irse y cerrar la puerta de la habitación.
Finalmente después de una hora, los chicos ya han entregado todos los pedidos y llegan al restaurante donde Lucy y Charlie tendrán su cita, en cuanto se estacionan, Sam se desabrocha el cinturón y revisa su teléfono.
—Mi vida… aún no han llegado, le escribí a papá y me dijo que apenas están saliendo del cine.
—¡Genial! Así tendremos tiempo de armarlo con calma y de comerte a besos —replica Agata desabrochándose el cinturón, para luego inclinarse hacia Sam y comenzar a besarlo, casi montándose sobre él.
—¡Ay por Dios! ¡Esto me encanta! —exclama Sam emocionado, a la vez que mueve el asiento hacia atrás, para estar más cómodos—. Sí… bésame mucho… no me canso de esto —comenta en medio de los besos.
—¿Lo hago bien? —inquiere ella, separándose un segundo para verlo a los ojos—. Dime Sami… enséñame. Quiero hacerlo perfecto, y que te guste mucho.
—Gatita… lo haces increíble, todo me encanta —afirma él, besándola de nuevo—. No cambiaría nada.
Agata le sonríe, a la vez que lentamente, introduce sus manos por debajo de la camiseta de Sam, provocando que él sienta escalofríos recorriendo su cuerpo y ponga los ojos en blanco durante un instante, para luego comenzar a besarla con mayor intensidad.
—Ay Sami… esto me gusta más —susurra ella, bajando sus labios hasta el cuello, donde comienza a besarlo intensamente.
—¡Ay Gatita! ¡Por Dios! Ve más despacio… me estás matando.
—No… no quiero ir lento. Esto me gusta mucho, déjame disfrutarlo —replica ella, acariciándole el pecho—. Quiero sentirte, necesito seguir sintiéndome así.
—Dios… ayúdame —murmura Sam cerrando los ojos, vacilando entre bajar las manos de la cintura de ella, hacia más abajo, debatiéndose entre lo que quiere hacer y lo que cree—. Gatita…
—¿Si? —responde ella, levantando la cabeza para verlo a los ojos.
—En serio te adoro y te respeto mucho, ¿si lo sabes?
—Claro que lo sé, Sami.
—Sé qué hace unas horas te dije algo… No quiero confundirte, porque esto sonará contradictorio, necesito abrazarte y tocarte toda, sentir que eres mía —declara él, sonriéndole—.
Es que tú me haces sentir tantas cosas, en serio, estoy volviéndome loco…
No pienses que soy un idiota, que no sabe lo que quiere, solamente que es difícil contenerme cuando tengo tantas ganas de hacerlo.
Agata le devuelve la sonrisa mientras que se mantiene acariciándole el pecho a él, con un ritmo constante.
—Te diré la verdad... estoy en una posición de mierda, sé que la mayoría no dice lo que realmente piensan, y que todos creen que hago algo malo, por haberme fijado en ti.
Porque se supone que eras como mi hermana, así que…
estoy batallando en mi cabeza con dos voces, lo que quiero hacer y lo que los demás piensan que no debería.
—Sami… solo has lo que yo quiero, esto es cosa nuestra, nadie lo sabrá, es algo que solo nos incumbe a nosotros dos —afirma Agata—.
Sé que todos piensan que soy boba y manipulable, que veo un chico en moto, y de inmediato, me meteré a la cama con él, solo por eso, pero no lo soy.
Yo sé muy bien lo estúpidos que son los chicos, que se acuestan con cuanta chica se les tire encima, pero Sami…
tú no eres así. Obviamente, hiciste cosas que me dolieron demasiado, aunque sé que no te acostaste con la gemela esa, si lo hubieras hecho…
yo no te lo perdonaba jamás, porque te vería como a un Zac más, que solo me busca para acostarse conmigo.
—Espera Gatita... ¿Eso lo dices como un ejemplo o tienes la certeza? —pregunta él, completamente contrariado.
—¿A qué parte te refieres?
—A lo de Zac... ¿Por qué me mencionaste eso?
—¡Ay Sami! ¡Porque no soy boba! —replica ella, soltando un resoplido—.
Zac obviamente se ha portado bien conmigo, no me ha insinuado nada, pero sé muy bien cuáles son sus intenciones.
A estas alturas, aunque él me dijera palabras lindas y me ofreciera villas y castillos, yo no soy estúpida.
Conozco al menos diez chicas, que se acostaron con él…
eso es un puto asco, yo jamás estaría con alguien así.
Él se queda escuchando atentamente a las palabras de Agata, mientras que ella le acaricia el cabello con suavidad.
—Sami… yo no quiero acostarme con nadie, no aun, es que… no sé… no me siento lista. Además, él es el tipo de chico con el que sales una o dos veces, y a la tercera ya te pide cama.
—Oye… me encanta que lo tengas así de claro. En serio, eres tan lista —murmura él, tomándola del cuello y depositándole un pequeño beso en los labios.