CAPITULO 20 #2
—Que no me quieras agarrar, aunque cargo jeans, pero que sí le manosees el trasero desnudo, a una gemela que acabas de conocer y que nunca habías visto antes —recalca ella, cruzándose de brazos.
—Ay no seas boba… no recuerdes eso, olvídalo ya. Sabes que me arrepiento de esa mierda.
—No me olvido… porque es imposible Sami, la verdad es que eso me traumó. ¿Crees que no me dolió? Casi me muero en ese instante.
—Oye... —susurra él, tomándola del mentón para verla a los ojos—.
Te adoro, eres lo mejor que tengo. Quédate tranquila, claro que quiero agarrarte el trasero, no es eso —aclara dándole un corto beso en los labios—.
Es solo que no tenemos prisa, no sé tú, pero yo me la estoy pasando muy bien, estos cuatro días, saliendo contigo, han sido los mejores de mi vida, porque me haces tan feliz.
Gatita… tienes que saber que yo no iré a ningún lado, estoy disfrutando mucho tus besos, mejor dicho…
estoy obsesionado con ellos. Así que, olvídate de todo lo demás y disfrútalo tanto como yo.
Agata se mantiene en silencio, escuchándolo atentamente sin romper el contacto visual.
—No compares lo nuestro con otra cosa que hayas visto antes, porque lo que hago contigo, es porque en verdad me gustas e importas demasiado.
Esa otra chica de la que hablas, no me importaba en lo absoluto, por eso te lo aclaro —afirma Sam—.
Es más, te digo algo, deberías preocuparte si yo, o cualquier otro chico, solo quisiera manosearte a la primera oportunidad, ya que eso significa que no le importas nada, y que solo te está usando para pasar el rato.
—Entonces... ¿si te importo? —cuestiona ella con timidez.
—Ay mi vida… claro que sí. Eres todo lo que me importa en esta vida.
—Gra... —ella se detiene en seco—. Perdón, sé que esa palabra está prohibida, así que… —susurra acercándose a los labios de él y comienza a besarlo nuevamente con la misma intensidad de antes, dando por terminada la conversación.
Mientras tanto, Tyler se ha quedado todo este tiempo observándolos, cuando ve que empiezan a besarse de nuevo, niega con la cabeza, completamente enardecido, para luego darse la vuelta y caminar por el pasillo, hasta que llega al comedor.
—¡Mierda! ¡Mierda! —murmura para sí mismo, con la vista clavada en la nada.
Él acaba de entender que Sam no le mintió, que siempre le dijo la verdad, porque justo en este momento, se encuentra solo en su casa con Agata, tiene carta blanca y nadie se enteraría de lo que hicieran.
«Pudo haberla manoseado, pero… no lo hizo, y se notaba que ella estaba dispuesta a hacer lo que Sami quisiera.»
Tyler se queda unos segundos con los ojos fijos en la pared, pero realmente mantiene la mirada perdida.
«¿Por qué un chico se negaría a tocarle el trasero a una chica que le gusta?
¡Eso no tiene ningún puto sentido! Ya dijo que no es gay, además…
ya admitió ante todos que está enamorado de la Gata, incluso delante de papá, y sé que Sami tiene miedo de hacerlo enfadar, lo respeta mucho.
Entonces… ¿por qué demonios no intentó manosearla?
No hay nadie aquí, se la pudo haber cogido sin problema y nadie se enteraría.
¡Qué mierda! ¿Por qué no se la coge y ya? »
Él comienza a caminar en círculos, alrededor de la mesa del comedor, mientras que su mente no para de pensar, intentando entender toda la situación.
«¡Carajo! ¿Será que en serio la ama? Pero...
si uno ama a una chica, ¿por qué no querrías tocarla aunque sea un poco?
¡Eso no tiene sentido!» Resopla y niega con la cabeza, a la vez que sigue caminando en círculos.
«Aun así... él no puede amarla de verdad, porque con lo tonta que es Agata, estará bobita, rendida detrás de Sami para siempre... »
En ese instante, un pensamiento cruza su mente causando que se detenga en seco con la vista fija en la mesa.
«¡Ay carajo! ¡¿Por qué no lo pensé antes?
! Cuando Sam se acueste con ella, estoy seguro que la Gata se obsesionará más con él.
Ella es virgen, por lo que no tiene la capacidad, ni la experiencia para no involucrarse más y que sea solo sexo casual y adiós.
¡Mierda! Después de que se acuesten, Agata no podrá hacer como si nada hubiese pasado entre ellos…
todo lo contrario, creerá que tienen una relación formal, como si fueran una pareja de verdad. »
—¡Maldición! —murmura para sí mismo, reanudando su caminar en círculos.
«Cuando se la coja todo esto será aún peor, eso no lo había calculado.
Sam no se puede acostar con Agata, eso solo causaría que esté más pegada a él y no lo supere nunca, pero…
si se decepciona antes de que eso ocurra, seguramente lo odiaría.
Ella es tan rencorosa, que pasó casi un año sin hablarle, después de lo de la gemela, sí algo pasara ahora que están saliendo, ella no se lo perdonaría jamás, incluso puede que no le vuelva a hablar en toda la vida…
¡Y santo remedio! ¡Eso haría que se separaran y nos dejaría en paz! »
Él sonríe durante un instante, hasta que observa una pequeña caja de regalo sobre la mesa del comedor, provocando que su sonrisa, desaparezca en el acto, cuando se acerca, nota que esta tiene un corazón grabado en la tapa, con el apellido Meyer en el centro.
—¡Ay por Dios! La boba ya está hasta comprándole regalitos cursis —comenta mientras que toma la caja y levanta la tapa.
En el interior, se encuentra con la figura de una pareja besándose, y el chico tiene una guitarra en las manos.
—Pfff… que ridiculez. ¿Se supone que este es Sam? —cuestiona frunciendo el ceño, a la vez que saca los muñecos y deja sobre la mesa la caja cerrada.
Tyler se queda pensativo con la figura en las manos, intenta buscarle sentido a toda la situación, comienza a analizar todo lo que Sam le dijo antes en su habitación, y luego lo compara con lo que escuchó que él le dijo a Agata en el garaje, a la vez que camina en silencio hacia la puerta de la casa.
Una vez que sale al porche, baja la mirada, y observa en su mano, esta pequeña pareja de novios besándose, él la detalla, al mismo tiempo que desciende los escalones, para dirigirse a su casa, pero a medida que avanza, toma una decisión, así que levanta la mano derecha por encima de su cabeza y lanza con fuerza, la figura hacia atrás.
—¡A la mierda! ¡Agata no va a arruinar mi relación con Sam! ¡No dejaré que se la coja! —declara él enojado, mientras que continúa hacia su casa.