CAPITULO 20
Sam y Tyler pasan toda la tarde en la cochera, trabajando en el demo junto con Charlie, mientras que Agata, se encuentra en la cocina de su casa, acaba de terminar los cupcakes y galletas para sus pedidos, y ahora abre el horno, para sacar tres moldes de corazón de diferentes tamaños, con los cuales va a realizar la réplica del pastel de boda de Lucy.
—¡Ay por Dios! ¡Cariño, se ven hermosos! —comenta Lauren, acercándose al mesón.
—Sí, menos mal que conseguimos los otros dos moldes de corazón. Mamá, estoy entusiasmada, grabaré la reacción de Lucy.
—Estoy segura de que quedará boquiabierta, es que no se lo espera, apuesto que llorará.
En ese momento, Agata toma su teléfono y le saca una foto a los tres biscochos recién sacados del horno, y se la envía a Sam, sin escribirle nada, solo coloca tres emojis de corazones, ella deja su celular en el mesón y continúa trabajando en los pasteles.
De regreso en casa de los Meyer, Charlie está sentado con su computadora, editando parte del demo, mientras que los chicos se encuentran sentados en el sofá, escuchando el arreglo que acaban de hacer, hasta que son interrumpidos por el sonido de notificación de un mensaje entrante.
Ambos bajan la mirada hacia el medio del sofá, donde se encuentran sus teléfonos, enseguida Tyler nota que vino del de Sam, y en la pantalla se lee el nombre de Kitty, por lo que pone los ojos en blanco con frustración, mientras que Sam toma su celular, mira la foto sonriendo y decide responderle con una nota de voz.
Sam
“¡Ay por Dios! Me vas a matar de amor, eso es lo más increíble.
No puedo creerlo, me encanta. ¡Oye, estoy tan entusiasmado!”.
—Seguimos entonces —dice Tyler, a la vez que niega con la cabeza—. Me gusta como quedó, solo hay que definir si metemos un coro doble o no.
—Me parece bien la idea del coro doble, pero eso sí lo haremos en la mañana. Ya me tengo que ir a bañar —comenta Charlie, levantándose de su silla.
—¿Qué? ¿Nos dejas? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño.
—Sí, es que tengo una cita —responde Charlie, sonriendo.
—¡Qué! ¿Una cita? ¿Cómo rayos nos dices eso? ¡¿Es que no acabas de volver con Lucy?! —inquiere Tyler, confundido.
—Ya bobo, la cita es con mi mamá —explica Sam, riéndose.
—Ah okey… mejor avisa antes de hacer esos chistes, porque ya te ibas a ganar mi odio. Cualquiera que haga llorar a mamá Lucy, es mi enemigo —declara Tyler, en tono serio.
—Me encantan que la cuiden así. Bueno chicos, este galán se va a poner más lindo, ustedes descansen, hoy fue una buena sesión de trabajo, me gusta como está quedando, estuvieron geniales —afirma Charlie—.
Ya para mañana deberíamos tener definido el demo final, así apenas lleguemos a Florida, grabamos en el estudio.
—Siendo así… entonces yo también me voy, pero a darme un banquete de costillas —comenta Tyler, poniéndose de pie—. ¿Vienes conmigo?
—Sí claro. Oye papá, avísame cuando se vayan.
—Okey. ¿Quieres que te traigamos de cenar? ¿O estarás bien con el banquete de costillas? —bromea Charlie.
—Estaré bien, no se preocupen por mí, comeré costillas hasta desmayarme —dice Sam, mientras que sale de la cochera detrás de Tyler.
Los chicos atraviesan el jardín para dirigirse hacia la casa de los Lambert, en ese momento, Agata observa por la ventana de la cocina como ellos se acercan, de inmediato sonríe emocionada a la vez que piensa.
«Solo han pasado unas cuantas horas pero siento que ha sido una eternidad… Necesito tanto estar con él.»
Ese sentimiento no es unilateral, ya que cuando Sam entra en la casa, se dirige de inmediato hacia donde se encuentra Agata, para envolverla en un fuerte abrazo.
—¡Tengo el delantal sucio Sami! —exclama ella, riéndose—. Te llenarás de azúcar glas.
—Mejor, así estoy más dulcito, ¿no crees? —inquiere él, besándole la punta de la nariz.
—Por Dios… Qué puto infierno —murmura Tyler irritado, mientras que se acerca a uno de los hornos para sacar la bandeja de las costillas.
—No, no lo abras, tengo cupcakes dentro —explica Agata al notar a su hermano, pero de igual manera, este abre el horno.
—¡Qué mierda Tyler! ¡No te acaba de decir que no le abrieras el horno! —reclama Sam, molesto—. Se le van a pasmar los cupcakes, no te hagas el sordo.
—Solo estoy buscando las costillas. ¡Me importa una mierda los cupcakes! —replica Tyler, cerrando la puerta de golpe.
—La carne está en el microondas, y hay otra bandeja en el refrigerador —acota Agata en voz baja.
—Oye… —susurra Sam, tomándole la mano—. Dime, ¿cómo te ayudo? ¿Ya se enfriaron? ¿Puedo colocar el glaseado?
—Sí, me imaginé que se lo ibas a querer poner, quieres algo de mérito —comenta ella, y ambos se ríen tontamente—. Ya tengo las mangas listas —añade acercándose al mesón, donde se encuentra uno de los biscochos sobre una base giratoria y el glaseado blanco.
Agata y Sam comienzan a decorar los pasteles, mientras que Tyler, después de servirse un plato con comida, se aleja de ellos y se sienta en una de las sillas del comedor.
Desde ahí, los observa detalladamente mientras que come, escucha cada risa, interacción, y broma que no tienen ningún sentido para él, ve cada jugueteo y sonrisa, sin poder evitar que le cause más molestia.
El verlos llevarse tan bien, hace que todo empeore, para él, es alarmante notar la complicidad entre ambos, y como Sam de pronto, actúa como una persona completamente diferente con Agata, es como si viera a un desconocido.
«Lo he visto coquetear con decenas de chicas antes, pero… ahora es distinto, con ella es otra cosa. Esto no tiene explicación, no lo entiendo.»
Una vez que Tyler termina de comer, se levanta y deja los platos sucios en el lavavajillas, para luego subir directo a su habitación, ignorando por completo a su hermana y amigo, sin dirigirle la palabra a ninguno de los dos.
Al cabo de una hora, Agata y Sam terminan las decoraciones del pastel de Lucy, además de los dos pedidos de cupcakes que ella tiene que entregar.
—Mami… ¿cómo se ve? —inquiere Agata, cuando ve a su madre bajar las escaleras.
—¡Santo cielo! —exclama Lauren emocionada, al ver el pastel de tres niveles.
Ella se acerca más al mesón, para poder observar mejor, detalla los tres biscochos de corazón de diferentes tamaños, como está recubierto con un glaseado blanco liso, con pequeñas perlas blancas, las cuales dan el aspecto de un cojín, además de una cinta de raso negra, que ataron con un lazo en la base del pastel más grande.
—Chicos… está hermoso, les quedó idéntico al de la foto. ¡Ay por Dios! ¡Me van a hacer llorar a mí! —comenta Lauren, conmovida.
—Eso me encanta, si tú te pones así, entonces mamá se volverá loca —añade Sam, emocionado.
—Mamá, ya volvemos, es que Charlie y Lucy se fueron —dice Agata, a la vez que Lauren asiente, mientras que sigue observando los detalles del pastel—. Sami, vamos por las figuras de los novios, para luego cambiarme y organizar las cajas con los cupcakes —añade caminando hacia la puerta junto con él.
Al entrar en su casa. Sam de inmediato, toma a Agata por la cintura, y la atrae hacia su pecho.
—Bésame —murmura ella, poniéndose de puntillas—. Ya bésame toda.
—Obvio mi vida, me estaba muriendo de ganas —susurra él, inclinándose hacia sus labios, y comienza a besarla.
Ellos se quedan justo al lado de la puerta principal, Sam la tiene aprisionada contra la pared, mientras que se siguen besando, totalmente perdidos en el momento y las sensaciones.
Mientras tanto en casa de los Lambert, Tyler sale de su habitación, baja las escaleras y se dirige hacia la puerta de la casa.
—¿A dónde vas cariño? —inquiere Lauren desde la cocina, donde está lavando unos platos.
—Dejé mis auriculares en la cochera de Lucy, voy por ellos.
—Ah okey… pensé que saldrías.
—No, es que Sam aun no me ha dicho que es lo que haremos en la noche —responde Tyler, antes de salir de la casa.
Por su parte, Lauren se queda pensativa, ya que ella conoce muy bien cuáles son los planes de Sam, pero ahora es evidente, que su hijo no sabe nada al respecto.
Mientras tanto, Tyler atraviesa el jardín hasta la casa de los Meyer, como encuentra el garaje cerrado, camina hasta el porche, sube los escalones, toma la manilla y abre la puerta.
En cuanto lo hace, se da cuenta que no hay nadie, por lo que decide dirigirse hacia la entrada interna de la cochera, pero se detiene en seco al llegar al umbral, ya que se encuentra con Sam, sentado en el sofá con Agata muy apasionada frente a él, montada sobre su regazo, con las rodillas a cada lado, al mismo tiempo, que la tiene sujeta de la cintura.
Tyler se queda paralizado viendo la escena en completo silencio, observa cómo ellos se besan apasionadamente, como si no hubiera un mañana, solo se escuchan los ruidos que producen, a la vez que las manos de Sam, se mueven sin parar, una y otra vez, desde la espalda hasta la cintura de Agata, quien por su parte, está acariciándole el cabello a él.
—Me encanta Sami —murmura ella entre besos, completamente encantada.
—Lo sé, mi vida —responde Sam, sin dejar de besarla.
Tyler decide quedarse en el umbral de la puerta, escuchando todo sin moverse o reaccionar de ninguna manera.
Justo en ese momento, Agata toma las manos de Sam, y las baja hacia su trasero, pero él de inmediato vuelve a subirlas hasta su cintura, cuando ella lo intenta una segunda vez, obtiene la misma reacción.
—Sami... tócame —susurra ella, haciendo puchero.
—No Gatita.
—Por favor... por favor —suplica ella—. Quiero que me agarres así.
—No, solo besémonos, o… ¿ya te aburriste? —bromea él, mientras que continúa besándola.
—¡No! ¡Claro que no me aburrí! —replica ella, alejándose un poco para poder verlo directo a los ojos—. Esto me encanta, pero quiero que me agarres bien.
—Ay por Dios —murmura Sam, soltando un resoplido—. No me mires así, que me matas.
—Sami… ya agárrame. Tú eres el que me está matando a mí, es una mierda.
—¿Qué es una mierda? —inquiere él confundido, mientras que le acaricia la cintura con movimientos circulares.