CAPITULO 19
En la cocina, los chicos y Agata, están terminando de preparar la comida, a la vez que se quedan preocupados mientras que pasan los minutos. Al cabo de un rato, finalmente observan a Sam bajar las escaleras, y acercarse a ellos.
—¿Qué pasó? ¿Cómo está? —pregunta Jhon, mientras que Sam suelta la bandeja en el mesón.
—Por lo visto se comió todo, eso es bueno —comenta Charlie, señalando los platos vacíos.
—Tardaste mucho —añade Agata, sintiéndose un poco nerviosa.
—Sí, pero tranquilos, ya se siente mejor —afirma Sam, sonriéndole a ella—.
Se comió todo, incluso el pastel, y ya agarró color.
Le dije que descansara un rato y que luego se bañara.
Bueno… ya pudimos “hablar” —agrega haciendo comillas con los dedos, mientras que suelta un suspiro y se sienta en una de las sillas altas—.
Dentro de todos los escenarios de mierda que imaginé, siendo honesto, creo que al final no estuvo tan mal —murmura esto último.
Los demás se acercan un poco más hacia él, para poder escuchar mejor.
—Me parece que medio logré que aceptara el hecho de que tú me gustas —acota Sam, mirando a Agata.
—Esa es una gran noticia —dice ella emocionada, sonriéndole.
—Pues... no del todo. No estés tan feliz Kitty, la verdad es que lo acepta, porque no tiene otra alternativa, pero eso no significa que lo vea con buenos ojos —aclara Sam, encogiéndose de hombros—. Así que no lo imagines brincando en una pierna de felicidad.
Jhon y Charlie escuchan atentos, a la vez que comparten una mirada de preocupación.
—No importa Sami, por lo menos es un avance. Sé que luego con el tiempo, lograré que sí lo vea de mejor manera. Seré más buena con él, lo consentiré, cuidaré más, lo ayudaré en todo lo que necesite, porque yo no quiero que estén peleados por mi culpa —afirma Agata, preocupada.
—Kitty... —murmura Sam, echando la cabeza hacia atrás y soltando un suspiro, sintiéndose completamente estresado—.
Sé que lo amas y que te preocupas, pero ahora mismo…
él no quiere esa atención de tu parte. No quiero que estés triste por eso, pero…
ahora creo que es mejor que le des su espacio, no digo que lo ignores.
Aunque siendo honesto contigo, lo mejor sería que siguieras haciendo tus cosas y que dejes que Ty haga las suyas, eso hará toda esta situación más llevadera, al menos mientras llega el día, en que sí acepte lo nuestro.
—Pero… ¿qué quieres decir? No entiendo… ¿de qué manera no lo dejo hacer sus cosas? —cuestiona ella indignada.
Sam se queda en silencio unos segundos antes de responderle, mientras que voltea a ver rápidamente a Charlie y Jhon, para luego regresar la mirada hacia Agata.
—A ver... prométeme que no te pondrás triste, solo entiéndelo un poco, si tú fueras él, y tu mejor amiga hace eso...
Pongámoslo así, si Zoe con dieciséis años, se enamorara de tu hermano menor, que tiene trece, quizás eso no te guste y estés molesta por un tiempo, puede que te sientas traicionada de alguna manera, ¿o no?
—Pues... si mi hermano menor ficticio está feliz, no sería problema. Yo amo a Zoe, me pareciera tan genial tenerla de cuñada. ¿Cuál es el drama en eso? —replica Agata, frunciendo el ceño.
—Bueno cariño… me parece que lo que Sam trata de decirte —interviene Jhon—.
Es que los chicos no pensamos así, ustedes las mujeres, son más geniales y solidarias como amigas.
En cambio los hombres… no tanto. Nosotros somos más orgullosos me parece, y bueno, es que…
tenemos unos códigos no escritos, unos que no se pueden romper, hay situaciones que implícitamente están prohibidas en una amistad, como salir con alguna ex novia de tu amigo y...
el tema de las hermanas. El hecho que seas la menor, pues… eso solo lo hace más jodido para Tyler.
—Okey… —murmura Agata, asintiendo.
—Exactamente, entonces entiende que yo ahora mismo, para él, soy el malo en esta historia.
Y parte de ese odio que siente hacia mí, tú también lo recibirás, pero no porque Ty te odie, él te ama —recalca Sam, en tono serio—.
Sus sentimientos son solo para mí, así que no quiero que te preocupes por eso y solo sigue siendo tu misma, pero por ahora…
por favor olvídate de intentar ser tan buena.
Seguramente él rechazará y mirará con malos ojos, esa atención extra que intentas darle, solo para lograr que tú te sientas mal, pero no es tu culpa, es mía.
Agata vuelve a asentir, al mismo tiempo que baja la mirada, en ese momento, al notar su reacción, Sam le toma la mano.
—Kitty… escúchame bien, esto no lo puedes arreglar tú, es que ni siquiera yo puedo solucionarlo, esto lo tiene que arreglar y resolver el propio Tyler, tarde o temprano, escuchará la voz de su conciencia, y sabrá que hacer.
Él es listo, solo hay que darle tiempo de que vea, procese y analice lo mucho que te adoro.
Te juro que eso pasará en algún momento, y cuando suceda, todo será como siempre ha debido ser.
En ese instante, los ojos de Jhon se llenan de lágrimas mientras que observa como Sam abraza a su hija, él y Charlie se voltean para darles un poco de privacidad y comenzar a servir la comida en los platos. Todos se sientan a comer, a la vez que siguen conversando.
—Papá… ¿entonces revisamos el demo toda la tarde? Veamos si podemos terminar o dejarlo casi listo.
—Claro, pero recuerda que puedo hasta las seis. Tengo que ponerme lindo para salir con tu mamá —acota Charlie, sonriendo.
—¡Uhh! ¡Sí, ya me contó un pajarito que hoy tienen su “primera cita” —bromea Jhon, haciendo comillas con los dedos, ocasionando que todos se rían.
—Sí… ¿será genial no? Además, Lucy no tiene ni idea de a donde la llevaré —dice Charlie, tomando un sorbo de jugo.
—Oye… perdón Kitty. Creo que no me dará chance de ayudarte con tu pedido, ¿si puedes sola? —pregunta Sam, mirando a Agata con complicidad.
—Está bien, ustedes trabajen que yo me encargo del pedido. Cuando mamá llegue, estoy segura que querrá ayudarme, a ella le gustan mucho ese tipo de pasteles —responde Agata, sonriéndole a Sam y luego volteando a ver a su padre.
—¡Hijo! ¡Hola! —exclama Jhon, en cuanto ve a Tyler descender las escaleras.
—Hola —dice Tyler sin mucho entusiasmo, mientras que abre el refrigerador y se sirve un vaso de agua, sin siquiera, mirar hacia donde se encuentra Agata.
—Ya está listo el arroz, ¿tienes hambre? —inquiere Jhon—. Dime si te sirvo, es el arroz amarillo, que te gusta.
—Ya me llené, pero sí lo comeré después que termine el ensayo.
—Entonces… ¿no vas a decir nada de nuestras costillas? ¡Estás rompiendo mi corazón! ¡Pensé que me darías una reseña de cinco estrellas o que al menos pedirías más! ¡¿Así de horrible quedaron?! —bromea Charlie, intentado distensionar el ambiente.
—¿Horribles? ¡Lo que estaban era brutales! ¡Espero hayan hecho bastantes! ¡Quiero cenar eso hoy! —declara Tyler, sonriendo.
—¿Por qué mejor no abres el horno? —comenta Charlie, riéndose.
—¡Ay carajo! —replica Tyler, en cuanto lo abre y ve varias bandejas llenas—. Comeré costillas por tres días seguidos, me encanta. Papá, haz más arroz amarillo y si le pones guisantes, pues mucho mejor.
—Hijo… tú solo mira la arrocera.
Tyler le sonríe entrecerrando los ojos, para luego acercarse al mesón y levantar la tapa.
—¡Qué rayos! ¿Me leíste la mente o qué?
—No, es que te conozco lo suficientemente bien, sé que amas el arroz amarillo con guisantes —aclara Jhon.
—¡Amo este trato de rock star! —bromea Tyler, provocando que todos se rían, incluida Agata.
En cuanto él la escucha, voltea a verla un instante, luego pone los ojos en blanco y sacude la cabeza en señal de desprecio, ese pequeño movimiento, resultó muy evidente para todos los demás, por lo que de inmediato, se sienten mal por ella.
Por su parte, en cuanto Agata nota el gesto, deja de reírse y baja la mirada, para comenzar a jugar con una de sus pulseras, en un intento de consolarse, hasta que es interrumpida por Sam, quien le toma la mano y le quita justamente el brazalete que ella estaba tocando.
—Es mía —susurra ella, sonriéndole.
—Era tuya. Ya tengo dos —añade él, colocándosela en su muñeca mientras que se ríe.
—¡Ay por Dios! Ahora tienes que regalarme una tuya, pero tú no tienes, porque nunca usaste. Eso no es justo.
—Tienes razón, entonces te compraré una —comenta Sam, entrelazando los dedos con los de ella.
—No es lo mismo… no tiene el mismo valor, porque estas las hice yo, son viejas.
—¡Dios! ¡¿Nos vamos o qué?! ¡Ya es tarde! —interrumpe Tyler irritado, colocando las manos sobre su cintura, mientras que observa la interacción entre ambos.
—Sí, ya terminamos de comer, ahora solo tenemos que limpiar el desastre —agrega Charlie.
—Ustedes vayan a ensayar, yo me encargo de todo, porque igual tengo que despejar la cocina para mis pedidos —dice Agata.
—Gracias cariño, eres adorable —responde Charlie, sonriéndole.
—¡Estaré allá! —exclama Tyler, soltando un resoplido, mientras que camina hacia la entrada de la casa—. Esperándolos para trabajar sin adorables molestias que solo joden mi vida —agrega justo antes de cerrar la puerta.
En cuanto Agata lo escucha, no puede evitar volver a bajar la mirada a la vez que prensa los labios con tristeza.
—Oye... recuerda lo que te dije —susurra Sam, apretando el agarre en su mano—. No le prestes atención, tú no eres el problema, yo lo soy, me odia a mí, no a ti. Sabe que me enoja que te trate mal, por eso se desquita contigo.
Agata levemente levanta la cabeza y fija la mirada en los ojos de él, a la vez que niega.
—No creo que Tyler te odie, te ama demasiado para hacerlo... Yo no podría, así que por eso sé que él tampoco.
—Basta boba, claro que sí me odia, es que no viste lo horrible que me trató allá arriba, estaba como una bestia conmigo, casi no me dejo hablar —replica Sam, mintiendo deliberadamente—.
Es como dice Jhon… en este momento, Ty siente que traicioné nuestra confianza, nuestra amistad.
Tú solo quédate tranquila, sé que no es fácil, pero trata de ignorar sus comentarios, porque todo lo que dirá será para molestar, no saldrá nada bueno de su boca por ahora.
—Okey Sami, intentaré ignorarlo… —responde ella, suavemente—. Ya váyanse, no quiero que se enoje más porque se tardaron mucho.
Desde el momento en que Sam bajó las escaleras después de que habló con Tyler, a lo largo de la comida, y hasta el momento en que su hijo salió de la cocina, Jhon pudo entender tantas cosas.
No hizo falta decir una palabra, solo ver y escuchar a Sam interactuando con Agata, la forma como la reconfortaba cada vez que ella se sentía mal, la sutilidad con la que lo hacía.
Incluso después de que todos tenían la certeza, de que Tyler estaba siendo despiadado con ella de manera intencional, aun así, Sam la cuidaba del rencor de su propio hermano, protegía no solo sus sentimientos, sino también la visión de Agata sobre Tyler.
Sus años de experticia policial, le hacían tan fácil notar, como Sam no quería que ella tuviera un mal concepto de su hermano, y en cierto grado, justo en ese aspecto el intentaba protegerlos a ambos, trataba que el odio y la rabia no creciera más entre ambos.
A tal punto, que se había inmolado, y estaba asumiendo el rol de chivo expiatorio, Jhon se dio cuenta, que si una cabeza tenía que rodar, Sam prefería que fuera la suya, no solo cargando con toda la responsabilidad de la situación, sino que también, se estaba echando a cuestas y cargaba con años de problemas entre hermanos, él entendía que no era obligación de Sam hacerlo, porque ya suficientemente difícil era tener que lidiar con su nueva relación con Agata, como para también a su vez, intentar construir un puente que uniera ambos extremos.
Jhon sentía como le faltaba el aire cada vez que Sam recalcaba una y otra vez que todo era su culpa, entendía perfectamente lo que lo motivaba a repetir esa frase, él lo hacía solo para que fuera más llevadero para su hija, los malos tratos, miradas y comentarios despectivos de Tyler.
Él siempre supo que Sam protegía a Agata, eso no era una novedad, pero darse cuenta que no solo lo hacía físicamente, sino emocionalmente, comprobar la complicidad y sinceridad con la que se hablaban, la manera como se conocían y detallar que Sam tenía la capacidad de leer los sentimientos de ella, incluso sin que dijera nada.
En ese instante, comprendió que ambos confiaban el uno en el otro, que se conocían a un nivel más profundo, de una manera que antes no se había sentado a analizar, pero que ahora, no pasaba desapercibido, era más que una amistad, o un enamoramiento de verano, Sam demostraba que era un sostén emocional para ella, era ese poste de apuntalamiento que no deja que el techo colapse, en medio de un derrumbe.
Ver y entender eso, hizo que su corazón se hiciera tan pequeño, porque estaba seguro, que ese chico no solo era incapaz de hacerle daño a Agata, sino que genuinamente, amaba a su hija.