Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 18
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CAPITULO 18

Sam y Agata llegan a casa de los Lambert, luego de hacer las compras en el supermercado, antes de bajarse del automóvil, ella se desabrocha el cinturón de seguridad, y rápidamente se inclina hacia él, para darle un suave beso en los labios, lo que él comprende, que es su manera de darle las gracias.

—Fue lindo que me llevaras —murmura ella, sonriéndole.

—De nada mi vida, pero… no era un favor.

¿O es que no recuerdas que el pastel es para mis padres?

Esto es lo mínimo que podía hacer, bobita —recalca él, acariciándole la mejilla—.

Es más, quiero ayudarte, no es por quitarte el mérito por hacerlo, pero al menos intentaré colocar el glaseado o las perlas.

—Okey Sami, me gusta tener un asistente tan guapo, talentoso, además de cantante, famoso, estrella de rock en ascenso... y sobre todo sexy.

—Ya cállate tonta —replica él riéndose, a la vez que se desabrocha el cinturón.

Ambos se bajan del automóvil entre risas, mientras que sacan las compras del maletero y luego caminan hacia la casa.

—¡Chicos! —exclaman Jhon y Charlie en la cocina, al verlos entrar con las bolsas.

—¿Cómo les fue? —indaga Jhon.

—Bien papi, conseguí todo para ese pedido —responde Agata, haciéndole señas con los ojos, para que su padre disimule por la presencia de Charlie.

—Huele bien acá —comenta Sam, a la vez que coloca las bolsas sobre la mesa del comedor.

—Sí, es que estamos haciendo costillas de cerdo, ya están en el horno —explica Charlie.

—Qué bueno, porque la verdad es que, estoy muriendo de hambre —agrega Sam, riéndose.

—Mi vida, ven, ayúdame con la arrocera, sabes que soy un desastre con la medida del agua —comenta Jhon, a la vez que Agata deja su bolso en la mesa y se acerca a él.

—Oigan… ¿y Tyler? —inquiere Sam, cruzándose de brazos después de que volteo hacia al living y no lo vio sentado donde acostumbra.

—Pues... es que él sigue en su habitación —aclara Jhon, encogiéndose de hombros.

—Oye cariño... creo que está enojado, porque habíamos dicho que revisaríamos el demo, y cuando supo que habías salido... digamos que no lo tomó tan bien —acota Charlie.

—¡Papá! ¡¿Pero qué demonios?! —replica Sam, soltando un resoplido—.

Sí yo me desperté temprano y él seguía durmiendo, además, Jhon es testigo, porque yo le pregunté por Tyler después de desayunar, si él se hubiese levantado temprano, habríamos podido trabajar en el demo y cuando termináramos, yo iba con Kitty al supermercado.

Inclusive si no daba tiempo, le decía a Jhon que la llevara, porque él se ofreció a hacerlo.

—Ay Sami… ¡Ignóralo y ya! No te hagas mala sangre, él está melodramático, ya te lo había dicho —añade Agata, poniendo los ojos en blanco.

—¿Qué se supone que haga? —cuestiona Sam angustiado, mirando primero a Jhon y luego a Charlie—. Entiendo que me odie, pero… se le tiene que pasar. ¿Verdad?

—¿Por qué te odiaría? Eres su mejor amigo, más bien como su hermano, tú no hiciste nada malo. Tyler solo está haciendo berrinche sin sentido —insiste Agata, mientras que coloca el agua en la arrocera.

Por su parte, Sam se lleva ambas manos a la cabeza, sintiéndose estresado por la situación.

«¡Maldita sea! ¡Es una mierda! ¿Qué se supone que haga? Ahora estos dos… se odian más que antes, y para completar… ¡Tyler ni me habla!»

—Bueno… sé que no está dormido y no ha comido nada en todo el día, si quieres sube y ves de que ánimo está —dice Jhon, encogiéndose de hombros—. Aunque si está de malas, pues… ya sabes que es mejor dejarlo solo otro rato.

—¡Qué! ¡¿No ha comido?! —exclama Sam, sorprendido—. ¡Maldición! ¡Va a estar hecho una fiera! Él se pone de mal humor cuando no come, y ya es medio día, lo que significa que estará como una bestia, arrancando las paredes para comérselas.

—Lo sé hijo, pero está enojado conmigo, por eso es que no se ha dignado a bajar a comer —dice Jhon—. No quiere verme.

—¿También está molesto contigo?

—Sí, inclusive con Lauren —recalca Jhon, encogiéndose de hombros.

—¿Con mamá? ¿Y qué rayos le hizo como para que se pueda enojar con ella? —cuestiona Agata, frunciendo el ceño—. Si más bien ella lo consiente en todo, Tyler no sabe hacer un huevo, ni siquiera lavar un plato. ¡Mamá hace todo por él, excepto bañarlo!

—Cariño, entiende... está enojado con todos nosotros, porque para él no es concebible aun la idea de verlos a ustedes dos juntos —explica Jhon, señalándolos brevemente—. No sé, es complicado. Es que… Sam es su compañero de banda —añade negando con la cabeza.

—¿Qué le importa con quien salga? Es decir, ¿cuándo eso le importó?

Sami salió con otras chicas y no hubo problema, yo lo vi con mis propios ojos, y estoy segura de que Tyler no hizo, ni dijo nada, no hubo berrinches, pero…

¿ahora que él se fija en mi si hay un problema?

¡No! ¡Eso no tiene sentido! —exclama Agata, enojada.

Sam se mantiene en silencio escuchándolos, a la vez que levanta la vista hacia al techo soltando un suspiro angustiado, se siente en medio de una guerra.

—Oye… ten, toma un poco de jugo —interviene Charlie, al notar el nivel de ansiedad en su hijo.

Sam extiende el brazo, agarra el vaso y toma un sorbo de la bebida.

—Oigan, creo que lo mejor es que primero coma algo, luego le das un tiempo, ves si se tranquiliza y luego conversan —añade Charlie, a la vez que Sam asiente.

—¿Y quién le llevará el plato? —cuestiona Jhon, mirando a ambos chicos—. Ya les dije que a mí no me quiere ver.

—Yo voy. ¡Qué más da! ¡Que me diga en la cara que no me quiere ver y ya!

Así se acaba esta mierda de una vez, esa será su decisión y no la mía —declara Sam, irritado—.

Yo no puedo estar con esta angustia, de no saber qué demonios quiere hacer.

¡Yo no le hice nada malo! ¡Soy el mismo Sam de siempre!

No es justo que me haga sentir como si fuera una mala persona, o como si estuviera haciéndole daño a Kitty...

cuando soy yo, el que siempre la defiende a muerte.

Charlie pone a calentar el omelette en el horno, mientras que Sam toma un vaso de jugo, una vez que su padre le entrega el plato, coloca todo en una bandeja y suelta un suspiro largo, en un intento de calmarse.

Finalmente, a la vista de todos los demás, camina hacia las escaleras, para él, subir esos escalones, es extremadamente difícil, ya que por su mente, no dejan de pasar, cientos de recuerdos de toda su infancia, tantos momentos que ha vivido con su mejor amigo, su hermano de otros padres.

Sam se encuentra hecho un mar de nervios, él ama a Agata con todo su ser, pero también a Tyler.

La única diferencia, es que los sentimientos por Agata, transcendieron de una manera que no pudo evitar, y justamente eso, es lo que no sabe cómo explicarle a Tyler.

Sam necesita desesperadamente, que su hermano pueda comprenderlo, y así, finalmente, dejar de hacerlo sentir, como si estuviera haciendo algo indebido.

Una vez que llega arriba, Sam se detiene frente a la habitación, sosteniendo la bandeja con una mano, usa la otra para darle dos golpes suaves a la puerta, cuando no obtiene ninguna respuesta, espera unos segundos y vuelve a tocar, nuevamente no consigue ninguna reacción, por lo que se agarra el cuello nervioso, después decide tomar la manilla para girarla, pero se da cuenta que está cerrada con llave.

—Mierda —murmura, mientras que golpea la puerta con los nudillos—. ¡Oye! ¡Ya ábreme! —exclama, levantando la voz.

Por su parte, Tyler se encuentra dentro de su habitación, acostado en la cama mirando hacia la nada, cuando de repente, escucha la voz de Sam acompañada de golpes en la puerta.

—¿Sami? —cuestiona en voz baja, frunciendo el ceño.

Se levanta de inmediato y abre la puerta, en cuanto lo hace, nota a su amigo de pie con una bandeja en las manos y los ojos enrojecidos.

—¡¿Qué mierda te pasa?! —cuestiona Tyler, con desesperación, quitándole la comida de las manos, para luego sentarse en el borde de su cama, y de inmediato, con una mano toma el omelette y come un gran bocado.

Mientras tanto, Sam se queda inmóvil bajo el umbral, observándolo sin saber cómo reaccionar.

—¿Por qué mierda me trajiste un solo omelette? ¡Sabes que no me llenaré solo con esto! —replica Tyler, al masticar.

Sam se mantiene en silencio, a la vez que se lleva una mano al cuello, sintiéndose contrariado, él no sabe qué decir, o cómo actuar, porque realmente estaba esperando, que Tyler explotara o lo rechazara como el día anterior en el camerino.

—¿Entonces? —insiste Tyler, provocando que Sam se encoja de hombros, sin saber a qué se refiere—.

Bueno… anda y tráeme algo más de comer, no seas un desalmado, no vez que estoy sudando frío.

No le digas a mamá, pero… creo que me desmayé como media hora.

¿No me veo pálido? —inquiere tomando un sorbo de jugo.

—Espera... ¿hablas en serio o solo exageras? —pregunta Sam, confundido.

—¡Sami por Dios! ¡Ya ve y tráeme comida! ¡Moriré! ¡¿Quieres que me arrodille y suplique?! —responde Tyler, comiendo con rapidez la comida del plato.

Sam preocupado, de inmediato se le acerca y le toca la frente.

—¡Ay por Dios!… estás muy frío.

—Te lo dije —murmura Tyler, con la boca llena.

—¡Qué demonios! ¿Por qué no bajaste a comer?

—cuestiona Sam, molesto—. ¡No puedes simplemente morirte de hambre!

Además, sé que anoche no cenaste nada y ya es mediodía.

Si tu indignación y orgullo son tan grandes, que no te permiten ver a nadie, pues…

al menos me hubieses escrito a mí, yo te traía comida de inmediato sin importa la hora.

No voy a dejar que te mueras por inanición —declara soltando un resoplido.

Tyler se mantiene en silencio mientras que continúa comiendo y tomándose el jugo.

—Quédate sentado, es mejor que no te levantes, porque te puedes marear —dice Sam, apuntándolo con la mano, para luego salir rápido de la habitación y bajar corriendo las escaleras.