CAPITULO 17
En casa de los Lambert, Tyler se encuentra acostado en su cama, con el teléfono en la mano, mirando los videos de su primer concierto en las redes sociales, a la vez que está embargado por sentimientos contradictorios, pasa de sentir alegría y euforia, a la rabia, impotencia y decepción.
—¡Maldita sea! ¡No se lo perdonaré nunca! —exclama irritado, mientras que se levanta de la cama de un salto, se pone los zapatos, toma una camiseta de su closet y sale a toda velocidad de la habitación.
En la cocina, sus padres lo ven bajar las escaleras mientras que se coloca la camiseta, enrumbado hacia la puerta principal y con actitud hostil, tanto que ni siquiera se detiene a saludarlos.
De inmediato, Lauren y Jhon comparten una mirada de preocupación, ambos tenían la certeza de que estaría más calmado cuando despertara, pero ahora se dan cuenta que es lo opuesto de lo que imaginaron.
En cuanto su hijo sale de la casa, ellos se acercan a la ventana de la cocina, para observarlo atravesar el jardín hacia la casa de los Meyer.
—¡Carajo! —murmura Jhon, preocupado.
—¿Qué demonios se supone que hagamos? —inquiere Lauren, cruzándose de brazos.
Por su parte, en cuanto Tyler ve la cochera cerrada, camina hasta el porche, abre la puerta y entra a la casa de los Meyer, mira hacia el comedor y la cocina, pero se da cuenta que no hay nadie.
Por lo que avanza por el corredor hasta la cochera, se asoma dentro desde el umbral de la puerta, notando que ni Sam o Charlie se encuentran allí.
Él niega con la cabeza mientras que resopla, para luego darse la vuelta y subir las escaleras, en cuanto llega a la habitación de Sam, se dispone a entrar, pero se detiene al escuchar cómo se abre una puerta y voltea.
—¡Hola cariño! —exclama Lucy emocionada, al verlo—. ¡Mírate, eres toda una estrella! ¡Por Dios! ¡Es que estoy tan orgullosa de ti!
En ese momento, la cara de Tyler cambia por completo, él decide acercarse a ella, esa es su mamá Lucy, la que siempre lo ha consentido y la que él adora, es su segunda madre.
—Gracias —susurra él, abrazándola.
—¿No estás ronco o sí? —cuestiona ella, viéndolo a los ojos—. Cortaré unas ramas de manzanilla y erísimo del jardín, para hacerte un té, tenemos que cuidar esa voz.
—Okey, mamá Lucy, sabes que me como y tomo, todo lo que me ofrezcas —bromea él, sonriéndole—. Me encantan tus tés.
—Genial, entonces te haré dos jarras, una para que tomen acá y otra para que tengas en tu casa.
—¡Tyler! ¿Cómo está mi estrella en ascenso? —inquiere Charlie alegremente, al salir de su habitación.
—Hola… aquí —responde él, encogiéndose de hombros.
—Espera… ¿ya viste las redes? ¡Por Dios! ¡Hay tantos videos increíbles! —dice Charlie, riéndose—. Por cierto, ya hablé con el chico de prensa del festival, me pasarán en la tarde los videos oficiales, así que podemos armar algo muy bueno para montar en sus perfiles. ¡Va a estar brutal!
—¿Cómo un video clip de la presentación en vivo? —cuestiona Tyler, sorprendido.
—¡Sí exacto! ¡Justo eso es lo que había pensado!
Además, de que también tenemos tomas del público cantando los coros, por lo que estoy seguro de que quedará increíble —afirma Charlie con evidente entusiasmo y Tyler sonríe—.
Por suerte, mi amada y preciosa esposa, tiene una súper computadora con los mejores programas de diseño y edición, así que podemos trabajar en eso desde acá sin necesidad de estar en el estudio —añade compartiendo una mirada cómplice con Lucy.
—¡Carajo! ¡En ese caso, ahora tenemos más trabajo del que teníamos programado para hoy! —replica Tyler—. Déjenme despertar al idiota este, porque si sigue durmiendo hasta tarde, no nos hará famosos —agrega girándose rumbo a la puerta, a la vez que Charlie prensa los labios.
—Cariño, pero no lo asustes. Despiértalo suave, debe estar rendido —comenta Lucy.
—Okey, okey —murmura Tyler riéndose con Lucy, mientras que abre la puerta y se asoma dentro de la habitación.
—Sam no está —dice Charlie.
Tyler voltea a verlo con el ceño fruncido, mientras que se vuelve a asomar dentro.
—¿Cómo que no está? —cuestiona él, viendo la cama desordenada y vacía, para luego regresar la mirada al pasillo—. ¿Mamá Lucy por qué me mientes? Acabas de decirme que no lo asustara.
—Cariño… no te mentí —afirma ella confundida, viendo a Tyler y luego a su esposo—. ¿Dónde está Sami?
—Pues... es que él salió un momento —responde Charlie compartiendo una mirada con ella.
—¿Cómo que salió? Mira la hora que es, hay que revisar el demo que trajiste, tenemos el ensayo y ahora se suma que debemos sentarnos a editar esos videos. ¡¿A dónde demonios se fue?! ¡No hay nada más importante que esto! —declara molesto, a la vez que saca el teléfono de su bolsillo.
—¡No, no lo llames. Puede que este conduciendo, él debe volver como en una hora —indica Charlie en tono tranquilo, intentando calmarlo—. Podemos ir revisando el demo nosotros.
—¡¿Una hora?! ¡¿Conduciendo a dónde?! —indaga Tyler, soltando un resoplido.
—Tranquilo, solo anda con Agata comprando unas cosas. Ellos no demorarán mucho.
—¿Con la Gata? ¡¿Pero qué demonios?! ¡¿Es que acaso no sabe que tiene responsabilidades con la banda?! —exclama Tyler enojado, caminando por el pasillo—. ¡No puede dejar todo tirado por la idiota de mi hermana! —añade mientras baja furioso las escaleras.
Lucy y Charlie observan como él se aleja, para luego mirarse entre ellos con evidente preocupación.
—¿Para dónde andan? ¿A qué hora se fueron? ¿Por qué no me dijiste? —pregunta Lucy—. Tyler creyó que yo estaba mintiéndole.
—Amor… no te dije porque estabas durmiendo y recién te levantaste.
Sami me pidió el auto para llevar a la Gata a comprar ingredientes para unos pedidos —explica Charlie—.
Bueno… es que a él le hacia ilusión, no le iba a decir que no porque teníamos que ponernos a revisar el demo, además de que invitamos a la Gata a desayunar.
—Entiendo cariño.
—Los fueras visto… son tan tontos y lindos de ver, en verdad nuestro hijo está bobo con ella, nunca antes lo vi así con ninguna chica.
—¡Ay por Dios! ¡Qué lindo! Eso es tan tierno —comenta Lucy.
—Sí amor, yo que ya lo he visto coquetear con chicas en Florida, y hacerse el galán, pues… te puedo confirmar, que él no está actuando así, con ella. Es todo lo contrario, está embobado, en serio, lo veo muy enamorado, la trata con demasiada dulzura —afirma él y ambos se sonríen.
En casa de los Meyer, Jhon y Lauren notan desde la ventana de la cocina cuando su hijo viene de regreso por el jardín, él entra y cierra la puerta con fuerza para luego dirigirse hacia donde están sus padres.
—¡¿Qué demonios pasa con Agata?! ¡¿Cómo es eso que decide llevarse a Sam cuando nosotros tenemos responsabilidades que cumplir?
! ¡Ya teníamos un cronograma con Charlie de lo que haríamos hoy!
—exclama Tyler furioso, agitando las manos en el aire—.
¡Ahhh! ¡Pero voy para allá y me consigo con la sorpresa de que Sam no está!
¡Qué se fue con ella! Y si ustedes dos están aquí, eso significa que no es ninguna emergencia de vida o muerte.
¡Por lo que no hay excusa alguna para que ella con sus malditos caprichos entorpezca mi agenda!
—¡Hey! ¡Basta! —replica Jhon con firmeza.
—¡No papá! ¡Ningún basta! ¡Ya deja de defenderla! Ustedes dos me hubiesen linchado vivo, si yo entorpeciera de alguna manera la agenda de pedidos de Agata, en cambio cuando ella lo hace conmigo, entonces es perfecto. ¡Qué me joda la existencia, mientras ustedes no dicen nada!
—Hijo… cálmate y respira por favor.
—¡No mamá! ¡Ningún respira! —dice Tyler, frustrado—. ¡Las cosas por su nombre! ¡Ella es una maldita idiota caprichosa!
—¡Hijo por favor! Escucha lo que dices, no fue que Agata se llevó a Sam, dicho así parece que tu hermana lo hubiese secuestrado, cuando no fue así, sino todo lo contrario —acota Jhon.
—¡Ah claro! ¡Sam quiso dejar tirado nuestro ensayo y mandar todo a la mierda! ¡Y quieres que crea que no fue un capricho de la Gata, sino que fue decisión de él!
—Cariño, en serio ya cálmate, estás haciendo un drama muy grande, por algo que no lo amerita, ellos no tardarán en llegar —afirma Lauren con firmeza—.
¡Y sí! Aunque te moleste o sorprenda, tienes que entender que Sami se ofreció a llevarla a comprar ingredientes, no es ningún capricho de ella, así que deja de decir cosas que no son ciertas.
—¿Quieren decir que no vamos a revisar el demo porque eso tan importante que están haciendo es comprar harina? ¡Maldita sea! ¡Esto tiene que ser una broma! ¿Papá por qué no la llevaste tú? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño—. ¡Esto me jode! ¡Me jode mucho!
—Claro que me ofrecí a llevarla, pero entiende algo, te guste o no, ella y Sam están saliendo, él quiso llevarla y tu hermana estaba feliz con la idea.
Yo no estoy en posición de decirle a Sam, que no salga porque tiene que trabajar contigo, él es grande, puede tomar sus decisiones y organizar su tiempo, de la misma manera como yo no te puedo prohibir a ti, salir con una chica por obligarte a trabajar con Sam.
—¡Demonios! ¡¿Por qué esta mierda me tiene que estar pasando a mí?! —exclama Tyler enojado, caminando hacia las escaleras—. ¡Todo sería mejor si Agata no existiera!
Mientras tanto, Agata y Sam ya terminaron de hacer las compras, y ahora caminan en el estacionamiento del supermercado para dirigirse al automóvil.
—Entonces… ¿que más te faltaría? —inquiere Sam, a la vez que abre el maletero.
—Pues creo que ya tengo todo, aunque lo único que no conseguí, fueron esas perlitas blancas que van en el borde del pastel, pero estoy segura que con las que me sobraron de unos cupcakes que hice, con motivo de un tesoro pirata, me alcanzan —responde ella, pasándole las bolsas para que él las organice.
—Okey, Kitty —dice él, terminando de colocar la compra en el maletero, para luego sentarse en borde, extiende ambas manos, toma a Agata de la cintura y la acerca con firmeza para situarla entre sus piernas.
—Ay por Dios —murmura ella, sonrojándose.
—¿Que? —inquiere él sonriéndole, al notar como se intimida.
Ambos se miran fijamente, y es cuando Sam se pierde en los ojos de ella, de nuevo siente la conexión, esa que se ha vuelto como un vicio del que no puede escapar, como si de magnetismo se tratara.
Sam sube una de sus manos, la toma del cuello y la acerca para comenzar a besarla, lo hace suavemente pero con intensidad, mientras que Agata, se aferra al pecho de él, sintiéndose perdidamente enamorada, le corresponde el beso, como si no hubiese un mañana.
«¡Por Dios! Esto en verdad me fascina, que me corresponda así, que me bese de esa manera, que se deje llevar por mí. Esto solo se pone cada vez mejor, no me canso de besarla.» Piensa él, al sentir toda la reciprocidad en los besos de ella.
En un principio, Agata se deja llevar y luego de lo que parece un curso intensivo de dos minutos, ella rápidamente comienza a besarlo de la misma manera, siguiéndole el ritmo.
Después de que han transcurrido cerca de diez minutos, Sam finalmente se hace un poco hacia atrás y la toma del mentón, para poder mirar con detenimiento su reacción.
—Entonces.... ¿tienes alguna queja esta vez? —bromea él guiñándole el ojo y ambos sonríen.
—Me encantó Sami. Estoy muy feliz… en serio te lo digo, estoy jodidamente contenta. Esto es increíble, me gusta demasiado. ¡Ay por Dios! ¡Siento que el corazón se me va a salir! —exclama ella emocionada, mientras que se toca el pecho—. Gracias por hacerme así de feliz.
—No Gatita… ya sabes que odio esa palabra, eso no ha cambiado, así que no quiero oír que me agradezcas nada —declara él, mirándola a los ojos—. Tú solo bésame como siempre lo hiciste, o mejor dicho… hazlo como siempre quisiste —añade señalando sus propios labios—. Eso es lo único que quiero.
—Espera Sami… ¿es lo único que quieres? ¿Estás hablando de besarme? —inquiere ella, sorprendida.
—Sí mi vida —asiente él, acariciándole la mejilla—. Me has vuelto loco durante el último año, he deseado tanto tus labios, que ha sido una tortura no poder tenerlos.
—¿Lo dices en serio?
—Claro Gatita, ¿por qué te mentiría? —pregunta él, tomándole ambas manos.
—No sé... Es que... no lo sé. Yo no he dejado de imaginarte besando a otras chicas… por eso es una locura escucharte decir eso, es tan raro.
—Oye… no pienses cosas que no son, desde que me besaste, por primera vez en la camioneta, ese ha sido el mejor puto beso que he recibido en la vida, aunque solo duró una milésima de segundo, no he podido olvidarlo —afirma él, entrelazando sus dedos con los de ella—.
Gatita, en ese instante te metiste en mi cabeza, lo hiciste de una manera que creo que…
honestamente me volviste loco, porque yo no lograba pensar en otra cosa.
La verdad es que… pensé que nunca podría tenerte así...
como ahora, esto era inimaginable para mí.
Por lo que sí, efectivamente, puedo asegurarte, que tus besos, son lo único que he querido.
Agata le sonríe enormemente mientras que con una mano, le acaricia el cabello.
—Sami… en serio me siento tan contenta, tú eres todo lo que siempre quise. Mi vida sin ti, habría sido una mierda, soy feliz por que estabas ahí conmigo, por eso confío en ti.
Él le sonríe, a la vez que se acerca poco a poco al rostro de ella, para comenzar a besarla, nuevamente de manera pausada mientras que le murmura algunas palabras, en los intervalos entre beso y beso.
—Te adoro… Confía en mí, Gatita —vuelve a besarla—. Me encargaré de que siempre seas así de feliz —añade dándole otro beso—. Porque tú me haces extremadamente feliz.
Ambos se siguen besando, completamente perdidos en los sentimientos y sensaciones.